miércoles, 7 de junio de 2017

Una estafa literaria

Roberto d’Aubuisson, la más polémica biografía, libro escrito por Geovani Galeas y publicado por Editorial Cinco en 2017, es una estafa literaria.

Admito y confieso que caí en ella con bastante ingenuidad, pues me creí las etiquetas publicitarias que me vendieron el libro como “la inquietante y a la vez fascinante historia de su vida” y “la descripción del hombre más allá del mito”.

Luego de concluir tortuosamente la lectura de sus 374 páginas, tengo ánimos de pedir la devolución de mi dinero, pues el producto no cumple con lo ofrecido. En cuanto al tiempo allí dejado, no hay modo de recuperarlo. Escribir una crítica es, si acaso, una manera de que esa pérdida contribuya en algo a prevenir incautos/as.

Pero vamos por partes.

En cuanto al formato, observo que la diagramación del volumen es bastante tosca, con fotografías insertadas sin ton ni son y, además, varios textos “de contexto” en recuadros grises de casi el 50 % de opacidad, que abarcan varias páginas. Esto dificulta su lectura e interrumpe el hilo conductor de cada capítulo; pero aún así, se lee.

Y en cuanto a la sustancia, pues…

El libro no es tanto la historia de la vida del extinto Mayor, como la historia de la génesis y evolución del partido Alianza Republicana Nacionalista (Arena), que surgió como reacción de la derecha política al golpe de estado del 15 de octubre de 1979. Claro está: no tiene sentido una cosa sin la otra, pero fuera de ese tema y en términos estrictamente biográficos hay apenas un par de episodios y escenas de la infancia y juventud de d’Abuisson, contados por familiares y amigos en tono risueño y benevolente.

El grueso del texto se centra, pues, en el periodo político comprendido entre los años 1979 a 1985: desde que el venerado Mayor concibió su proyecto, hasta que estuvo cerca de ganar la presidencia de la república, cediendo luego cierta cuota de protagonismo a personajes más moderados y potables, tanto nacional como internacionalmente.

Todo lo anterior es relatado por varios personajes ligados estrechamente a d’Aubuisson y al partido Arena, de cuyo sonsonete anticomunista y de salvación nacional ya conocemos (y hemos tenido) bastante.

¿Cuál es, entonces, la estafa?

Es que si a mí, como lector interesado en la historia salvadoreña, me hubieran venido a ofrecer este mismo libro, pero titulado correctamente (por ejemplo: Génesis y esplendor del glorioso partido Arena), seguramente no lo habría adquirido, porque he leído y escuchado ya suficiente sobre el tema y, francamente, me harta ese discurso que oscila entre la fantasiosa autoalabanza y la grave distorsión de la historia que desembocó en la guerra civil de los ochentas.

Pero dijeron que era algo distinto, y eso es publicidad engañosa.

Imaginemos una biografía seria y algo más completa del mayor Roberto d’Aubuisson. Allí, uno esperaría encontrar detalles sobre su labor en la Agencia Nacional de Seguridad Salvadoreña (Ansesal), responsable de graves violaciones a los Derechos Humanos durante el gobierno del general Carlos Humberto Romero. El trabajo que realizó en esa dependencia bastaría para haberlo condenado en un juicio por crímenes de guerra (porque, recuerden, la tortura es uno de ellos).

En lugar de eso Geovani Galeas, redactor del mamotreto, se esmera por exculpar a d’Aubuisson, validando testimonios interesados o estratégicamente seleccionados.

En este afán, una de las partes más chocantes sobre el Mayor y Ansesal es lo que cuenta sobre él la excomandante guerrillera Ana Guadalupe Martínez, quien prácticamente lo describe como un secuestrador amable, desde esa visión psicológicamente enfermiza que es el Síndrome de Estocolmo.

Ahora bien, en cuanto al anunciado propósito de presentar al “hombre más allá del mito”, no hay nada de eso; por el contrario, página tras página se va reforzando la idea que d’Aubuisson fue prácticamente un prócer, al transcribir -con esmerado cuido de estilo y sin mayor cuestionamiento- las palabras de quienes así lo sienten. “Poca gente he conocido yo con tanta, nobleza y generosidad de espíritu”, dice el coronel Ochoa Pérez, uno de sus ilustres amigos (como otros del calibre de Domingo Monterrosa y compañía).

