domingo, 20 de noviembre de 2011

Consolidados

Post clonado del sitio www.baladapoetica.blogspot.com

El viernes 18 de noviembre de 2011 estuvimos en el edificio de Biblioteca de la UCA como invitados en la premiación del Certamen de Poesía Conmemorativa. Hicimos tres canciones, dos de las cuales eran estreno escénico: "Para curar las heridas" y "Poderosos argumentos", además de la ya conocida "Con las rosas de mi suerte" y la danza contemporánea de Alejandra. Sarita no pudo estar por compromisos académicos, así que la responsabilidad de cantar recayó en Camila, quien afrontó con valentía el reto y estuvo a la altura de las circunstancias. La respuesta del público y sus comentarios fueron favorables y eso nos anima grandemente para continuar. Gracias a Eloísa (alocuciones), Melissa (flauta), Quiñónez (piano), Ricardo (bongoes y guitarra), Arturo (cajón flamenco), Fernanda (guitarra), Ernesto (bajo) y Gabriela (cámaras) por atender la convocatoria.

miércoles, 16 de noviembre de 2011

Habiéndola hecho, la canté.

Heme aquí en plena ejecución musical en el III Encuentro Nacional de Cantautores "El que la hace, la canta", realizado en el Palacio Tecleño de la Cultura y las Artes el pasado 13 de noviembre, domingo en la tarde-noche. Gracias a Ariosto Montesinos por la invitación y a Nidia por la foto angulada.

miércoles, 2 de noviembre de 2011

De la sobria o la angustiosa nostalgia

Contra las enseñanzas de la niñez y adolescencia -o, al menos, lo que de ella creía haber entendido- pronto aprendí en la universidad que el tema no hace al arte, sino la forma, su elaboración técnica, el hábil manejo de los recursos específicos.

Así, desde la poesía revolucionaria de la Generación Comprometida hasta los textos más rebosantes de valores humanos, todo pasó a depender de qué tan buen escritor fuera fulano o sutana, una revelación que había estado allí siempre, tanto como elevar a las alturas estéticas una canción en una voz privilegiada, o hacerla trizas entre el destiemple y la desafinación.

Traigo a cuenta esto porque descubrí una misma historia en dos canciones distantes: una elevada y poética, en estilo indirecto, reservada y que evoca cierta simpatía; la otra melodramática, muy pegajosa pero rastrera y hasta cierto punto enfermiza, situación que de solo imaginársela da pavor.

En ambas se cuenta que un tipo va y acude espontáneamente a la casa de su ex novia, llevado por la nostalgia y el deseo implícito o explícito de recuperar ese amor, cosa que por una u otra causa ya es imposible. La diferencia está en los modos de expresión, que cambian esencialmente la vivencia.

La primera pieza es “Pasaba por aquí”, original de Luis Eduardo Aute. Examinemos parte de la letra y oigámosla en la versión de Pedro Guerra encontrada en YouTube (ojo: tarda 13 segundos en comenzar a sonar).

La hora fue, sin duda,
lo que me hizo subir
al ver aún encendida
la luz en la ventana de David.
No pienses que te espío,
no llego a ser tan ruin.
Es torpe que tú creas
que quiero sorprenderte en un desliz.
Y bien... ¡qué tontería!
No soy nada sutil.
Si yo sólo pasaba,
pasaba por aquí, pasaba por aquí.
Ningún teléfono cerca
y no lo pude resistir,
pasaba por aquí.

Yo la encuentro sublime

Ahora pongámosle atención a la segunda: “Mi vida eres tú”, de Rudy La Scala, con su respectivo video en "modo sucio" pero con buen audio.

Perdona, es que yo caminaba por aquí
y en tu alcoba vi la luz.
Perdona mi actitud, quizá debí llamar
y no presentarme así.
Perdona: la ocasión así lo decidió
y de vuelta estoy aquí.
Creo que me equivoqué. ¡Qué bella que te ves!
¡Ya no puedo seguir!
¡Mi vida eres tú y solamente tú!

(Tratando de explicar
su mano le tomé
y la intenté besar).

¡Mi vida eres tú y solamente tú!
¡Abrázame y verás
que aún en nuestro ser
hay fuego que apagar!

¡Qué cosa más patética!

viernes, 28 de octubre de 2011

Oficialmente: "Balada Poética"

Cuando en agosto de 2010 grabamos con Sarita Cáceres la canción “Con las rosas de mi suerte”, créanme que no había diseñado un plan más allá del cumplimiento de esa deuda artística para con la autora de la letra.

