sábado, 20 de abril de 2013

Sobre religión y buenas personas

En lo que al mundo terrenal respecta, las religiones suelen tener como objetivo explícito que sus adeptos sean buenas personas. Dentro del cristianismo, religión predominante en esta parte del mundo, resuenan las palabras de Jesús, citado por Juan 13, 35: “En esto conocerán todos que sois mis discípulos, si os tenéis amor los unos a los otros.”

En el sentir común, se cree que ser una persona religiosa deriva en ser una buena persona, de ahí la insistencia en cultivar y difundir la doctrina desde la más temprana niñez.

Sin embargo, la realidad y la historia han demostrado lo azaroso y a veces falaz que resulta esta aparente relación de causa y efecto.

Es importante reconocer, en primer lugar, que en el mundo de hoy y en este contexto particular, mucha gente es al mismo tiempo religiosa y buena, y ellos mismos relacionan esta última cualidad con su devoción.

Ciertamente, la religión puede ser un método de perfeccionamiento personal y colectivo, una forma de crecimiento espiritual que derive en buenas acciones, en el sentido más amplio que puedan entenderse.

Sin embargo, también es evidente que bastante gente sinceramente religiosa comete acciones objetivamente dañinas en su entorno personal y social, no hallando contradicción entre sus creencias y tales formas de comportamiento, más bien justificándose en ellas.

Pese a la evolución que en la doctrina oficial de algunas iglesias ha habido al respecto, muchas de las más antiguas formas de discriminación y sometimiento de la mujer aún se amparan en la tradición religiosa judeo-cristiana, de la misma forma que se niegan derechos humanos fundamentales a sectores sociales tradicionalmente discriminados, esgrimiendo citas bíblicas.

Aun siendo una flagrante contradicción, personas que viven en el crimen y el delito se encomiendan diariamente a Dios. En esos casos, se dirá -con razón- que esa religiosidad es falsa e inconsecuente, pero el punto es que las creencias de esa gente son, desde su propio punto de vista, auténticas.

El Salvador es un país que se confiesa mayoritariamente creyente, de lo cual no se duda, pero es, al mismo tiempo, uno de los más crueles y violentos del mundo, así como el paraíso de la impunidad.

Militares y políticos señalados en el informe de la Comisión de la Verdad por su participación o encubrimiento de crímenes de lesa humanidad, algunos de los cuales hoy son diputados, siempre se declararon creyentes y andan predicando con su Biblia bajo el brazo. Cómo entienden ellos a Dios y a la religión, y si esta percepción es la “verdadera”, esos son otros temas; el punto importante es que en esos y otros muchos casos la religión en sí no ha producido buenas personas.

Reafirmo y amplío, antes de continuar, una idea ya expresada anteriormente: que ciertas prácticas religiosas pueden ser buenas y edificantes, siempre que se ejerzan como libre opción, propicien un sano discernimiento moral, cultiven valores humanos solidarios, impliquen el compromiso con el mejoramiento del entorno y, sobre todo, comprometan la responsabilidad en el uso de la propia libertad.

Añado y destaco lo siguiente: una práctica religiosa realmente humanizadora requiere de cierta dosis de librepensamiento, jamás de la ciega obediencia y nunca del fanatismo ni la obcecación. Implica además el reconocimiento de sí misma como una opción legítima dentro de muchas otras, incluyendo el ateísmo y la increencia. Esto lleva inevitablemente a la tolerancia y la convivencia pacífica.

De la negación de la relación causal absoluta entre religión y bondad, ya explicada anteriormente, se sigue por simple lógica que las personas no creyentes, sean ateas o agnósticas, tampoco han de ser necesariamente malas personas.

Por supuesto que hay malas personas sin dios ni religión, pero también es claro que hay quienes hacen mucho bien, aunque no crean en entidades sobrenaturales ni participen de cultos religiosos.

