miércoles, 10 de junio de 2015

Cinco zafadas típicas de funcionarios guanacos

Antes de pasar a la esperada enumeración, aclaro lo siguiente: cuando digo “típicas” no me refiero a que estas excusas, justificaciones o evasivas sean de uso exclusivo de personajes públicos de la Guanaxia Irredenta (pues varias de ellas están en el repertorio usual de la así llamada clase política en todas partes del mundo). El uso de tal adjetivo lo justifico por su acepción de “característico o representativo de un tipo”, en este caso el funcionario o funcionaria de por estos lares, como si antes de asumir un cargo de cierta responsabilidad en cualquier órgano del Estado, e incluso en instituciones no estatales, se hubiera memorizado un manual de defensas estándar para usar a discreción en caso de críticas, cuestionamientos o exigencias ciudadanas.

Dicho lo anterior, aquí les van, para su consideración. Las coincidencias con otros contextos aplican.

- Es culpa a la administración anterior

Esta táctica es antiquísima, una de cuyas versiones más populares es la leyenda de las dos cartas que Kruschev le habría entregado a Breznev en los sesentas. La diferencia esencial es que, en ese cuento, la descarga de la propia responsabilidad solo funcionaría una vez, mientras que aquí es permanente: desde el Ejecutivo y sus ministerios, pasando por curules, hasta la más remota alcaldía municipal del trozo de república en que vivimos… ¡todo es culpa de quien estuvo antes!

- Otros lo hicieron por años, ¿por qué nunca los criticaron?

En esta variante no se niegan descaradamente las deficiencias, faltas o errores actuales; sin embargo, se ocultan en la tradición, se justifican en la costumbre que se ha hecho ley, o bien, se minimizan en la comparación de que “antes era peor”. Con frecuencia, se acaba atacando a quien critica, acusándole de no haber tenido esa acuciosa actitud de fiscalización o reclamo en el pasado, no importa si esto es cierto o no. Trátase de una traicionera aplicación del principio ajedrecístico "la mejor defensa es el ataque".

- Es una campaña de desprestigio

Toda persona o institución que tenga o crea tener enemigos puede hacer uso de tal lema. Nunca nadie usó este estribillo de manera tan reiterada como los oficiales del ejército salvadoreño durante la guerra civil, para atajar acusaciones de violaciones a los derechos humanos. Pero no fueron los únicos. Cuando se comenzó a hablar del tema, algunos jerarcas de la Iglesia Católica dijeron lo mismo sobre las denuncias de abuso sexual infantil, hasta que la evidencia les obligó a cambiar radicalmente de discurso. Incluso el tristemente célebre Pastor Enmotelado, líder de una importante secta evangélica, esgrimió este recurso falaz contra sus críticos (a quienes, en un noble gesto, perdonó en público por tales afrentas).

- Hay cosas más importantes en las que fijarse

Esta es la muy conocida smoke screen o “cortina de humo”, la cual obviamente solo funciona para problemas que puedan ser vistos (con cierta verosimilitud) como menores, triviales o insignificantes en comparación con aquel que se señala (o inventa) para desviar la atención; o bien, que este último despierte más morbo o cause más sensación que el primero.

Pese a lo burdo de la triquiñuela, es un recurso táctico altamente efectivo de cara a los propios seguidores, siempre dispuestos a ver y traer a cuenta pajas o vigas en ojos ajenos para disimular los propios. ¿Me cuestionan por nepotismo? ¡Digo que los periódicos no pagan impuestos! ¿Me protestan por despidos en mi administración municipal? ¡Descubro una clínica de abortos clandestinos! Y así vamos. Wag the dog no es cine de ficción.

- Esto requiere de una solución integral

Nada mejor y más elegante -diría que hasta intelectual- que hacer ver lo complejo de un tema y las múltiples causas a las que este obedece, para dar la impresión de que se está trabajando arduamente en su solución, ganar así tiempo y al final no resolver nada. La verborrea técnica puede alternarse con consideraciones de orden histórico y hasta antropológico, sin descartar nunca las teorías conspirativas y, por supuesto, las anécdotas más o menos impresionantes. Luego de semejante alocución, hasta el más crítico ciudadano acabará aceptando que ella o él mismo es parte del problema, casi se sentirá culpable y seguramente suavizará o se olvidará de reclamar a quien está al frente.

¿Quiere ejemplos con nombre y apellido? Esos se los dejo a usted, mi estimado(a).

miércoles, 3 de junio de 2015

Cinco cantaletas guanacas que ya aburren

Cantaleta: estribillo; voz o frase que por hábito vicioso se dice con frecuencia (diccionario de la RAE).

