Publicado en Diario El Salvador
Hace unos días se completó la reforma legal —constitucional y de leyes secundarias— para otorgarle a la diáspora la capacidad de elegir directamente a sus diputados para la Asamblea Legislativa. Este cambio complementa otras acciones previas, también a nivel legislativo, encaminadas a garantizarles a todos los salvadoreños el ejercicio de sus derechos políticos sin importar dónde residan, derechos que conservan en virtud de su ciudadanía.
Serán seis los representantes de los compatriotas en el exterior, sin que esto implique aumentar el número total de diputados, que se mantiene en sesenta. Esto será posible porque se le restarán cinco escaños a San Salvador y uno a La Libertad para asignarlos a la nueva circunscripción.
Ante esto, con más precipitación que análisis, las voces opositoras de siempre han aparecido con una nueva teoría conspirativa. Según ellas, la reducción de diputados en dichos departamentos —de 16 a 11 en San Salvador y de 7 a 6 en La Libertad— sería una maniobra electoral con dedicatoria, motivada por el supuesto temor de Nuevas Ideas de perder fuerza electoral en esos territorios, en los cuales la oposición asegura estar creciendo.
El problema es que esa hipótesis no tiene sustento real, pues no existe ningún indicador de ese imaginado avance opositor: ni en las encuestas, ni en las demostraciones sociales —como las mini marchas—, ni mucho menos en la percepción social fuera de sus propios círculos de autovalidación y cámaras de eco.
Pero hay algo todavía más importante: los opositores, en su hablar por hablar, ni siquiera se han tomado el tiempo de hacer el siguiente cálculo electoral básico. Para este ejercicio numérico se tomarán como referencia los datos de 2024, redondeándolos para hacerlos más comprensibles. Hace dos años, Nuevas Ideas recibió aproximadamente 828 mil votos en San Salvador, logrando 14 de los 16 diputados elegibles. De ese volumen, unos 237 mil votos provinieron de la diáspora por internet, equivalentes al 98 % del total emitido por esa vía.
Esto quiere decir que, para 2027, el partido de gobierno ya no contará con ese caudal de votos de la diáspora en San Salvador, porque ya se ha creado la nueva circunscripción para salvadoreños domiciliados en el exterior, la cual absorberá ese flujo electoral. En términos generales, y si mantiene un desempeño similar al de hace dos años, Nuevas Ideas podría rondar los 591 mil votos legislativos en la capital.
En ese escenario, dentro del vigente sistema d’Hondt con 11 diputados en disputa, la clave está en mirar el cociente necesario para superar al décimo diputado de Nuevas Ideas, que sería aproximadamente de 59 mil votos. En términos simples, los partidos Vamos y Arena tendrían que lograr cada uno más de 59 mil votos para desplazar los cocientes 10 y 11 de Nuevas Ideas y asegurarse así un escaño legislativo. Considerando que en 2024 Vamos recibió 67 mil votos y Arena 63 mil, ambos tendrían margen suficiente para entrar nuevamente en la Asamblea Legislativa. A lo anterior habría que añadir el remanente de 21 mil votos del extinto partido Nuestro Tiempo, los cuales muy probablemente irán a los mencionados partidos opositores.
Este ejercicio de proyección electoral demuestra la falsedad de la teoría conspirativa con la que la oposición anda quejándose de medio en medio y de programa en programa. No existe ningún diseño ni “maniobra desde el oficialismo” para perjudicar las aspiraciones de reelección de las actuales diputadas Ortiz y Villatoro. Sus opciones dependen enteramente de lo que ellas mismas puedan hacer o dejar de hacer, desde su actuar legislativo y su desempeño territorial, para conservar o incrementar su caudal electoral de cara a 2027, al igual que ocurre con todos los candidatos de los distintos partidos políticos en contienda. Al final, quien pone y quita es el pueblo a través de las urnas electorales… y a ese veredicto hay que someterse.



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