Ser no creyente es una opción y no implica automáticamente una mayor o menor estatura moral. Es, en cambio, un pensamiento primitivo, intolerante y promotor de violencia el usar “ateo” como sinónimo de “malvado” y “corrupto”, y como antónimo de “santo”, “justo” y “bueno”.

En el entorno actual, es lamentable que a muchas personas atrapadas en el fanatismo religioso les resulte imposible siquiera concebir esta idea: que una elevada conciencia moral puede desarrollarse desde una perspectiva estrictamente humanista, es decir, sin necesidad de pertenecer a una religión o creer en Dios.

Al menos para entender esto debería servirnos vivir en una época en donde supuestamente ya se ha superado ese terrible oscurantismo.

lunes, 1 de abril de 2013

Del afán de trascender y sus monstruos

Que el ser humano es limitado y que en todas las culturas ha buscado modos de ir más allá de sí mismo es un hecho constatable. El tema seguramente lo han tratado muchos filósofos y antropólogos con amplitud y suficiencia, aunque una de las síntesis más claras que recuerdo es la del personaje Francis Walsingham en la película “Elizabeth” (1998), cuando le hace ver a la reina lo siguiente:

Todos los hombres (y mujeres) necesitan algo más grande que ellos mismos a quien admirar y adorar. Deben ser capaces de tocar lo divino en la Tierra.

No solo las religiones cumplen esa función, sino también aquellas grandes empresas en pos de quimeras y utopías (incluidas, lamentablemente, las guerras mesiánicas y autodenominadas santas).

En tiempos recientes se han sumado a estos afanes las llamadas “religiones seculares”: sistemas ideológicos sin componentes sobrenaturales, pero que se basan en dogmas, se fundamentan en el adoctrinamiento masivo y poseen diversos mecanismos para ocuparse de sus disidentes (por ejemplo, las diversas realizaciones históricas del comunismo).

Y aunque parezca pueril en comparación, también el deporte como apasionante fenómeno de masas tiene un fuerte componente de ilusión de trascendencia: no en vano a las grandes gestas deportivas se les describe como “tocar el cielo” y a los ídolos del fútbol se les venera como dioses.

Las actividades artísticas también les permiten a quienes las desarrollan sentir esa trascendencia: creer que su palabra, su música o su talento expresado en cualquier forma les preservará de la muerte y del olvido eternos.

Quizá todas estas sean maneras válidas de escapar, real o ilusoriamente, de la soledad esencial y su horror, o de la grave responsabilidad que implica, en sentido existencialista, inventarle un sentido a la propia vida, asumiendo la plena libertad y sus consecuencias.

El problema está en los monstruos que se engendran cuando estas doctrinas se absolutizan de tal modo que se cree ciegamente en ellas, erigiéndolas cual verdades absolutas en donde toda dura es espuria contaminación que requiere ser purgada.

A propósito del tema, me viene a la mente este párrafo de Fernando Savater:

Las religiones también son como el vino: hay gente a la que le sienta mal y gente a la que le sienta bien. Hay personas que con dos copas se vuelven locuaces, abiertas y desinhibidas; otros se vuelven brutos y groseros con la misma cantidad. Con la religión, hay gente que mejora y se purifica y para otros es una fuente de resentimiento, mojigatería y condena a los demás.

Eso mismo, en esencia, es lo que puede decirse de las ideologías políticas, así como del arte, del deporte y todas aquellas cosas en que buscamos realizar ese afán de trascendencia, cuando no estamos conscientes de su carácter tentativo, exploratorio y de factura terrenal.

sábado, 30 de marzo de 2013

Señalar

Discrepo esencialmente con quienes enseñan a los niños y niñas que "señalar es mala educación". ¡Que no! Cierto que no es bueno señalar para burlarse, discriminar o endilgar un chisme, que malas costumbres son, pero de allí a generalizar contra todo señalamiento hay mucho trecho. La censura a levantar el índice es parte de la cultura de la represión enquistada por siglos en nuestra idiosincrasia. Por eso, revindico el derecho a señalar cuando es necesario, urgente, imprescindible: desde señalar oportunamente y con elegancia a mi interlocutor con quien debato en el mismo nivel, hasta señalar para reafirmar mi punto cuando la intensidad lo requiere. Y, por supuesto, ¡señalar al ladrón, al corrupto y al mañoso!

jueves, 28 de marzo de 2013

Analizando el "accidente"

Luego del catastrófico 10-1 que nos puso Hungría en el Mundial España 82, la plana mayor del periodismo deportivo se aferró a la tesis de que aquello fue un "accidente futbolístico" y que el marcador no reflejaba la diferencia de nivel competitivo entre ambas escuadras.

