domingo, 25 de agosto de 2013

No hay infalibilidad roqueana

Las pesquisas literarias de Rafael Lara Martínez y las investigaciones documentales de Carlos Cañas-Dinarte han revelado la falsa autoría del apelativo “El Pulgarcito de América” para la República de El Salvador, que la voz popular atribuye a la poetisa chilena Gabriela Mistral, Premio Nobel de Literatura, cuando en realidad es del escritor salvadoreño Julio Enrique Ávila.

La validación de esa creencia generalmente se remonta al libro de Roque Dalton “Las historias prohibidas del Pulgarcito”, en donde aparece como epígrafe la supuesta afirmación de Gabriela Mistral: “El Salvador es el Pulgarcito de América”, lo cual, a la luz de lo expuesto, constituye la legitimación de un error cultural.

Sin embargo, en el texto de Lara Martínez donde cuenta este hallazgo lanzan una hipótesis temeraria: que el propio Dalton sabía del engaño y lo puso allí con intenciones cuya explicación resulta, por decir lo menos, un tanto enredada.

¿Por qué no admitir que Dalton (al igual que todos nosotros en algún momento) tomó equivocadamente como cierto dicho engaño?

En abono de lo anterior, cito un fragmento de la novela de Dalton, “Pobrecito poeta que era yo” (EDUCA, Centroamérica, 1976) en la página 16:

… y entre aferramientos -conmovedores como un archipiélago recién bombardeado, no lo niego- a la creencia de que todo lo bueno viene en frascos chiquitos (el Pulgarcito de América, ay no tú, carajo, no hay derecho de que esa vieja cerota nos haya ninguneado así por el camino del muchacho a quien consolamos diciendo: “No, mijito, qué va, qué vas a ser cabezón”) vamos ostentando (llamando a piedad, cherito, a piedad que ha tenido que aguantarse la risa) esta terrible naturaleza de enanos con demasiada sangre…

A mi parecer y por el contexto en donde se dice, queda claro aquí que Dalton sí asumió como cierta la autoría apócrifa. Que no haya, pues, dogma de infalibilidad roqueana.

Cinco falsedades culturales en la Guanaxia Irredenta

Acostumbrados a la poca investigación y a creernos cualquier paja que nos dicen (más aún si esta viene de nuestros mayores), hemos acabado creyendo cosas relativas a la cultura nacional que son, por demás, falsedades de alto calibre. En esta entrada nos ocupamos de desmentir cinco de las más difundidas.

1. El Himno Nacional de El Salvador, tercero mejor del mundo.

Ante la relativa escasez de méritos con que alimentar la autoestima patria, se suele decir (incluso a nivel académico) que el Himno Nacional de El Salvador (letra de Juan José Cañas, música de Giovanni Aberle) ocupa el tercer lugar a nivel mundial, resultado obtenido en un concurso realizado nadie sabe dónde ni cuándo ni organizado por quiénes.

Al respecto, en la parte del “Prólogo y teoría general” de la novela póstuma de Roque Dalton, “Pobrecito poeta que era yo”, encontramos este párrafo alusivo al tema:

Porque nunca, nun-ca, se dio ese fantástico concurso mundial de himnos nacionales en cuyo seno -je ajegura, je dije, rumoran juentej por lo general bien informadaj- el “Saludemos la patria orgullosos” ganó un tercer lugar tipo están-verdes-las-uvas, detrás (honrosísima y ú-ni-ca-men-te) del “Allons, enfants de la patrie” y el “Mexicanos al grito de guerra” y no sé cuántas cosas al cañón.

2. Una Nobel de Literatura nos bautizó como “El Pulgarcito de América”.

El apelativo de Pulgarcito alude a las cualidades de astucia, valor y excelencia que -pese a su diminuto tamaño- tiene el protagonista del cuento tradicional recogido por los hermanos Grimm y Perrault. La creencia popular es que fue la poetisa chilena Gabriela Mistral (1889 - 1957, Premio Nobel de Literatura en 1945) quien bautizó a El Salvador con ese apelativo, dado que es el país más con menor extensión territorial del continente. Esta especie se ha visto prácticamente oficializada por la referencia explícita en “Las historias prohibidas del Pulgarcito”, de Roque Dalton.

Sin embargo, investigadores como Rafael Lara Martínez no han encontrado un solo texto de ella en donde se compruebe tal afirmación; por el contrario, el historiador Carlos Cañas-Dinarte muestra evidencias de que fue el escritor Julio Enrique Ávila, hacia mediados del siglo XX, quien publicó un texto en donde como letanía se repite el apelativo en cuestión. En esta publicación hay más detalles al respecto.