Cuando en ese mismo mes Nelson Huezo nos incluyó para el concierto de “Simiente”, tampoco tenía yo en mente un diseño más complejo que presentarnos según disponibilidad para las invitaciones recibidas.

Pero al solicitar espacio en algunos programas televisivos, surgió la exigencia de llevar más música (para no ir por una sola pieza) y algunos acompañantes que nos echaran la mano con los instrumentos... y una nueva inquietud se hizo patente, un “algo más” que se concretizó en un recital en el Palacio Tecleño de la Cultura y las Artes (Santa Tecla, 1 de diciembre de 2010), donde incluimos la declamación de Eloísa y un par de participaciones mías, con el respaldo de cuatro jóvenes músicos.

Ahora -casi un año después, disco en mano y con el recuerdo de los recitales que hemos hecho- me doy cuenta de que “Balada Poética” está hoy y aquí, presente y con perspectivas de futuro, con Sarita y Eloísa, sí, pero también con muchos otros jóvenes músicos que nos están ayudando generosamente.

Sumado a lo anterior, he notado que a nivel de medios crea algo de confusión manejar un nombre demasiado explicativo.

Así pues, en atención a lo anteriormente expuesto, me parece oportuno unificar y oficializar la página de Facebook “Balada Poética”, para lo cual solicito el respectivo “like” en el botón “me gusta”.

¡Hágase fan dando clic en "Me gusta"!

domingo, 23 de octubre de 2011

Liceo Tecleño (1958-1985)

El Liceo Tecleño fue un colegio de bachillerato que funcionó en la ciudad de Santa Tecla entre los años de 1958 y 1985, empresa familiar de mis padres, los profesores Rafael Góchez Sosa y Gloria Marina Fernández. Recuerdo que durante muchos años estuvo en un local alquilado sobre la 3ª avenida sur de dicha ciudad y, hacia 1975, se trasladó al edificio propio donde estuvo hasta su cierre final.

Durante mi infancia escuché hablar muchas cosas buenas de él y -al igual que mis hermanas- me tocó involucrarme en diversas actividades que se hacían para mantenerlo a flote, desde turnos hasta impresiones a mimeógrafo de folletos para apoyo educativo, aparte de labores secretariales y hasta de carpintería y limpieza, lo cual implicaba dedicar a la causa varios sábados y domingos. Esto no era necesariamente por amor al trabajo sino para evitar o incluso compensar pérdidas económicas, ya que durante su última década de funcionamiento el alumnado se fue haciendo cada vez más escaso.

No viví las épocas gloriosas, que debieron ser durante la década de 1960; sin embargo, sí tengo conciencia de la decadencia, tanto así que mi voto hizo el 2-1 en la decisión de cerrar operaciones en 1985. Varias fueron las causas de su extinción, siendo tres las más determinantes, según mi análisis: primero, las amenazas y atentados de los escuadrones paramilitares que nuestra familia sufrió en la dolorosa transición hacia la guerra civil de 1980, que se extendieron hacia la institución (pinta de “mano blanca” incluida); segundo, la proliferación de instituciones similares, a veces con más recursos en inversión y con una estrategia de marketing mucho más agresiva; y tercero, las recurrentes crisis de su Director, quien a la par de sus innegables virtudes personales y docentes arrastraba otros lastres que no pocas veces lo ponían en entredicho.

El recuerdo del Liceo Tecleño muy probablemente sea agridulce, paradójico y amplio de tonalidades anímicas, al igual que su fundador. Sin embargo, encontré esta foto donde se le puede ver en ese clima jovial y, a decir verdad, un tanto “relajo” que en ocasiones puntuales se generaba, siendo seguramente este recuerdo el que tienen muchas personas que allí estudiaron.

Finalmente, reproduzco la nota que él redactó y publicó en un periódico quincenal que entonces mantenía, “La Noticia”, en alusión al cierre del Liceo Tecleño.


Liceo Tecleño, tradición y servicio.

