domingo, 7 de enero de 2007

CD

Del porqué estuve, como "blogger", en pausa durante varios días es responsable la inquebrantable decisión de, por fin, sacar a la luz mi música, con sus aciertos y limitaciones. He pasado la vacación, pues, mezclándome con instrumentos a más no poder. Las diez elegidas están, finalmente, en el "master" y a principios de Febrero, espero, habrá producto terminado y disponible, toda vez que ya he hecho el registro correspondiente de los derechos de autor. La sección musical de mi página web contiene más detalle al respecto, mientras me contento aquí con dejar constancia de lo actuado, más un par de cosas:

a) La fotografía base de la portada es gentileza de Javier Alas. Sobre ella hice una composición fotográfica conmigo en 1985.

b) Mirando de cerca, puede verse que allí tengo una pintura en el rostro: una mano que intenta infructuosamente cerrar mi boca. Finalmente, creo que esa mano no fue otra más que la autocensura, vencida por fin.

lunes, 1 de enero de 2007

Preguntas personales más frecuentes

O UN SABIO RECURSO PARA AHORRAR TIEMPO

¿Por qué le puso "Roque" a su hijo?

Ciertamente, una de las ventajas de la época actual es poder elegir el nombre de nuestros descendientes, a diferencia de antes cuando –al consultar el catálogo de santos– solían obtenerse resultados, en el mejor de los casos, ariscos y sin nada que ver con nuestras expectativas; aunque, hay que decirlo, dicha libertad a veces conduce a la comisión de verdaderos crímenes psicológicos contra quienes, en el momento de ser asentados, nada pueden protestar (sobre ese tema, por cierto, hay un simpático pasaje en mi novela corta en forma de cuentos "Gotas muertas").

En cuanto a la elección, es claro que deriva de mi admiración por Roque Dalton, por cuanto fue un hombre fiel a sus principios, consecuente con sus ideas –aunque con algunas de ellas no haya total acuerdo– y, fundamentalmente, que escribió cosas trascendentes e inolvidables.

Los otros dos nombres de mi hijo, Francisco y Rafael, se explican por simple tradición familiar.

Sobre el mismo tema, es raro que cuando se refieren a los nombres de mi hija, Diana Ximena, las personas manifiesten su agrado pero no su inquietud, especialmente porque no tiene nada que ver con María del Carmen, el nombre de mi esposa.

Recuerdo que la elección del nombre fue motivo de ardua búsqueda enciclopédica, resultado de lo cual apareció Diana, una diosa de la antigua mitología que, según sé, era muy segura de sí misma, lo cual coincide con mis expectativas sobre la pequeña. Sin embargo, el complemento vino por casualidad: hay una canción cuya melodía me encanta, original de Waldo de los Ríos, que lleva por título precisamente "Jimena". Para darle más abolengo, preferimos regresar a la antigua "X", lo cual requirió más de una explicación, documentada y en tono docente, al momento de inscribirla en la alcaldía municipal.

¿Por qué se casó tan joven?

Hablando por mí, debo decir que, debido a las circunstancias familiares y sociopolíticas que me tocó vivir durante mi niñez y adolescencia, desde muy temprano fui insertado en las realidades de la vida adulta. Creo que mi visión de mundo avanzó a marcha forzada, por lo que, en ciertas áreas de la vida, llegué a la madurez antes de lo que mi edad cronológica me hubiera pedido.

Otro elemento importante es que, una vez me gradué del bachillerato, me vi convertido en punto de referencia básico para la toma de decisiones importantes dentro del núcleo familiar, lo que implicó involucrarme directamente en varias actividades que se realizaron para aportar el ingreso económico mensual de subsistencia.

Sin embargo, todo lo anterior no hubiera significado nada de no ser porque había encontrado a la persona adecuada, y como ya teníamos los medios suficientes –aunque mínimos– para sobrevivir, concluimos que no había por qué dilatar innecesariamente el inicio de un destino común.

