sábado, 18 de mayo de 2013

El chucho aguacatero

El chucho aguacatero es el animal nacional de la Guanaxia Irredenta. Es el perro universal, la quintaesencia canina, la idea de perro que soñó Platón.

Está aquí, allá y más allá, con su escuálida omnipresencia. No discrimina ni por raza ni por sexo, tampoco por condición socioeconómica ni creencias: se le ve en todos los estratos sociales, lugares y territorios. Es el alfa y el omega perruno. Es la salvadoreñidad que vio Roque y puso en su poema: "los que nunca sabe nadie de dónde son", "los arrimados", "los comelotodo" y otros epítetos conocidos.

Amigo de todo aquel que le dé un mendrugo o le haga un gesto amable, no desarrolla apegos obsesivos. Es valiente pero sabe hacer retiradas estratégicas. Es adaptable y sabe estar feliz en cualquier sitio. No complica, pues si se le ama, se le deja libre; si regresa, es porque cree que le darás algo; si no, de seguro halló mejor acomodo en otra parte.

El chucho aguacatero nunca será de nadie. Es "como el pan, la poesía: de todos".

domingo, 12 de mayo de 2013

Español, no castellano.

Tanto en El Salvador como en Latinoamérica hablamos español en variante latinoamericana, pero hay gente que se empeña en decir que hablamos en castellano, cosa que no es así.

Según la Real Academia de la Lengua, “castellano” es un término que se refiere a la lengua española, especialmente “cuando se quiere introducir una distinción respecto a otras lenguas habladas también como propias en España”, como el catalán, el vasco, el gallego, etc.

Es cierto que la lengua española se basa principalmente en el castellano, pero es mucho más que eso: tiene aportes del árabe, el inglés, el francés y, en los países latinoamericanos, la enorme influencia de las lenguas nativas.

Tengo la impresión que la insistencia de quienes dicen “castellano” es para evitar decir “español”, como una manera de pasarle factura a la conquista y todo ese rollo (aunque los conquistadores eran principalmente de Castilla).

Pero si habláramos castellano, pronunciaríamos la ce y la zeta con el fonema /z/, utilizaríamos las conjugaciones castizas de la segunda persona plural y andaríamos diciendo “¿a que vosotros no lo sabíais, pardiez?”

Así que no.

Una conferencia colosal

Viendo estadísticas, debatíamos en cierta ocasión si la iglesia católica está perdiendo adeptos, aunque aún conserva millones de fieles, especialmente en Latinoamérica y África. Ante los posibles porqués, los más cerrados a la autocrítica decían que porque los apóstatas son seducidos por Satanás y el pecado. Otros lo atribuían a la mejor estrategia mediática y sensorial de las iglesias evangélicas. No faltaron quienes culparon a la sociedad de consumo y sus ídolos contemporáneos. Como insumo para avivar esta interesante discusión, comparto esta breve anécdota relatada por uno de los presentes, con la usual recomendación de Don Macario: "¡ahi saquen ustedes sus propias conclusiones!"

Uno de estos años, tuve el extraño privilegio de asistir a una colosal conferencia de varias horas de duración. El tema era la moral desde una perspectiva religiosa y el ponente era un destacado sacerdote a quien, según calificativos propios y ajenos, se le tiene como progresista.

Con los acuerdos y desacuerdos del caso, la charla transcurrió con relativa normalidad por las diversas áreas temáticas hasta que llegó a la moral sexual, donde el especialista no sólo expuso con vehemencia la postura eclesiástica oficial, sino además dejó ver sus propios prejuicios en diversos comentarios.

Varias perlas dejó por el camino: desde la insistente recomendación de no permitirle a las niñas practicar fútbol por riesgo de que se vuelvan lesbianas, hasta afirmar que el acto sexual no tiene mayor historia porque sólo hay una forma lícita de hacerlo, que es la posición del misionero, “y todas las demás las aprenden los hombres en los prostíbulos”.

No faltó la exaltación, cual modelo a seguir, de una pareja que tiene diez hijos y continúa en la labor “en la vivencia de la fe”, con la correspondiente censura a los matrimonios que planifican tener únicamente el número de hijos que realmente pueden mantener, diciendo que esa actitud es una especie de idolatría de la comodidad material.

