miércoles, 12 de agosto de 2026

Teorías Conspirativas SV

Publicado en Diario El Salvador

Una teoría conspirativa es una explicación truculenta y fantasiosa para un hecho que alguien conscientemente decide no aceptar tal como es, porque le produce algún tipo de molestia psicológica. Así, en lugar de quedarse con la explicación más lógica y verificable, la persona recurre a su imaginación para atribuir la causa a sujetos o grupos que, desde lo oculto, manipulan secretamente los hilos de la vida social. Las teorías conspirativas entretienen precisamente por su truculencia y tienen, además, una ventaja para quienes las creen: estos se consideran más listos que los demás porque son capaces de “ver lo que otros no pueden”.

La historia está llena de teorías conspirativas y la política salvadoreña no es la excepción. Hay dos de ellas que se escuchan con cierta frecuencia y persistencia. La primera es la teoría de la “oposición controlada”. Quienes la divulgan afirman que la incompetencia, la torpeza y los reiterados desaciertos de algunos opositores salvadoreños no serían auténticos, sino fingidos, pues la causa “real” sería que el mismísimo presidente Bukele y su equipo estratégico de comunicación política tendrían infiltrados a sueldo para que digan y hagan insensateces mañana, tarde y noche.

Semejante ficción puede resultar atractiva, pero tiene dos inconvenientes elementales. Primero, no hace falta inventar una conspiración para explicar aquello que puede comprobarse directamente, pues la oposición salvadoreña ha proporcionado abundantes evidencias —en lo público y en lo privado— de su grave propensión a los desaciertos y errores políticos. Segundo, una acusación de infiltración exige pruebas y no han presentado ninguna. Su único apoyo es la falacia ad ignorantiam: “Esto es cierto porque es posible y porque no me han demostrado que no sea así”. Pero ese razonamiento no resiste ningún análisis serio.

La segunda teoría conspirativa —que sus creadores refríen una y otra vez— es un poco más elaborada: el supuesto “pacto de Bukele con las pandillas”, propagado desde hace seis años por los activistas del periódico digital El Faro y sus financistas. Ante el hecho incuestionable de la desarticulación de las pandillas, dicen ellos que hubo un acuerdo secreto entre el Gobierno y dichas estructuras criminales. Las supuestas pruebas son puramente autorreferenciales: audios en clave que solo ellos saben interpretar, fuentes confidenciales que solo ellos dicen tener, declaraciones de pandilleros prófugos —a quienes ellos guardan lealtad al no revelar su paradero— y conexiones hechas por ellos entre hechos hilvanados de manera forzada para hacerlos coincidir con sus elucubraciones.

Esta teoría ya tuvo su pico de éxito en 2021, en el Departamento de Estado durante la administración de Joe Biden, pero duró muy poco de cara a la realidad y pronto fue desechada por Washington. De ahí en adelante, el relato viene en una espiral decadente, con cíclicos intentos de volverlo a poner de moda, pero sin lograr que la población salvadoreña lo crea, aunque en algunos medios informativos internacionales de la Red Soros Plus todavía encuentre eco.

El problema con esa teoría del “pacto” es que ya existe una explicación sin truculencias y suficientemente fundamentada para explicar la desarticulación de las pandillas: el Plan Control Territorial, que fue ejecutándose por fases desde el inicio de la gestión Bukele, comenzando con el fortalecimiento de las capacidades operativas de la Policía y la Fuerza Armada, la preparación de los recursos humanos y la optimización de las condiciones para lanzar, en el momento oportuno, la ofensiva definitiva contra las pandillas.

Para quienes gustan aferrarse a las teorías conspirativas, no hay refutación posible, porque persistir en su fantasía les permite “explicar” cualquier realidad sin tener que modificar sus convicciones, prejuicios o profundos resentimientos. Lo que no se dan cuenta es que, habitando en esas fantasías, se alejan cada vez más de cualquier posibilidad de reconciliarse con el pueblo salvadoreño y lo que este ha elegido: una vida libre de la violencia de las pandillas.