Como todo en la vida, en nuestro matrimonio ha habido momentos de diversa índole, pero lo cierto es que llevamos ya dos décadas en esto.

¿Por qué es tan alto?

No soy "tan" alto, sino "relativamente" alto. Mido 1.91 m (aproximadamente 6 pies y 3 pulgadas), lo que, comparado con Cortázar o con los centrales de la NBA, me vuelve minúsculo. Otra cosa es que el promedio de estatura local masculina sea de veinte centímetros menos.

Una observación frecuente –y, según la ajena percepción, relacionada con este hecho– es que, desde que tengo memoria, he tenido la tendencia natural a ser un poco caído de espaldas, es decir, no completamente erguido. Cuando la vanidad así lo exige, hago cierto esfuerzo por pararme bien, completamente recto, lo cual implica una molestia física que no estoy en condiciones de mantener por siempre. Y como la vida no es para pasársela incómodo, más vale ignorar a quienes, inseguros de sí mismos, le dan tanta importancia a una simple apariencia.

¿Por qué estudió Letras?

En parte, por vocación; en parte, por casualidad. En 1985 mi intención era dedicarme al periodismo y las comunicaciones. Como la Universidad Nacional estaba, por aquel entonces, "en el exilio", entré en otro centro de estudios en donde servían una carrera llama "Ciencias de la Comunicación", pero de una manera tan simple y mercantilista (se trataba, según recuerdo, de "mantener la clientela") que pronto admití que estaba perdiendo mi tiempo. Coincidió entonces que conocí a un vecino mío –Milton Hernández, fiel exponente de la trilogía "músico, poeta y loco"– quien me presentó a Serrat y toda su parentela, y me mostró el "pensum" de la carrera de Letras en la UCA, la cual –para mi sorpresa– coincidía en mucho con el campo de las comunicaciones. Hice el cambio de universidad y lo demás es historia.

¿Por qué no se dedica a otra cosa?

La pregunta no es, pese a su apariencia, malintencionada: todo lo contrario, suelen hacérmela no porque desempeñe mal mi trabajo, sino porque mis habilidades darían para dedicarme a profesiones más "importantes y lucrativas". Respondo entonces que, para mí, la profesión más importante es justamente esta que desempeño; en cuanto a lo lucrativo, puesto que no es mi propósito vital la acumulación obsesiva de bienes materiales, estoy a gusto con mi estilo de vida. Que podría haber sido lo que quisiera (médico, ingeniero, etc.) no me cabe la menor duda; lo que no entiendo es por qué hay quienes asumen que no he querido ser lo que soy.

¿Dónde puedo conseguir un libro suyo?

La pregunta es muy razonable, tomando en cuenta que la respuesta estándar "en la librería" no calza del todo bien.

En el caso de los libros de UCA Editores, la única librería en donde parecen estar en escaparate es, justamente, la librería de la UCA, cuando no en la distribuidora de publicaciones de dicha universidad. Aunque no lo he comprobado, parece que también puede gestionarse un envío por correo, para lo que seguramente habrá que entrar en su página web, en la sección “publicaciones”.

En cuanto a la Dirección de Publicaciones e Impresos de CONCULTURA, el misterio es aún más recóndito, ya que en la bodega -cuyo espacio, ciertamente, utilizan con sepulcral eficiencia- debe estar casi la totalidad de la edición de "Desnudos en una capilla". Sin embargo, lo anterior es tan solo una feliz suposición, pues ya que tal organismo ha movido menos de un dedo para promover la obra, ha tenido el singular detalle de omitir mi publicación de su catálogo y, por si fuera poco, en sus dictámenes editoriales ha demostrado una feliz y directa proporcionalidad entre el nivel literario y el nivel de amistad entre el autor y el consejo editorial, no me sorprendería que dicho cuadernillo de mi inspiración fuera pasto de las inclementes llamas o, en el mejor de los casos, de las ilustres polillas.

miércoles, 27 de diciembre de 2006

Are you watching closely?