En una biografía mínimamente razonable de un ser humano, en quien se suponen virtudes y defectos, habría habido espacio para algunas zonas oscuras; pero en este caso el afán adulatorio es tan burdo que, por no menoscabar su imagen inmaculada, ni el redactor Galeas ni sus patrocinadores se atrevieron siquiera a contar una razón específica del divorcio del Mayor a mediados de los ochentas, pese a que -muy entre líneas- se puede deducir que no fue por ser aquel hombre ejemplar que nos quieren pintar.

Tales son los aspectos más notorios del contenido, en cuanto a la figura de d’Aubuisson se refiere: nada distinto de lo que sus adeptos han venido repitiendo por décadas, si acaso con algunas anécdotas poco conocidas y otras con marcada sensiblería, pero encaminadas al mismo propósito.

Sin embargo, hay un aspecto intelectualmente repulsivo que nos ofrece el libro en cuestión, y tiene que ver con el escribiente, quien se puso como personaje de su propio libro.

En varios pasajes y de manera muy reiterada, Geovani Galeas insiste en dos temas, prácticamente a nivel de suplicatorio ante el público: primero, su objetividad y profesionalismo como investigador histórico; y segundo, que él es un hombre de izquierda.

En cuanto a lo primero, es muy difícil aceptar la pretendida objetividad de alguien que valida y transcribe todas las adulaciones (o incluso las dice como afirmaciones propias que denotan fascinación), pero al mismo tiempo muestra severas reservas frente a las acusaciones contra su biografiado, hasta el punto de desacreditar el informe de la Comisión de la Verdad y los elementos de juicio que le entregó el Idhuca.

¿Una muestra? En la última parte del libro, Galeas refiere que Marisa d’Aubuisson (hermana del finado Mayor e ideológicamente antagónica), le negó una entrevista, de lo cual se lamenta en estos términos: “Lástima, porque algunas cosas que tenía que preguntarle son muy graves”. Y algunas páginas después, revela cuáles eran esas preguntas: ¡puros ataques y cuestionamientos personales contra doña Marisa!

Otra más: es curioso que no haya en todo este libro “objetivo e imparcial” siquiera un mínimo análisis de los programas televisivos en donde el mayor d’Aubuisson arremetía contra sus enemigos, acusando con nombre y apellido a personas que, días después, eran asesinados por los temidos Escuadrones de la Muerte, como fue el caso de Mario Zamora Rivas y tantos otros.

Otra joya de razonamiento “objetivo” es esta: pese a saber del trabajo del Mayor en Ansesal, y que éste robó los archivos de dicha organización inmediatamente después del golpe del ’79 (entiéndase, listas negras de opositores reales o supuestos), el buen Geovani no ve en esto una vinculación con los escuadrones paramilitares.

Y así por el estilo.

En cuanto a la otra insistencia de Galeas, es cuando menos paradójico que un tipo que se denomina “de izquierda” (casi como para validarse éticamente) acepte y les dé sustento textual a las tesis políticas de la derecha más recalcitrante.

En esa línea, la conclusión general a la que llega es particularmente llamativa. Formulada en parte con sutileza y en parte con intencionada ambigüedad, Galeas viene a decir de d’Aubuisson lo siguiente:

Que, como el Mayor fue formado en una sociedad y en una institución autoritaria, en labores de inteligencia militar y una época de guerra, él “actuó en consecuencia”.

Esta perversa idea es prácticamente la que todo este tiempo han esgrimido como defensa los militares acusados de crímenes de guerra y de lesa humanidad, desde las masacres de finales de los setentas, pasando por el genocidio de El Mozote hasta el asesinato de los jesuitas de la UCA en los ochentas. Invariablemente, repiten este estribillo: “las acusaciones son falsas, pero lo hicimos en defensa de la Patria”. Esto es, sin más, una justificación del terrorismo de Estado.