Lo que no recuerdo que hayan dicho (o, si lo hicieron, fue con la boca pequeña) es que todo accidente tiene causas perfectamente identificables e individualizables, no viene de la nada.

Veámoslo aquí:

Alineación de El Salvador:

En la portería: Ricardo Guevara Mora. En la defensa: “Imacasa” Recinos, “Chelona” Rodríguez, Paco Jovel y “Macora” Castillo. Volantes: “Cheliz” Rugamas, Joaquín Ventura y “Pájaro” Huezo. Delanteros: Ever Hernández, “Mandingo” Rivas y “Mágico” González.

Primer tiempo

1-0 Minuto 4: tiro de esquina, Nyilasi cabecea totalmente solo en el centro del área chica. Los centrales salvadoreños marcaron a nadie.
2-0 Minuto 11: balón largo por la punta izquierda, el defensor lateral guanaco falla estrepitosamente en la barrida y Poloskei define en el mano a mano frente al portero.
3-0 Minuto 24: Fazekas conduce libre de toda marca por la mitad de la cancha y, ya frente al área, desde veinticinco metros coloca en el ángulo un soberbio derechazo.

Cambio al minuto 27: entra “Pelé” Zapata por “Cheliz” Rugamas, buscando mejorar el ataque.

Segundo tiempo

4-0 Minuto 51: balón largo por la punta izquierda, Toth recibe sin marca y centra, el defensa central falla horriblemente el rechace y la deja nuevamente al húngaro, quien la toca inteligentemente al primer palo del portero.
5-0 Minuto 55: tras un rechace en tiro de esquina, balón filtrado hacia Fazekas, nuevamente por la punta izquierda sin ninguna marca, se interna en el área, dribla y fusila a Mora con tiro pegado al primer palo.

5-1 Minuto 65: “Mágico” González deja varias marcas por la punta izquierda, centra para “Pájaro” Huezo que habilita a “Pelé” Zapata, quien la empuja suave al fondo de la meta. Lo celebra como lo más preciado del mundo.

OBSERVACIÓN: nótese cómo, después de anotar su gol, la selección de la Guanaxia Irredenta recibe cuatro goles en un lapso de seis minutos.

6-1 Minuto 69: tiro de esquina, recibe Kiss solo en el centro del área, gira y tira, bajo y raso, el balón entra rozando la pierna derecha del arquero.
7-1 Minuto 71: jugada por la punta izquierda, el jugador húngaro hace lo que quiere con su marcador, pase al centro del área chica donde Szentes, la empuja al fondo, tras recibir solo sin ninguna marca.
8-1 Minuto 73: tras varios intentos fallidos de rechace en defensa, Kiss recibe completamente solo en el borde izquierdo del área grande, observa al arquero ligeramente salido y “de globito” la coloca en el ángulo contrario.
9-1 Minuto 75: centro desde la izquierda, el portero rechaza hacia el medio del área grande, donde Kiss remata violento, totalmente solo.

Minuto 79: entra de cambio Ramón Fagoaga por Joaquín Ventura, para reforzar la defensa.

10-1 Minuto 83: centro desde la izquierda, Nyilasi cabecea cómodamente entre los dos centrales que le escoltan.