Esta es una de las raras ocasiones en las cuales, queriendo hacer una reseña, me esfuerzo en lo contrario; por lo tanto, cesaré de inmediato en mi búsqueda de adjetivos para describir la gratísima experiencia cinematográfica de haber visto "The prestige" (traducida como "El mago" o "El gran truco"). ¿Es este un comentario o crítica "impresionista", que dice más del espectador que del objeto artístico? Sí, pero cualquier otro intento de reseña académica apenas sería, con toda probabilidad, un mediocre insulto a la inteligencia del espectador y una magra descripción del arte e ingenio fijados en el filme, disfrutable sólo en la megapantalla; mientras que toda crítica o pretensión de esclarecer sus claves derivaría, lamentablemente, en una disección diametralmente opuesta al gusto de su contemplación.

Dicho esto y finalizando lo nunca empezado, dos son las únicas cosas a las que en este momento les hallo sentido:

a) Recomendar ver esta película en la sala de cine a cuanta persona de digno criterio sea posible, advirtiéndole en ello que, si espera a verla en DVD vía pantalla chica, perderá cierta parte de la gracia.

b) Celebrar el atino de quien, a su vez, me la recomendó a mí y mi familia. Me refiero, no faltaba más, al gran Mr. Aguacatote Deluxe, quien con esto pone cierto contrapeso en la balanza de las recientes reseñas de su proscrito "blog".

lunes, 25 de diciembre de 2006

Brecht entre Jenny, Columbo y la WWF.

Una de las mejores películas de todos los tiempos -sea considerada dentro de su propio género, sea vista más universalmente- es “The princess bride” (1987), traducida como “La princesa prometida” o “La princesa Botón de Oro”. Entiendo que, en su tiempo, no fue un gran éxito de taquilla y más pronto que tarde llegó a la programación regular de los canales de televisión por cable, donde frecuentemente se puede disfrutar del repetido y renovado placer de su apreciación.

A excepción del luchador profesional de la entonces WWF, Andre The Giant, en el papel del gigante Fezzik (cuyo puño cerrado equivalía, fuera de trucos, a una cabeza humana promedio), el elenco principal era joven y desconocido; aunque, siguiendo su trayectoria, los podemos ver compartiendo fama en posteriores películas y series memorables; por ejemplo: Cary Elwes, aquí Westley, es Lord Arthur Holmwood en “Drácula”, de Coppola; Fred Savage, aquí el nieto, es el de “Los años maravillosos” (serie de la cual, por nunca haberla visto, asumo que me perdí); y Robin Wright, la princesa Botón de Oro (traducción exacta y apropiada que mejora notablemente el “ranúnculo” que dio el diccionario bilingüe al ingresarle “buttercup”)... ¡no es otra que la célebre Jenny de Forrest Gump! Seguramente para disimular aquel conjunto de novateces, los productores insertaron a algunos famosos en papeles pequeñísimos: Billy Crystal como un excéntrico hechicero (¿hay alguno que no lo sea?) y, sobre todo, el gran teniente Columbo, Peter Falk, como el abuelo narrador.

He aquí, entonces, que una producción “menor” (costó siete millones y recaudó quince), llegó a convertirse en un clásico. ¿Cómo, por qué, acaso tengo la clave?

Según veo, las fortalezas son, en primer término, el guión ágil e ingenioso de William Goldman, más una puesta en escena sobria e inteligente del director Rob Reiner, que incluye la técnica brechtiana del distanciamiento: romper la ilusión en que caería el espectador al creer que la trama es la realidad.

Para lograr este importante objetivo, cada cierto tiempo se recupera la conciencia de que aquello es ficción, mediante los “cortes” que impone el narrador y su nieto al interrumpir el relato. Al mismo tiempo y en ellos, se juega con las hipótesis, especulaciones, cambios de rumbo y comentarios a propósito de la historia, es decir: ¡representa el ideal de la perfecta lectura!