Gente que tiene a su alcance y disposición un micrófono en radio o televisión, así como columnas de opinión de periódicos y otros medios digitales en la Guanaxia Irredenta (y a cuya palabra se le da mayor peso en ese engañoso concepto de “opinión pública”) acostumbran prodigar cantaletas basadas en mitos, afirmaciones no solo sin fundamento sino en contra de evidencias rastreables con un mínimo de rigor y memoria histórica. Algunas son políticas, otras culturales y otras…

Dejo aquí cinco significativas, de las cuales particularmente ya estoy harto.

- Lo nuestro es el balón a ras de piso con toque fino

¿En serio se creen esa tremenda falacia? Cuenten cuántos pases seguidos logran dar los jugadores en un partido estándar de primera división y luego hablamos. ¿Ya vieron a cuántos metros le rebota el balón cuando uno de nuestros futbolistas recibe un pase largo? Dirán que esto es una virtud que se ha perdido. ¡Falso! Traten de ver (si lo resisten) los partidos de la Selecta en el Mundial España 82 y no hallarán más que jugadas sin ton ni son, en los poquísimos momentos en que el rival nos prestó la canica. Notables excepciones aparte (Mágico, Pájaro y Cienfueguitos, por ejemplo), el aclamado “buen trato a la pelota” nunca ha sido el estándar ni la orientación primaria del futbolista guanaco; antes bien, el patadón nos define mejor.

- Los veinte años de Arena

Allá por 2010 y 2011, cuando aún no se cumplían los dos primeros años de la presidencia de Mauricio Funes, culpar de todos los males nacionales a las dos décadas que el partido Arena gobernó el país era no solo obvio, sino hasta necesario (entre otras cosas, porque por eso perdieron las elecciones). Pero que lo hagan ahora, tras seis años de gobierno efemelenista y por boca de funcionarios estatales, es un mal chiste que ya ni para memes alcanza.

Y no es que pidamos que en tan corto tiempo (considerando el universo y sus distancias) se resuelvan todos los males, pero al menos alguna sensación de que se está en vías de arreglar desaguisados (y no crear nuevos entuertos) debería haber.

- El muy católico pueblo salvadoreño

La religión en El Salvador: católicos (46.8 %), evangélicos (34.6 %), otras (2.4 %), ninguna (16.0 %). Gracias al periodista Edwin Segura que tuiteó esta información, respaldado por LPG datos. No tengo más que añadir... o quizá sí: ¿ya contaron los que dicen ser pero no ejercen?

- Paz y trabajo antes de la guerra civil

Si a estas alturas del partido alguien no tiene clara la dimensión de esta falacia ideológica, es difícil que cambie de parecer aunque se lea tres o cuatro tratados históricos. Al status quo de opresión e injusticia que generó las condiciones para la insurrección armada de los ochentas no se le puede llamar una época de “paz y trabajo”… a menos que se compartan los intereses oligárquicos de la tristemente célebre Cruzada Pro Paz y Trabajo. Pero eso ya es otro pisto.

- Las buenas épocas del rock salvadoreño

Dicen que grupos como Los Supersónicos, Los Intocables, Los Mustangs, Los Vikings, Hielo Ardiente, Los Beats y otros tantos sesenteros han sido lo mejor que se ha producido por estos lares. Dicen también que sus voces líderes (Luis López “El Monseñor del Rock Salvadoreño”, Óscar Olano, Chamba Rodríguez, etc.) son leyendas vivientes.

No lo creo tan así.

Cierto que entre esas huestes hay músicos y hasta canciones notables, y los respeto, pero la mayoría de ellos vivía del cover, la adaptación local de éxitos foráneos de la época, llegando a hacer versiones en español que no tenían nada que ver con el sentido original de la canción.

¿De dónde sacaron ese absurdo “por qué llorar” donde va “don’t let me down”? ¿Qué tiene que ver el “¡oye lo que digo!” con Proud Mary? Por supuesto, hubo temas originales memorables, como Camino de Hormigas y otros dos que tres, pero tampoco exageremos.

Estimada generación anterior a la mía: no confundan sus recuerdos de adolescencia con la mejor época musical de la vida nacional. Otra cosa es que ese repertorio sirva como gancho para llevar gente a célebres chupaderos nostálgicos, pero allí ya son las heladas las que mandan.

domingo, 24 de mayo de 2015

Tres aserciones ineludibles al venerar a Romero

Monseñor Romero ya es beato de la Iglesia Católica, lo que representa un reconocimiento institucional a su vida y obra. Él es un santo que trasciende los límites del catolicismo, pero ¿sabemos quién fue realmente Monseñor Romero y cuál la importancia de su palabra? ¿No estaremos distorsionando, edulcorando o manipulando su figura para hacerla compatible con nuestras necesidades ideológicas? ¿A cuál versión de Romero nos acogemos?