De los diez tantos, dos son golazos húngaros: el tercero (pese a la ausencia de marca, es un trallazo inquitable) y el octavo (aun estando solo, la "vaselina" al ángulo opuesto requiere técnica e inteligencia); el primero y el último son cortesía de la inoperancia de la pareja de centrales Jovel-Rodríguez, mientras que el segundo y el cuarto son errores de bulto en barridas infructuosas. Llama la atención que siete puñaladas nacen de jugadas por la punta izquierda del ataque magiar, donde el supuesto defensa lateral ("Macora" Castillo) estaba completamente descolocado. La marca en el medio campo y la presión de los delanteros para evitar la fácil salida rival fueron, por demás, inexistentes.

¿Y el banquillo...? Si en algún momento alguno de los tres "técnicos" (Pipo Rodríguez, Chamba Mariona y Chepito Castro) salieron a dar algún llamado de atención, se las ingeniaron para hacerlo de modo tal que las cámaras no los captaran, porque en la transmisión lucen tan idos como ausentes.

Como factores que propiciaron este ridículo se han mencionado varios, que van desde los más patéticos (como echarle la culpa a la guerra civil), hasta los más estelares (como decir que los jugadores estaban más pendientes de los contratistas que les conseguirían trabajo en equipos europeos), pasando por los más oscuros (como la confidencia que un ex seleccionado me hizo, en el sentido de que había "mano peluda" de los militares para que no alinearan a ciertos jugadores).

Sin descartar ninguna de las anteriores -y pese a que "después de las batallas, todos son generales"- para mí tengo que fueron tres las causas del desastre:

a) Mal planteamiento técnico, especialmente en defensa (lo cual era una constante en esa selección, como quedó demostrado en la infinidad de partidos previos). Esto fue cortesía de Pipo Rodríguez & Co.

b) Errada preparación psicológica: se les inoculó cual dañino virus la idea de que lo importante era meter un gol y listo. Ya lo he dicho antes: esto fue cortesía de la prensa deportiva, pero (¡sorpréndanse!) ese equipo tenía un psicólogo asignado, con esa misión específica.

c) Desconocimiento o menosprecio del "jet lag" (o descompensación horaria) y la adaptación que este requiere: llegaron con muy poco tiempo de anticipación y, por lo que se sabe, sin un plan para superar esta dificultad, que es de orden fisiológico.

Se dice que quien desconoce (o se resiste a analizar) el pasado está condenado a repetirlo. ¡Que no nos pase algo parecido con la Sub-20 en Turquía 2013!

sábado, 3 de noviembre de 2012

In memóriam

Gloria Marina Fernández

(1937 - 2012)

Amigos y amigas:

Así como nos alegramos ante un nacimiento, es normal sentir tristeza ante la muerte de un ser querido.

Como seres humanos, estamos hechos de razón y de emoción. Por un lado, de nuestros impulsos básicos viene el deseo de prolongar nuestra existencia día a día y así creemos que siempre contemplaremos un amanecer nuevo; sin embargo, por otra parte, nuestro pensamiento racional nos hace saber que no somos inmortales, que nuestra estancia en este mundo es limitada y aún más: que es preferible que así sea, pues si no tuviéramos límite en nuestros días, tampoco tendrían razón de ser nuestros proyectos, trabajos y anhelos más queridos.

Nacer y morir son parte de los hechos de la vida y así hay que aceptarlo. Nos movemos y oscilamos entre nuestro deseo perenne de permanencia y la conciencia de nuestra condición efímera, pasajera. Siendo que ambos impulsos son nuestros, intrínsecamente humanos, ambas fuerzas deberían estar en cierto equilibrio, pero culturalmente no se nos educa de manera balanceada. En efecto: no se nos educa para comprender y aceptar el fin de nuestros días.

En momentos como un funeral, aun con el dolor por la pérdida de alguien con quien compartimos años y experiencias vitales, nos falta resignación, resignación humana. Cuando una muerte llega de manera trágica e imprevista, el impacto emocional es tan fuerte que puede desbalancearnos, golpearnos de tal modo que nos cueste superar el hecho y seguir adelante. Pero cuando la muerte llega como fin natural de la existencia humana, deberíamos ser más ecuánimes.