En total consonancia con lo antes dicho, las actuaciones ni siquiera se asoman al terreno de lo melodramático. Todo lo anterior da por resultado una apreciación estética libre de sobresaltos emotivos que, no obstante, resulta apasionante y enternecedora en su justa dimensión, sin quitar por ello espacio a los sutiles toques cómicos distribuidos equilibradamente por aquí, allá y acullá.

Las varias veces que la he visto son el mejor testimonio no sólo de la alta estima en que la tengo sino, especialmente, de su calidad.

viernes, 22 de diciembre de 2006

Sinapsis

Entre 1989 y 1991 existió "Sinapsis", un grupo musical amparado en los instrumentos y locales del entonces "decanato de estudiantes" de la UCA.

Junto conmigo estaban "Guayo" Quijano (guitarra electroacústica), David "Chele" Aguirre (guitarra eléctrica), Carlos "Guasa" Membreño (sintetizador), Carlos "Grillo" Rodríguez (batería) y dos pianistas no simultáneos: Jaime Morales, quien apenas estuvo unas semanas, y Juan Carlos Carranza. Las chicas del coro fueron varias y efímeras (Ángela Escobar, Consuelo Reyes y alguien llamada Glenda). La voz líder, entretanto, siempre fue la de Napoleón "Ney" Vásquez, quien hacía pasos de baile espectaculares en medio de las interpretaciones y, cuando alguna vez olvidaba las letras, cantaba "en alemán".

El repertorio alternaba mis canciones originales con algunas otras de un género que podríamos llamar "rock & canto nuevo", tales como "Niños eléctricos" (Miguel Ríos), "Las cosas que he visto" (Eros Ramazotti) y "Mujer poetisa" (Roy Brown). Nuestras presentaciones ocurrieron, mayoritariamente, en el Auditorium universitario y algunas salidas esporádicas fuera del alma mater (una de ellas, la del Seminario "San José de la Montaña", nos permitió sacudir, a base acordes, las mismas entrañas del poder eclesial).

Fotos nuestras no tengo, pero sé que las hay en algunos archivos de las jornadas culturales de homenaje a los mártires de la UCA. Aquí la letra de una de aquellas canciones:

MANIFIESTO

No,
no me gusta ser vocero
del oprobio y de la muerte.
En mi canto no hay engaños
que lastimen a mi gente.

No,
no comparto los esquemas
ni las voces ni los cultos
que se alegran con el llanto
y se adornan con el luto.

No,
no permito las paredes
que limitan mis sentidos,
porque la creación vivida
no es sujeto de presidios.

No,
no tolero las miradas
que destellan municiones,
ignorando la exigencia
de las voces de millones.

Desacato los poderes
que construyen estandartes
donde el canto se deforma
detrás de fríos altares.

Manifiesto el aire puro
enemigo de injusticias,
sembrador de la sonrisa,
preparando el desayuno
para el viejo, para el niño,
la mujer, la nueva estirpe,
esta raza que aún sigue
queriendo un mejor destino.

miércoles, 20 de diciembre de 2006

"Monólogo de un mártir"

Muro de la memoria, parque Cuscatlán.

En 1987 don Paco Escobar nos animaba a versificar, aunque fuera por puro ejercicio académico. Allí hice algunos experimentos que, de cuando en vez, servían para ponerles música. Esta canción resume una línea de pensamiento ingenua-idealista, típica de mí, la cual desembocó más ampliamente en un guión teatral: "Asfixia 2000", pese a lo cual no formó parte del "soundtrack". Veinte años después, no la considero impropia.

MONÓLOGO DE UN MÁRTIR

El tiempo ha caminado
con los misterios que en su paso lleva,
la lluvia ha remojado
las frentes que anidaron las ideas
de cuando perseguimos,
amando, una promesa que perdimos.

Hoy suenan las palmadas
de los retoños que a la vida llegan,
reviven alboradas

sus risas inocentes y sinceras,
que nunca conocimos
el día que a luchar nos decidimos.