A mi modo de ver, hay tres aserciones históricas imprescindibles, implicadas necesariamente en cualquier manifestación de veneración a Monseñor Romero, sea desde el punto de vista creyente o en un sentido laico humanista más amplio. Sin ese conocimiento, sin tales certezas, el Romero al que decimos admirar será otro quizá imaginado y cómodo, pero sin sentido, jamás real.

Veámoslas.

- Denunció la represión de la derecha oligárquica

Monseñor Romero fue “la voz de los sin voz” porque, desde su postura de liderazgo como pastor, denunció la criminal represión del ejército, los cuerpos de seguridad estatales (policía, guardia y la de hacienda) y los nefastos escuadrones paramilitares (UGB, Brigada Maximiliano Hernández Martínez, etc.) contra los opositores o sospechosos de ser opositores políticos del régimen militar de la época, al servicio de la derecha oligárquica.

Esta represión incluyó amedrentamientos, atentados, cárcel, torturas y asesinatos sistemáticos contra obreros y campesinos organizados en sindicatos y comunidades, pero también contra sacerdotes y monjas a quienes se acusaba de comunistas. De igual modo, hubo víctimas que nada tenían que ver con las organizaciones de izquierda.

Prestar oídos a los centenares de denuncias, ofrecerles apoyo a través del Socorro Jurídico del Arzobispado y denunciar públicamente estos atropellos en sus homilías dominicales fueron acciones valientes de un hombre sensible y justo que, a pesar de las constantes amenazas, mantuvo hasta el final de sus días.

Pretender honrar a Monseñor Romero mientras se niegan, distorsionan o soslayan las graves circunstancias en que le tocó ejercer su labor pastoral es una contradicción insostenible, tanto como seguir enarbolando el ideario que instigó y celebró su asesinato.

- Se mantuvo a distancia de la violencia insurgente

Sí, señoras y señores: Monseñor Romero también condenó los actos de violencia de la naciente guerrilla, si bien supo distinguir entre la violencia de agresión y la violencia en defensa propia. Pero no, mis estimados y estimadas: Monseñor Romero jamás anduvo agitando a las masas para que se insurreccionaran violentamente.

Esa canción popular de la izquierda que dice ♫ “Monseñor, tu verdad / nos hace marchar / a la victoria final” ♫ es uno de tantos usos políticos de su figura, una pancarta para fines particulares. No nos engañemos: la “victoria final” es un concepto político-militar que siempre enarboló la guerrilla.

Otra cosa muy distinta es que él animara a la gente a recuperar su dignidad y exigir sus derechos. ¿Y si la valentía en la denuncia hecha por Óscar Arnulfo Romero, así como su magnicidio, inspiró o convenció a muchas personas de que la única opción posible era la lucha armada...? Sí, puede ser, pero esas son decisiones personales que cada quien toma a partir de sus circunstancias concretas. En ninguna homilía, carta pastoral, diario, prédica ni emisión radiofónica van a encontrar fundamento para las acusaciones (o reivindicaciones) de “agitador de masas” o “revolucionario” que le endilgan unos y otros.

- Fue fiel al cristianismo posconciliar

Disculpe si usted cree que la doctrina cristiana, específicamente católica, ha sido y sigue siendo única, universal e inmutable. Lamento decepcionarle: no es así. Una mínima investigación histórica le revelará que en diversos contextos la Iglesia Católica ha asumido roles diversos e incluso contradictorios.

Antes del Concilio Vaticano II, la Iglesia era aliada del poder y, en El Salvador específicamente, de la oligarquía agroexportadora. Su papel consistía en legitimar el status quo, bendiciendo el sufrimiento como garantía de que en la otra vida los pobres serán los primeros. La pobreza y todos los males humanos en este valle de lágrimas eran voluntad de Dios, rebelarse contra la autoridad terrenal terrenal era también rebelarse contra lo que Dios mismo había instaurado.

Religiosos contemporáneos de Romero formados en esa línea anacrónica -y que, a diferencia de Óscar Arnulfo, fueron incapaces de abrir su inteligencia y sensibilidad a los signos de los tiempos- se le opusieron fuertemente.