Portada del periódico tecleño “La Noticia”, dirigido por Rafael Góchez Sosa (Nº 104, Marzo de 1985)

Sin duda alguna el Liceo Tecleño ha llegado a constituir una entidad que por sus características de responsabilidad y servicio tiene un lugar preferente, muy bien ganado, en la historia educativa de El Salvador. Fue en 1958 cuando nació bajo el postulado de ser un soporte en la búsqueda de la verdad y la construcción de la justicia. O, para decirlo de otro modo, constituirse en forjador de la paz, como finalidad plena que pueda ayudar a educar señoritas y caballeros que se desenvuelvan saludablemente en beneficio de los valores humanos y en la concepción vivificante del convivio y la armonía. En estas condiciones cabe la honra al Liceo Tecleño de ser el decano de los centros particulares (no oficiales ni religiosos) que se funda en Santa Tecla.

Y lo más loable es que este centro educacional fue creado cuando para ganar un título en nuestra República era necesario aprobar Exámenes Privados en San Salvador. Nadie se había atrevido aquí a poner en funcionamiento la carrera de Contador -ya que esa era tarea exclusiva de otros colegios de la capital- por la dificultad que se tenía en profesorado capacitado que tuviera tal garantía para pasar los “privados” con que podría, una vez aprobados, titularse el estudiante en Comercio. Esto constituyó un reto para los fundadores del Liceo Tecleño y es así como se rompe el mito y se ofrece la sección de Contador por primera vez en esta Cabecera Departamental.

Se comenzó con bastantes dudas en cuanto a la eficacia del proceso por parte del estudiantado que ya no quiso viajar a San Salvador. Sin embargo en 1960 nuestros jóvenes se presentan a Exámenes Privados para optar por su título oficial de Contador, Secretaria Comercial, Tenedor de Libros y Oficina, habiendo sido aprobados con excelentes notas en su mayoría. De este hecho en delante decenas de hombres y mujeres aspiraban a ser alumnos en esta institución. Y se continuó dando una enseñanza responsable, sólida, adaptada a las circunstancias propias de la época. Es decir, una educación dinámica, en movimiento, posibilitadora de servir realmente de medio para conseguir la subsistencia económica necesaria para el logro de las aspiraciones del egresado.

Hoy, en 1985, cuando se cumplen 27 años de trabajo ininterrumpido, cuando ya no hay exámenes privados y los títulos se obtienen sin problema, cuando la mayoría de jóvenes egresan de institutos, liceos, escuelas y colegios, sin hallar una aplicación práctica a los conocimientos adquiridos, el Liceo Tecleño suspende el trabajo de preparar jóvenes que al egresar sí hallen ubicación en las diversas actividades que ofrece el Bachillerato en Comercio. Esto no es teoría sino algo comprobable. De la reciente graduación de 1984 la mayoría están empleados, puesto que saben escribir bien a máquina, tienen buena letra, ortografía, redacción, conocen el aspecto práctico de la contabilidad, y su preparación ética y estética hace de ellos personas confiables en todos los aspectos. Esto nos hace recordar a los cientos de graduados que hoy desempeñan cargos de gerentes, contadores, jefes de oficina, profesores, empresarios, etc., que han pasado por nuestras aulas.

Por eso es digna la labor del Liceo Tecleño, hoy, más que todo, cuando abrir un colegio (pensándolo como negocio) es más fácil que abrir una tienda. Hoy, ahora, cuando la mayoría se ha adscrito a lo facilón para hacerse bachiller, es cuando la labor de este centro educativo adquiere características de robustez de reconocimiento y lección para quienes conciben la educación como una forma irresponsable de engaño y charlatanería.

Veintisiete años. Vale la pena medir proyectos al través de sus frutos, de los resultados concretos, del batallar constante, del sembrador que advierte en cada joven fértiles campos para la luz, para el amor y la esperanza.

Valgan estas líneas para cerrar las actividades normales del Liceo Tecleño, ocasión que sus directores, profesorado y personal administrativo aprovechan para agradecer a quienes comprendieron la amplitud de su existencia, y ayudaron en una u otra forma en la tarea de formar juventudes con dignidad, visión y responsabilidad.

jueves, 20 de octubre de 2011

Salados

Siempre me ha parecido que cuando uno pregona y publica con extrema insistencia el amor que dice tenerle a su pareja, tal temeraria y continuada acción produce el mismo efecto que erigir un pararrayos sobre dicha relación, que acabará fulminada más temprano que tarde. Así, uno se sala a sí mismo.

Quizá un análisis estadístico no sustentaría dicha creencia en general, pero tal vez sí validaría mi hipótesis: que dichos fracasos sentimentales se hacen famosos y son recordables precisamente porque, al colapsar, la gente trae a cuenta la empalagosa reiteración de “te amos” y “mi vidas” -en todo tipo de variantes retóricas- a que se vio expuesta en cuanto público espectador.

