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domingo, 8 de marzo de 2026

El ajedrez y yo

Desde hace medio siglo, el ajedrez ha sido parte importante de mi vida. Empezó como un vínculo familiar y luego se transformó en un pasatiempo interminable. Recuerdo muchísimas horas tranquilas frente al tablero, entretenido, concentrado, compartiendo partidas con personas cercanas, sin saber mucho de teoría y basándonos apenas en una escueta enciclopedia.

Con el tiempo, el ajedrez se convirtió también en una prueba personal. Quise demostrarme que podía hacerlo bien en un deporte que es, en esencia, profundamente mental. Tuve mi etapa de competencia formal. Participé en las distintas categorías oficiales y, aunque nunca fui una figura extraordinaria, llegué a mostrar cierta valía. No fui un rival fácil e incluso guardo una pequeña colección de triunfos que me dieron satisfacciones personales.

Aquella etapa me exigió muchas horas de preparación, estudio y análisis. Mirando hacia atrás, a veces pienso que parte de ese tiempo lo robé a mis seres queridos, pero viéndolos hoy en su plenitud creo que no fue tan grave y salimos relativamente indemnes.

Más adelante, tuve la oportunidad de descubrir talentos infanto-juveniles y darles un primer impulso para que continuaran su formación. Algunos de esos chicos y chicas llegaron, con el tiempo, a obtener títulos importantes. Naturalmente, los méritos son de ellos, pero no deja de producir cierta satisfacción pensar que uno contribuyó en algo a esos logros.

Una de las lecciones más valiosas que me dejó el ajedrez es que toda decisión tiene consecuencias. En el tablero, como en la vida, hay momentos en que es imposible calcular todas las implicaciones de una jugada, pero aun así uno debe intentar hacerlo lo mejor posible. Esa conciencia genera también una cierta responsabilidad frente a las decisiones. El juego-ciencia también contribuyó a fortalecer en mí la concentración, la constancia y la perseverancia.

Hoy tengo casi 59 años y llevo casi veinte sin jugar una partida oficial presencial en modalidad clásica. Muy ocasionalmente participo en alguna competición rápida, en línea o presencial, y de vez en cuando juego simultáneas con estudiantes o, en casos excepcionales, partidas sueltas en modo relax. También me entretengo resolviendo problemas de ajedrez y ocasionalmente comento sobre el tema.

En términos reales, considero que mi etapa ajedrecística como jugador o entrenador activo ya concluyó. Respeto mucho a quienes, a esta edad, todavía conservan el ímpetu competitivo, pero en mi caso siento que ya demostré lo que tenía y no veo sentido en asumir nuevas rivalidades, como tampoco en revivir las antiguas, cosa por demás imposible. Preparar seriamente una partida exige sacrificios y tensiones que hoy no deseo volver a asumir. “Todas las cosas tienen su tiempo”, como dice el verso. Por eso, el ajedrez siempre estará presente en mí, hoy como un recuerdo bonito, dulce y agradable.

Gracias por todo.

martes, 7 de octubre de 2025

"Recuentos", una antología personal de Rafael Fco. Góchez

Publicado en Diario El Salvador
Redacción: Edgardo Rivera

El escritor Rafael Francisco Góchez lanzó recientemente su obra Recuentos, basada en una recopilación de 25 cuentos que representan su testimonio literario y un mapa íntimo de la realidad salvadoreña entre 1987 y 2002.

Esta antología ofrece una visión panorámica y depurada de esos años que el autor considera el núcleo de su carrera.

"La obra es una antología personal de mis relatos, yo diría que definitiva. La recopilación recoge una etapa de quince años como escritor de ficción, comprendida entre 1987 y 2002, durante los cuales obtuve cinco premios nacionales de narrativa, publiqué tres libros y participé en foros literarios tanto nacionales como internacionales", afirma Góchez.

La temática de su narrativa es variada. Algunos de sus cuentos se relacionan con los últimos años del conflicto armado entre la guerrilla y el ejército; mientras que otras abordan circunstancias urbanas de San Salvador.

"En cuanto al estilo, algunos cuentos se ubican en el contexto de los últimos años de la guerra civil, cuando el absurdo se había superpuesto a cualquier motivación que pudiera haber tenido ese conflicto; mientras que otros marcan una evolución hacia experimentos narrativos urbanos. Son en total 25 cuentos seleccionados con criterio personal, pero también con la asistencia de herramientas de inteligencia artificial como un intento de aportar cierta objetividad", explica el autor.

Góchez ha querido hacer accesible su obra, llevándola al ámbito digital sin ningún costo. "Decidí publicar la obra en línea, con acceso gratuito, privilegiando el criterio de máxima difusión, pero también considerando el contexto sociocultural actual en el que se privilegia el acceso digital por sobre la tradicional obra en papel", expone el autor. Para entrar en este mundo íntimo de Rafael Góchez puedes ingresar a 👉🏼 este sitio.

Para esta colección hace un extracto de algunas de obras como el libro Del asfalto, el libro ¿Guerrita, no? y la colección Los Encierros, que ha publicado a lo largo de su producción literaria. En su antología se puede navegar por historias de Desvaríos entretenedores, El eclipse, El escupefuego, El rostro, El cadáver, La tarde de José Dolores, Leonor y el espejo, Te juro que no estaba bolo, Estados transitorios tras el cristal, entre otras.