martes, 11 de agosto de 2026

Un gato en el motor


Enciendo mi vehículo y, ya en marcha, escucho maullidos. Pienso que es el radio y lo apago, pero siguen. Creo entonces que hay un gato en la cabina, busco y no veo nada. Entonces vislumbro el peor escenario: hay un gato en el motor. Detengo la marcha, me parqueo y abro el capó. Allí está el condenado animal, que aparte de intruso es necio, pues se niega a salir. Tras algunos minutos de lucha —con accesorios incluidos (un palito)— el felino finalmente sale por debajo. ¡Qué atrevimiento! 😠

jueves, 6 de agosto de 2026

El problema del perro

Durante 26 años, en mi familia tuvimos perros, todos salchichas: primero Larguito y después, Friso y Titanio. Aunque al adquirirlos sabíamos conceptualmente que deberíamos lidiar con su fallecimiento, no imaginamos el dolor real que esto iba a causar. Hoy —de cara a la tercera edad, donde deberemos cuidarnos más que cuidar— quisiéramos otro... pero mejor no. Adquirir un perro hoy es tomar un compromiso para 15 años y quizá no podamos lidiar con eso. Me quedo con los lindos recuerdos.

miércoles, 1 de julio de 2026

Los opositores sin partido

Publicado en Diario El Salvador

En la escena política salvadoreña actual ha surgido una especie muy curiosa de opinadores que bien podría encajar en la categoría de “opositores sin partido”. Una de sus características más visibles es la vocación de criticar sistemáticamente al gobierno del presidente Bukele, magnificando cualesquiera fallas que pudiera tener y regateando el reconocimiento a los logros que, por su parte, la población tiene perfectamente claros (seguridad, educación, salud, etc.).

Por esa línea de acción, serían opositores sin más; sin embargo, existe una diferencia que los hace parecer especiales: no redirigen su discurso a favor de ninguno de los partidos políticos de oposición. Y no lo hacen porque saben perfectamente que Arena y el FMLN son marcas vencidas, repudiadas por la inmensa mayoría de los salvadoreños, mientras que el partido Vamos no tiene mucho más que ofrecer que demagogia y oportunismo. Es más, en medio de sus prolongadas alocuciones antigobierno, estas personas suelen intercalar críticas a dirigentes y partidos opositores, como para mantener una apariencia de independencia y escudarse en ese detalle cuando se les cataloga como simples opositores.

Ante esto surge una pregunta inevitable: ¿qué papel juegan realmente estos opositores sin partido? Porque en la contienda política la neutralidad no existe. Lo que puede existir, con mucho esfuerzo y método, es un afán de imparcialidad; es decir, la disposición a analizar los hechos sin partir del prejuicio y procurando que las conclusiones se desprendan de la observación atenta y, sobre todo, de los datos. Pero eso no es precisamente lo que se observa en estos personajes. Lo que suele apreciarse es una animadversión hacia la gestión gubernamental que difícilmente logran disimular, incluso cuando intentan revestir sus argumentos de una apariencia técnica o académica. Su lenguaje verbal, sus énfasis y su lenguaje corporal terminan delatando una postura previa desde la cual interpretan cualquier acontecimiento político.

Una hipótesis razonable diría que estos opinadores cumplen la función de intentar desgastar al gobierno, pero de manera solapada, sin descalificarse de entrada como opositores partidarios. La apuesta consistiría en llegar a una audiencia más amplia y receptiva, evitando el rechazo automático que encontrarían si se presentaran abiertamente con el chaleco de cualquiera de los partidos opositores tradicionales.

Sin embargo, más importante que determinar si esa actitud responde a una convicción genuina o a una táctica deliberada es analizar el papel efectivo que terminan desempeñando dentro del escenario político. Porque, independientemente de sus motivaciones personales, lo relevante son los efectos concretos de su discurso. Si su posición es abiertamente antigobierno y, al mismo tiempo, no llaman a respaldar a los partidos opositores, entonces su función política sería restarle apoyo al presidente Bukele y al partido Nuevas Ideas por la vía del abstencionismo o del desencanto, promoviendo la idea de que toda la política es igualmente corrupta, erosionando la confianza ciudadana y debilitando la participación de quienes simpatizan con el gobierno.

Hay aquí un detalle importante: aunque esos votos eventualmente perdidos no fueran a parar directamente a las alicaídas urnas de Arena, FMLN o Vamos, sí podrían traducirse en un fortalecimiento relativo de dichos partidos, que podrían crecer en términos porcentuales sin necesidad de aumentar su caudal de votos efectivos. Es ahí donde la función electoral de los opositores sin partido termina complementándose con la de los opositores partidarios.