Después del Concilio Vaticano II y las conferencias episcopales de Medellín y Puebla, el giro fue radical. Si hay pobreza no es porque Dios así lo quiera, sino por el pecado social cometido por el ser humano al organizar la sociedad en beneficio de unos pocos. La dignidad humana no puede ser sólo espiritual ni ultraterrenal, sino también material, lo cual pasa por tener condiciones dignas de existencia. Esto obliga a revisar las estructuras sociales injustas y a transformarlas en beneficio de las mayorías excluidas.

Esta prédica no es, pues, una desviación de la Doctrina Social de la Iglesia, sino su pura y llana aplicación en una realidad concreta. Es cierto que la Teología de la Liberación (que ni es lo mismo ni es igual) fue bastante más allá y asustó a la propia jerarquía eclesiástica, llevando a su condena, pero si Monseñor Romero actuó como actuó no fue por “liberacionista”, sino porque supo escuchar el clamor de los oprimidos.

Con su beatificación, la Iglesia Católica reconoce la fidelidad doctrinaria de Romero a esa línea eclesial, pero también de sacerdotes como el jesuita Rutilio Grande y otros muchos asesinados en aquella época, bajo la acusación de ser comunistas. No se puede venerar a Romero como excepción o desviación de esta línea doctrinaria esencialmente cristiana.



sábado, 23 de mayo de 2015

Cinco estampas de la beatificación

Concluyó la ceremonia de beatificación de Monseñor Romero y de casi nada más se habló en el país durante la mañana del evento. Me llaman la atención cinco estampas que, de una u otra forma, reflejan la idiosincrasia del pueblo salvadoreño (para bien o para mal, usted evalúe). Helas aquí.

- Un halo solar… ¿milagroso?

A media mañana, coincidiendo con la inscripción de Romero en el libro de los beatos, se produjo un fenómeno natural bastante común, el "halo solar”. Como era de esperar, el pensamiento mitomágico de la población vio allí una señal divina.

Quien es creyente, ve milagros en lo que para los escépticos/as es solo una coincidencia, por lo que es prácticamente imposible convencerle de lo contrario.

Más allá de proseguir un debate sin claro puerto de llegada, me preocupa que la beatificación se convierta en un ritual demasiado cargado de elementos sobrenaturales, desencarnado de esas cosas del “más acá” que merecieron la atención del amado pastor.

- Una innecesaria cadena nacional

Faltando tres minutos para las diez de la mañana, un llamado a cadena nacional de radio y televisión interrumpió la transmisión en vivo del evento por parte de las estaciones de la Telecorporación Salvadoreña (TCS) y los demás canales que libremente retransmitían esa misma señal. Una vez establecida, la cadena procedió… a transmitir en vivo el evento por todas las radios y televisoras del país, así como los servicios de cable.

Sin la cadena, en cualquier rincón del país se podía sintonizar la ceremonia, con no menos de siete canales de alcance nacional disponibles. La cadena fue, en términos de cobertura geográfica, completamente innecesaria; pero en un sentido ideológico, fue incluso irrespetuosa para quienes sus creencias y sensibilidades (políticas y religiosas) les mantienen a cierta distancia de la figura de Romero. Respeto quiere respeto.

- ¿La descendencia "maldita"?

Una hora antes del inicio de la ceremonia, se vio a Roberto D’aubuisson hijo, alcalde de Santa Tecla, haciendo acto de presencia en el evento. La foto se volvió viral en redes sociales, con todo tipo de injurias para el hijo de quien la vox populi y la Comisión de la Verdad señalan como autor intelectual del magnicidio de Romero.

Repito, por si no se captó bien: “injurias para el hijo” del señalado.

No entiendo: son cristianos, predican el perdón y la reconciliación, están contra el racismo y la discriminación, se hacen llamar "progresistas"... pero atacan ferozmente a una persona a causa de las acciones atribuidas a su padre. ¡Arreglados estamos!

- Selfies en misa

No pocos clérigos regañan a sus feligreses por estar pendientes del smartphone durante las misas. Pues bien: en esta ocasión, pudimos ver a buena cantidad de sacerdotes haciéndose fotos durante la ceremonia y muy concentrados en mensajear a través de sus dispositivos. Comprendo la emociòn del momento... pero luego que no se quejen de estas costumbres populares.

- "Allá en el rostro de la Patria..."

No había terminado la ceremonia cuando Otto Meza, un genial caricaturista local, publicó esta imagen, a la que no cabe añadirle más palabras.

¿Qué tal eso?

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Posdata: sobre el significado de este reconocimiento institucional, está mi publicación anterior "Un santo más allá del catolicismo".

domingo, 10 de mayo de 2015

Los "pobres" que no deben ser nombrados

Del diccionario de la RAE.

pobre.
(Del lat. pauper, -ēris).