3. El Salvador y Honduras, a la guerra por un partido de fútbol.

En 1969 ocurrió la llamada “guerra de las cien horas”, cuando el ejército salvadoreño atacó territorio hondureño en respuesta a los despojos, expulsión y vejaciones que sufrieron miles de compatriotas en aquel país. Por esa época, las selecciones nacionales de fútbol de ambos países se enfrentaban por un boleto al Campeonato Mundial México 70.

Aprovechando esta circunstancia como gancho publicitario, el periodista polaco Ryszard Kapuściński publicó un libro titulado precisamente así, “La guerra del fútbol”, en donde narra diversos conflictos en países subdesarrollados, entre ellos el ocurrido en Centroamérica.

Las causas de esta guerra fueron de orden social, político y económico, pero la coincidencia de la mencionada serie eliminatoria en el deporte de las masas populares acabó por acaparar la atención y pasar a la historia.

4. “La bala”, original de la orquesta Hermanos Flores

La internacional orquesta Hermanos Flores es seguramente el más popular y conocido de los combos tropicales cumbieros salvadoreños. Con casi cuarenta años de trayectoria, es un punto de referencia de identidad para sus compatriotas dentro y especialmente fuera de las fronteras patrias. Una de las canciones que nunca puede faltar en las fiestas animadas por ellos (fuera de toda duda y a riesgo de injurias y agresión popular si falta), es “La bala”, que la gente -al igual que “El carbonero”, de Pancho Lara- ha elevado a una especie de himno nacional oficioso.

Pues bien: “La bala” es una versión o “cover” de la cumbia original del compositor panameño Arturo C. Hassan (1911-1974), la cual se popularizó primero en Colombia.

5. Atlacatl, el cacique heroico.

Cuando se habla de la propia raíz cultural, emerge el mito de “el indio cuscatleco”, los valerosos Atlacatl y Atonal, supuestos líderes de la resistencia indígena ante los conquistadores españoles.

Sin embargo, desde hace algún tiempo se sabe que, salvo en la escultura de Valentín Estrada que está a la entrada de Antiguo Cuscatlán, Atlacatl no existió y su nombre puede ser el resultado de una mala traducción que alude a una población cercana a la frontera con Guatemala, no a un soberano ni tal. Mucho menos creíble es la versión cuasi-cinematográfica de que fue Atonal, disparando una flecha en cámara lenta y con efectos sonoros, quien acertó en la pierna de Pedro de Alvarado.

¿Y entonces…?

Lo que toca es construir realidades dignas a base de esfuerzo diario, no vivir de mitos inventados.

lunes, 19 de agosto de 2013

Una guapachosa Incitación al delito

“La colegiala” es una cumbia de Walter León y Los Ilusionistas, que se popularizó en los años ochenta, en la versión del colombiano Rodolfo Aicardi y, a nivel local, con el cover de Los Hermanos Flores.


Un poco de atención y sentido común bastan para ver que, detrás de esta letra sencilla con ritmo guapachoso, asoman situaciones potencialmente delictivas.

Ubiquemos primero a los personajes en un contexto verosímil.

Está claro que, si la chica a quien el sujeto se dirige cursa 9º grado o 1º año de bachillerato, ella es menor de edad. Y si no lo fuera (pues en último año de bachillerato algunas las estudiantes cumplen 18) el simbolismo de la colegiala como objeto de seducción suele dirigirse a una adolescente, no a una adulta joven.

La caracterización de la colegiala tiene dos rasgos que son muy apetecidos por el depredador que va tras su presa: inocencia y picardía a la vez. La primera está en la imagen de ella caminando con sus libros y una sonrisa que no conoce del "sufrimiento" (eufemismo de deseo) que provoca en el tipo. La segunda está en la doble mención que la califica como “coqueta” (en la segunda acepción de la RAE: “esmerada en su arreglo personal y en todo cuanto pueda hacerla parecer atractiva”). Nótese que, según esta lógica, la responsabilidad de lo que pueda pasar estaría en ella, por "provocar" con su belleza y atributos tales reacciones.

Veamos ahora quién es el sujeto.