"Se han seleccionado veinticinco cuentos que representan distintos registros, desde el humor corrosivo hasta la fábula fantástica, desde la sátira política hasta la introspección psicológica, desde el realismo urbano hasta el lirismo simbólico. El criterio de organización es deliberadamente alfabético, no se busca imponer un itinerario emocional, sino permitir que el lector explore un catálogo de obsesiones, tonos y mundos", expone.

jueves, 19 de octubre de 2023

Ciertos retos superados


Cada cierto tiempo, me da por lanzar una mirada en retrospectiva y recordar ciertas actividades y proyectos que he realizado en mi vida, más allá de los deberes familiares, lo cual ha supuesto desafíos estresantes por la gran responsabilidad adquirida. Por una simple y tajante cuestión de edad y cuido de la salud, ya no estoy en condiciones de repetir todos y cada uno de ellos; no obstante, me anima el espíritu hacer este pequeño recuento, como evidencia de la energía y empeño que he puesto en tales afanes, testimonio de vida. Helos aquí, clasificados según sus resultados me hayan afectado principalmente a mí (sin dependencia) o también a otras personas (con dependencia).

RETOS SUPERADOS
(CONSECUENCIAS INDIVIDUALES)

  • Armar rompecabezas de 1000 piezas
  • Comentar de política en radio y televisión
  • Competir en ajedrez
  • Componer y cantar en solitario
  • Escribir (cuentos, artículos, libros escolares, teatro)
  • Hacer bricolaje
  • Jugar baloncesto sub-17
  • Locutar en radio
  • Participar en fisicoculturismo
  • Ser jurado literario
  • Speaking English
  • Tocar piano en restaurantes

RETOS SUPERADOS
CONSECUENCIAS GRUPALES

  • Armar y administrar página web institucional
  • Conducir una pequeña orquesta de profesionales (una vez)
  • Dirigir coros juveniles
  • Dirigir grupos de debate intercolegial
  • Enseñar ajedrez
  • Organizar certámenes artísticos
  • Organizar torneos ajedrecísticos masivos
  • "Pastorear" a jóvenes artistas y ajedrecistas en eventos fuera del país 
  • Producir música (Sinapsis y Balada Poética)
  • Ser docente (educación básica, media y superior)
  • Viajar con autonomía sin guía en el destino

Nada mal, ¿no...?

sábado, 22 de julio de 2023

Primeras veces

Mi primer artículo publicado se remonta a octubre de 1986: una brevísima entrevista que le hiciera (dos años antes en Costa Rica) al cantautor nicaragüense Luis Enrique Mejía Godoy. Fue en el número 107 de la revista Taller de Letras, de la Facultad de Ciencias del Hombre y la Naturaleza, de la Universidad Centroamericana “José Simeón Cañas”. Desde entonces hasta la fecha, tengo inventariadas más de 90 publicaciones en periódicos y revistas acerca de diversos temas socioculturales, incluyendo el comentario político. Además de ello, están las más de 700 entradas en mi blog, testimonio vivo de que nunca he podido sustraerme de la tentación de dar mi opinión sobre asuntos del entorno que considero de interés.

En cuanto a apariciones en televisión, mi primera presentación fue en junio de 1989 en la revista matutina “Al día”, del antiguo Canal 12, que incluyó entrevista y canto. Luego, muy ocasionalmente tuve apariciones en muchos canales de televisión, unas en solitario y otras con mi grupo Balada Poética, pero todos circunscritos al ámbito cultural y artístico.

Hoy, a mis 56 años de edad, he dado un paso más: por primera vez, he participado en un programa de opinión política en televisión: Pulso Ciudadano, de Canal 21. Esto es una experiencia muy distinta, por el alboroto, las connotaciones y las consecuencias que el tema implica (posible hate incluido), así como por la preparación específica que requiere (para no llegar a hablar carburo). Me parece que no quedé mal y, además, me entusiasma la idea de que pueda darle continuidad a esta faceta.

lunes, 26 de junio de 2023

Nueva (y antigua) experiencia

El jueves 22 de junio, con motivo de celebrarse el Día del Maestro, tuve la experiencia de estar por primera vez en un espacio de entrevista de un canal matutino, en el programa Diálogo 21, hablando sobre el rol y la imagen del docente en el contexto actual.

Ya en ocasiones anteriores desde hace ya mucho tiempo había estado en televisión: unas veces como artista (cantautor, productor musical o escritor) y otras como comentarista de temas culturales en VLM. En este sentido, no tendría por qué haber habido excesiva tensión o nervios en los momentos previos; sin embargo, la novedad en esta ocasión fue, más que el programa y el tema en sí, la expectativa de dejar la puerta abierta en este tipo de programas, para acudir con mayor frecuencia y hablar de temas no necesariamente circunscritos a la profesión docente, generando opinión ciudadana (como lo vengo haciendo por escrito en Diario El Salvador desde hace algunas semanas).

El tiempo dirá si logré mi propósito, pero de momento me da la impresión de que, al menos en la entrevista aquí citada, podría perseverar en ese empeño. 😬

sábado, 5 de septiembre de 2015

Plantones multimedia

A mediados de 2014, quise ver en una de mis creaciones artísticas en cierto formato multimedia. Con tal fin, contacté con personas que dominan esa área, para cotizar el trabajo y contratar su realización.

