sábado, 3 de noviembre de 2012

In memóriam

Gloria Marina Fernández

(1937 - 2012)

Amigos y amigas:

Así como nos alegramos ante un nacimiento, es normal sentir tristeza ante la muerte de un ser querido.

Como seres humanos, estamos hechos de razón y de emoción. Por un lado, de nuestros impulsos básicos viene el deseo de prolongar nuestra existencia día a día y así creemos que siempre contemplaremos un amanecer nuevo; sin embargo, por otra parte, nuestro pensamiento racional nos hace saber que no somos inmortales, que nuestra estancia en este mundo es limitada y aún más: que es preferible que así sea, pues si no tuviéramos límite en nuestros días, tampoco tendrían razón de ser nuestros proyectos, trabajos y anhelos más queridos.

Nacer y morir son parte de los hechos de la vida y así hay que aceptarlo. Nos movemos y oscilamos entre nuestro deseo perenne de permanencia y la conciencia de nuestra condición efímera, pasajera. Siendo que ambos impulsos son nuestros, intrínsecamente humanos, ambas fuerzas deberían estar en cierto equilibrio, pero culturalmente no se nos educa de manera balanceada. En efecto: no se nos educa para comprender y aceptar el fin de nuestros días.

En momentos como un funeral, aun con el dolor por la pérdida de alguien con quien compartimos años y experiencias vitales, nos falta resignación, resignación humana. Cuando una muerte llega de manera trágica e imprevista, el impacto emocional es tan fuerte que puede desbalancearnos, golpearnos de tal modo que nos cueste superar el hecho y seguir adelante. Pero cuando la muerte llega como fin natural de la existencia humana, deberíamos ser más ecuánimes.

En ese momento de despedida, ¿por qué no recordar los momentos felices, las buenas experiencias vividas y tantas cosas favorables que nos unieron con la persona difunta? Si nuestra vida junto a ella tuvo algún sentido, seguramente no nos faltarán anécdotas bonitas a las cuales referirnos. Si hay o no hay algo después de este paso, ese supuesto más allá ya será otra historia. Por mí, lo vivido es lo real y eso es suficiente para decir aquí un adiós pleno de satisfacción por toda esa vida que estuvo a nuestro lado.

viernes, 26 de octubre de 2012

¡Ah, el contexto!

En un examen de figuras literarias, pongo la estrofa del Himno Nacional para que identifiquen cuál es la que se está empleando allí:

De la paz en la dicha suprema
siempre noble soñó El Salvador.
Fue obtenerla su eterno problema,
conservarla es su gloria mayor.

La respuesta esperada es "hipérbaton"; sin embargo, un estudiante respondió que allí hay "ironía-sarcasmo". Luego del respectivo "¡plop!", se lo tuve que calificar como correcto.

sábado, 13 de octubre de 2012

La situación en la que estamos

He concluido la lectura de las 406 páginas del volumen “Análisis de situación de la expresión artística en El Salvador”, capítulo de Literatura, elaborado por Tania Pleitez Vela con los auspicios de la Fundación Accesarte. Es este el primero de siete estudios y fue publicado digitalmente. Se espera que en el futuro próximo se distribuyan los correspondientes a música, cinematografía y televisión, arquitectura, teatro, artes visuales y danza.

Tal como se lo manifesté a la autora cuando nos entrevistamos, lo reitero aquí: me parece un trabajo serio en donde realmente se ha investigado en el terreno, yendo a catálogos, fuentes documentales, instituciones y autores/as; a diferencia de otros que son demasiado parciales e incompletos, muchas veces vistos únicamente a través de la óptica de uno o dos académicos/as de escritorio.

Dos son las sensaciones generales más fuertes que me quedan luego de la variedad de voces y argumentos allí plasmados. La primera es el agrado de conocer la gran cantidad de esfuerzos e iniciativas individuales -aunque dispersas, efímeras o aisladas- que se hacen para promover la creación literaria y su divulgación. La segunda es la confirmación de una certeza tenida desde tiempos inmemoriales: que la construcción y supervivencia de la cultura artística en nuestro país depende de la voluntad quijotesca de los propios creadores/as, pues generalmente no cuenta con el apoyo sostenido de las instituciones públicas y privadas ni tampoco de los medios de comunicación de masas, que se justifican en la falta de interés del gran público, reforzando un círculo vicioso (¿quién se va a interesar en temas que no se publican?).