Obviamente, no es un colegial adolescente compañero de ella, sino un adulto (joven o viejo, da igual) que la acosa mientras ella se dirige a su centro educativo. Recuérdese que la categoría de “colegiala” tiene dos características que ya no pertenecen al sujeto: la juventud adolescente y el hecho de estudiar todavía en un colegio o escuela. O dicho de otro modo: ningún joven colegial usaría el término “colegiala” para referirse a una chica de colegio.

Establecido lo anterior, vamos a los posibles o potenciales delitos.

Dada la reiterada insistencia del tipo en que le dé el “sí” (y nadie cree que esté pensando en solo un besito), se entiende que la chica lo ha rechazado anteriormente, por lo que bien podría ser acoso sexual (art. 165 del Código Penal). Y ya que él no la llama por su nombre, es claro que se trata de acoso callejero.

¿Pero qué tal si ella le diera el “sí” (para relaciones sexuales consentidas, cuando menos preamatrimoniales, si no es que extra)? Entonces el caso caería en lo contemplado en el art. 163 del Código Penal, si fue “con engaño” de por medio. Ojo, que este concepto se puede aplicar a situaciones tan diversas como falsas promesas de matrimonio, ocultamiento de relaciones o compromisos previos, etc. La denuncia también podría hacerla, en calidad de ofendida, la familia de la menor y… ¡a bartolinas!

Como dijimos al principio, la canción fue un éxito en radios y fiestas. No recuerdo que alguien señalara su inconveniencia o peligrosidad. Así se ha fundamentado nuestra "cultura".

domingo, 11 de agosto de 2013

Juventud 75

Más de treinta años después, no sé decir con total exactitud qué fue el grupo “Juventud 75”: un coro de iglesia, un conjunto de amigos, un lugar recreativo, un centro de reflexión, una plataforma artística…

Quizá tuvo un poco de todo.

Lo que no sé si haya tenido es un documento formal de constitución, aunque sí algún reglamento indicando tener 15 años de edad y ser invitado por un miembro del grupo como requisitos para ingresar.

Sé que fue fundado en 1975, quizá por el padre Peralta, sacerdote que por muchos años fue director del colegio salesiano “Santa Cecilia” de la ciudad de Santa Tecla, más conocido como “el padre Queiquito” del Chaleco.

Supongo que el objetivo de J-75 coincidía, en general, con una de las visiones salesianas más sencillas acerca de los jóvenes: es preferible reunirlos los sábados por la tarde y en la misa dominical, en lugar de que anden en otras actividades insanas.

Dos de mis hermanas mayores estuvieron en algún momento en el grupo, en la que seguramente fue su época de esplendor, en los primeros años de su existencia. De esa etapa, recuerdo que se puso en escena “Jesucristo Superestrella”, la versión española de la ópera rock de Andrew Lloyd-Webber y Tim Rice, protagonizada por Camilo Sesto, Teddy Bautista y Ángela Carrasco. En la ocasión más memorable, se hicieron algunas canciones en vivo, con los buenos elementos de aquella época; en las demás, se hizo con fonomímica.

(Tema aparte es preguntarse si la gente habrá captado que esta obra es una dramatización libre y muy humana de los personajes de la historia sagrada, con especial énfasis en las motivaciones y cuestionamientos de Judas, herejías para los ortodoxos.)

Por mi parte, yo viví un periodo un tanto errático del grupo, entre 1982 y 1985, porque mientras unos íbamos motivados por la música y el coro a cuatro voces, otros iban por el lado de la entretención con dinámicas de grupo y aun había quienes se decantaban por algún tipo de formación espiritual, visitas a asilos y actividades afines. En esa época el cura a cargo era el padre Luis Mangana. Teatralmente, en ese periodo lo que se hacía eran parodias con fines de entretenimiento y recaudación de fondos para fines asistencialistas. Incluso tuvimos alguna fiesta de disfraces, amenizada por nosotros mismos.

Para mí, esa fue una etapa donde pude ejercitar los arreglos y dirección musical, socializar, aprender y corregir en algo mi muy mal carácter (¡sí, entonces era peor!), ocupar en actividades inocuas mis fines de semana y discutir por cosas que entonces me parecían importantes.

Desconozco cuándo y por qué dejó de existir “Juventud 75”, pero creo que no llegó a ver los noventas. Tengo la impresión de que los miembros que estuvieron en esa primera etapa (finales de los setentas) guardan los mejores recuerdos del grupo. En todo caso, lo importante es lo que fue y la nostalgia que en muchos aún despierta.

domingo, 28 de julio de 2013

El plan es hacernos sentir ínfimos

La mala atención que se recibe en los bancos del sistema financiero local es exasperante, especialmente en cuanto a los larguísimos tiempos de espera para hacer operaciones de una u otra índole. Esto ocurre no solamente en los que pudieran considerarse días pico, sino en prácticamente cualquier fecha, en buena parte porque apenas una parte de los puestos de atención al cliente y cajeros humanos están habilitados.

