jueves, 14 de diciembre de 2006

Memoria de Toño

Creo que las amistades son circunstanciales y no imperecederas, a diferencia de como suele prometerse recíprocamente en las despedidas. Sin embargo, lo valioso es que aquella compañía se sienta verdadera en el momento en que ocurre: tal fue el caso de mi amigo y compañero de estudios universitarios, Toño Dimas, el personaje de esta fotografía digna de un cartel de “más buscado”, quien decidió marcharse de estos contornos por su propia voluntad, una tarde-noche sabatina de Junio de 1990.

Fueron casi dos años de aquel nexo, tan auténtico como para confiar mis primeros experimentos literarios a su crítica implacable; pasar buena parte de la tarde en el cubículo de instructores de la UCA, hablando de temas triviales e intelectuales (que acaso fueran lo mismo), frente a una pétrea pared gris que le inducía a una depresión magníficamente ocultada; compartir planes y proyectos (grupo de rock, furtiva visita relámpago, obra de teatro, maestría después de la licenciatura); o fundar el “comité pro-rescate” de un su amor imposible, destinataria de poemas enfermizos y presa de un radicalismo que, al menos de nombre, aún ostenta (y gracias a cuya imprudente agenda personal la contrainsurgencia estatal nos cateó amablemente las casas).

La saturación de trabajo que tuve yo en aquel año me hizo verlo cada vez menos en sus últimas semanas, tanto que apenas encontrábamos espacio para un intercambio rápido de comentarios en los pasillos de la UCA. No imaginaba cuánto había profundizado él en su amalgama de ideas existencialistas, románticas y nihilistas (todas a la vez), hasta que conocí la brutal noticia de su suicidio.

En su momento, escribí párrafos catárticos, las “cartas a posteriori" de mi primer libro, dedicado a su memoria. Pero desde entonces, de cuando en vez, reaparecen las mismas preguntas:

¿Habría yo explorado tales sombríos caminos, de no haberme su muerte así sacudido?

¿Habríamos podido modificar su decisión, si quienes lo conocíamos la hubiéramos sospechado con tal gravedad?

¿Realmente lo conocimos?