En ese momento de despedida, ¿por qué no recordar los momentos felices, las buenas experiencias vividas y tantas cosas favorables que nos unieron con la persona difunta? Si nuestra vida junto a ella tuvo algún sentido, seguramente no nos faltarán anécdotas bonitas a las cuales referirnos. Si hay o no hay algo después de este paso, ese supuesto más allá ya será otra historia. Por mí, lo vivido es lo real y eso es suficiente para decir aquí un adiós pleno de satisfacción por toda esa vida que estuvo a nuestro lado.

viernes, 26 de octubre de 2012

¡Ah, el contexto!

En un examen de figuras literarias, pongo la estrofa del Himno Nacional para que identifiquen cuál es la que se está empleando allí:

De la paz en la dicha suprema
siempre noble soñó El Salvador.
Fue obtenerla su eterno problema,
conservarla es su gloria mayor.

La respuesta esperada es "hipérbaton"; sin embargo, un estudiante respondió que allí hay "ironía-sarcasmo". Luego del respectivo "¡plop!", se lo tuve que calificar como correcto.

sábado, 13 de octubre de 2012

La situación en la que estamos

He concluido la lectura de las 406 páginas del volumen “Análisis de situación de la expresión artística en El Salvador”, capítulo de Literatura, elaborado por Tania Pleitez Vela con los auspicios de la Fundación Accesarte. Es este el primero de siete estudios y fue publicado digitalmente. Se espera que en el futuro próximo se distribuyan los correspondientes a música, cinematografía y televisión, arquitectura, teatro, artes visuales y danza.

Tal como se lo manifesté a la autora cuando nos entrevistamos, lo reitero aquí: me parece un trabajo serio en donde realmente se ha investigado en el terreno, yendo a catálogos, fuentes documentales, instituciones y autores/as; a diferencia de otros que son demasiado parciales e incompletos, muchas veces vistos únicamente a través de la óptica de uno o dos académicos/as de escritorio.

Dos son las sensaciones generales más fuertes que me quedan luego de la variedad de voces y argumentos allí plasmados. La primera es el agrado de conocer la gran cantidad de esfuerzos e iniciativas individuales -aunque dispersas, efímeras o aisladas- que se hacen para promover la creación literaria y su divulgación. La segunda es la confirmación de una certeza tenida desde tiempos inmemoriales: que la construcción y supervivencia de la cultura artística en nuestro país depende de la voluntad quijotesca de los propios creadores/as, pues generalmente no cuenta con el apoyo sostenido de las instituciones públicas y privadas ni tampoco de los medios de comunicación de masas, que se justifican en la falta de interés del gran público, reforzando un círculo vicioso (¿quién se va a interesar en temas que no se publican?).

Así pues, como suele decirse, “esto es lo que hay” y “así toca”, aunque no por ello renunciamos a mejores horizontes.

martes, 9 de octubre de 2012

Los "modernos" fundamentos de la Patria

Husmeando por la sección de Colecciones Especiales de la UCA, por casualidad cayó en mis manos una recopilación de periódicos de la Guanaxia Irredenta de mediados del siglo XIX. Allí me enteré de que el artículo 307 del Código Penal de 1846 decía lo siguiente:

Si un eclesiástico secular o regular, abusando de su ministerio en sermón o discurso al pueblo, o edicto, carta pastoral u otro escrito oficial, censurase o calificare como contrarios a la religión o a los principios de moral evangélica las operaciones o providencias de cualquiera autoridad pública, sufrirá una reclusión de dos a seis años, y se le ocuparán sus temporalidades.

Si denigrare con alguna de estas calificaciones al Cuerpo Legislativo o al Presidente de la República o Jefe Supremo del Estado, será extrañado de él para siempre, y se le ocuparán también sus temporalidades.

