martes, 25 de mayo de 2010

De qué me perdí

Comencé a escuchar de "Lost" al darme cuenta de que cierta persona organizaba su rutina y hasta su vida sentimental con el fin de no perderse la emisión semanal de la teleserie. Le pregunté entonces el porqué de tanta alharaca y obtuve la única y sentenciosa respuesta de: "es que no la vas a entender, tendrías que haberla visto desde la primera temporada..." (o sea, cuatro años antes de aquel entonces). Así pues, para enterarme de la trama general tuve que recurrir a la miserable aunque útil mediación de Internet, con lo que logré unir los retazos de información obtenida de otros devotos.

Admito la débil base en que me fundamento, pues tengo nula experiencia en cuanto espectador: no he seguido las peripecias de ese grupo de sobrevivientes perdidos en una isla misteriosa, en la cual ocurren todo tipo de situaciones inexplicables o aparentemente absurdas, tanto así como para haber dado lugar a muchísimas "teorías" explicativas por parte de los seguidores de este culto mediático, en las cuales se incluyen conspiraciones, realidades virtuales, universos paralelos, experimentos secretos, extraterrestres, etc. Yo, realmente, lo único que he visto de la afamada producción es un total aproximado de quince minutos repartidos en dos episodios diferentes, capturados mientras efectuaba la ociosa y vacua labor de pasar uno tras otro los canales de cable.

Pese a todo lo anterior, al enterarme del revuelo armado en estos días en torno al esperado "capítulo final", tengo la sensación de que quizá me perdí de uno de las mayores estafas mediáticas a nivel de ficción, por cuanto los espectadores han estado obsesionados por años por "entender qué está pasando", cuando las sospechas más razonables de uno, a la distancia, apuntan al simple hecho de que ni los mismos guionistas lo saben, pues acabaron enredados en su propia telaraña de truculentos giros argumentales, urdida por la necesidad de mantener el suspense hasta donde ya no se pudiera más... con el solo y gravísimo error de haber reventado la pita antes de que se acabara el rollo.

sábado, 22 de mayo de 2010

Todo en su justo sitio

"Shutter island" (2010) es una pequeña obra maestra de la cinematografía de Martin Scorsese, un reto superado en eso de manejar el suspense conforme a las normas clásicas, especialmente en cuanto a su resolución imprevista pero coherente. Ciertamente, aunque desde el inicio hay pistas que permiten hipótesis no tan desvariadas por parte del espectador, no es sino hasta el final cuando se sacia la curiosidad generada por el juego mental establecido entre el objeto y el sujeto por el solo acto de sentarse a verla, pacto necesario e imprescindible en este tipo de películas. La gracia está en que todo tiene su justo sitio, su lugar exacto, su "paso a paso" en el desmontaje del misterio allí planteado. Eso sí, nunca está de más un sano consejo: ¡impida a toda costa que le cuenten el final antes de verla!

miércoles, 19 de mayo de 2010

Gotitas de corrupción institucionalizada

No es precisamente agradable la sensación emergente al enterarse de que uno tiene una multa de tránsito de $11.82 (más $0.46 de intereses por mora), aplicada por exceder el nivel del polarizado del vehículo (vidrios oscurecidos), especialmente si se tiene en cuenta:
  1. Que jamás policía de tránsito alguno me ha detenido para aplicarme una multa por cualesquiera motivos.
  2. Que, después de diez meses de impuesta la multa fantasma, no he recibido la notificación respectiva.
  3. Que los vidrios del dicho vehículo son tan claros como la vitrina del camarín de San Antonio, que tenía mi abuelita.
Pagarla a regañadientes fue la solución más barata, por cuanto para presentar un recurso de inconformidad tendría que remontarme al 14 de julio de 2009, fecha en que venció el plazo para tal trámite; pedir varios permisos laborales, con el consiguiente retraso en mis diarias actividades; no poder renovar la tarjeta del circulación y, en consecuencia, exponerme a una nueva multa (esta vez quizá real); y no sé cuántos etcéteras adicionales.