Casi un año después, estoy a las puertas de recibir el resultado de ese esfuerzo, no sin antes haber sido plantado, ignorado (en alguna ocasión, con desprecio) y ciertamente engañado por diversas personas a quienes acudí.

Cuando comencé mis gestiones, hubo un tipo que se mostró muy interesado en el asunto pero nunca me dio una cotización, sino que se dedicó a sondear cuánto estaba yo dispuesto a pagar; sin embargo, al conocer la cifra aproximada que le ofrecí (conforme al estándar profesional de ese tipo de trabajos), ya no recibí respuesta. ¡Vaya divo!

En la misma época de tal singular ninguneo, también contacté a alguien quien sí presentó un plan y una cotización. Hubo acuerdo formal y durante un tiempo me estuvo enviando varios adelantos del trabajo, de muy buena calidad técnica y artística. Sin embargo, en cierto momento y con la obra avanzada a más de la mitad, cortó todo contacto. Aún vive, lo sé, pero desde hace meses no me contesta el teléfono ni tampoco el correo, y en redes sociales se hace el disimulado, incluso con amigos comunes que le han dado mis recados. Desconozco el porqué, para mí es un misterio total. ¡Qué tipo!

En el proceso de asumir progresivamente esos plantones, pregunté a otra persona si estaba en condiciones de hacerlo. Dijo que sí, ya sabe, con todo gusto, no faltaba más, eso es fácil y que además -por no ser nada complicado- cobraría una cantidad prácticamente simbólica, tanto así que yo incluso le sugerí que replanteara sus honorarios porque hasta a mí me parecía muy poco. Casi medio año después, sólo tengo una muestra-ensayo de diez segundos (algo así como el 5%)... y entiendo que eso será todo.

Necio e implacable en mi búsqueda, llegué a plantearle el trabajo a alguien con más dotes de artista que de técnico multimedia. Nos reunimos en un café, el trabajo pareció interesarle y -en un momento de inspiración y cordial camaradería- dijo que eso sería una colaboración creativa, que no había vil metal prefijado, no obstante aceptaría lo que se le quisiera reconocer en agradecimiento. Pero las dos veces que planeamos reunirnos para absorber el espíritu del tema, el sujeto no llegó: la primera con una excusa emergente pero creíble; la segunda, con la más espontánea y silenciosa de las ausencias. No me ha contactado para reprogramar la reunión y, considerando las condiciones que puso, me da algo de pena insistirle más. Una lástima, porque habría quedado bonito.

De vuelta a la carga, di con un joven profesional, pariente de una persona a quien aprecio mucho. El primer contacto se produjo hace casi dos meses y aún espero que me envíe la cotización. Eso sí: espero sentado.

Finalmente, y ya casi por renunciar a mi búsqueda, encontré al sujeto actual. Cumplidas las formalidades, hemos discutido los detalles del trabajo, hay avances concretos y espero muy pronto el producto encargado, el cual estoy seguro será satisfactorio.

¿Recuerdan cuando dije: “a mediados de 2014, quise ver en una de mis creaciones artísticas en cierto formato multimedia”? Pues nada, ahora reformulo digo: “a mediados de 2014, no sabía cuánto habría de sufrir mi paciencia por ver una de mis creaciones en cierto formato multimedia”.

miércoles, 10 de diciembre de 2014

De coros

La labor de dirección coral no me es ajena desde hace 30 años y ocasionalmente la he ejercido de manera oficiosa en diferentes ámbitos.

A raíz de una colaboración interinstitucional, Juan Carlos Berríos (del Centro Cultural Universitario de la UCA), me invitó a preparar unos cuantos cantos corales con los chicos y chicas del Colegio Externado de San José, para el Concierto de Villancicos del 9 de diciembre.

Elegí tres canciones: dos de ellas (“Navidad”, de José Luis Perales y “Ven a mi casa esta Navidad”, de Luis Aguilé), porque enfatizan en valores y actitudes de eso que se conoce como “el espíritu navideño” yendo más a la solidaridad y el fortalecimiento de lazos familiares o fraternales, antes que al excesivo consumismo y ruidos estridentes; mientras que la tercera (“Mi burrito sabanero”, de Hugo Blanco) por evocar el sentido de la fiesta y también del candor infantil.

Aparte, teníamos que preparar “Mundo feliz”, de Händel, para cantarla con todos los demás participantes en el evento, que eran los coros Universitario UCA, del maestro Juan Carlos Berríos; Renacer, del maestro Ángel Rivas; y Vocalis Novum, del maestro Julio García.

Estas tres piezas y media que preparamos durante siete ensayos de dos horas cada uno me generaron muchas expectativas, temores y nervios, especialmente por el nivel de exigencia del evento; pero una vez concluimos nuestra actuación en el escenario, lo que de esa experiencia emana son agradabilísimos recuerdos, ecos armónicos y una sonrisa de esas que llaman "de oreja a oreja".

Creo que así se me ve en esta foto.

sábado, 8 de noviembre de 2014

Una crítica motivadora

En estos días de ofensiva literaria final para agotar las existencias de mi libro “Del asfalto” (UCA Editores, 1994), muchas personas que lo han obtenido me comentan y preguntan cosas del primer cuento, “Involución”; sobre sus sentidos, interpretaciones y enigmas.