Este y otros artículos del mismo tono estaban dirigidos a un clero que, al parecer, se metía bastante en política, para bien y para mal. Como el principio de separación entre Iglesia y Estado se clama o se soslaya según convenga a unos u otros intereses, habría que ver cuál era el pleito coyuntural del momento. Sin embargo, llama la atención que, por decreto, aquel incipiente y caótico Estado se invistiese a sí mismo de moralidad absoluta y, además, extendiera su escudo a sus inmaculados funcionarios.

¡Chulada de leyes las que teníamos en aquella época!

Lo bueno es que ya no están vigentes; lo malo es que, por lo visto, hay quienes aún hoy las añoran.

Una décima futbolera

El Salvador - Costa Rica
es juego de muerte o vida
en octubre, el viernes doce.

Solamente la victoria
mantiene el sueño de gloria
por Brasil dos mil catorce.

Los muchachos han jurado
ponerlo todo en la cancha.
Si salen bien las jugadas...
¡a la hexagonal pasamos!

domingo, 7 de octubre de 2012

Cinco mil vergonzosos dólares

Según leo en el periódico, el pintor Carlos Cañas -galardonado con el Premio Nacional de Cultura- dijo en un conversatorio: "la cantidad de dinero que se entrega es verdaderamente vergonzante. Y es mucho más vergonzante que te cobren impuestos y te rebajen ese valor y no puedas hacer nada". Y su colega Armando Solís secundó: "Los cinco mil dólares que vienen como estímulo en el premio es algo ridículo. Con la venta de un cuadro que haga obtengo esa cantidad".

¡Ve qué par!

En el trasfondo se detecta -no sin mucha dificultad- esa visión enfermiza del artista como "pequeño dios", en palabras del chileno Vicente Huidobro, creencia de antiquísimas raíces que halló en el Romanticismo su máximo florecimiento consciente.

Ahora bien: una cosa es reconocer las habilidades y talentos artísticos, tan respetables como otras capacidades del ser humano; otra, en cambio, es volver la mirada nostálgica a un pasado lejano de mecenas y torres de marfil, considerando ese el lugar ideal del artista y, cuando no es así, vivir en queja permanente por la incomprensión de "el medio" y la falta de apoyo de quienes se cree tienen los recursos para subsidiar.

Si a lo anterior añadimos el contexto sociocultural en el que se da la queja, entonces lo indignante no es el regalo de cinco mil dólares, sino el hecho de calificarlo en los términos que estos artistas plásticos lo han hecho.

Cinco mil dólares son más de veinte salarios mínimos y mucha gente podría discutir incluso si este premio está del todo justificado. La pintura es la única de las bellas artes que ha sido rentable en El Salvador y, francamente, no le reporta otro beneficio material al país como no sean los impuestos fiscales por la comercialización de sus obras. Por otra parte, si consideramos los beneficios inmateriales o intangibles (sea en términos de "prestigio", "identidad nacional", "orgullo patrio" o como quieran llamarlo) la valoración es todavía más volátil y subjetiva, a menos que le hagamos caso a las grandiosas opiniones del mismo círculo de iniciados.

En su discurso de aceptación del Premio Nobel de Literatura en 1971, Neruda dijo lo siguiente (hablando del poeta pero válido para el artista en general):

El poeta no es un "pequeño Dios". El mejor poeta es el hombre que nos entrega el pan de cada día: el panadero más próximo, que no se cree Dios. Él cumple su majestuosa y humilde faena de amasar, llevar al horno, dorar y entregar el pan de cada día, con una obligación comunitaria. Y si el poeta llega a alcanzar esa sencilla conciencia, ésta podrá convertirse en parte de una colosal artesanía, de una construcción simple o complicada, que es la construcción de la sociedad, la transformación de las condiciones que rodean al hombre, la entrega de la mercadería: pan, verdad, vino, sueños.

Al final, uno se pregunta de a cómo sería un premio que las vacas sagradas de la pintura nacional no considerasen vergonzoso. ¿Cincuenta mil dólares, acaso? Vaya, pero entonces un monto así realmente sería un insulto... ¡para el resto del pueblo salvadoreño!