Al pensar en cuántos casos así habrá dentro del "sistema", yo no creo que se trate de un error involuntario: más me parece una política de corrupción institucional perfectamente calculada, pues de gotita en gotita... ¡bien se llenan algunos barriles!

viernes, 14 de mayo de 2010

Un artículo-reseña eclesiástico

En esta ocasión, comparto el artículo-reseña aparecido este día en LPG, sobre la visita del General de los Jesuitas, hace un par de semanas. Como es usual, un clic sobre la imagen basta para llegar al texto en cuestión.

miércoles, 12 de mayo de 2010

Del "memento mori" al "living funeral"

El recibo mensual del pago anticipado y a plazos de un funeral tiene la saludable función de recordarle a uno su condición fugaz, perecedera, efímera: es aquel esclavo que dicen que iba tras el general romano victorioso diciéndole el incómodo memento mori, "recuerda que eres mortal". Por contra, es intrínseca la desventaja de estar comprando algo que no será disfrutado (al menos conscientemente) por la persona que lo vaya a usar. No sé si para subsanar dicho problema es que ha surgido el moderno concepto del living funeral, ceremonia idéntica en todo a un funeral normal, excepto que el difunto aún no ha fallecido y los "dolientes" pueden patentizarle su aprecio a algo más que un cadáver. Yo, particularmente, me lo pensaría, toda vez que lograse solucionar las dos enormes objeciones que tengo para organizarme tal acto: la primera, que una vez terminada la ronda de saludos y afectos, uno puede sentirse tan deprimido como aquel niño de kinder a quien olvidaron llegar a recoger; y la segunda, que si uno no se muere en el transcurso de los tres o cuatro meses siguientes al tal "funeral en vida", la majada se va a considerar engañada... ¡y capaz que llegan a reclamar!

domingo, 9 de mayo de 2010

Se fue Don Paco

Hará cosa de 24 años que Don Paco Escobar tuvo el gesto generoso de animarme a escribir, merced a la coincidencia profesor-alumno en las aulas de la UCA. El término que utilizó para justificarse fue algo así como "la propensión filo-genética" y de allí el agradecimiento que le brindé años después, cuando ya decía yo que era escritor (oficio que hoy se puede poner en el DUI sin necesidad de presentar título).

Pocos años de coincidencias didácticas espacio-temporales y muchos años siendo referencia estética, autor de un magnífico guión didáctico ("De la sal y la rosa") que debería ser una película, más de una frase célebre sobre el trabajo y la condición de los y las artístas de por aquí (la anécdota de los cangrejos, sobre todo) y presunto protagonista de una célebre "zoca" (cuya ausente acepción de "acción de liarse a golpes" en el diccionario de la RAE prueba la inoperancia de la Academia Salvadoreña de la Lengua): tales son los buenos recuerdos de que doy fe y testimonio. En cuanto a las desaveniencias y críticas -que las hubo, y fuertes- sólo prueban que Don Paco, muy a su gusto, no fue de sustancia etérea, sino simplemente lo mejor que pudo en cuanto ser humano. Por eso, he aquí su epitafio, dicho y escrito por él mismo cuando recibió en 1995 el Premio Nacional de Cultura:

"Si en cuanto escribo y enseño existe algo de bueno, la obra es de Dios; yo acaso sólo soy... un esforzado instrumento."

sábado, 1 de mayo de 2010

Una ficción verosímil

Con la diferencia de contextos, ya tendríamos prejuicio suficiente: un motín carcelario que en España es una excepcional ficción dramática, aquí es una cotidiana realidad escalofriante; no obstante, "Celda 211" (2009) es una película que funciona por lo verosímil de la lógica interna, en ocasiones bastante lejos de las tan criticadas fórmulas hollywoodenses. Una virtud especial es que el suspenso creado desde el instante primero se mantiene constante y creciente, volviéndose incierta casi cualquier anticipación al desenlace, en medio de ese juego de lealtades y traiciones que constituye una revuelta como la allí planteada. Eso sí: que aun cuando la cantidad de sangre no es excesiva ni exagerada... ¡es bastante!

viernes, 30 de abril de 2010

Que la vida es larga

Aunque "El secreto de sus ojos" (2009) pueda analizarse a partir de la receta de un best-seller, por los elementos que contiene, no me parece justo reducir un comentario a una enumeración de temas, de la misma forma que una sinfonía clásica tampoco puede describirse en términos de la lista de sus notas y armonías, como si no hubiera ningún arte ni secreto en la hábil combinación de esos y otros elementos capaces de producir una impresión emotiva memorable. A partir de la pasión-obsesión como tema central -y, al mismo tiempo, eje de las sub-tramas detectivesta, amorosa y vengadora- este filme resulta propicio para las hipótesis del espectador dentro de lo más o menos previsible, resultando un equilibrio inestable pero sin llegar a la ruptura lógica con elementos sacados de la manga, permitiendo también cierta distancia intelectual y una paradójica frialdad, pese a la dimensión de los asuntos que allí se manejan. Habría una o dos frases para etiquetar, las que tienen que ver con elecciones y recuerdos, pero me quedo con la imagen final: ¡nunca vi una puerta cerrada que dejara tantas posibilidades abiertas!