Además de insistir en su relectura (desde la teoría del lector/a activo), les comparto aquí una crítica literaria que hizo María José Mateo, cofundadora de la Asociación Española de Jóvenes Escritores. Tengo entendido que se publicó en la revista “Caminos”, que entonces editaba dicha agrupación de noveles literatos, debió ser alrededor de 1995 pero no tengo el registro exacto.

Es, en todo caso, una interpretación como podrá haber otras, incluso la mía. Hay algunos spoilers pero no perjudican el suspenso. Lo bonito es que anima a la lectura del texto en cuestión.


domingo, 2 de noviembre de 2014

Por tradición

De los certámenes literarios salvadoreños, seguramente los Juegos Florales de Zacatecoluca son los de mayor constancia y tradición, en buena parte gracias a la dedicación del profesor Roberto Monterrosa, quien los mantuvo activos desde 1977 incluso en las épocas más difíciles, ya fuera por el contexto sociopolítico o por el exiguo apoyo institucional.

Obtener un galardón allí hace bien al palmarés literario, por eso decidí participar en 1996, con el cuento "Fuego de difuntos". El diploma obtenido, totalmente hecho a mano, es colorido y simpático. La caligrafía y todo lo demás está un poco inclinado hacia la derecha, pero es artesanal y lo que cuenta es su valor simbólico.

Del cuento galardonado no tengo noticia de que haya sido publicado en físico, pero está en el libro electrónico "Recuento. Si me apuran y me piden mi "top 10" cuentístico, lo pongo sin duda.

lunes, 27 de octubre de 2014

Espinitas

La que hasta el momento ha sido mi única etapa como narrador duró unos doce años, contados a partir de 1988 cuando escribí mis primeros cuentos válidos. En ese lapso, la literatura fue bastante generosa conmigo, tanto en aspectos tangibles (libros, premios y viajes) como inmateriales.

Sin embargo, tengo un par de espinitas que voy a sacarme en esta entrada. A la distancia, más allá de las naturales susceptibilidades del ego, ambas quedaron en anécdotas sin mayor trascendencia cultural; no obstante, las verteré en desahogo saludable, pues mejor desprenderme de ellas que andarlas llevando. De paso, también retratan mezquindades del mundillo literario, contaminando a menudo el periodismo cultural e incluso la dirección editorial.

¡Avisa, que ahi van!

- La primera

En una entrevista de 1995, página y media en la sección cultural de LPG, platicamos cordialmente y sin mayores incidentes con el periodista encargado, Francisco Ayala Silva, un joven de aspecto introvertido, tocayo para más, a quien le dejé mi libro (no recuerdo si con autógrafo). De más está decir que no vale la pena consignar aquí su nombre.

Ya impresa, la entrevista fue otra cosa.

Intercalada con uno de mis textos más directos, la parte que correspondió al periodista tenía la subjetividad propia de un personaje teatral situado en un escenario, por momentos en tono simpático y en otras tal vez no tanto, válido si se quiere y hasta cierto punto.

La referencia inicial a mis logros literarios dejó ver cierta... Tengo la palabra, no la quiero decir pero se deduce fácil, mire usted:

Mientras que un montón de jóvenes tienen escritos un montón de poemas y un montón de cuentos y les ha sido imposible publicar una palabra, a Rafael Francisco no le costó encontrar un editor.

Según él, sólo fue cosa de llegar y ponerlo en prensa.

Más adelante, una vez agarró confianza, se dejó ir con valoraciones y réplicas en segunda persona familiar, como un maestro bonachón que le hablase a su discípulo, enseñándole como escribir, sólo que con el interlocutor ausente y desde la página de un periódico. No sé si alguna vez se haya publicado aquí otra entrevista con esas características, pero el párrafo final es de antología doctoral:

Si dominaras tu energía y adoptaras el hábito de la paciencia podrías reunir todas tus figuraciones y, en lugar de escribir una treintena de chingastes de historias, escribirías una docena de excelentes cuentos o una novela bastante decente.

¡Cómo no, chero! Cuando tengás tiempo, dale una leidita a la teoría de géneros literarios.

Años más tarde, encontré una explicación más plausible que la presunta deficiencia de los textos aludidos, merced a un premio de teatro que le fue entregado. Supe entonces que él también era escritor y entendí que tal coincidencia de anhelos puede ser terriblemente desventajosa para uno como entrevistado, aunque sea por el solo hecho de tener un palmarés que el otro sujeto percibe o quiere hacer ver como inmerecido.

- Las segundas

Por esa misma época, existía un periódico impreso que se las daba de cultural. Había surgido en la posguerra gracias al financiamiento solidario internacional, con el que pronto acabaron quienes lo dirigieron. Les llevé mi libro recién publicado por UCA Editores y me atendió el subdirector, Miguel Huezo Mixco, un poeta con cierta formación académica, de quien considero más elegante omitir su nombre. En la breve nota que luego apareció, puso la foto mía con el libro, los principales datos del volumen y, claro, su infaltable valoración negativa del mismo:

En el quehacer literario de Góchez se percibe, sin embargo, bastante prisa por publicar, lo que redunda en que algunos de sus relatos sean desiguales, poco depurados.

Tan simple como que no hubiera habido un respetable criterio editorial de por medio.

Pasado un tiempo, este mismo poeta fue nombrado director de la editorial estatal. Se le recuerda por su celo y afán de convertirse en censor de agudo criterio, César cultural de pulgar inclemente, ese filtro que tanta falta le hacía a la cultura salvadoreña, llamado a redefinir y establecer altos estándares de publicación en la DPI. La aplicación implacable de este criterio resultó, no obstante, curiosamente flexible para con un su amigo literario, pero ese es otro tema.