Al respecto, tengo en clara memoria una pareja que era insufrible al momento de conversar, pues prácticamente los interlocutores nos quedábamos hablando solos a causa del combate de besuqueos que entablaban intempestivamente, rociándose de “amorcitos” y otros apelativos casi íntimos que, por decoro, prefiero no reproducir. Al verlos, el “miren cómo se aman” (y no necesariamente bíblico) era la conclusión natural, desmentida por la separación definitiva pocos años después. La publicidad no ayudó.

Tal par aludido no existió en tiempos de redes sociales (para fortuna de nuestras actualizaciones de estado), pero sí me sé otro actual que llenaba sus muros mutuos de poetizaciones -a veces bastante folclóricas- sobre su presente y futuro, que tortolita por aquí, que pichoncito por allá, que lo amo, la amo y lo amooo… (y ponga usted todas las oes que falten para semejar la magnitud del sentimiento) . ¿Y a los tantos meses…? “¡Ah, no, ya cortamos!”. Menos mal: era la pareja soñada, pero ¿por qué tenían que atosigarnos con sus declaraciones públicas?.

No faltan otros ejemplos de espectacularidad en las declaratorias y en los pregones, desde la famosa canción “Yolanda”, que Pablo Milanés dedicó al amor de su vida... de quien después se separó; hasta escribir con piedras blancas sobre yerba verde una enorme declaratoria para que la amada la viera desde el tercer piso de su apartamento a la luz de la luna, que tardó más en confeccionarla que en extinguirse la fogosa llama. Ni hablar de las fotos que se toman en el apogeo entusiasta de los impulsos. Bien lo escribió Matilde Elena López: "No se canta el amor feliz: se vive; y la ternura que nos niega la vida, la inventamos".

En fin, mi punto es que cuando el mutuo discurso amoroso se mantiene en lo privado, donde es su lugar natural, cualquier ruptura final que venga, dolorosa o anecdótica, no atraerá sobre sí esa aura de pena pública, por haber creado un globo reventón, teñida con cierta hilaridad trágica que le quita toda seriedad al tema y, de ribete, permite la venganza del respetable por todo lo infligido.

Por eso, a los enamorados ganosos de gritarle al mundo sus amores, cual si con ello se convencieran a sí mismos de que son ciertos, no les vendría mal considerar este consejo de viejitas: “así calladitos se ven más bonitos”.

sábado, 15 de octubre de 2011

Cómo funcionan las tarjetas de crédito

O EL FABULOSO MUNDO DE LA USURA

Usura: ganancia, fruto, utilidad o aumento que se saca de algo, especialmente cuando es excesivo.

Salvo en las utopías sociales donde la generosidad esencial campea por todos los costados, todo préstamo de dinero conlleva cierto interés; de ahí que el tema en discusión no sea su existencia sino su cuantía. Dicho lo anterior, la situación se vuelve irritante cuando los prestamistas legalmente autorizados no solo cobran tasas de interés del orden del 50% sino que acosan al cliente potencial y además desenvainan todo tipo de justificaciones ideológicas -entre publicidad y propaganda- para hacerle creer que le están haciendo un gran favor por el que uno debe estar eternamente agradecido (ver comunicado de ABANSA rechazando la regulación estatal de los intereses).

La masiva proliferación de tarjetas de crédito en una sociedad consumista, poco informada y débilmente protegida en sus derechos únicamente garantiza el progreso económico de los banqueros, a expensas del endeudamiento permanente de los tarjetahabientes, quienes generalmente desconocen cómo funciona el dinero plástico y todo el hábil entramado que se teje para hacerle caer en sus redes.

La estrategia de los banqueros se basa, cuando no en engaños, sí con toda seguridad en brindar información incompleta, sesgada y parcializada, hecho del cual la gente se da cuenta hasta cuando ya es tarde y toca pagar los exorbitantes intereses. Quien posee una tarjeta de crédito (o, para su desgracia, dos o más), debería tener claras algunas cosas con respecto al funcionamiento de las mismas. Vayan las siguientes acotaciones para prevenir o esclarecer engaños y, en lo posible, ayudar a que sea uno quien saque algo de provecho de las tarjetas de crédito y no al revés.

· La tarjeta no es totalmente gratuita

El gancho inicial con que se pesca al cliente es que la tarjeta es gratis. En realidad, solo la membresía del primer año suele ser gratuita. A menos que el sujeto pregunte, no se le dice que del segundo año en adelante se le cobrarán alrededor de US$ 50.00 anuales por el solo hecho de poseerla.