1. adj. Necesitado, que no tiene lo necesario para vivir. U. t. c. s.

En el mapa de distribución de ubicaciones para la ceremonia de beatificación de Monseñor Óscar Arnulfo Romero, aparecen indicadas 1,480 localidades para “pobres” y “campesinos”, en el área frente al altar, justo detrás de 1,200 sacerdotes que también asistirán.

Este par de palabras generaron una pequeña tormenta en redes sociales, dada su presunta connotación clasista, ofensiva, peyorativa, etc. También hubo algunas protestas por la asignación de 10 ubicaciones para “enfermos”. Se han usado etiquetas como #IglesiaClasista, #Tristeza y, por supuesto, #Indignación.

¿Tristeza e indignación por darles 1,480 asientos a los pobres y campesinos? No entiendo.

¿Qué sustantivo usarían ustedes, estimados/as protestantes de redes sociales, para indicar que esas 1,480 localidades están reservadas para pobres y campesinos?

A ese paso, para no sonar clasistas, en vez de “pobres” habría que usar esta nueva redacción bíblica: “Bienaventurados los económicamente menos favorecidos”. ¿O “bienaventurados quienes viven con menos de US$ 1.50 diarios”? Cualquier eufemismo queda mal.

“Pobres” no tiene por qué ser peyorativo, la Iglesia lo usa con bastante frecuencia en sus documentos y las acepciones ofensivas más parecen estar en la subjetividad de quienes, por cierto, no son ni pobres ni campesinos.

“Pobres”, “campesinos” y “enfermos” son grupos a los que Monseñor Romero acogió y atendió, así les llamaba él.

No veo la ofensa en decir: “estas 1,480 ubicaciones son para los pobres y los campesinos”.

Tampoco veo clasismo ni jerarquización, sino delimitación de espacios, cosa necesaria en todo acto público.

Miren: en sus cuentas se indignan por que a los pobres les digan “pobres”, pero ¿cómo les dicen ustedes en sus conversaciones y tertulias reales? ¿Cuál eufemismo “progre” usan?

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Posdata: no es por ponerme ultraclerical, pero lo cito por referencia obligada. En su habitual rueda de prensa del domingo (10 de mayo), el Arzobispo de San Salvador, Monseñor Escobar Alas, salió al paso con esta declaración:

“Si creen que el término campesino es peyorativo me ofenden porque yo soy campesino, posiblemente nos vean con desprecio pero para nosotros no es así. (…) Que nos digan pobres y nos digan campesinos no nos ofende”.

El fútbol y el arte de la narración

Escuchar un partido de fútbol bien narrado es una experiencia interesante, tanto desde el punto de vista del aficionado como desde la perspectiva de un narrador de historias. Allí se pone de manifiesto y se puede admirar la capacidad descriptiva del locutor, su economía de lenguaje para adecuarse a la velocidad de los acontecimientos, su exactitud para emplear el vocablo correcto, en fin, su habilidad para convertirse en los ojos del radioescucha.

Narrar y comentar un partido de fútbol es un verdadero arte, que el maestro jalisciense de la narrativa corta, Juan José Arreola, también desempeñó en algún momento de su vida. Entre paréntesis: escucharlo debió ser todo un gusto.

Como se ve, el oficio de narrador deportivo no es algo que pueda prestarse a juego, porque cuando el trabajo se ejerce sin el debido profesionalismo, el resultado es un auténtico suplicio para el oyente.

Narrar y comentar son dos operaciones tan simultáneas como las de aquel jugador que, llevando el control de la pelota, levanta la vista para diagramar en su mente la mejor alternativa, dar el pase correcto o desequilibrar a la defensa contraria. No se trata sólo de describir la jugada, sino también de llegar hasta la estructura del juego, el planteamiento estratégico, descifrar la mentalidad con la que se planta un equipo en el campo de juego y anticipar, con base en los hechos, cuál podría ser el transcurso del partido, es decir, cómo posiblemente evolucionará el juego.