En una conversación, no sé si a sabiendas de que ya se me había publicado un libro allí, me dijo con clara intención peyorativa:

Es que, mira: aquí en esta editorial ha publicado gente muy joven, muy joven.

Valga el eufemismo y la ninguneada, que yo tenía menos de 30 años.

Pero seamos justos: también tuvo sus momentos de benevolencia, aunque no para mí sino para un ascendiente directo. Al hacer entrega de la antología “Esta mueca circular y sola”, de Rafael Góchez Sosa, no se atrevió a poner en tela de juicio los méritos de un poeta ya reconocido; por el contrario, se refirió a él con encomio en estos términos:

Cualquier poeta que esté de Góchez Sosa para arriba, tiene que estar publicado en esta editorial.

Todavía recuerdo el vivo gesto de su mano indicando dónde quedaba la parte baja de su ranking.

¡Vaya personajes!

jueves, 23 de octubre de 2014

"Del asfalto", para quienes gusten.

“Del asfalto” es un libro de cuentos y conexos, publicado por UCA Editores en 1994, tanto por méritos literarios como por la buena experiencia de circulación de su predecesor de 1992, “¿Guerrita, no…?”, cuya primera edición se agotó en el término de un año.

Si bien algunos textos que conforman “Del asfalto” siguen esa dualidad -entre cruda y humorística- que tuvo éxito en los certámenes literarios que validaron primer libro, los demás relatos exploran nuevos ámbitos, con un estilo narrativo más elaborado y -lo creo sinceramente- más maduro, consciente de sí mismo.

Si un buen crítico literario etiquetara este volumen como “de transición”, no andaría del todo descaminado: tal evolución se hizo patente algunos años después en la colección “Los encierros”, que en 1997 obtuvo el primer lugar en los Juegos Florales de San Salvador ante un jurado irrepetible: José María Méndez, David Escobar Galindo y Álvaro Menén Desleal.

No obstante lo anterior, la atención del público lector en aquella época se volcó principalmente hacia mi primer libro, no sé si por el nexo con la recién terminada guerra civil o por su estilo más desenfadado, dejando “Del asfalto” algo olvidado.

Así, pasadas dos décadas de su publicación, encuentro que hay un remanente de existencias en la editorial universitaria (a diferencia de ya mencionado “¿Guerrita, no…?”, que cuenta tres ediciones, y su posdata de 1993 “Desnudos en una capilla”, libro del cual la Dirección de Publicaciones e Impresos me confirmó que ya no hay en existencia).

Viéndolo así, es mi deseo darle un impulso muy peculiar a la circulación de este libro, llevándolo a nuevos lectores/as y así evitar que pasen otros veinte años sin más novedad que el añejamiento progresivo del papel.

Es de esta manera como -luego de las correspondientes gestiones, posibilitadas por condiciones muy particulares que no sé si se repetirán en el futuro- ofrezco a partir de esta fecha el libro “Del asfalto” a aquellos lectores y lectoras que deseen sumergirse en él. Las condiciones para obtenerlo son las siguientes:

a) Tiene un precio simbólico de un dólar. Obviamente, no hay fines de lucro pero tampoco estaría bien regalarlo, por aquello del respeto al arte en cuanto producto cultural.

b) La oferta es válida para quienes me han conocido (mucho o poco, pero sabien quién soy) en cualquier ámbito en que me he desenvuelto (docencia, música, ajedrez, literatura, baloncesto, etc.) o por donde haya pasado (colegio, universidad, trabajo, etc.).

c) El trámite es directamente conmigo. No aplica en librerías.

d) No hay entregas a domicilio ni envíos por correo (aunque recibiera anticipadamente el importe). El ejemplar se lo entrego en sus manos, pero usted debe venir a buscarlo. El transporte del ejemplar físico hasta su destinatario final es responsabilidad del interesado/a.

e) Aunque parece innecesario decirlo, por obvio, más vale aclararlo: tenga presente que el libro es de ficción literaria, no testimonial ni confesional.

f) Queda a opción de la persona que lo lleve el pedirme que lo autografíe, pero yo decido qué le pondré.

Para contactarme con este fin, llegue a mi oficina, mándeme recado, envíeme un correo electrónico, hágalo a través de un comentario en este blog, póngame un mensaje en Facebook o en Twitter.

Una vez en sus manos, espero que disfrute de la lectura.

Posdata:
Algunas partes del libro -en sus hechos, voces y personajes literarios- tocan temas tabú en la cultura local, con los cuales algunas personas podrían sentirse incómodas (dependiendo de sus valores, creencias y prejuicios).
En atención a ese hecho contextual, valoré poner un filtro como "para mayores de quince años"; sin embargo, desistí por cuanto eso muchas veces sólo le añade morbo indeseado y, además, he vivido lo bastante como para tener la fundada impresión de que el criterio de edad no siempre garantiza una lectura sana y lúcida.

sábado, 18 de diciembre de 2010

¡Las fotos, las fotos!