La buena noticia es que la decisión política de la inmensa mayoría de los salvadoreños no está determinada por estas sutilezas discursivas, sino por la experiencia cotidiana. Y esa experiencia les permite comparar el país que tenían antes con el que tienen ahora, llegando a la conclusión de que El Salvador ha cambiado para bien y continúa avanzando por el rumbo correcto.


domingo, 31 de mayo de 2026

El peligro oculto en la belleza

El Salvador vive un auge turístico como nunca antes. Miles de visitantes llegan atraídos por la belleza de nuestros paisajes y la curiosidad por conocer un país que durante mucho tiempo estuvo fuera del radar turístico internacional debido a la violencia y la criminalidad. Sin embargo, hay una realidad que conviene recordar: los lugares más hermosos suelen tener también riesgos que no siempre son evidentes para quien los visita por primera vez.

Los salvadoreños sabemos, por ejemplo, que nuestras playas exigen respeto por las fuertes corrientes que pueden sorprender a quien está acostumbrado a lagos o mares más tranquilos. Lo mismo ocurre en cascadas, pozas, ríos y senderos naturales, donde una imprudencia o un descuido pueden tener consecuencias graves. Un ejemplo son Los Chorros de la Calera, uno de los lugares más bellos y peligrosos del país, donde un deslizón puede ser mortal. Ni qué decir de actividades aparentemente sencillas, como subir al volcán de Santa Ana, que pueden precipitar una emergencia médica en personas con problemas cardíacos, hipertensión u otras condiciones de salud.

Esto es así en El Salvador y en cualquier otro destino turístico del mundo. La naturaleza es maravillosa, pero también tiene peligros intrínsecos que no desaparecen porque el lugar esté lleno de visitantes. Por eso, al disfrutar de estos espacios hay que hacerlo con admiración, pero también con mucha prudencia. El turismo implica aventura, descubrimiento y belleza, pero también responsabilidad. Quien se deja seducir demasiado por el paisaje y baja la guardia corre el riesgo de sucumbir ante peligros que, muchas veces, permanecen ocultos hasta que es demasiado tarde. 

miércoles, 27 de mayo de 2026

La hora indescifrable

Hace más de una década escribí una entrada en mi blog sobre cinco habilidades casi perdidas: teclear correctamente y sin ver el teclado; ordenar alfabéticamente; sumar y restar mentalmente; memorizar números de teléfono; y encontrar direcciones por sí mismo. A ellas debo añadir una más que, aun cuando puede tener una explicación razonable, no deja de sorprenderme en los jóvenes de hoy: muchos de ellos no saben descifrar la hora en un reloj de agujas.

El detalle es que, en efecto, hay jóvenes de las generaciones Z y Alfa que han crecido rodeados de relojes digitales y, aunque en algún momento seguramente se les enseñó a leer un reloj análogo, ese aprendizaje no fue significativo porque simplemente no forma parte de su entorno ni de su vida cotidiana.

No sé hasta qué punto esto sea grave. Cada época pierde unas habilidades y desarrolla otras. Pero el fenómeno existe y resulta llamativo: hay adolescentes que manejan con naturalidad herramientas digitales que a los adultos les resultan complejas y, al mismo tiempo, dudan frente a una rueda con agujas. Y si tiene números romanos, ni hablar.

miércoles, 20 de mayo de 2026

Datos contra fantasmas

Publicado en Diario El Salvador

Hace unos días se completó la reforma legal —constitucional y de leyes secundarias— para otorgarle a la diáspora la capacidad de elegir directamente a sus diputados para la Asamblea Legislativa. Este cambio complementa otras acciones previas, también a nivel legislativo, encaminadas a garantizarles a todos los salvadoreños el ejercicio de sus derechos políticos sin importar dónde residan, derechos que conservan en virtud de su ciudadanía.

Serán seis los representantes de los compatriotas en el exterior, sin que esto implique aumentar el número total de diputados, que se mantiene en sesenta. Esto será posible porque se le restarán cinco escaños a San Salvador y uno a La Libertad para asignarlos a la nueva circunscripción.

Ante esto, con más precipitación que análisis, las voces opositoras de siempre han aparecido con una nueva teoría conspirativa. Según ellas, la reducción de diputados en dichos departamentos —de 16 a 11 en San Salvador y de 7 a 6 en La Libertad— sería una maniobra electoral con dedicatoria, motivada por el supuesto temor de Nuevas Ideas de perder fuerza electoral en esos territorios, en los cuales la oposición asegura estar creciendo.

El problema es que esa hipótesis no tiene sustento real, pues no existe ningún indicador de ese imaginado avance opositor: ni en las encuestas, ni en las demostraciones sociales —como las mini marchas—, ni mucho menos en la percepción social fuera de sus propios círculos de autovalidación y cámaras de eco.