Tranquilos nos marchamos,
mas presentíamos perder la vida:
sin pena la brindamos
y sin saber de quienes nos querían,
aunque había en el lodo
reflejos del amor que llena todo.

No importa que la tierra
a nuestros brazos aprisione firme,
sin sangre en nuestras venas,
sin nadie que nos vuelva a ver felices,
pues aún el sueño limpio
se siente ilusionado a ser vivido.

Aquí nos encontramos
por cruel encargo de los que nos matan:
viviendo sepultados,
queriendo mantener nuestra esperanza,
sin darla por perdida
y sin imaginar que nos olvidan.

El habla se me acaba
y poco a poco va muriendo el grito,
tal vez por la mañana
ya sean más constantes los queridos
alientos de los años
que nunca nos dejaron contemplarlos.

sábado, 16 de diciembre de 2006

Masa coral

Curioso por ver cómo se integraban en el gran espectáculo algunas miembros de coro colegial que ocasionalmente convoco, asistí a un concierto de la Orquesta Sinfónica Juvenil y el Coro Nacional reforzado con adolescentes novatos, presentación de admisión gratuita en la zona peatonal de un conocido centro comercial.

Entiendo que las primeras piezas corrieron a cargo de los sinfónicos y cantores más fogueados y, a continuación, se integraron los torrentes juveniles debutantes.

De las ejecuciones clásicas puedo decir que sonaron muy bien, pese los contrarios esfuerzos de los operadores de la consola. En cambio, de las canciones más populares, donde se integró la multitud coral adolescente, sólo cabe reconocer el mérito de haber reunido a más de dos centenares de jóvenes para cantar al unísono.

Sospecho que las principales fallas fueron organizativas, la convocatoria tardía y el tiempo no alcanzó para un mínimo arreglo a dos voces, lo que defraudó un poco mis expectativas.

En cuanto a la orquesta, se notó mucho su paso de lo sublime a lo mundano cuando ejecutó los temas aparentemente más fáciles que los clásicos (“Amigos para siempre”, “Gracias por la música”, “Patria querida”, “Imagine”, “Que canten los niños”, etc.), pues los arreglos no eran finos y su coexistencia con instrumentos modernos, como la batería y el bajo eléctrico, requería mayor delicadeza auditiva que su simple superposición rítmica y sonora.

Cabe recordar que este fue, por cierto, el mérito que hace tres décadas tuvo el maestro hispano-argentino Waldo de los Ríos, cuya habilidad consistió, precisamente, en llevar hasta las masas a Beethoven y Mozart, colocando los aparatos “pop” de tal forma que, estando ahí, se sintieran sin apenas notarse y sin quitar protagonismo a las cuerdas, vientos y metales.

Pero, tal como lo comenté en una conversación previa con alguno de los jóvenes músicos, ese sutil criterio no está al alcance de los sonidistas locales, amigos del ecualizador “en hamaca” (bajos y altos al tope, medios abajo) y socios inseparables del “feedback” más inoportuno. Por su cuenta corrió, como no podía ser de otra forma, el volver inaudibles las estrofas que debieron interpretar unas niñas solistas.

Unas pocas pero constantes pringas de lluvia obligaron a finalizar el evento cuando aún quedaban por interpretar dos canciones, las cuales imagino en el mismo formato que las ya comentadas.

Y como, por una parte, los adolescentes son mucho más susceptibles que cualquier otro ser de este mundo ante los comentarios críticos y, por otra, no pienso renunciar a mi vocación de ser sincero, considero que la mejor respuesta ante las venideras preguntas de “¿qué le pareció el concierto?” será... ¡remitirlos con todo entusiasmo a estos párrafos que aquí mismo finalizan!

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Posdata: me dice un informante que, luego de pasada la amenaza pluvial, se ejecutaron los números restantes.

viernes, 15 de diciembre de 2006

¡Zóquela!