Poco a poco estoy llegando a la conclusión de que todo esto no es casual ni solamente por mezquinos motivos de avaricia (por ahorrarse unos pesos en puestos de trabajo); por el contrario, es parte de un plan siniestro para hacernos sentir a nosotros, usuarios forzosos del sistema, como seres desposeídos de todo poder, ínfimos, inermes, insignificantes e indefensos ante tales corporaciones financieras que tienen y manejan nuestro dinero.

lunes, 1 de julio de 2013

Loor al mal gusto

PRECAUCIÓN: los enlaces colocados en esta entrada conducen a sitios con fotografías que pueden resultar desagradables.

Nota al aviso anterior: tome lo anterior como una prevención, no como un aliciente para ir corriendo a verlas.

En tiempos en que todo (¡todo!) se publica bajo el argumento de combatir tabúes y luchar contra la mitificación, hemos visto fotografías de mujeres menstruando en actividades de la vida cotidiana (lo mismo que el sudor, pero con sangre) y también posando inmediatamente después del parto, con placenta, cordón umbilical y toda suerte de líquidos involucrados.

Si esto es reivindicación de la humanidad o exhibicionismo naturalista de mal gusto, ya verá cada quién. De momento, a quienes están por la labor de regodearse de nuestras excreciones sólidas, líquidas, gaseosas o gelatinosas con fines reivindicativos se me ocurre sugerirles retratos en alta resolución de estas otras cosas:

- Para desmitificar la imagen de la niñez como algo adorable, perfumado y risueño, háganse sesiones de fotos de niños/as pequeños en actividades naturales pero generalmente reprendidas, como comer mocos y untarse de heces en estado no muy sólido.

- Con el propósito de borrar la imagen juguetona pero atractiva de la adolescencia, programen una serie de gráficas macro de chicos y chicas reventándose las espinillas frente al lente.

- A fin de no reforzar la machista idea del Príncipe Azul, documentemos al detalle a un hombre adulto realizando faenas poco públicas, tales como dormir la resaca envuelto en vómito después de una ardua noche de copas o expulsando los restos mal procesados de una cena indigesta.

Ya con esto, pueden pensar en otras sugerencias de dicho calibre.

jueves, 13 de junio de 2013

De códigos intolerados

I. LO VISTO Y LEIDO

En su momento, vi la película “El Código Da Vinci” (2006) como un acto de curiosidad por el revuelo mundial que causó el libro de Dan Brown. Recuerdo que me pareció algo tediosa, a causa de su innecesaria extensión (más de dos horas y media, casi tres en la versión completa) y su carga de parlamentos.

Hace pocos días leí la novela, a sugerencia de quien iba a dar una charla sobre el Jesús histórico, no porque el propósito fuera rebatir punto por punto el best-seller mencionado, sino para familiarizar al público con los temas a tratar, desde una perspectiva creyente pero plural, no ortodoxa.

Si al principio la novela me causó interés por el manejo literario del suspenso, hacia el final me provocó una creciente desesperación por el exceso de claves y acertijos. Admito, no obstante, que la explicación de los planteamientos que sustentan la tesis central mantiene el interés e impide dejarla hasta completar su lectura.

El núcleo argumental es plantear una historia alternativa de Jesús, la cual habría sido ocultada y preservada por siglos por una orden secreta, el Priorato de Sión, y ante la inminencia de su revelación, el Opus Dei (como expresión ultraconservadora de la Iglesia Católica) monta un violento plan para evitarlo.

Esa otra historia, basada en los llamados “evangelios apócrifos” y otras investigaciones (reales o no, confiables o dudosos, según la perspectiva), afirma que Jesús se habría casado con María Magdalena y tenido descendencia, la cual se habría mantenido oculta y protegida por el Priorato de Sión para evitar su destrucción por parte de la Iglesia Católica, que vería amenazado su poder al quedar en evidencia sus conspiraciones históricas para deformar esa verdad y construir su poder.