Pero hay algo todavía más importante: los opositores, en su hablar por hablar, ni siquiera se han tomado el tiempo de hacer el siguiente cálculo electoral básico. Para este ejercicio numérico se tomarán como referencia los datos de 2024, redondeándolos para hacerlos más comprensibles. Hace dos años, Nuevas Ideas recibió aproximadamente 828 mil votos en San Salvador, logrando 14 de los 16 diputados elegibles. De ese volumen, unos 237 mil votos provinieron de la diáspora por internet, equivalentes al 98 % del total emitido por esa vía.

Esto quiere decir que, para 2027, el partido de gobierno ya no contará con ese caudal de votos de la diáspora en San Salvador, porque ya se ha creado la nueva circunscripción para salvadoreños domiciliados en el exterior, la cual absorberá ese flujo electoral. En términos generales, y si mantiene un desempeño similar al de hace dos años, Nuevas Ideas podría rondar los 591 mil votos legislativos en la capital.

En ese escenario, dentro del vigente sistema d’Hondt con 11 diputados en disputa, la clave está en mirar el cociente necesario para superar al décimo diputado de Nuevas Ideas, que sería aproximadamente de 59 mil votos. En términos simples, los partidos Vamos y Arena tendrían que lograr cada uno más de 59 mil votos para desplazar los cocientes 10 y 11 de Nuevas Ideas y asegurarse así un escaño legislativo. Considerando que en 2024 Vamos recibió 67 mil votos y Arena 63 mil, ambos tendrían margen suficiente para entrar nuevamente en la Asamblea Legislativa. A lo anterior habría que añadir el remanente de 21 mil votos del extinto partido Nuestro Tiempo, los cuales muy probablemente irán a los mencionados partidos opositores.

Este ejercicio de proyección electoral demuestra la falsedad de la teoría conspirativa con la que la oposición anda quejándose de medio en medio y de programa en programa. No existe ningún diseño ni “maniobra desde el oficialismo” para perjudicar las aspiraciones de reelección de las actuales diputadas Ortiz y Villatoro. Sus opciones dependen enteramente de lo que ellas mismas puedan hacer o dejar de hacer, desde su actuar legislativo y su desempeño territorial, para conservar o incrementar su caudal electoral de cara a 2027, al igual que ocurre con todos los candidatos de los distintos partidos políticos en contienda. Al final, quien pone y quita es el pueblo a través de las urnas electorales… y a ese veredicto hay que someterse.

domingo, 17 de mayo de 2026

Velas que derriten fortalezas

Un día de estos, en un evento donde unos niños llevaban velas encendidas, vi algo revelador de la crianza contemporánea. Algunos papás y mamás, para evitar que una gota de cera caliente les cayera en la mano a sus criaturas, habían incrustado las velas en platos y vasos de durapax… que es un material altamente inflamable y tóxico.

Es decir: para evitar una molestia mínima y pasajera, crearon una situación de riesgo mayor, queriendo eliminar cualquier incomodidad de la infancia, aunque sea a costa del sentido común.

Los que crecimos en otras generaciones recordamos que una gotita de cera accidental era parte de la experiencia y, en ocasiones, hasta un reto de valentía. Nadie terminaba traumatizado ni hospitalizado por eso.

Ahí van a disculpar, pero veces pareciera que están criando niños incapaces de tolerar el más mínimo malestar o lidiar de manera pragmática con estas cosas, mientras los adultos pierden la capacidad de distinguir entre un riesgo real y una simple incomodidad.

viernes, 24 de abril de 2026

La Red Soros Plus

Publicado en Diario El Salvador

A mediados de abril tuvo lugar en Barcelona, España, la Movilización Progresista Global (GPM, por sus siglas en inglés), una cumbre que reunió a líderes y organizaciones del espectro ideológico de la izquierda y el progresismo. Una de las presencias más destacadas fue la de Alexander Soros, de Open Society Foundations, quien reafirmó el compromiso financiero de su red con las causas que promueven. Esta convergencia entre magnates, activistas y mandatarios debe entenderse como la manifestación explícita y ahora pública de un frente político orientado a enfrentar el avance de los movimientos conservadores en el mundo occidental.