Así pues, como suele decirse, “esto es lo que hay” y “así toca”, aunque no por ello renunciamos a mejores horizontes.

martes, 9 de octubre de 2012

Los "modernos" fundamentos de la Patria

Husmeando por la sección de Colecciones Especiales de la UCA, por casualidad cayó en mis manos una recopilación de periódicos de la Guanaxia Irredenta de mediados del siglo XIX. Allí me enteré de que el artículo 307 del Código Penal de 1846 decía lo siguiente:

Si un eclesiástico secular o regular, abusando de su ministerio en sermón o discurso al pueblo, o edicto, carta pastoral u otro escrito oficial, censurase o calificare como contrarios a la religión o a los principios de moral evangélica las operaciones o providencias de cualquiera autoridad pública, sufrirá una reclusión de dos a seis años, y se le ocuparán sus temporalidades.

Si denigrare con alguna de estas calificaciones al Cuerpo Legislativo o al Presidente de la República o Jefe Supremo del Estado, será extrañado de él para siempre, y se le ocuparán también sus temporalidades.

Este y otros artículos del mismo tono estaban dirigidos a un clero que, al parecer, se metía bastante en política, para bien y para mal. Como el principio de separación entre Iglesia y Estado se clama o se soslaya según convenga a unos u otros intereses, habría que ver cuál era el pleito coyuntural del momento. Sin embargo, llama la atención que, por decreto, aquel incipiente y caótico Estado se invistiese a sí mismo de moralidad absoluta y, además, extendiera su escudo a sus inmaculados funcionarios.

¡Chulada de leyes las que teníamos en aquella época!

Lo bueno es que ya no están vigentes; lo malo es que, por lo visto, hay quienes aún hoy las añoran.

Una décima futbolera

El Salvador - Costa Rica
es juego de muerte o vida
en octubre, el viernes doce.

Solamente la victoria
mantiene el sueño de gloria
por Brasil dos mil catorce.

Los muchachos han jurado
ponerlo todo en la cancha.
Si salen bien las jugadas...
¡a la hexagonal pasamos!

domingo, 7 de octubre de 2012

Cinco mil vergonzosos dólares

Según leo en el periódico, el pintor Carlos Cañas -galardonado con el Premio Nacional de Cultura- dijo en un conversatorio: "la cantidad de dinero que se entrega es verdaderamente vergonzante. Y es mucho más vergonzante que te cobren impuestos y te rebajen ese valor y no puedas hacer nada". Y su colega Armando Solís secundó: "Los cinco mil dólares que vienen como estímulo en el premio es algo ridículo. Con la venta de un cuadro que haga obtengo esa cantidad".

¡Ve qué par!

En el trasfondo se detecta -no sin mucha dificultad- esa visión enfermiza del artista como "pequeño dios", en palabras del chileno Vicente Huidobro, creencia de antiquísimas raíces que halló en el Romanticismo su máximo florecimiento consciente.

Ahora bien: una cosa es reconocer las habilidades y talentos artísticos, tan respetables como otras capacidades del ser humano; otra, en cambio, es volver la mirada nostálgica a un pasado lejano de mecenas y torres de marfil, considerando ese el lugar ideal del artista y, cuando no es así, vivir en queja permanente por la incomprensión de "el medio" y la falta de apoyo de quienes se cree tienen los recursos para subsidiar.

Si a lo anterior añadimos el contexto sociocultural en el que se da la queja, entonces lo indignante no es el regalo de cinco mil dólares, sino el hecho de calificarlo en los términos que estos artistas plásticos lo han hecho.