Como dice la canción, "andando por la calle..." hace un par de días me encontré con Juan Salomón Paredes, actor de profesión que hace 22 años fue parte del elenco de la obra teatral "Asfixia 2000", que escribí en mis años universitarios e inesperadamente fue llevada a escena por el entonces joven director Edgar Gustave (a quien le he perdido la pista, así que si alguien sabe ubicarlo, me avisa por favor).

Recuerdo que en aquella obra estuvo además Jorge Oviedo, hoy padre de una gran alumna (la Gran Oviedo, obviamente) y Toño Dimas en las luces y sonido. Casi estoy seguro de que una de las chicas de negro es Lissette Consuelo Reyes, quien estuvo con nosotros en "Sinapsis". Según registros, el papel de la protagonista Diana lo hizo Silvia Turcios, la niña del overall. La temporada se desarrolló en la Pequeña Sala del Teatro Nacional a finales de 1988 y tuvimos algunos llenos, varios medianos y hasta un vacío (¡suspendimos una función por falta de público!).

El punto, a todo esto, es que gracias a este encuentro casual citadino es que he logrado recuperar dos fotos, las únicas dos que tengo de la obra (mientras espero hallar a Gustave). Entretanto, ¡he aquí la prueba del "to be" de la obra!

miércoles, 15 de septiembre de 2010

¡¿Que quéee...!?

Mientras auscultaba el blog del colega escritor Javier Alas, me he llevado menuda sorpresa (simultánea al alivio de encontrarme sentado al momento de leerla). ¡Ahora resulta que mis obras son oficialmente "bienes culturales" de la nación (por Acuerdo Ejecutivo 16-0137 del 7 de septiembre de 2005, publicado en el Diario Oficial del 6 de octubre del mismo año)! Haciendo infructuoso esfuerzo de memoria, no recuerdo que mi vida haya cambiado sustancialmente desde o por aquellas fechas, mas entre el espíritu festivo y cierta inocultable vanidad que me embargan al unísono, reviso una y otra vez tan notable lista y no veo en ella a mi extinto padre, el poeta Rafael Góchez Sosa, cuya placa de "Ciudadano Distinguido de Santa Tecla" (Acuerdo Legislativo Nº 542, 12 de agosto de 2004) vigila la sala hogareña. En cualquier caso, sería interesante conocer cuáles son las necesarias contrapartes, o sea, los "males culturales" (je). En fin, como no pienso ir a reclamar ni por mí ni por el difunto, acepto los hechos y sólo tengo una cosa más que decir: para la próxima... ¡si quieren, me avisan!

domingo, 12 de septiembre de 2010

Humilde defensa de la autopromoción

Hay quienes censuran la promoción de las propias obras, como si al hacerlo se faltase a una especie de ética estética establecida en medios culturales desarrollados. En cambio mi padre, el poeta Rafael Góchez Sosa, siempre animaba a hacerlo con una comparación fabulesca: “la gallina cacarea cuando pone un huevo, si no, nadie se entera”. No estoy por quejarme ni del público ni de los medios locales, pero es una evidencia incontestable que si no es uno mismo quien anda de caradura de aquí para allá promocionando su más querido arte, éste permanecerá guardado esperando eternamente a un acucioso investigador-promotor que no existe.

Ciertamente, se corre el riesgo de caer mal cuando se confunde el reconocimiento de los propios méritos con la presunción o incluso la fanfarronería, pero es aún peor el otro extremo: el de la falsa modestia, que lleva a la minimización y ocultamiento de lo que uno es capaz de hacer; por eso, uno debe ser el principal fan de uno mismo. Vaya, que puestos a justificar, hasta podríamos utilizar citas bíblicas (con o sin contexto, aunque sea para fines particulares y con permiso de la ortodoxia): “Nadie enciende una lámpara y la cubre con una vasija, o la pone debajo de un lecho, sino que la pone sobre un candelero, para que los que entren vean la luz” (Lucas 8, 16); porque, después de todo... ¡es algo bueno y bonito lo que aportamos!

domingo, 15 de agosto de 2010

"Los protestantes" en la realidad

Luego de varias semanas de arduo, tenso y copioso trabajo, este grupo de jóvenes presentó la obra "Los protestantes", breve pieza teatral de mi autoría, bajo la esforzada dirección de Rosa Salguero. Yo en lo personal (¿o qué hay otro modo, pues?), les doy las gracias por haberle puesto vida a los parlamentos imaginados. Y sin que lo siguiente derive en un culto a la síntesis -considerando además que uno, en cuanto escritor-espectador, tiene difícil emitir un juicio crítico que pase por objetivo- ateniéndose a los comentarios comúnmente expresados (más en la segunda que en la primera función), se puede fundamentar la opinión de que los diecisiete personajes en escena, más los treinta y cinco minutos de duración... ¡estuvieron muy bien!

jueves, 12 de agosto de 2010

Lo que sí y lo que no acepto

Uno sabe que al publicar una obra artística está expuesto a comentarios y críticas de todo tipo de espectadores/as, desde quienes acogen la obra con cariño y admiración hasta quienes manifiestan juicios desfavorables, a partir de un amplio espectro cultural. Todas las opiniones son legítimas en cuanto reacciones humanas ante un producto artístico, aunque no necesariamente sean todas justas o válidas.

Traigo a cuenta este asunto a propósito de la publicación de "Con las rosas de mi suerte", balada que canta Sarita Cáceres. No creo pecar de inmodesto si digo que casi todos los comentarios han sido favorables, tanto por la voz de la cantante como por la letra, música y arreglos. Del videoclip “económico” (en el buen sentido del término) lo mejor que se puede esperar es que pase desapercibido, es decir, que no desmerezca la calidad del audio.