“Zocar” es sinónimo regional de “apretar”. La exclamación vulgar “¡zóquela!” adviene cuando una persona se encuentra en una situación inesperada, dificultosa, irremediable e irreversible; debiendo hacerle frente lo mejor posible y con los medios a su alcance... o sencillamente aguantar hasta que pase el duro trance.

Advirtamos que, aun cuando el verbo es el mismo, su significado cambia cuando alguien "está zocando", es decir, se halla muy tenso o nervioso por la incertidumbre ante el resultado de una alternativa importante. En este caso, el término sólo se refiere a la contracción instintiva de ciertos sectores del cuerpo ante semejantes disyuntivas. El verbo en participio también conserva su sentido original de adjetivo, más externo y menos anímico, cuando se aplica a un partido con marcador estrecho y titánica lucha ("estuvo zocado") o incluso para referirse al buen acoplamiento entre los instrumentos musicales de un grupo ("suena zocado").

Por el contrario, la expresión anímica que origina este análisis debe su origen semántico a un hecho genital: proviene de la actitud del macho latinoamericano al buscar o incluso forzar una relación sexual; el cual, una vez consumada la penetración, refuerza su dominación hacia la hembra al pensando o diciendo (con perdón): “de todos modos, ya la tenés adentro, así que... ¡zocala!” (refiriéndose al miembro viril insertado, cuyas denominaciones son, generalmente, palabras de género gramatical femenino).

Curioso es que, en el uso común, este imperativo se utiliza más en conversaciones de hombre a hombre, adjudicando implícitamente una situación homosexual al interlocutor. Sin embargo, por costumbre y uso reiterado cada vez se extiende más entre las chicas, cuyo desconocimiento del origen de esta expresión idiomática las hace caer en chabacanería involuntaria.

jueves, 14 de diciembre de 2006

Memoria de Toño

Creo que las amistades son circunstanciales y no imperecederas, a diferencia de como suele prometerse recíprocamente en las despedidas. Sin embargo, lo valioso es que aquella compañía se sienta verdadera en el momento en que ocurre: tal fue el caso de mi amigo y compañero de estudios universitarios, Toño Dimas, el personaje de esta fotografía digna de un cartel de “más buscado”, quien decidió marcharse de estos contornos por su propia voluntad, una tarde-noche sabatina de Junio de 1990.

Fueron casi dos años de aquel nexo, tan auténtico como para confiar mis primeros experimentos literarios a su crítica implacable; pasar buena parte de la tarde en el cubículo de instructores de la UCA, hablando de temas triviales e intelectuales (que acaso fueran lo mismo), frente a una pétrea pared gris que le inducía a una depresión magníficamente ocultada; compartir planes y proyectos (grupo de rock, furtiva visita relámpago, obra de teatro, maestría después de la licenciatura); o fundar el “comité pro-rescate” de un su amor imposible, destinataria de poemas enfermizos y presa de un radicalismo que, al menos de nombre, aún ostenta (y gracias a cuya imprudente agenda personal la contrainsurgencia estatal nos cateó amablemente las casas).

La saturación de trabajo que tuve yo en aquel año me hizo verlo cada vez menos en sus últimas semanas, tanto que apenas encontrábamos espacio para un intercambio rápido de comentarios en los pasillos de la UCA. No imaginaba cuánto había profundizado él en su amalgama de ideas existencialistas, románticas y nihilistas (todas a la vez), hasta que conocí la brutal noticia de su suicidio.

En su momento, escribí párrafos catárticos, las “cartas a posteriori" de mi primer libro, dedicado a su memoria. Pero desde entonces, de cuando en vez, reaparecen las mismas preguntas:

¿Habría yo explorado tales sombríos caminos, de no haberme su muerte así sacudido?

¿Habríamos podido modificar su decisión, si quienes lo conocíamos la hubiéramos sospechado con tal gravedad?