Personalmente, me resulta curioso y difícil de entender ese afán de Geovani Galeas por presentarse a sí mismo como investigador serio y, además, dentro del espectro ideológico de la izquierda. Alguien me sugirió que podría ser debido a un fuerte complejo de culpa y la hipótesis no es descabellada.

A mi modo de ver, este Galeas podría resolver su dilema con bastante sencillez: ya que él domina más o menos las artes de la escritura y necesita de ingresos, está en todo su derecho de vender sus servicios profesionales a quien mejor le parezca, sea Arena, GANA o el team Nayib (como ahora). Eso es legítimo, no es ilegal y nadie tendría que reprochárselo, mucho menos en términos verbalmente violentos. Le quedaría mejor admitir su trabajo en el marco de la oferta y la demanda, así como la libre contratación, sin intentar convencernos de que lo hace desde el fondo de una conciencia ética y política coherente. Así, de paso, no habría producido esta estafa literaria, porque desde un principio habríamos sabido a qué atenernos.


Lecturas relacionadas:

· Un autorretrato oligárquico.
Reseña del libro El oligarca rebelde, de Marvin Galeas.

· Distorsión ideológica en alta definición.
Crítica al documental Los archivos perdidos del conflicto, de Gerardo Muyshondt.

· Veinte años de odio… y contando.
Reseña del libro La infiltración marxista en la Iglesia, firmado con el nombre de Álvaro Antonio Jerez Magaña.

· ¡Ya me imagino!
Reseña del libro El general Martínez, un patriarcal presidente dictador, de Alberto Peña Kampy.

lunes, 5 de junio de 2017

Max Mojica se disculpa... con peros.

Fragmento de la entrevista del programa "Hablemos claro", transmitido por TVO el 5 de junio de 2017, donde Max Mojica se disculpa (con un par de peros) por el tuit antiexternadista y antijesuita de la semana pasada



INICIO DE LA TRANSCRIPCIÓN

Yo quiero decir públicamente que fue un tuit desafortunado, creo que herí muchas sensibilidades.

No estoy atacando al colegio, reconozco que tanto el Externado como la UCA son planteles de primer nivel, han generado y generan actualmente muy buenos profesionales… pero no es mi costumbre desdecirme de lo que yo digo o lo que yo hago.

Definitivamente, creo que puse un tuit que lesionó sensibilidades, pero que yo creo que se tiene que visualizar dentro del contexto histórico del Colegio Externado de San José en la época del conflicto.

Entonces, desde esa perspectiva considero que es prudente de mi parte pedir disculpas públicas a la comunidad externadense, y también por derivación a la comunidad de la UCA, en ese sentido: que no estoy expresando ni condenando algo en contra del plantel, los planteles educativos (tanto del Externado como de la UCA) que sí, se han distinguido por una excelente educación… pero lo que se dijo fue dentro del contexto de lo que vivimos en los setentas y ochentas y que la misma historia lo confirma.

FIN DE LA TRANSCRIPCIÓN


Por contraste, relación, referencia y contexto, dejo aquí este otro tuit del mencionado personaje, sin más comentarios. (RFG)

domingo, 28 de mayo de 2017

¡Don Max, don Max, 'tese sosiego!

El buen abogado y máster en leyes, don Max Mojica, publicó hoy este tuit:

Ya en enero de este año se había despachado un artículo difamatorio en El Diario de Hoy, al cual respondí apropiadamente.

No contento con aquel incidente, hoy volvió a la carga y ya ven…

A poco más de 5 horas, la ola de repudio en su contra ha crecido lo suficiente como para que él mismo se retractara, si fuera persona medianamente sensata y no pusiera en entredicho cierto tipo de inteligencia que hacen suponer sus títulos académicos.

Pero, por el tono de sus escritos y por lo que dicen de él quienes lo conocen, creo que persistirá en su necedad y nada podemos hacer para evitar que siga hundiéndose, allá él.

Sin embargo, nunca está de más poner en evidencia a la estupidez, lo cual es de alguna manera profiláctico.

Así pues, pasemos al análisis del mencionado despropósito.