miércoles, 21 de abril de 2010

El silbador siniestro

Un incidente sobredimensionado en un aula de 9º grado de 1981 me reveló tres cosas: la primera, la profunda inmadurez de varios personajes que nos educaban; la segunda, los valores reales del sistema educativo de aquella época, que me impulsaron a decir en público al menos una estupidez (porque “uno, de cipote, es tonto”, como decía el mero Aniceto); y la tercera, la valiente y efectiva sabiduría de Don Balta, nuestro profesor encargado.

En aquel tiempo, la secretaria oficial del colegio marista tecleño estaba de permiso por maternidad y para cubrir su plaza había llegado una moza de unos veintitantos años, que no era la gran belleza, pero como en colegios "sólo de varones" uno se hace más bruto de lo que debería en cuanto a hormonas e inteligencia emocional, había compañeros que le hacían algo de bulla. La dama en cuestión era, además, novia de Mazinger, sobrenombre con el que se conocía a un temido profesor de matemáticas que, por fortuna, nunca nos tuvo bajo su yugo.

Ocurrió que a media mañana, mientras estábamos en no sé qué clase y el profesor escribía en la pizarra, la mencionada chica pasó frente al aula y, desde el pleno, se escuchó un silbido de “♪ qué cuero ♫”. ¡Ah, para qué más! El maestro, indignado, se dio media vuelta y comenzó a preguntar cada vez más fuerte “¿quién fue, quién fue?”. Y así, durante toda aquella mañana desfilaron todos los profesores imaginados, desde el Hermano Director hasta el mero Mazinger y otros docentes que ni sabíamos que existían, queriendo cada uno averiguar con sus métodos y amenazas el origen de tan cruda ofensa, con recursos que iban desde citar al grado completo en la cancha de fútbol para dar vueltas y vueltas hasta la extenuación, hasta bajar puntos en cuanta materia fuese posible.

(Si a estas alturas el lector o lectora pasó por alto u olvidó el origen de la oleada represiva, se la recuerdo en este instante: un silbido de “♪ qué cuero ♫”, por demás inmerecido.)

El punto más álgido llegó ya casi en la última hora de la mañana, cuando el Hermano Director repartió papelitos en blanco para que cada uno de nosotros escribiera el nombre del criminal y así salvar al grado de la cadena de penas que nos esperaban. Tras el recuento de votos, el vencedor de tan repudiable elección fue un pobre compañero cuyo crimen era tener la cualidad de caerle mal a la majada; pero del verdadero culpable, “neles pasteles”.

Llegó entonces el momento de los discursos, y allí pequé. Mi intervención de adolescente sistémico giró en torno a exaltar el valor de la verdad, la honestidad y la formación educativa, llegando a decir cosas de este calibre: “si el que cometió la falta hoy no la confiesa, ¡quién sabe qué otras cosas será capaz de hacer en su vida!”. Para que nos entendamos: quien silba un “♪ qué cuero ♫” clandestino y no lo admite, se convertirá en un ser abyecto. Tan sorprendente como todo este alboroto es que en aquel momento no me hayan linchado a mí, quizá porque todos estábamos demasiado atemorizados pensando en nuestra propia salvación.

El final llegó cerca del mediodía, cuando Don Balta dijo tres cosas contundentes y acertadísimas: primero, que “se estaba haciendo un elefante de una hormiga” (su particular versión del dicho “ahogarse en un vaso de agua”, sin mencionar explícitamente las implicaciones de bayunquismo, ridiculez y exageración de sus colegas); segundo, que los ansiosos verdugos estaban sobrepasando su autoridad como profesor titular del aula y, en consecuencia, procedía a mandarlos al carajo (no lo dijo así, pero se entendió); tercero, que “el excremento, cuanto más se revuelve, peor hedor expele” (paráfrasis del dicho que ya sabemos), así que daba por terminados los interrogatorios y ya vería él la forma de resolver el problema.