No es obligación conservarla, pero el proceso de deshacerse de la misma es intencionalmente engorroso y constantemente contra-argumentativo, aparte de poderse hacer únicamente en estado de saldo cero, cosa que raras veces ocurre.

· Cualquier uso de la tarjeta le genera ingresos al emisor

La sola acción de pasar la tarjeta de crédito por la terminal electrónica, aunque al final de mes se abone a la misma el saldo completo, tiene ya un beneficio para el banco o institución financiera que la ha emitido. Esto se debe a que el negocio o comercio donde uno realiza la compra paga al emisor de la tarjeta un porcentaje de lo consumido, tengo entendido que es alrededor de un 5%, con el argumento de que ese consumo es posible debido precisamente a que el cliente puede pagar con la tarjeta en ese momento, no en efectivo. Esto también explica que a usted le den “millas” o “puntos” acumulables por el uso de su tarjeta y canjeables por productos o vales de consumo al cabo de cierto tiempo.

Todo lo anterior no siempre va en perjuicio del cliente, porque hay almacenes en donde el precio de venta al público no varía si se paga en efectivo o con tarjeta; sin embargo, sí se desvirtúa la creencia de que los bancos solo obtienen beneficios cuando la tarjeta se utiliza como instrumento de crédito.

· Tomar una tarjeta no siempre es voluntario

Uno de los grandes y falsos argumentos de los emisores de tarjetas de crédito es que el cliente la toma voluntariamente. Esto no siempre es así. Tales prestamistas utilizan diversas tácticas que en la práctica equivalen a forzar a una persona a que se haga de una tarjeta. Dos ejemplos bastan para ilustrarlo: uno, al contratar un préstamo personal (digamos “normal”) de una institución bancaria, en el mismo paquete viene la tarjeta y no es opcional; dos, hay muchas empresas que solo pagan el salario mensual a través de una cuenta de banco del empleado o empleada, quien al abrirla recibe de la institución financiera la respectiva tarjeta, gústele o no. La ley debería protegernos contra este tipo de acoso crediticio.

· El emisor quiere que usted gaste más de lo que puede pagar en efectivo

El gran negocio de las tarjetas de crédito, a veces con características de inmoralidad, es precisamente lograr que la persona las use como instrumento de crédito, ya sea retirando dinero en efectivo de un cajero automático, utilizando un extra-financiamiento (al cual lo inducen con molesto acoso telefónico) o -lo más común- dejando que a fin de mes usted no pague el saldo de contado de su estado de cuenta, sino únicamente la cuota mínima y acaso algo más, con la ilusión permanente de que al mes siguiente se pondrá al día. A lo anterior hay que añadir el no siempre casual retraso en el envío de los estados de cuenta, confiando en que a usted se le olvide su fecha de pago.

Cabe acotar que en esta labor ellos gozan de la inestimable colaboración de la ignorancia y falta de capacidad analítica de las gentes, quienes no visualizan las implicaciones reales de tomar el crédito así ofrecido.

Cierto es que no se puede culpar directamente a los prestamistas institucionales de que una persona no sepa resistirse a una tasa de interés del 4% mensual porque no se da cuenta de que se trata del 48% anual más el respectivo porcentaje por desembolso, ni que la mayoría de personas no se tomen el trabajo de hacer cuentas y ver efectivamente a cuánto asciende el total de intereses pagados al final del plazo ofrecido (sinónimo de ser trasquilado); sin embargo, por una parte irrita el descaro de dichas instituciones financieras al momento de presentarse como los compasivos auxiliadores de las personas de menos recursos económicos y, por otra, deberían tener como mínima norma moral el contribuir a la alfabetización crediticia de sus propios clientes, de quienes obtienen pingües beneficios.

viernes, 7 de octubre de 2011

Obra realizada

No creo faltar a la verdad si digo que así como están de bonitas estas fotos, cortesía de Gabriela Meléndez, así estuvo el recital de lanzamiento del CD "La vida llama", con Balada Poética el pasado martes 4 de octubre en el Centro Español.

Por supuesto, también está el resumen de vídeo. Muchas gracias a quienes han hecho posible este proyecto.

viernes, 23 de septiembre de 2011

¡Qué mal, Mafalda!