El clímax expositivo llegó cuando enumeró las perversiones sexuales, entre las cuales incluyó a íncubos y súcubos, siendo la última y más peligrosa el “tener sexo con demonios”.

En ese momento quedó clara la esencial inconveniencia de prolongar aquello con preguntas y comentarios al expositor, no fuera a ser y recurriese a la excomunión o el exorcismo.

viernes, 10 de mayo de 2013

Por qué el Tecla no fue a semis

En la última jornada del Torneo Clausura de la liga mayor de fútbol de El Salvador, jugada el sábado 4 de mayo de 2013, se enfrentaron el Santa Tecla FC y el CD Luis Ángel Firpo en la cancha de Usulután, en duelo directo para clasificar a semifinales. La victoria para uno de ellos significaba avanzar, mientras que el empate o la derrota los hacía depender del resultado del Juventud Independiente, el tercer involucrado en la pelea por las dos plazas aún no definidas.

El resultado fue 2-1 a favor del Firpo, quien así clasificó; pero como el Juventud también perdió, hubo necesidad de un partido de desempate entre éste y el Tecla, partido que se jugó el miércoles 8 de mayo en el Estadio Mágico González de la capital, el cual ganó en tiempo extra el Juventud con marcador de 1-0.

En resumen, el Santa Tecla perdió las dos oportunidades que tuvo para llegar a semifinales.

Yo como aficionado tecleño comparto la tesis comentada con varias personas: el equipo perdió ambos partidos por jugar con un planteamiento estrictamente defensivo, renunciando al ataque y especulando con resultados de terceros o incluso la definición por tiros desde el punto penal.

El partido contra Firpo se comenzó perdiendo antes de los diez minutos. Ante eso, los jugadores tecleños se esforzaron por buscar la portería rival, logrando empatar a los pocos minutos y manteniendo el asedio durante todo el primer tiempo. Lo triste y desesperante es que, después de la charla técnica del medio tiempo y habiéndose enterado de que el Juventud Independiente iba perdiendo contra el FAS en Santa Ana, comenzaron la segunda parte paseando el balón de lado a lado, sin esforzarse por atacar, esperando conservar el resultado que los clasificaba, siempre y cuando el Juventud no empatase en Santa Ana. Este error de disposición y mentalidad se pagó caro ya que, a falta de unos quince minutos para terminar el partido, se sancionó un penalti a favor del Firpo, que fue convertido en el contrarremate. Allí vinieron entonces las prisas y el querer remediar en poco tiempo lo que se había dejado abandonado.

La suerte estuvo de cara, no obstante, pues en Santa Ana, el Juventud erró el penalti que pudo darle la clasificación en el último minuto, con lo que se llegó al partido extra contra el Santa Tecla.

El partido de desempate Santa Tecla - Juventud Independiente fue bronco, trabado y aburridísimo, con predominio de la marca por sobre la habilidad, por ratos con ambos cuadros jugando a no perder y con el Santa Tecla FC lanzando pelotazos a ver si Vaquero, único delantero no del todo hábil, pescaba algo.

Y he aquí el mensaje nefasto: al minuto 60, faltando media hora para terminar el tiempo reglamentario, el técnico del Santa Tecla, William Renderos Iraheta, sacó del terreno de juego a Kevin Santamaría, jugador líder, volante ofensivo que tiene mucha claridad de juego hacia adelante, sustituyéndolo por un volante de contención, quizá para amarrar el empate. Pero no para allí la cosa: en el minuto 70 se fue expulsado el mejor jugador del Juventud Independiente por doble amarilla, pero en esos quince minutos restantes el técnico tecleño no movió nada para buscar el partido, teniendo en la banca a William Maldonado, quien es reconocido por su buen manejo del balón y vocación ofensiva.

Se llegó así al tiempo extra, donde se emparejaron las cosas al salir expulsado un jugador tecleño y quedar ambos cuadros con diez. Y luego, la desgracia: cinco minutos antes del final, con la inminente tanda de penaltis a la vista, el Juventud Independiente marcó un gol de tiro libre y fue hasta entonces que Renderos Iraheta metió a Maldonado para buscar con prisas el milagro, que no hubo.