Las características de una buena locución deportiva resultan claras cuando uno escucha otras maneras de narrar, distintas de cierto palabrerío monótono y atosigante. Uno, en cuanto espectador, puede esperar al menos lo siguiente (ejemplificado con transcripciones de la narración del partido Real Madrid Sporting de Gijón, del domingo 7 de abril de 1996, a través del programa español Tablero Deportivo):

a) Ubicación exacta del lugar en donde se desarrolla un hecho importante:

Hay falta ahora, favorable al Real Madrid, frente al vértice derecho del área grande de la portería de Ablanedo.

b) Descripción de la jugada y análisis de la acción y la estrategia del defensa del equipo rival:

El balón en profundidad lo enviaba Laudrup para Luis Enrique, pero con muchísima ventaja para Velasco, que no quiere complicarse en absoluto la vida y envía de pelotazo fuerte la pelota por la línea de banda.

c) Descripción del contexto de la jugada e insistencia en la intencionalidad de los jugadores:

Recuperó Tomás para el Sporting de Gijón, la pelota que viene para la parte izquierda, para el ruso Igor Leriakov; intenta enfriar el partido, perder tiempo. Allí está subiendo Velasco: cuatro jugadores del ataque del Sporting, cuatro defensores del Real Madrid. Velasco para la pelota... no tienen ganas los hombres del Sporting, les basta con ese gol.

d) Descripción en tono moderado, sin dejarse llevar por la emoción de los aficionados y sin perder el hilo de los acontecimientos (principio y final de la secuencia).

Cuarenta y cinco minutos se cumplieron ya en el estadio Santiago Bernabéu. Está jugando Guti por la izquierda, tiene que retrasar, presionado por Tomás hacia Milla, Milla para ahora para la derecha donde está jugando Rafael Alkorta, Rafael Alkorta inicia jugada en solitario, remata con la pierna izquierda y la pelota se perdió ligeramente por encima de la portería de Juan Carlos Ablanedo.

Hay, en el medio local, narradores que procuran no olvidarse de su función de ser los ojos del radioyente. Pero en otros casos, pareciera que su labor se limita a llenar el espacio con palabras, a como dé lugar, y sin atender a un entendimiento global. Uno de estos párrafos lo tomé del partido FAS - ADET, el sábado 13 de abril de 1996:

A jugar pelota Memo Rivera, viene proyectando la centralización, servicio abierto, va el pase, estaba tocando finalmente elemento del cuadro ADET, está saliendo la intervención de Carlos Arévalo, viene en la recepción la zona baja por intermedio de Moncecci, va a cambiar hacia los dieciséis cincuenta, toque de cabeza por parte de Alex Sermeño, recupera el cuadro de los venados del ADET por intermedio del jugador Douglas Vidal Jiménez, que va a la carga.

Aquí, es difícil ubicarse, seguir la secuencia, entender la intencionalidad de los jugadores, en fin.

Otro caso:

Se queda Vidal Jiménez con la pelota está buscando a De Moura, De Moura controla perfectamente, buscando el contraataque el equipo venado, cambia el esférico por la punta derecha con Montes, mete servicio rápidamente para Da Silva, hay rechazo por parte de Abrego.

Es una jugada de ataque y proyección ofensiva en donde nunca se narró lo que pretendían hacer, el comportamiento del equipo, por qué lo hicieron, etc.

En fin, falta mucho más acuciosidad, aparte de que la tonalidad siempre está elevada, sin atender a la relativa peligrosidad de la jugada. Es cierto que los locutores están atados a la intercalación de los mensajes publicitarios, necesarios para el sostenimiento de las emisoras, pero el trabajo puede hacerse bastante mejor de lo que se hace. El fútbol debe superarse y, para ello, todo lo que acontezca a su alrededor debe ir en la misma ruta.

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* Artículo publicado en el suplemento Astrolabio, del diario salvadoreño El Mundo, el 7 de agosto de 1996.

jueves, 23 de abril de 2015

El "jingle" de la discordia

Jingle: anuncio publicitario cantado, en donde el producto es el protagonista. Su eficacia depende de que logre fijarse en la memoria de la audiencia; por eso, tiene que ser claro, corto y fácilmente identificable.

Con motivo de la beatificación de Monseñor Romero, la Conferencia Episcopal de El Salvador encargó esta canción promocional para el evento.

La pieza se conoció a mediados de abril a través de redes sociales y de inmediato fue fustigada.

Una de las críticas principales es que la canción suena como un jingle comercial tipo Teletón o partido político mesiánico. Esto se debe, sencillamente, a que es un jingle y, como tal, ha sido hecho por las mismas personas que hacen los jingles comerciales de la Teletón y partidos políticos mesiánicos. Es lo que, según el estándar publicitario nacional, “funciona” a nivel de radio y televisión. Es su estilo, no pueden ocultarlo, no quieren evitarlo y no saben hacer otra cosa.

En ese sentido (y sólo en ese) es comprensible aunque dolorosamente inaceptable, pues con esto Monseñor Romero se vuelve, en cierta forma, un producto de marketing; de ahí los adjetivos de “trivial”, “edulcorado” y “descafeinado” que el jingle atrae y necesariamente evoca.