II. ANTIHERETISMO Y OPORTUNIDAD PERDIDA

Finalizada la lectura, me parece exagerado y un tanto ridículo todo el escándalo que se montó alrededor de la novela y la película. En su momento, la jerarquía eclesiástica católica local llamó a sus prosélitos a no entrar en contacto con un producto así de herético, perdiendo en ello la oportunidad de explicar y aclarar a sus fieles cosas tan elementales como que los evangelios (“apócrifos” y canónicos) no fueron escritos por los apóstoles como lo hace un cronista o reportero, pluma y pergamino en mano, sino que son recopilaciones muy posteriores basadas en tradiciones orales que se basan en lo histórico, pero incorporan elementos imaginarios, metafóricos, teológicos y confesionales según el contexto y las necesidades de aquellas comunidades cristianas.

Otra cosa que bien pudieron explicar (porque es de desconocimiento generalizado, por insólito que parezca, gracias a la forma en que se enseñan estas cosas) es que sí, ciertamente la Iglesia Católica en un momento de la historia decidió cuáles textos iban a ser incorporados a la Biblia y cuáles no. Si esa elección respondió a conveniencias políticas o de torcida naturaleza (como plantea la novela) o fue el resultado de la iluminación del Espíritu Santo (como dice el dogma oficial), “cada quien que saque sus propias conclusiones”, como dice Don Macario.

Así, muchos temieron que la gente “perdiera su fe”, acudiendo al oscuro método de tapar ojos y oídos. Sin ánimo de ofender, creo que una fe así protegida es muy primitiva y, como se basa en la ignorancia, cualquiera que mencione esos temas, aún con débil fundamento, es capaz de provocar un terremoto espiritual, aunque lo propuesto sea tanto o más sinsentido que aquello que se critica (como sucedió con “Jesús verbo, no sustantivo”, de Arjona).

III. INTOLERANCIA LITERARIA

Por otra parte, es lamentable que en la percepción general no se entienda que “El Código Da Vinci” (libro y película) es una obra de ficción de buena factura comercial cuyo propósito es vender entretenimiento, utilizando los recursos y técnicas literarias que su autor considere apropiados para tal fin. Si bien es cierto se ocupa de un tema religioso, ¿quién dice que no se puede hacer ficción sobre esto? Por esa intolerancia es que se condenan a la hoguera otras obras muy serias e interesantísimas como “El evangelio según Jesucristo”, del Premio Nobel José Saramago; “La última tentación de Cristo”, del director Martin Scorsese sobre novela de Nikos Kazantzakis; o “Jesus Christ Superstar”, de Tim Rice y Andrew Lloyd Webber.

IV. PAN PARA MI MATATE

Finalmente, de entre toda la maraña de acertijos en clave, compendiosas explicaciones presuntamente históricas (pero no tan empalagosas como las de “El Péndulo de Foucault”, de Umberto Eco), códigos místicos, persecuciones espectaculares y diálogos estándar, subrayé un párrafo que me llamó la atención agradablemente, prueba de que hasta en un best-seller se pueden hallar cosas interesantes. Es cuando Langdon le dice a Sophie lo siguiente, en el capítulo 82:

Todas las religiones describen a Dios recurriendo a la metáfora, a la alegoría y a la exageración, tanto en el antiguo Egipto como en las clases de catequesis de las parroquias. Las metáforas ayudan a nuestra mente a procesar lo improcesable. El problema surge cuando empezamos a creer literalmente en las metáforas que nosotros mismos hemos creado.

Y entonces pensé en todos los sufrimientos que ese problema ha causado aquí y allá, antes y ahora.

sábado, 8 de junio de 2013

Tocar el bajo

El instrumento que toco en la foto es una guitarra bajo (nombre y adjetivo), más conocida como "el bajo".

De pequeño, fui el bajista del grupo musical en el que estaba, a mediados de los años setenta, porque a pesar de ser buen guitarrista no había quién ocupara esa otra plaza, pues quien la cubría pasó a ser baterista. Algo similar pasó con mi grupo "Sinapsis", de finales de los ochentas, ya en la universidad. Durante todo ese tiempo nunca desprecié el bajo, pero siempre quise tocar la guitarra, lo cual solo ocurrió durante un breve periodo en el Chaleco, entre 1982 y 1984.

Muchos años después, al ir armando Balada Poética, tomé la previsión para que las cosas no fueran a ir por los caminos ya andados en este aspecto y así pude convencer a talentosos guitarristas jóvenes para que fueran ellos y no yo quienes tocaran el bajo, realizando así una de mis pequeñas aspiraciones musicales.