En conclusión: visto lo visto, parece que para el cuerpo técnico del Santa Tecla (Renderos Iraheta y Memo Rivera), atacar es un mal necesario al que sólo se acude cuando se ven abajo en el marcador.

Así pues, quedó demostrado (una vez más) que el conformismo y la especulación no ganan partidos. ¡Lástima por la oportunidad perdida! A ver si la junta directiva del equipo toma nota y hace los cambios necesarios.

lunes, 6 de mayo de 2013

Analizando el fanatismo

En varias ocasiones he manifestado mi postura contra todo fanatismo político o religioso, peligrosa actitud que lamentablemente "distingue" a tanta gente aquí en la Guanaxia Irredenta. Hoy encontré este artículo de Luis Armando González que explica, con bastante claridad, qué es el fanatismo. Por considerarlo importante, lo reproduzco aquí, citando la fuente: el periódico digital Contrapunto.

Sobre el fanatismo

Por Luis Armando González

Es bueno y hasta necesario que haya gente que asuma la defensa de causas religiosas, éticas o políticas. Pero hay un riesgo en esto de asumir causas por las cuales luchar: el fanatismo. No es inevitable eso de defender fanáticamente una causa, pero cuando se la absolutiza la caída en el fanatismo es casi automática.

El fanatismo es, además de una traba para resolver los problemas reales de la gente, un peligro en el plano del conocimiento y en el plano de las actitudes y prácticas a las que da lugar. Veamos algunos rasgos del fanatismo.

Primero, absolutiza la situación o problema que tiene en la mira, y que es la que alienta su causa. Es decir, en la visión de la realidad que tiene el fanático no hay nada más importante (trascendental) que aquello que le preocupa, y ante lo cual todo lo demás es totalmente irrelevante y prescindible.

Segundo, el debate y el diálogo –entendidos como mecanismos para lograr un mejor conocimiento y para corregir las visiones equivocadas de la realidad— no tienen ninguna utilidad ni pertinencia para las personas fanáticas. Cuando estas personas se las ven con otras para debatir lo que hacen es repetir monótonamente sus posturas de fondo, aunque varíen sus argumentos y “pruebas” de respaldo.

Tercero, el fanatismo es monotemático. Y lo es de manera obsesiva. Los nervios, el cuerpo, la inteligencia y la voluntad del fanático están volcados, plenamente, a la causa que se ha asumido. El ser del fanático se revela violentamente ante los “enemigos” de su causa.

Cuarto lugar, además de monotemático y obsesivo, el fanático (o la fanática), es intolerante. Rechaza visceralmente opiniones, valores y pruebas contrarias a las suyas. Le gustan y celebra las que confirman su visión de la realidad, pero rechaza violentamente las que la contrarían.

Quinto, el fanático suele ser incoherente en su discurso, y también en su práctica. No es extraño que su discurso mezcle indebidamente argumentos y “pruebas” de la más distinta procedencia, sin rigor y consistencia.

Y, sobre todo, al proclamar grandes formulaciones (abstractas) el fanático se olvida (o pasa por encima) de las personas concretas, de carne y hueso, a la cuales el fanático no duda en sacrificar con tal de imponer su visión de la realidad.

Sexto, la persona fanática, en su afán de mezclar cosas para defender su postura, violenta el carácter de aquello que usa para sostener o probar su visión de la realidad. Por ejemplo, puede mezclar ciencia, con religión, filosofía y moral. Pero es que, además de eso, no es infrecuente que traicione la naturaleza de esos saberes. En el caso de la ciencia, algunos fanatismos no entienden el significado de sus aportes teóricos y empíricos.

Finalmente, cuando el fanático proclama que posee la “verdad” sobre un asunto y esgrime argumentos científicos en su favor lo que hace es violentar le carácter de la ciencia, que se ha construido mediante la aceptación de que nadie posee la verdad, mucho menos los científicos.

sábado, 27 de abril de 2013

Reacción celular inmediata

A propósito de haberle ocurrido a cierta chica un accidente con su teléfono móvil, para consolarla le dijo una señora:

- No te sintás mal, que no hay mujer a quien no le haya pasado eso.