Otras críticas apuntan a cuestionar quiénes cantan y cuán comprometidos están o pudieran estar con la causa de Monseñor Romero, pero esto me parece un tanto impertinente, pues estamos hablando de un producto comercial que se basa en la contratación de cantantes y músicos que no tienen por qué comulgar con el trasfondo ideológico.

Ahora bien: en cuanto a los rostros que se presentan, es evidente el interés de la Telecorporación Salvadoreña (TCS) por darle el protagonismo a sus artistas, apropiándose del “producto” en cuestión. Esto sí es lamentable, pues la etiqueta de “artistas unidos” no calza cuando se omite deliberadamente a los de la acera de enfrente, ideológicamente hablando.

Finalmente, en cuanto a la letra “no confrontativa”, estoy bastante convencido de que fue la propia Conferencia Episcopal quien dio los lineamientos para elaborarla. Subrayo las partes en que detecto la visión oficial que se quiere enfatizar.

Del pobre fue la voz,
lo hizo con amor,
un legado nos dejó;
al hombre devolvió
derecho y dignidad:
amar la vida hasta el final.
Romero nos abrió las puertas al amor:
una nueva civilización
donde la vida se entrega
porque vale la pena
.
Nadie le fue indiferente,
a su paso entre la gente.
Y aunque fue querido
al mundo dio un giro.
Un solo El Salvador
cantando a una voz,
no hay olvido ni rencor.
¡Romero, mártir por amor!

Aunque literalmente no falta a la verdad ni dice cosas falsas, es una letra criticable por muchas razones estéticas, históricas e ideológicas, dependiendo de cada quien; sin embargo, también es verdad que las otras letras que se han hecho (especialmente por parte de sectores afines a la izquierda) tampoco están exentas de crítica, principalmente por la manipulación política que evidentemente existe en muchas de ellas.

Mi conclusión es que de Monseñor Romero es muy difícil, cuando no imposible, hacer una obra que deje contentos a todos los sectores de un país lleno de fanatismo, intolerancias y resentimientos que no escampan con el tiempo.

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Posdata: en este enlace de la Revista Factum, Orus Villacorta recapitula el espíritu general de la inconformidad vertida y también hace sus propias valoraciones.

lunes, 6 de abril de 2015

Monseñor Romero: la huella de un mártir.

Este es el reportaje sobre Monseñor Romero que emitió la Cadena Univisión el 5 de abril de 2015. Es un trabajo que supuso una apropiada investigación, no se queda nada esencial por fuera, es ameno, técnicamente bien producido y bastante equilibrado. Dura unos 45 minutos, hay que verlo para cultivar la virtud de hablar con conocimiento de causa.

domingo, 5 de abril de 2015

De cuando fuimos perseguidos

Y MONSEÑOR ROMERO NOS ECHÓ UNA MANO EN LA DENUNCIA


Luego de la muerte de mi hermana Delfy el 22 de mayo de 1979 (durante fue un ataque armado de los Cuerpos de Seguridad estatales contra una manifestación opositora que se dirigía a la Embajada de Venezuela), nuestra familia comenzó a recibir amenazas anónimas en forma de llamadas telefónicas, telegramas y cartas, una de las cuales yo mismo recogí del piso bajo la puerta donde había sido deslizada. En ella, el remitente lamentaba que Delfy hubiera sido "engañada y utilizada" por los grupos subversivos y, al mismo tipo, aconsejaba que mis otras dos hermanas no siguieran esa misma ruta. En otras cartas, también se le insistía a mi padre -el poeta y docente Rafael Góchez Sosa- que se callara, en alusión al poema “Amigos: mi hija no está muerta”, divulgado en esos días por varios medios.

En los primeros días del mes de junio de ese año, el portón del Liceo Tecleño (institución educativa que mis padres dirigieron por 27 años) amaneció pintado con un señalamiento y una amenaza directa de la Unión Guerrera Blanca (UGB), uno de los temidos Escuadrones de la Muerte del régimen: “Aquí trabajan unos subversivos”, certificado con una mano blanca. Temíamos que en cualquier momento mi padre o cualquier otro miembro de la familia fuese asesinado, como de hecho estaba ocurriendo con mucha gente así perseguida.

La noche del sábado 30 de junio de 1979, a eso de las 11:30 p.m., mis hermanas me despertaron con esta exclamación: “¡Nos están disparando!” Yo no había escuchado la ráfaga, pero rápidamente me pusieron al tanto de la situación: frente a nuestra casa (en ese entonces, cerca del Cafetalón tecleño), un comando armado había disparado varias veces contra nuestras paredes, puertas y ventanas.