Cinco mil dólares son más de veinte salarios mínimos y mucha gente podría discutir incluso si este premio está del todo justificado. La pintura es la única de las bellas artes que ha sido rentable en El Salvador y, francamente, no le reporta otro beneficio material al país como no sean los impuestos fiscales por la comercialización de sus obras. Por otra parte, si consideramos los beneficios inmateriales o intangibles (sea en términos de "prestigio", "identidad nacional", "orgullo patrio" o como quieran llamarlo) la valoración es todavía más volátil y subjetiva, a menos que le hagamos caso a las grandiosas opiniones del mismo círculo de iniciados.

En su discurso de aceptación del Premio Nobel de Literatura en 1971, Neruda dijo lo siguiente (hablando del poeta pero válido para el artista en general):

El poeta no es un "pequeño Dios". El mejor poeta es el hombre que nos entrega el pan de cada día: el panadero más próximo, que no se cree Dios. Él cumple su majestuosa y humilde faena de amasar, llevar al horno, dorar y entregar el pan de cada día, con una obligación comunitaria. Y si el poeta llega a alcanzar esa sencilla conciencia, ésta podrá convertirse en parte de una colosal artesanía, de una construcción simple o complicada, que es la construcción de la sociedad, la transformación de las condiciones que rodean al hombre, la entrega de la mercadería: pan, verdad, vino, sueños.

Al final, uno se pregunta de a cómo sería un premio que las vacas sagradas de la pintura nacional no considerasen vergonzoso. ¿Cincuenta mil dólares, acaso? Vaya, pero entonces un monto así realmente sería un insulto... ¡para el resto del pueblo salvadoreño!

jueves, 27 de septiembre de 2012

A otro perro con ese hueso

A diferencia de lo acostumbrado, este es un comentario de un libro que no he leído ni pienso leer.

En efecto, he evitado conscientemente el disgusto de leer “El asco” (1997), de Horacio Castellanos Moya, debido a las expectativas, reseñas, comentarios y algunas citas textuales que, en su conjunto, son “los conocimientos previos”, los cuales condicionan y fundamentan la decisión de abordar o rehusar determinado discurso.

Según tengo entendido, la esencia del libro es una catarsis o desahogo a partir de la frustración, el desencanto y -como el título mismo lo indica- el asco ante la realidad salvadoreña de la posguerra.

Narrado explícitamente con el estilo del escritor austríaco Thomas Bernhard, aparentemente esta obra hace un minucioso recuento de los aspectos más decepcionantes del país, al que no se le concede ninguna posibilidad de redención.

Hace más de medio siglo, en su “Patria exacta” (que no lo es tanto) el poeta Oswaldo Escobar Velado dio un retrato amargo que zarcea entre ciertas realidades objetivas y otras visiones más o menos subjetivas. En los años setenta, en el collage “Las historias prohibidas del Pulgarcito”, Roque Dalton dio una visión tragicómica y grotesca de la historia nacional, en su afán de desmitificar la historia "oficial". Pero aquí, Castellanos Moya fue un paso más allá, percibiendo y expresando al país como un conjunto flotante de heces fecales, del cual huye asqueado.

Ahora bien: como de actitudes subjetivas se trata, creo que el estado de ánimo de un adicto maníaco-depresivo no se puede considerar un retrato equilibrado. Uno puede estar consciente de la realidad (con todo y lo dificultoso que es conocer la verdad "objetiva") y saber que ésta no es exactamente como dice la “Oración a la bandera”, de David J. Guzmán; otra cosa, en cambio, es ponerse a vomitar purulencias en el papel con el cuento de que "esta es mi patria..." y que, además, haya quienes digan “¡hey, qué tipo tan cachimbón, cómo es de sincero!”

De cara a las diarias labores de supervivencia, no creo que el buen ánimo se construya metiendo la nariz en una sentina, como enfermizo ritual cotidiano. En cualquier caso, mejor buscarse una buena mascarilla y, cloro y manguera en mano, ver qué se hace para sanearla.

sábado, 22 de septiembre de 2012

Probando programas

Cuando uno ve un programa informático bonito, ya quiere meterle mano. El Prezi permite mucha más organización espacial que el PowerPoint y, además, es gratis. Naturalmente, para probarlo hice una presentación de Balada Poética, ¿qué otra cosa podía hacer?