¿Realmente lo conocimos?

miércoles, 13 de diciembre de 2006

Las OTI

En el último cuarto del siglo XX fue muy famoso el Festival de la Canción Iberoamericana, conocido por las siglas OTI, organizados por las televisoras continentales y de la península ibérica. En él, participaban todos los países y, en años específicos ganaron canciones memorables, como la española María Ostiz con "Canta, cigarra" (1976) y el nicaragüense Guayo González, que hizo universal el "Quincho Barrilete" de Carlos Mejía Godoy (1977).

Al interior de cada país había, también, sus respectivos concursos para elegir al representante nacional. El evento presentaba la oportunidad para que los compositores dieran a conocer sus creaciones e intentaran el camino al éxito, aunque éste fuera efímero.

El Festival OTI nacional comenzó con célebres polémicas y, entrando a los noventas, acabó muy desacreditado, porque poco a poco se fue convirtiendo en medio de promoción de imagen de ciertos artistas que a los organizadores, por razones diversas, les interesaba potenciar; porque siempre hubo un compromiso institucional con la visión conservadora de los patrocinadores, quienes muchas veces hacían de jurado; y porque fueron predominando criterios artísticos cada vez más miméticos y menos inteligentes, en unos y otros. Habría que añadir, además, cierto clima de antropofagia artística.

Pese a todo lo anterior, alguna memoria agradable tengo de mis participaciones, así como aprendizajes significativos. Gracias a "Ideas que vienen mientras voy caminando" (1985) y "Somos" (1986) tuve el convencimiento de que, mientras cantara yo mis propias canciones, no llegaría muy lejos. Con "Siempre un cantor estará" (1987), en la poderosa voz de Marco Antonio Chacón, aprendí dos cosas: la primera, que nunca hay que ir a grabar la pista preliminar a un estudio cuyo propietario sea otro competidor, pues te copiará ideas y tendrá tiempo para mejorarlas; la segunda, que la diferencia entre los instrumentos tocados por uno mismo en la sala de grabación y los reales en el escenario puede llegar a ser mucha, especialmente con músicos nocturnos. De mi experiencia en 1988 con "El amor viví" ya conté algo en la entrada de este blog "Canción oculta restaurada".

Mi última participación en las OTI nacionales fue "Oración", pieza emotivamente ejecutada en 1989 por Manuel Gómez, una de nuestras mejores voces. Entonces tuve la certeza de que una canción, por buena que fuese, no pasaría de ese tercer lugar que nos otorgaron, si en ella había una pizca de reflexión, aun poética, sobre el contexto: estábamos en guerra civil y los fanatismos originarios todavía inflamaban las conciencias.

Pero, como alguna frase célebre debe decir: "lo importante no es el premio, sino haberlo merecido".


ORACIÓN

Letra y música: Rafael Francisco Góchez
Canta: Manuel Gómez

Que se diluya el tiempo de la niebla,
que mueran de una vez las frustraciones
y que palpiten fuerte las fronteras
para que se marchiten los rencores.

Que crezcan hacia el sol las armonías
-nuevas vidas, vidas nuevas-
que finalicen ya las maldiciones y las penas.

La vida que se gasta en los combates
que pueda recobrar sus ilusiones
y pueda liberarse de pesares
para que sean verdad sus proyecciones.

La tierra que es privada de la lluvia
cante y nutra, nutra y cante
una canción distinta de las marchas militares.

Que se transformen las heridas
En las raíces redentoras
En los anuncios de alegría
Que vitalicen nuestras horas,
nuestro afán por existir.

Que representen cosas del olvido
las duras realidades del ayuno,
que sea útil tanto sacrificio
para fertilizar el buen futuro.

La inquebrantable fe por los anhelos
-libre cielo, cielo libre-
nunca permita, nunca, traicionar a nuestra estirpe.

Que se transformen las heridas
en las raíces redentoras
en los anuncios de alegría
que vitalicen nuestras horas,
nuestro afán por existir.

Y si es posible un poco de silencio
Para escuchar las voces olvidadas
El testimonio vivo de los muertos
Que resucitan entre la alborada.