Como productor del audiovisual, puedo aceptar yerros de iluminación, maquillaje, resolución de pantalla, alguna sombra inoportuna y hasta algún detalle de sincronización, todo lo cual no obsta para que el resultado esté objetivamente decente. En cuanto a la música, convengo en que la orquesta suena poco espontánea en algunas partes, ya que salvo las guitarras el resto son instrumentos MIDI que, por muy avanzados que sean, no pierden su carácter electrónico. Incluso, aun sin ser especialista en danza contemporánea, podría debatir sobre algún movimiento de la expresión corporal. De la novel cantante, convengo en que su presencia ante cámara todavía debe ganar más seguridad, aunque asumo plena responsabilidad de diseño en cuanto a que ella no mire directamente al lente.

Lo que no voy a aceptar son críticas contra la naturaleza misma de la obra, pues en esto no hay concesión posible. En este sentido, defiendo con filial ferocidad el carácter metafórico del poema y el reto que supone interpretarlo, blindo el tono suave-nostálgico del arreglo orquestal y me pongo capa y espada en pro de la inclusión de la danza contemporánea en el vídeo.

Para que nos entendamos: la obra es así y no de otro modo. Así fue sentida y así fue pensada. Así es su naturaleza... ¡y es en cuanto tal que se abraza o se rechaza!

jueves, 8 de abril de 2010

"Normal activity" y la inclusión absoluta.

Que el exiguo cine local ha despegado estruendosamente con “Normal activity” (2010) –producida, escrita, dirigida y protagonizada por Al Phil, novel aunque maduro cineasta de ascendencia cuscatleca- es un hecho incontrovertible. Que los cánones tradicionales de la cinematografía han saltado en añicos ante el tsunami de creatividad imaginativa que el mencionado filme representa, es lo menos cuestionable en décadas.

Cualquier guionista instalado en un país del tercer mundo se habría visto fácilmente seducido por el amarillismo estético, desembocando sus inquietudes literarias en el rudimentario realismo que ha asfixiado los más nobles intentos de universalización. Al Phil, pionero que no se ha resignado a esperar el llamado de los grandes estudios cinematográficos, no sólo ha evitado cuidadosamente cualquier alusión a la situación generalizada de violencia que consume su pequeño país de origen, sino que ha ido un paso más allá: ha evitado cualquier alusión.

Filmada con un presupuesto que lleva hasta el límite el camino señalado por Robert Rodríguez con “El mariachi”, “Normal activity” rompe paradigmas y erige unos nuevos: $3.50 por el paquete de DVD en blanco, una cámara de vídeo prestada (con su respectivo trípode) y una sola habitación, más los costes de la electricidad que aún no han sido calculados pero se presumen ínfimos. Nada de engorrosas y humillantes solicitudes de subsidios estatales, nada de prostituir el argumento a cambio de unas cuantas monedas soltadas con escepticismo por inversores privados.

Las cuatro horas de duración del “final cut” aprobado por el editor (donde se suprimieron veinte minutos muy a su pesar) recogen íntegramente el período de 1:35 a 5:35 de una madrugada indeterminada en la vida de Al Phil, mientras éste duerme profundamente. La simplificación del trabajo de cámara es osada: una sola toma continua, un solo plano en reposo coherente con todos los elementos, una cámara única estacionada frente al protagonista, cuyos mínimos movimientos de sus globos oculares, apenas detectados, los que revelan que el personaje sueña. Ocasionalmente ocurre un mínimo cambio de postura, un suspiro, un atentado instintivo contra un zancudo, el sonido de gases naturales emanados, o lejanísimos ruidos exteriores de la ciudad dormida, hecho en donde reside la conexión con la realidad. Pero, en contra de la primera impresión, nada de lo presentado en esta obra es gratuito: todo tiene un sentido que el director, en un acto de estricto respeto para la inteligencia del público, no ha querido revelar con groseras pistas, cobijado en el argumento de que él no hace películas “para dummies”. Precisamente este es el reto para el espectador activo, creativo y osado, llamado a pasar doscientos cuarenta minutos elaborando hipótesis diversas sobre los temas, parajes y ficciones que están en la mente del durmiente.

Justamente por eso, una de las afortunadas características de "Normal activity" es la imposibilidad de que se arruine la experiencia conceptual de las y los espectadores por medio de adelantos, reseñas o “spoilers” de lo que sucede. El trabajo de adivinar, suponer o imaginar lo que pasa por la mente onírica del protagonista sólo corresponde al espectador o espectadora, y a nadie más. ¿Qué aventura más interesante que aquella que sólo tú puedes concebir? ¿Qué terror más sobrecogedor que aquel que sólo tú puedes generar desde el interior de tu mente? Tales son las premisas para comprender la complejidad del mundo interior del soñador.