Me cae mal la "titulitis" de Mafalda. Por supuesto que apoyo la superación y desempeño profesional de las mujeres (y que no se vea como un "generoso permiso"). Obviamente, esta caricatura procede de y se entiende en el contexto de la reivindicación femenina de las décadas de los sesentas y setentas, pero la calidad de persona no la da un título. A una madre, hija, hermana, amiga, etc. se le ama por lo que es, no por su grado académico, y la falta de éste no justifica que se le espete un "mediocre" ciego y desconsiderado ante las virtudes que esta niña es incapaz de reconocer en su mamá.

domingo, 11 de septiembre de 2011

Para espantar sensatos

Tras una publicación polémica y una conversación privada la semana anterior, es triste ver cómo y cuánto pululan algunas ofertas religiosas primitivas, absurdas, indignas, irracionales y francamente lesivas para la humanidad de las personas, presentadas por varias iglesias de una y otra filiación.

La publicación aludida apareció en la sección de consejos para mujeres de uno de los periódicos de mayor circulación. En esencia, lo que plantea es la sumisión de la mujer en el matrimonio, al estilo literal de Colosenses 3, 18 (“Esposas, sométanse a sus maridos como conviene entre cristianos”) llevando el mandato hasta el lecho, lugar en que ella debe siempre estar accesible, aunque no esté anímicamente dispuesta. Tras la andanada de críticas, el periódico publicó una nota aclaratoria, manifestando que dicha postura era solo la opinión de la fuente consultada, una psicóloga y pastora que, según su propio testimonio, prometió servirle al Señor por el resto de su vida si sus empleados y sus familiares quedaban a salvo en el terremoto de 1986.

Contra tan torcida percepción de lo divino, basta observar que dichos métodos de reclutamiento distan mucho de la imagen de un Dios bondadoso y, por el contrario, recuerdan más a ciertos personajes y organizaciones proclives al mal. Y contra tan retrógrada percepción de la mujer como un sub-ser en función del hombre, ya han argumentado bastante las propias implicadas y si todavía hay quienes aceptan y defienden tales conceptos, será por necedad y fanatismo, contra lo cual no hay argumento posible.

Sin embargo, por paradójico que parezca, en el fondo de esta oscura prédica hay un elemento potencialmente positivo: la legitimidad del pleno disfrute sexual de la pareja cuando coinciden las voluntades de ambos contrayentes, cosa que ni aún así se acepta en otros discursos. Esto me lleva a mirar hacia la acera de enfrente y traer a cuenta la conversación que tuve con alguien que asistió a cierto evento de iniciación.

De lo que me enteré por su medio confirmó lo que ya sabía de primera mano por referencias de otras personas directamente involucradas, tanto como por investigación y lectura de los documentos oficiales en que se basan. Se trata de una persistente línea de corte ascético medieval que considera a la carne como enemiga esencial, de donde se deriva una visión enfermiza de la sexualidad humana, ofreciendo una lista de tozudas prohibiciones, faltas imaginarias y prejuicios basados en la ignorancia. Voces entusiastas e incluso autorizadas predican ajenas a cualquier visión sensata de una moral basada en la razón y en función de la humanidad. El sexo se ve como esencialmente perverso, tan solo practicable con fines de procreación. En los periódicos nacionales de mayor circulación hay columnistas especializados/as que cargan una o dos veces por semana contra las y los impíos, definidos como tales no por su falta de compromiso ciudadano, su insolidaridad o su hipocresía, sino tan solo por sus opciones y prácticas sexuales. Lo más lamentable es que, al confrontar el asidero doctrinario se comprueba su ortodoxia, tanto como sus niveles de intolerancia y resistencia al cambio evolutivo. Discutir con esta gente no se puede, pues no tienen “oídos para oír” y ante el embate de cualquier argumento racional, solo pueden citar -muy a su conveniencia y desde la tradicional antinomia entre fe y razón- la fuente de sus creencias, con lo que se cae en un filosófico círculo vicioso.

Con semejantes opciones y alternativas, es bien difícil rebatir las críticas y sacudir las apatías de quienes viven fuera de los rebaños sagrados, que no necesariamente son gente inmoral pero que -en determinados casos, con sano apoyo espiritual y una estrategia mucho más inteligente- podrían haber tomado decisiones mucho más edificantes. En este sentido, me pregunto por qué pasan casi desapercibidas otras experiencias de crecimiento espiritual como el Discernimiento, criterio éste que bien puede servir incluso a personas razonablemente alejadas de las religiones y sectas dogmáticas, aunque no por ello de Dios.