Se refería a habérsele caído el celular adentro de la taza del excusado.

Yo no entiendo cómo pueden ocurrir esas cosas, porque normalmente llevo el celular bien resguardado en su estuche pendiente del cincho, con el debido cuidado de sostenerlo o retirarlo de allí antes de sentarme en el referido lugar, pero dicen ellas que las mujeres no lo acostumbran.

Volviendo a la conversación iniciada, la mujer contó que a ella misma ya le había sucedido aquello. No obstante, mientras el teléfono de la jovencita aludida tardó dos días en encender y su pantalla quedó inservible (sin que se vean muchas posibilidades de repararlo a un costo razonable), el teléfono de la señora está en perfectas condiciones operativas.

Así, al preguntarse sobre el porqué del diferente desenlace, la señora formuló la siguiente hipótesis:

- Ah, es que vos seguramente lo pensaste demasiado antes de meter la mano para sacarlo de la taza.

O como se decía en tiempos del coronel Molina: hay que actuar "con decisión, definición y firmeza", pero más que todo... ¡rápido!

domingo, 21 de abril de 2013

Una anécdota de “educación” sexual

Esta anécdota tiene un aire cómico, aunque con trasfondo lamentable porque refleja el modo en que se ha "educado" en el campo de la sexualidad en la Guanaxia Irredenta. Los hechos son reales y el relato no tiene intención anticlerical. Conocer este despropósito debería servir para abordar con seriedad y profesionalismo la educación sexual. Por lo demás, como decía Don Macario: "¡ahi saquen ustedes sus propias conclusiones!"

¿QUÉ NOS HABRÁ QUERIDO DECIR?

Corría el año 1983 y a nosotros, efervescentes jóvenes adolescentes en colegio sólo de varones masculinos, se nos daba una charla de educación sexual. El ponente era un cura estándar de la orden que manejaba esa institución educativa. El tema era contra la masturbación, enfatizando en su carácter pecaminoso, pero cuidándose de no incluir ninguna perspectiva médica ni psicológica orientada a aclarar o desmentir los mitos que sobre dicha práctica existen (v.g.: que causa ceguera, que hace crecer gruesos vellos en la palma de la mano, que equivale a perder ocho gotas de sangre, que es asesinato de homúnculos, etc.). Admitamos, no obstante, que conocimos un nuevo vocablo: “onanismo”.

Concluida la prédica y estando en el momento de las preguntas al disertante, uno de nuestros compañeros se animó y le dijo:

- Mire, padre: ¿entonces qué podemos hacer si aunque queramos aguantarnos no podemos?

Luego de poner expresión pensativa durante unos instantes, el clérigo respondió de la siguiente manera:

- Bueno, jóvenes: eso es una gran dificultad, una gran lucha. Hay muchos amigos de ustedes que les recomiendan ir donde una prostituta, pero eso tampoco está bien, hay que contenerse.

El compañero inquirió de nuevo:

- Pues sí, padre, pero entonces ¿cómo nos quitamos las ganas?

Y el sacerdote entonces pronunció una respuesta que aún resuena en mi mente, tratando de descifrar su significado:

- Vean: si el deseo es tan grande que de veras no pueden dominarlo, y el dilema moral está entre masturbarse o ir donde una prostituta, pues... hay que hacer lo que sea más natural.

Entonces salimos a recreo.

Y la educación sexual, ¿para cuándo?

La educación sexual en El Salvador es mínima, prácticamente inexistente. Las dos actitudes predominantes en el hogar y en la escuela son a cual peor: no se habla del tema o, si se habla, es desde la ignorancia y el prejuicio.

El Ministerio de Educación incluye el tema de la sexualidad en el programa de la materia “Orientación para la vida”, que supuestamente se da en bachillerato y es de alcance nacional, pero este suele sufrir recortes y deformaciones, tanto en instituciones educativas confesionales como en el sistema de educación pública, ya sea por censura religiosa, por falta de personal capacitado para impartir la materia o por flagrante desconocimiento del mismo.