La instrucción que dieron mis padres fue correr hasta el fondo de la propiedad y huir saltando el muro hacia el solar de una vecina. De nuestro lado había escalera, pero era necesario saltar desde lo alto del muro de dos metros en la pura oscuridad hacia la ruta de escape. Mi padre tenía 52 años; mi madre, 42; mis hermanas, 20 y 19; y yo, 12. A esas edades, el salto inevitable no se planteaba tan difícil, sobre todo en huida; peo lo sorprendente es que mi abuela, de 79 años, también pudo hacerlo sin sufrir ninguna lesión, justo en el momento en que el escuadrón criminal se estacionaba nuevamente frente a nuestra casa y procedía a rociar por segunda vez el inmueble con balas calibre 9 milímetros.

Permanecimos el resto de la noche refugiados donde esa vecina, desde donde escuchamos tres nuevas arremetidas de los tiradores, en intervalos aproximados de media hora. Los sicarios nunca intentaron entrar a la casa, quizá porque sólo tenían la orden de amedrentar, pero las balas llegaron hasta el fondo de la propiedad, como comprobamos después. El total de disparos superó al centenar. La vecina dio aviso telefónico a la Policía Nacional pero le respondieron con excusas inverosímiles aunque comprensibles (dado que el ataque era de origen estatal, no iban a capturarse a ellos mismos).

En su habitual denuncia de los hechos represivos de la semana, Monseñor Romero lo dijo así:

También hay una denuncia de una amenaza que me llega a último momento, y dice que desde hace como tres semanas en el Liceo Tecleño, donde el señor Rafael Góchez Sosa trabaja, le pusieron la mano blanca de la UGB. Y anoche le ametrallaron su casa (…), desde las 11:30 p.m. hasta las 2:30 de la mañana de este día, domingo. Él reside con toda su familia en esa casa, y por la gracia de Dios no les ha pasado nada, aunque pasaban ametrallando a cada rato con un intervalo de media hora. ¡Como que vivimos en la selva!

(Homilía del 1 de julio de 1979, Catedral Metropolitana.)

Después de ese atentado, una de mis hermanas y yo fuimos enviados por unos días a Guatemala, mientras el resto de la familia permaneció en El Salvador. Luego nos reunimos nuevamente y tratamos de continuar con nuestras actividades normales, con las precauciones que se podían tener (que tampoco garantizaban nada, en realidad).

Esos días fueron de constante zozobra y mucha fortaleza familiar, no solo ante la amenaza patente sino también ante el rechazo o alejamiento de muchas personas que eludían el solo hecho de cruzarse con nosotros por la calle.

Es muy probable que el golpe de estado del 15 de octubre de 1979, propiciado por la administración Carter como último recurso para quitar las banderas de la insurgencia, haya desarticulado algunas estructuras de represión ilegal donde estaban nuestros nombres (quizá no como prioridad).

Lo que vino después fue la vorágine. Nosotros sobrevivimos a esos años, muchísima gente no lo logró. ¡Jamás hay que olvidar lo ocurrido!

¡Tan bien que iba!

Me senté a ver Hector and the search for happiness (2014) princpalmente porque alguien me la recomendó. En general, aunque no tiene tan mala nota, mucha crítica en internet no le ha sido favorable, básicamente por el prejuicio de ser una especie de película de autoayuda, cosa que de por sí produce algunas alergias; sin embargo, el tráiler me pareció divertido, así que opté por dedicarle su respectivo par de horas.

El planteamiento es válido: un psiquiatra insatisfecho con su vida, pese a tenerlo “todo” (trabajo, pareja y un estátus socioeconómico bastante desahogado), que decide viajar a lejanos confines para investigar qué es eso que la gente llama “felicidad” y también para intentar reencontrarse con alguien o algo de su propio pasado, que no ha podido superar.

En este periplo, hay situaciones cómicas y otras no tanto, como para casi perder la vida. La reflexión sobre el tema plantea, como es natural, más preguntas que respuestas definitivas. Las diversas perspectivas sobre la felicidad, según la realidad que cada quien vive, son aportes valiosos.

El desarrollo de la historia va bastante bien… hasta que comienza el desenlace, los últimos quince minutos del filme. Es allí donde todo se echa a perder. Aparece la cursilería a raudales con lacrimógena superficialidad y momentos Kodak, donde emerge la receta estandarizada de superventas de superación personal: “todos tenemos la obligación de ser felices” (¡Oh, cielos, ya veo, lo he comprendido! ¿Cómo es que no me di cuenta antes?).

Francamente, les hubiera quedado mucho mejor con un final abierto, gestos sugerentes en vez de eslóganes, caminos por recorrer en lugar de casillas prefabricadas.