No sé cómo lo hizo, pero Don Balta logró que el abominable silbador le revelara en secreto su identidad, tanta era la confianza que todos le teníamos. La sanción se limitó a un 3 en conducta.

Treinta años después, aún me pregunto si en aquel momento Don Balta supo cuánta estatura moral había adquirido ante nosotros.

sábado, 17 de abril de 2010

Culto a la amnesia ajedrecística

Hace varios meses comenté los envíos masivos e indiscriminados que hacen varios miembros del ajedrez nacional, con el título de “Correos repelentes”. Pues bien: han vuelto a la carga.
Padezco de nuevo la inundación de correos ajedrecísticos no solicitados. Las protestas públicas de esta vez son por la decisión tomada por la Junta Directiva de la Federación Salvadoreña de Ajedrez (FSA), en el sentido de que la mitad de los integrantes de las delegaciones nacionales para la Olimpiada 2010 y el Torneo Subzonal 2.3.3 sean jugadores no mayores de 20 años, de acuerdo al criterio general por ellos expresado, según el cual “por cada dólar que se invirtiera en un atleta mayor se invirtiera algo parecido a un dólar en los talentos juveniles” (comunicado de la FSA en su web). Hay otros temas menores en discusión, pero el núcleo del problema es ése.

En este nuevo lío hay varios ángulos, el primero de los cuales es de carácter estructural, lo que podría llamarse “la cultura del protestón”: como casi durante toda nuestra historia patria hemos estado reprimidos e inhibidos a decir en voz alta nuestros puntos de vista, pareciera que cuando finalmente ganamos el derecho a la libre expresión del pensamiento la oleada es tan grande que en ella cabe de todo, como una represa que se rompe y lleva una repunta donde van desde argumentos bien razonados hasta las opiniones sin fundamento y algunas francamente vergonzosas. El resultado es que aquí todo mundo protesta por todo, viendo únicamente sus intereses personales, sin considerar siquiera el porqué de tal o cual decisión ni el punto de vista contrario, olvidando el respeto a las instituciones, que no significa necesariamente sumisión incondicional. Así, el berrinche es la primera reacción y alrededor de él se busca el apoyo de interesados e incautos, como hacen los quemallantas y tirapiedras en otros ámbitos de la vida nacional. De esa actitud hay evidencia en los tales correos, cartas, vociferaciones y retiros escandalosos de los torneos de selección.

Yendo a los hechos, la Directiva de la FSA, elegida por amplia mayoría para un período de cuatro años, tiene plenas facultades para tomar una decisión como la anunciada. Otra cosa es que a algunos y algunas no les guste, por las razones que fueren, y expresen su desacuerdo. Pero no hay derecho a que los y las protestantes hagan una pataleta mediática y se carguen en ella la imagen del ajedrez ante los medios de difusión masiva, ante los posibles patrocinadores (tan frecuentemente invocados) y ante la gente interesada en acudir a la FSA a jugar un partido del deporte que tanto le gusta en un ambiente sano y tranquilo. A veces, alguien debería hacerle caso a lo que desde hace ratos viene diciendo al respecto el octocampeón nacional, MF Boris Pineda.

En cuanto a las intenciones e intereses, la comunidad ajedrecista debe saber y recordar que los promotores de esta acometida son jugadores y jugadoras que creen verse afectados en sus aspiraciones e incluso sus "derechos" a estar en la 38º Olimpiada FIDE en Rusia, lo cual sería válido... ¡si no fuera porque hoy atacan el mismo criterio que los benefició ayer!

Fuera de fantasías y más allá de bocones, los recursos financieros del ajedrez nacional no dependen de patrocinadores ni de mecenas, sino de los dineros del Estado. Creer ingenuamente que hay un puñado de empresarios privados interesados en invertir o aportar al ajedrez es desconocer el estado de la economía del país, la mentalidad de esa clase a la que la izquierda llama "la burguesía" y los años de gestiones infructuosas en este campo. Salvo secreto de sumario, los únicos casos conocidos de patrocinios para viajes han resultado de las gestiones personales de familiares de atletas, siempre juveniles, y el único señor de dinero que se metió a dar y dirigir al ajedrez, acabó decepcionado por los pleitos internos y por la falta de apoyo de otros donantes, por muy amigos suyos que fueran, y ahora no quiere saber nada del mundo de las piezas y los tableros.