Sin embargo, en la Peña Cultural que hicimos en la UCA el 6 de junio ocurrió una situación pocas veces vista: para la canción "Brillo de amor" yo podía permitirme dejar la guitarra, porque el puesto estaba bien cubierto y es de las que más seguras tenemos en todos los instrumentos, y tomar de nuevo el bajo, mi querido bajo. ¡Ah, cuánto gusto me dio y cómo disfruté ese toque!

martes, 4 de junio de 2013

Beatriz, 2013.

Este es un resumen esquemático del caso de Beatriz, nombre por el que se conoció a la joven madre salvadoreña que solicitó la interrupción de su embarazo a fin de salvar su vida.

Nota: después de dar el primer clic e iniciar, en la esquina inferior derecha se puede cambiar a presentación de pantalla completa.

viernes, 24 de mayo de 2013

Dudas de ley (y religión)

Dice el artículo 296 del Código Penal de la República de El Salvador:

El que de cualquier manera impidiere, interrumpiere o perturbare el libre ejercicio de una religión u ofendiere públicamente los sentimientos o creencias de la misma, escarneciendo de hecho alguno de los dogmas de cualquier religión que tenga prosélitos en la república, haciendo apología contraria a las tradiciones y costumbres religiosas, o que destruyere o causare daño en objetos destinados a un culto, será sancionado con prisión de seis meses a dos años.

Si lo anterior fuere realizado con publicidad, será sancionado con prisión de uno a tres años.

La reiteración de la conducta será sancionada con prisión de tres a cinco años.

La conducta realizada en forma reiterada y con publicidad, será sancionada con prisión de cuatro a ocho años.

Este artículo se incorporó a la ley como reacción a varios actos públicos de destrucción de biblias e imágenes católicas que hizo una secta cuyo líder decía ser la reencarnación de Cristo, acciones realizadas frente a parroquias católicas a principios del siglo XX.

Sin embargo, pese a la aparente justeza de esta ley, hubo recursos de inconstitucionalidad, por los alcances del artículo tal como está redactado.

El 24 de mayo de 2013, la Sala de lo Constitucional de la Corte Suprema de Justicia declaró que dicho artículo es constitucional, bajo el siguiente razonamiento (transcrito de su comunicado de prensa):

La Sala establece que, según la Constitución, El Salvador es un Estado laico o no confesional, y que los que optan por ejercer la libertad de manifestar o practicar su religión gozan de la protección constitucional, pero también asumen la posibilidad de ser criticados y rechazados, situación que se debe tolerar y aceptar en una sociedad democrática y pluralista, ya que constituye el ejercicio de la libertad de expresión.

No obstante, la Sala señala que cuando exista un ejercicio abusivo de la libertad de expresión contra la libertad religiosa, los autores de esta conducta responderán por el delito que cometan, ya que el objeto de la prohibición penal es la prevención de aquellas manifestaciones que buscan incitar ataques o realizar conductas ilícitas contra la libertad religiosa en el país.

Entiendo el espíritu de la ley y el razonamiento del fallo; sin embargo, conociendo lo que conocemos de la Guanaxia Irredenta, aún me inquietan dudas como estas:

· ¿Cómo se aplicará este artículo en un país lleno de inmadurez y fanatismo donde, con demasiada frecuencia, toda crítica se toma como insulto o “campaña de desprestigio y difamación”?

· ¿Qué pasará con el mundo virtual (redes sociales, blogs, etc.), donde efectivamente se encuentran insultos y ridiculizaciones contra iglesias, sectas, clérigos y pastores (p.ej. Toby y sus diezmos, el Arzobispo destruyendo el mural de Catedral, etc.?

· ¿Qué hay con la ficción literaria (novela, cuento, poesía, teatro, etc.) y sus "indirectas-directas"? ¿Y las caricaturas de crítica?

· ¿Podrá ser demandado el Ministerio de Salud y aprisionado su titular si hace campaña publicitaria a favor del uso de preservativos, puesto que hay quienes ven el látex profiláctico como una ofensa a sus creencias religiosas?

· ¿Se prohibirán libros como “Las historias prohibidas del Pulgarcito”, de Roque Dalton, bajo el argumento de que contienen fuertes ironías y sarcasmos anticlericales (p.ej. el capítulo titulado “Los ídolos, los próceres y sus blasfemos”?

Conste, "sólo pregunto".


Posdata: muy ilustrativa es la lectura de la sentencia completa de la Sala de lo Constitucional de la Corte Suprema de Justicia.