En el resto de niveles educativos, las autoridades estatales (olvidando que la educación sexual es un tema de salud pública) han detenido por años la implementación de un verdadero programa educativo en esta materia, porque nunca les parece bien a las iglesias, quienes únicamente aceptan la parte que sus respectivas doctrinas les permite.

La población que está fuera del sistema educativo formal no tiene más opciones que “informarse” en la tradición machista, el puritanismo o el oscurantismo.

De los gobiernos conservadores y moralistas que tuvo el país hasta 2009 cabía esperar tal actitud, pero no del “gobierno del cambio”, supuestamente más progresista en este campo, que no obstante muy poco o nada se ha esforzado para sacar a la Guanaxia Irredenta de su analfabetismo en cuanto a educación sexual.

sábado, 20 de abril de 2013

Sobre religión y buenas personas

En lo que al mundo terrenal respecta, las religiones suelen tener como objetivo explícito que sus adeptos sean buenas personas. Dentro del cristianismo, religión predominante en esta parte del mundo, resuenan las palabras de Jesús, citado por Juan 13, 35: “En esto conocerán todos que sois mis discípulos, si os tenéis amor los unos a los otros.”

En el sentir común, se cree que ser una persona religiosa deriva en ser una buena persona, de ahí la insistencia en cultivar y difundir la doctrina desde la más temprana niñez.

Sin embargo, la realidad y la historia han demostrado lo azaroso y a veces falaz que resulta esta aparente relación de causa y efecto.

Es importante reconocer, en primer lugar, que en el mundo de hoy y en este contexto particular, mucha gente es al mismo tiempo religiosa y buena, y ellos mismos relacionan esta última cualidad con su devoción.

Ciertamente, la religión puede ser un método de perfeccionamiento personal y colectivo, una forma de crecimiento espiritual que derive en buenas acciones, en el sentido más amplio que puedan entenderse.

Sin embargo, también es evidente que bastante gente sinceramente religiosa comete acciones objetivamente dañinas en su entorno personal y social, no hallando contradicción entre sus creencias y tales formas de comportamiento, más bien justificándose en ellas.

Pese a la evolución que en la doctrina oficial de algunas iglesias ha habido al respecto, muchas de las más antiguas formas de discriminación y sometimiento de la mujer aún se amparan en la tradición religiosa judeo-cristiana, de la misma forma que se niegan derechos humanos fundamentales a sectores sociales tradicionalmente discriminados, esgrimiendo citas bíblicas.

Aun siendo una flagrante contradicción, personas que viven en el crimen y el delito se encomiendan diariamente a Dios. En esos casos, se dirá -con razón- que esa religiosidad es falsa e inconsecuente, pero el punto es que las creencias de esa gente son, desde su propio punto de vista, auténticas.

El Salvador es un país que se confiesa mayoritariamente creyente, de lo cual no se duda, pero es, al mismo tiempo, uno de los más crueles y violentos del mundo, así como el paraíso de la impunidad.

Militares y políticos señalados en el informe de la Comisión de la Verdad por su participación o encubrimiento de crímenes de lesa humanidad, algunos de los cuales hoy son diputados, siempre se declararon creyentes y andan predicando con su Biblia bajo el brazo. Cómo entienden ellos a Dios y a la religión, y si esta percepción es la “verdadera”, esos son otros temas; el punto importante es que en esos y otros muchos casos la religión en sí no ha producido buenas personas.

Reafirmo y amplío, antes de continuar, una idea ya expresada anteriormente: que ciertas prácticas religiosas pueden ser buenas y edificantes, siempre que se ejerzan como libre opción, propicien un sano discernimiento moral, cultiven valores humanos solidarios, impliquen el compromiso con el mejoramiento del entorno y, sobre todo, comprometan la responsabilidad en el uso de la propia libertad.

Añado y destaco lo siguiente: una práctica religiosa realmente humanizadora requiere de cierta dosis de librepensamiento, jamás de la ciega obediencia y nunca del fanatismo ni la obcecación. Implica además el reconocimiento de sí misma como una opción legítima dentro de muchas otras, incluyendo el ateísmo y la increencia. Esto lleva inevitablemente a la tolerancia y la convivencia pacífica.

