domingo, 29 de marzo de 2026

El Vía Crucis salvadoreño de 30 años

En retrospectiva, puede afirmarse que el pueblo salvadoreño sufrió un auténtico Vía Crucis durante los 30 años de la posguerra, a causa de las pandillas y el terrorismo (periodo 1992-2022). No fueron 14 sino miles de estaciones que podría convocar la memoria para tener presente ese dolor histórico, como garantía para nunca volver a dicho pasado oprobioso, con más de 100,000 víctimar mortales y una secuela de horror indescriptible.

Las estaciones aquí enumeradas no pretenden ser exhaustivas. Han sido seleccionadas desde el recuerdo personal, por su simbolismo y su relevancia. Ojalá ahora, cuando ya se superó esa etapa de horror, aquellos que pretenden enarbolar falsas e hipócritas banderas se tomaran un tiempo para revisar estos símbolos.

Estación 1
1992, instalación y expansión de pandillas, como estructuras organizadas por deportados desde EE. UU.

Estación 2
2000, normalización de asesinatos de transportistas, por no pagar “renta” (extorsión).

Estación 3
2001, secuestro del niño Gerardo Villeda y posterior asesinato durante enfrentamiento de delincuentes con PNC.

Estación 4
2003, plan demagógico Mano Dura, de Paco Flores, fracasa por descoordinación entre órganos e instituciones del Estado y empeora la situación de violencia.

Estación 5
2006, Mario Belloso (Brigada Limón, FMLN) asesina a dos policías, a sangre fría y con arma de guerra.

Estación 6
2009, pandilleros asesinan a su propio documentalista, el franco-español Christian Poveda.

Estación 7
2010, pandilla 18-R incendia microbús en Mejicanos: 17 personas, incluidos niños, mueren calcinadas o por disparos mientras intentaban huir.

Estación 8
2011, periódico El Faro lanza “La Sala Negra”, crónica de crímenes pandilleriles con fascinación y estilo literario, dándoles espacio para vanagloriarse de sus retorcidas hazañas.

Estación 9
2012, pacto del gobierno de Mauricio Funes con pandillas, que al final deriva en fortalecimiento de estas estructuras.

Estación 10
2014, ARENA y FMLN negocian con pandillas apoyo electoral presidencial.

Estación 11
2015, pandillas profundizan táctica de asesinar policías y familiares, más de 60 solo ese año.

Estación 12
2015, El Salvador alcanza 106 homicidios por cada 100,000 habitantes, máximo mundial.

Estación 13
2016, pandillas masacran a 11 trabajadores en San Juan Opico, con extrema crueldad y espontaneidad.

Estación 14
2022, en un fin de semana de marzo, pandillas asesinan al azar a 87 personas, último intento por presionar y someter al gobierno.

¡Nunca, nunca volveremos a esto!

Que así sea.

miércoles, 25 de marzo de 2026

Salarrué, la botija y CrediCash

La relectura del cuento de Salarrué, "La botija", en el contexto de la estafa piramidal de CrediCash (Chalatenango), me recuerda la ilusión heredada a la que los seres humanos nos aferramos: el dinero fácil, el palito de pisto, la fortuna enterrada que aparece por casualidad.

En esto no hay mayores diferencias entre legos e ilustrados. Recordemos que muchos de los estafados por Finsepro-Insepro, hace tres décadas, tenían estatus e incluso títulos universitarios. El problema es otro: se llama ingenuidad, ilusión, quimera, autoengaño. Y, claro, siempre hay un "testimonio" de alguien a quien sí le funcionó (Bashuto “vio” botijas y a don Pepe "sí le pagaron" sus intereses imposibles).

La diferencia es que, en el cuento, José Pashaca termina levantando una fortuna a base de trabajo mientras busca botijas imaginarias; mientras que, en el Chalate real, mucha gente va a quedar pelada y buscando a quién echarle la culpa.

domingo, 8 de marzo de 2026

El ajedrez y yo

Desde hace medio siglo, el ajedrez ha sido parte importante de mi vida. Empezó como un vínculo familiar y luego se transformó en un pasatiempo interminable. Recuerdo muchísimas horas tranquilas frente al tablero, entretenido, concentrado, compartiendo partidas con personas cercanas, sin saber mucho de teoría y basándonos apenas en una escueta enciclopedia.

Con el tiempo, el ajedrez se convirtió también en una prueba personal. Quise demostrarme que podía hacerlo bien en un deporte que es, en esencia, profundamente mental. Tuve mi etapa de competencia formal. Participé en las distintas categorías oficiales y, aunque nunca fui una figura extraordinaria, llegué a mostrar cierta valía. No fui un rival fácil e incluso guardo una pequeña colección de triunfos que me dieron satisfacciones personales.

Aquella etapa me exigió muchas horas de preparación, estudio y análisis. Mirando hacia atrás, a veces pienso que parte de ese tiempo lo robé a mis seres queridos, pero viéndolos hoy en su plenitud creo que no fue tan grave y salimos relativamente indemnes.

Más adelante, tuve la oportunidad de descubrir talentos infanto-juveniles y darles un primer impulso para que continuaran su formación. Algunos de esos chicos y chicas llegaron, con el tiempo, a obtener títulos importantes. Naturalmente, los méritos son de ellos, pero no deja de producir cierta satisfacción pensar que uno contribuyó en algo a esos logros.

Una de las lecciones más valiosas que me dejó el ajedrez es que toda decisión tiene consecuencias. En el tablero, como en la vida, hay momentos en que es imposible calcular todas las implicaciones de una jugada, pero aun así uno debe intentar hacerlo lo mejor posible. Esa conciencia genera también una cierta responsabilidad frente a las decisiones. El juego-ciencia también contribuyó a fortalecer en mí la concentración, la constancia y la perseverancia.

Hoy tengo casi 59 años y llevo casi veinte sin jugar una partida oficial presencial en modalidad clásica. Muy ocasionalmente participo en alguna competición rápida, en línea o presencial, y de vez en cuando juego simultáneas con estudiantes o, en casos excepcionales, partidas sueltas en modo relax. También me entretengo resolviendo problemas de ajedrez y ocasionalmente comento sobre el tema.

En términos reales, considero que mi etapa ajedrecística como jugador o entrenador activo ya concluyó. Respeto mucho a quienes, a esta edad, todavía conservan el ímpetu competitivo, pero en mi caso siento que ya demostré lo que tenía y no veo sentido en asumir nuevas rivalidades, como tampoco en revivir las antiguas, cosa por demás imposible. Preparar seriamente una partida exige sacrificios y tensiones que hoy no deseo volver a asumir. “Todas las cosas tienen su tiempo”, como dice el verso. Por eso, el ajedrez siempre estará presente en mí, hoy como un recuerdo bonito, dulce y agradable.

Gracias por todo.