En los años recientes, cuando el Estado daba un presupuesto grande para fogueos internacionales, quienes más se beneficiaron de él fueron precisamente los entonces ajedrecistas juveniles. En esa época, se podía ir a las Olimpiadas y Subzonales, a torneos panamericanos infanto-juveniles, a los juegos escolares de Cuba, a los continentales masculinos y femeninos, etc. Ahí nomás saquen la cuenta y verán cómo la balanza se inclina abrumadoramente hacia los y las ajedrecistas otrora menores de 20 años.

Ahora que parece ser la época de las vacas flacas y sólo hay dinero para dos o tres eventos, resulta que los niños y niñas de ayer ya crecieron y son jugadores de categoría absoluta, y son precisamente ellos quienes se oponen y zapatean de cólera porque la FSA quiere destinar la mitad de los fondos disponibles para los nuevos valores, porque las máximas representantes activas de la categoría femenina ahora ya no son dos sino tres, y porque algunos de los mejores jugadores que antes eran sub-20 ahora tienen que eliminarse entre ellos.

En las cartas de protesta enviadas a todas las instancias posibles e imposibles, aparecen varias firmas que llaman la atención. Las primeras son de las pioneras del ajedrez femenino de alto rendimiento, quienes desde hace años han recibido importantes recursos federativos en forma de becas y torneos en la mayoría de los continentes, porque entonces no había jugadoras de élite: eran aquellas cipotas las primeras y las únicas. Está claro que en muchísimos casos han retribuido los viajes y estímulos con medallas y orgullos, aunque también es cierto que en dos o tres ocasiones sólo se limitaron a “estar allí”, cosa que nadie les reclamó en atención a los importantes logros obtenidos en otras competiciones. Pero de lo que ninguna de ellas parece haber tomado nota es que ahora las chicas infanto-juveniles ya no son ellas, y por lo tanto, los recursos ya no son sólo para ellas.

Otros firmantes deberían recordar o informarse que en la 32ª Olimpiada de Ajedrez, realizada en Armenia en 1996, la representación nacional recayó en dos atletas mayores, Boris Pineda y Remberto Gutiérrez, y en dos juveniles, Marvin Guevara (hoy presidente de la FSA, que en aquel entonces tenía 16 años) y Héctor Chávez (16 años), que ya empezaban a despuntar como nueva generación. Pero más importante aún en lo que compete al tema aquí tratado es saber y no olvidarse de que para la 33º Olimpiada de Ajedrez, efectuada en Kalmykia en 1998, no sólo la selección femenina era juvenil (porque eran prácticamente las únicas), sino también toda la selección masculina estuvo formada por puros bichitos: Héctor Chávez (18 años), Ricardo Chávez (16 años), Salmir Acevedo (casi de la misma edad) y Carlos Burgos (19 años), quienes ya eran muy buenos, pero todavía no eran la élite del ajedrez nacional ni el 1-2-3-4.

Lo curioso es que uno de los remitentes de los mencionados correos masivos se desgañita criticando a la actual Directiva y recuerda nostálgicamente los tiempos del finado Dr. Pedro Barrera, ex presidente de la FSA, de la Zona 2.3 y ex vicepresidente de la FIDE... ¡cuando fue precisamente el “Doc” el primero en tomar aquellas osadas decisiones a favor de los juveniles! Otro detalle menos gracioso es que por lo menos uno de los miembros de la delegación olímpica del 98, entonces juvenil, aparece hoy - ya de mayor- firmando la protesta en cuestión.

Quien conoce nombres y trayectorias, sabe perfectamente del antagonismo profeso del más reciente ex presidente de la FSA para con la actual gestión. En su bando también hay un joven estudiante y excelente ajedrecista que pareciera guiarse por la norma estándar de llevar la contraria. Esto no descalifica per se sus argumentos, pero al menos debería hacer pensar con mayor cuidado en las intenciones subyacentes, especialmente a quienes, convencidos por ellos, estampan sus firmas en documentos que a veces ni siquiera han leído por completo o no han calculado sus variantes, como el tablero debería haberles enseñado.

Ojalá y lo dicho en los párrafos anteriores sirva para que los actores y actrices de este malo y exasperante drama vaya encontrando un final si no feliz, por lo menos acorde con la madurez que cabría esperar de sus protagonistas.