De un tiempo acá —en mis artículos, entrevistas y redes sociales— he venido utilizando el término Red Soros Plus para referirme a ese mismo sujeto colectivo que financia, entre otras cosas, la agenda antigobierno en El Salvador. No se trata de un hallazgo aislado: desde hace años, muchos han planteado la necesidad de reconocer la existencia de redes transnacionales de activismo, financiamiento e influencia ideológica, bajo el concepto de “globalismo”. No es una estructura jerárquica en sentido estricto, sino un ecosistema amplio en el que distintos actores coinciden en valores, diagnósticos y prioridades, y que actúan con notable sincronía en momentos clave.

El progresismo, como base ideológica de esta red, se articula alrededor de un anticapitalismo militante y la lucha contra las relaciones de supuesta opresión sobre diversas minorías. Son causas que, a primera vista, resultan atractivas —como el discurso de los derechos humanos—, pero que a menudo sirven de vehículo para la difusión de un neomarxismo sociocultural. El caso salvadoreño ha captado la atención de ese entramado especialmente en materia de criminalidad, pues los resultados obtenidos en seguridad pública desde 2019 chocan frontalmente con la visión que promueve dicha red, donde el énfasis tiende a desplazarse desde la responsabilidad individual hacia factores estructurales como la exclusión y el determinismo social. A partir de ahí, la Red Soros Plus impulsa narrativas y políticas que favorecen interpretaciones permisivas e hipergarantistas del fenómeno delictivo, con la consiguiente tendencia a justificar o defender al delincuente.

Precisamente por la ruptura —no solo discursiva y simbólica, sino práctica— que representa la estrategia de seguridad implementada por el presidente Nayib Bukele, la reacción de la Red Soros Plus ha sido especialmente feroz, intensa y sostenida. Las críticas no son ocasionales sino sistemáticas, para convertirse en un relato consistente que enfatiza denuncias, mientras ignora, minimiza o relativiza logros concretos en un ámbito tan sensible como la seguridad ciudadana. No es solo una discrepancia técnica, sino un choque de modelos y de concepción del orden social.

La convergencia en discursos, enfoques y validación mutua entre actores de la Red Soros Plus refuerza la idea de que operan con coherencia: desde oenegés como Amnistía Internacional y Human Rights Watch, hasta medios que amplifican esas posturas —como El País y Deutsche Welle, entre otros. En este engranaje, el financiamiento cumple un papel relevante. A nivel local, organizaciones como Cristosal y medios como El Faro han recibido por años este tipo de apoyo. No siempre existe una dirección explícita ni una coordinación formal, pero la coincidencia ideológica previa facilita que los recursos fluyan como un mecanismo de amplificación, consolidando agendas y posicionamientos en distintos niveles.

Que a algunos les parezcan acertadas o equivocadas sus banderas no es el punto. Lo central es reconocer que la Red Soros Plus existe y posee capacidad de influencia, financiamiento y proyección internacional. Negarlo impide comprender el escenario real de las confrontaciones políticas e ideológicas. Dinámicas similares ya se vivieron en el país en los años 70. En estas batallas socioculturales, la ingenuidad —actuar como si se hubiera nacido ayer— se convierte en una vulnerabilidad inaceptable.

miércoles, 22 de abril de 2026

El neumólogo del desdén

A finales de los años 90, mi hijo estuvo en control médico durante cierto tiempo con un neumólogo, por un padecimiento que con los años superó satisfactoriamente. Elegimos al galeno porque formaba parte de la red de un seguro médico empresarial que, por aquel entonces, nos daba cobertura. Sus credenciales profesionales eran incuestionables; no así su actitud.

Como es habitual en los seguros médicos privados, los honorarios por consulta tenían una tarifa preferencial. La lógica es un quid pro quo: el profesional cobra un poco menos, pero gana clientes que llegan a él precisamente por ser miembro de esa red.

Con lo que no contábamos era con la discriminación constante que el tipo nos hacía en todas y cada una de las consultas. No importaba la hora a la que llegáramos a la clínica, con o sin cita: el señor siempre, siempre nos atendía de último, incluso después de que hubieran pasado consulta todos y cada uno de los pacientes que pagaban la tarifa normal. Así estuviésemos desde la mismísima madrugada, las horas y horas de espera eran su manera de decirnos que nosotros merecíamos menos de su valiosa atención profesional. Trato de limosneros.

En retrospectiva, sigo sin entender ese comportamiento tan poco ético. Si él no estaba conforme con los honorarios asignados por la red, lo procedente era salirse de ella. ¿Por qué seguir, si no? Porque permanecer para tratar a sus pacientes como personas de segunda categoría hace sospechar que algo en su autoestima debía estar muy dañado.