Pero como la envidia es la actitud estándar entre el gremio artístico local, ya ha habido quienes, amparados en su supuesta erudición, han lanzado malintencionadas acusaciones de plagio. Concretamente, dicen que Al Phil ha tomado una idea de "Truman show", cuando el personaje duerme y su reposo nocturno es transmitido en tiempo real por televisión, mediante una cámara oculta. Olvidan estos eunucos artísticos que, en primer lugar, esa acción de la película mencionada es sólo un trasfondo para el show de comentarios y análisis que sobre la vida de Truman hacen los productores; y en segundo, que en "Normal activity" hay sutiles aunque bien ocultas intenciones expresivas y elementos provocadores, de tal modo que conducen de modo inevitable no solo a la participación del espectador en la trama misma de la obra, sino a su involucramiento absoluto, experiencia que jamás es igual de sujeto en sujeto, pues como suele decirse, "cada persona es un mundo".

En conclusión, este hipnotizante filme da varias vueltas de tuerca a la experiencia del espectador/lector participante, iniciada con más impacto teórico que literario por Cortázar en "Rayuela", y desarrollada con bastante buen criterio por David Llych en "Mullholand drive". En este caso, bien podríamos decir que "Normal activity" es el non plus ultra de la inclusión, la auténtica transformación del sujeto pasivo en auténtico y único creador virtual de su propia experiencia cinematográfica.

viernes, 16 de enero de 2009

Extrañezas

Este mediodía -mientras almorzaba con el MF Marvin Guevara, recientemente electo Presidente de la Federación Salvadoreña de Ajedrez- pronuncié una frase que me produjo una de esas sensaciones de extrañeza, como cuando uno no se reconoce a sí mismo. Dije: "... y cuando yo comencé a llegar a la FSA, hace veinte años...". Y es cierto, pues fue por aquellos años cuando pasaba los crepúsculos jugando partidas informales en el entonces derruido Palacio de los Deportes (casi un atentado a la integridad física por causa del terremoto de 1986), tiempos de los cuales datan mis primeras partidas oficiales y las ansiosas horas de competencias en medio de una saludable semi-ceguera de los escaques para novatos ("quien no sabe es como quien no ve").

Veo la foto, me reconozco ahí (aún con pelo, lentes acrílicos gruesos, menos libras, un aire juvenil..), pero por más que lo repito, no me lo creo del todo: veinte años de jugar, estudiar, competir, enseñar y disfrutar del ajedrez. Veinte años. Veinte...

sábado, 29 de marzo de 2008

De jurado

Sí, confieso que también tuve mi etapa como jurado de certámenes literarios nacionales. La primera o segunda vez, uno tiene la ilusión de estar descubriendo Balzaques y Cortázares; ya después, las alegrías intelectuales disminuyen ante el más de medio centenar de fólderes que esperan, exigen y demandan ser leídos en su totalidad (por aquello de la ética profesional). Cuando a la persona a cargo de convocar al jurado se le ocurre la sustanciosa idea de reunir a los ínclitos para emitir un fallo consensuado, el tormento es prenunciado. ¿Por qué no pedir el resultado a cada quien, con formato “primero, segundo y tercero”? Digo yo: discutir a este nivel de sabelotodos... ¡oh, no, nunca más! Un detalle no tan ínfimo: a menos que la ley haya cambiado en los años recientes (que debería), los miembros del jurado tienen prohibido recibir estipendios, retribución monetaria o pago de honorarios por el servicio prestado. Como los premios de este tipo andan alrededor de los ocho salarios mínimos, las malas lenguas hallan tema, por aquello de ir “mixa-mixa con las bolitas”. En fin, que para abreviar, suficiente con aquella breve incursión. Alguien tiene que hacer ese trabajo, muchas veces loable. Vaya para ellos todo el mérito: ¡generosa cesión de mi parte!

jueves, 15 de marzo de 2007

Locutor infiltrado

Recién graduado de bachiller, en 1985 tenía varios proyectos relacionados con los medios de difusión masiva; uno de ellos, la gana de ser locutor de radio. En esa quimera, conté con la ayuda de Johnny Calderón, experimentado hombre mediático, hoy recientemente fallecido, quien laboraba en la desaparecida Radio 10 (870 KHz en amplitud modulada). Él me permitía hacer algunas prácticas en su turno de 5 a 8 de la mañana, primero sólo en el oficio de operador de la consola, luego dando la hora y, por último, hablando un poco más, saludando cumpleañeros y presentando la canción siguiente.

La cabina quedaba en un edificio del centro histórico de San Salvador: a la vuelta del Diario "Latino", despuecito de ANTEL, la parada de bus luego del Parque Cuscatlán. Desde allí no había una espléndida vista: apenas la fachada descolorida de otro edificio similar por enfrente, más el tráfico matutino en crecimiento y, apenas al fondo, el volcán entre brumas. En alguna ocasión incluso hice el turno completo y hasta recibí el visto bueno de la directora de la radio, cuyo nombre nunca supe. Allí también comprobé que los locutores, incluso los más humildes y desconocidos, sí padecen el acoso telefónico de las radioyentes, quienes son capaces de llegar hasta la mismísima cabina si se les permite, quién sabe con qué propósitos.

Aquella juvenil aventura por las ondas hertzianas terminó por dos razones: la primera, porque se cumplió en mí la advertencia de Johnny, quien me previno sobre lo difícil que es perseverar en un trabajo así, pasada la novedad de las primeras semanas (es decir, me aburrí); la segunda, porque cuando me presenté al curso de acreditación y carnetización de locutores que daba el Ministerio del Interior como requisito de ley, descubrí que el requisito era tener... 21 años de edad, cosa que no sucedería sino hasta tres años más tarde, cuando ya mis intereses primordiales eran otros.