Posdata: la clave está en darle clic al botón "play" [►] y luego continuar con la barra espaciadora.

domingo, 16 de septiembre de 2012

Cuando el análisis mata al folclore

Al escuchar "Las cortadoras", de Pancho Lara, con sus trajes típicos de bailarines/as en manta limpia, entre graciosas mujeres ataviadas con fuertes y vivos colores que prodigan sonrisas por doquier, uno se siente partícipe de tal optimismo agrícola.

¡Ya coloradeó, ya se maduró todo el cafetal!
Y las cortadoras vienen muy alegres
con sus canastitos a cortar café.
¡Miren qué riqueza, miren qué hermosura, miren qué belleza!
¡Cuanta algarabía! ¡Jesús, qué alegría en el cafetal!

Es una pena que al hacer un somero análisis histórico se nos caigan hechos añicos los símbolos patrios. Esto se lo debemos en buena parte a Roque Dalton y sus "historias prohibidas", aunque ya antes el poeta Escobar Velado había sacado los trapos sucios al sol con su "Patria exacta" (que tampoco es tan exacta, pero al público le encanta recitada casi a gritos). Así, entre uno y otro tenemos para elegir el propio apelativo: para quien gusta de lo "claro y pelado" al estilo popular, tome el de "los guanacos hijos de puta", que en su plano real es ese inmenso "panal de hombres que no saben siquiera de dónde viene el semen de sus vidas inmensamente amargas", aunque no es lo mismo ni es igual decirlo de un modo que de otro. Decida el lector cuál es el que más duele y volvamos al tema.

Repletos los delantales, las cortadoras van caminando
desprendiendo de las ramas lindos rubíes de ricas mieles.

A don Pancho Lara -también autor de "El Carbonero"- no se le puede criticar sin exponerse a recibir vilipendios por respuesta, acusaciones de ser comunista incluidas. Sin embargo, siendo como dicen que fue la realidad en las fincas de café, no lucen muy objetivas las escenas descritas en la canción de marimba. O, en todo caso, se debería reconocer cuál es el punto de vista desde donde fueron hechas: la pura ideología, que no es otro sino la del terrateniente.

Para el dueño del cafetal, los granos de café sí podían llamarse metafóricamente "lindos rubíes de ricas mieles"; pero un campesino, hombre o mujer, ¿cree usted que los vería de esa forma?

Finalmente, venga una loa y exhortación a la responsabilidad laboral:

¡Apresurémonos, llevemos ya todos los sacos de café,
que se hace tarde y hay que terminar, la tarea al atardecer!

Es que así con musiquita, hasta ganas dan de ir a cortar para hacerse de "sus centavitos". Valga que don Pancho no quiso hacer música de protesta (cosa no del todo reprochable en la época del martinato y sus derivados); si no, habría tenido que mencionar los bajísimos salarios que se pagaban en fichas válidas únicamente en la tienda de la propia finca, el tradicional maltrato y acoso de los caporales y mandadores, las inexistentes prestaciones laborales en el tema de salud, el trabajo infantil propiciado hasta por el calendario escolar de la Guanaxia Irredenta (donde las vacaciones son en los meses de corta) y otras situaciones poco dignas de orgullo patrio, por decir lo menos.

¡Qué cólera que el análisis textual destruya nuestros más queridos símbolos patrios! A estas alturas del partido, fuera de pajas, me habría gustado más ver a la majada presentando un baile de "El atol de elote" en los actos cívicos.

jueves, 16 de agosto de 2012

Novelas impacientes

Las novelas de Agatha Christie siempre me resultaron de impaciente lectura y, en cierto sentido, adictivas. Únicamente por leer alguna de ellas pasé alguna noche en desvelo en tiempos de juventud, incapacitado para soltar el libro hasta conocer la resolución del misterio. Casi un par de décadas después, el fenómeno no llega a tanto pero sí se mantiene el espíritu de leerlas lo más pronto posible, sin dejar de hacer hipótesis sobre la estelar pregunta: "¿quién es el asesino?" y sorprenderse con el cuidadoso entramado urdido por la autora, quien a pesar de utilizar una estructura similar en sus decenas de obras... ¡siempre acaba subyugándonos!