De la negación de la relación causal absoluta entre religión y bondad, ya explicada anteriormente, se sigue por simple lógica que las personas no creyentes, sean ateas o agnósticas, tampoco han de ser necesariamente malas personas.

Por supuesto que hay malas personas sin dios ni religión, pero también es claro que hay quienes hacen mucho bien, aunque no crean en entidades sobrenaturales ni participen de cultos religiosos.

Ser no creyente es una opción y no implica automáticamente una mayor o menor estatura moral. Es, en cambio, un pensamiento primitivo, intolerante y promotor de violencia el usar “ateo” como sinónimo de “malvado” y “corrupto”, y como antónimo de “santo”, “justo” y “bueno”.

En el entorno actual, es lamentable que a muchas personas atrapadas en el fanatismo religioso les resulte imposible siquiera concebir esta idea: que una elevada conciencia moral puede desarrollarse desde una perspectiva estrictamente humanista, es decir, sin necesidad de pertenecer a una religión o creer en Dios.

Al menos para entender esto debería servirnos vivir en una época en donde supuestamente ya se ha superado ese terrible oscurantismo.

lunes, 1 de abril de 2013

Del afán de trascender y sus monstruos

Que el ser humano es limitado y que en todas las culturas ha buscado modos de ir más allá de sí mismo es un hecho constatable. El tema seguramente lo han tratado muchos filósofos y antropólogos con amplitud y suficiencia, aunque una de las síntesis más claras que recuerdo es la del personaje Francis Walsingham en la película “Elizabeth” (1998), cuando le hace ver a la reina lo siguiente:

Todos los hombres (y mujeres) necesitan algo más grande que ellos mismos a quien admirar y adorar. Deben ser capaces de tocar lo divino en la Tierra.

No solo las religiones cumplen esa función, sino también aquellas grandes empresas en pos de quimeras y utopías (incluidas, lamentablemente, las guerras mesiánicas y autodenominadas santas).

En tiempos recientes se han sumado a estos afanes las llamadas “religiones seculares”: sistemas ideológicos sin componentes sobrenaturales, pero que se basan en dogmas, se fundamentan en el adoctrinamiento masivo y poseen diversos mecanismos para ocuparse de sus disidentes (por ejemplo, las diversas realizaciones históricas del comunismo).

Y aunque parezca pueril en comparación, también el deporte como apasionante fenómeno de masas tiene un fuerte componente de ilusión de trascendencia: no en vano a las grandes gestas deportivas se les describe como “tocar el cielo” y a los ídolos del fútbol se les venera como dioses.

Las actividades artísticas también les permiten a quienes las desarrollan sentir esa trascendencia: creer que su palabra, su música o su talento expresado en cualquier forma les preservará de la muerte y del olvido eternos.

Quizá todas estas sean maneras válidas de escapar, real o ilusoriamente, de la soledad esencial y su horror, o de la grave responsabilidad que implica, en sentido existencialista, inventarle un sentido a la propia vida, asumiendo la plena libertad y sus consecuencias.

El problema está en los monstruos que se engendran cuando estas doctrinas se absolutizan de tal modo que se cree ciegamente en ellas, erigiéndolas cual verdades absolutas en donde toda dura es espuria contaminación que requiere ser purgada.

A propósito del tema, me viene a la mente este párrafo de Fernando Savater:

Las religiones también son como el vino: hay gente a la que le sienta mal y gente a la que le sienta bien. Hay personas que con dos copas se vuelven locuaces, abiertas y desinhibidas; otros se vuelven brutos y groseros con la misma cantidad. Con la religión, hay gente que mejora y se purifica y para otros es una fuente de resentimiento, mojigatería y condena a los demás.

Eso mismo, en esencia, es lo que puede decirse de las ideologías políticas, así como del arte, del deporte y todas aquellas cosas en que buscamos realizar ese afán de trascendencia, cuando no estamos conscientes de su carácter tentativo, exploratorio y de factura terrenal.