Primero, el tuit pareciera sugerir que los malvados jesuitas (o al menos algunos de ellos) en algún momento se apoderaron del Externado de San José. No sé si este iluminado activista de un tal Movimiento Libertad (cuya página en Facebook al parecer fue suspendida por infringir las normas de la red), sabía que el colegio, desde su fundación en 1921, siempre ha sido dirigido por padres jesuitas. Si don Max teme entrar a la página del colegio y revisar la historia de la institución, aunque sea debería probar en Wikipedia, que también allí está el dato.

Segundo, dice que en cierta época el Externado era para las “familias más distinguidas” de El Salvador. Lo que don Max quiere decir es que en el Externado (como en todos los colegios católicos de la época) estudiaban los hijos de las familias de mayores recursos económicos del país a mediados del siglo XX.

Eso cambió a mediados de los setentas, cuando también se abrieron oportunidades para familias de menores ingresos, una política con la que don Max puede no estar de acuerdo (si cree ser de sangre azul, por ejemplo).

Lo que no puede hacer el aludido máster, en pleno siglo XXI y sin que le dé algo de pena, es sacar a relucir un clasismo tan anacrónico como identificar a las familias de mucho dinero como “las más distinguidas”.

Y tercero, lo del “semillero de comunistas”.

¡Ay, don Max, don Max: elija mejor sus batallas!

O por lo menos infórmese para no pelear una que los sectores para los que usted trabaja perdieron… ¡hace 44 años!

Mire, don Max lo voy a ilustrar un poco: en 1973, un año en que seguramente usted ni había nacido, los sectores más recalcitrantes y ultraconservadores del país (muchas de ellos, parte de sus “familias más distinguidas”) organizaron una virulenta campaña de difamación contra el Externado, a través de los principales medios de difusión masiva e incluso hasta la Fiscalía, como feroz represalia por seguir los lineamientos establecidos por la Iglesia en el Concilio Vaticano II y en la Conferencia de Medellín.

¡Esa sí que fue campaña!

En aquel momento, la respuesta del colegio se publicó en un documento titulado El Externado piensa así, adecuado a aquel contexto y a aquellas acciones. Debería leerlo, es gratis.

Y no obstante aquellas calumnias y acusaciones, 44 años después el Externado no solo ha sobrevivido, sino que además sigue siendo un colegio de sólido prestigio, tanto por la formación académica como humana que reciben sus estudiantes. Me imagino que eso ha de dolerles mucho a usted y sus empleadores, pero no debería hacer tanta bilis, menos domingo en la mañana y todavía peor si se levanta con dolor de cabeza.

Y no lo digo solo por el tema externadista que tanto lo atormenta, sino porque veo que usted (curiosamente los domingos) también trolea al Arzobispo y hasta al Papa Francisco, pese a que dice pertenecer y admirar a la Iglesia Católica.

En serio, don Max, téngase un poco de respeto. Los poquísimos adeptos que vaya a ganar escupiendo ese veneno anacrónico no compensan la vergüenza que está pasando.


Posdata I: Ya para que hasta el Mesiyas (que no es exalumno) le dedique un tuit, es que don Max ha tenido "éxito".



Posdata II: y para rematar, el tal Movimiento Libertad le da una patadita ya saben dónde.



Posdata III: Y una semana después, vino esta "disculpa". Queda a su consideración".

De reflectores y escenarios juveniles

Desde hace más de 25 años, buena parte de mi trabajo consiste en descubrir y promover el talento artístico en jóvenes en edad escolar.

En muchas ocasiones, debido a una misteriosa y persistente timidez, ha sido muy difícil lograr convencer a un chico o chica para que pase a un escenario a decir un discurso con elocuencia, declamar un poema, escribir un texto literario o participar en una pequeña obra teatral. Esta reticencia inicial suele ocurrir incluso con quienes ya tienen una formación previa en música o danza.

Pero cuando finalmente deciden pasar frente al público, la ganancia es grande no solo estéticamente, sino también en cuanto a seguridad personal y autoestima, y de eso afortunadamente he escuchado varios testimonios favorables.

Sin embargo (especialmente en tiempos más recientes), también he conocido a jóvenes adolescentes que no necesitan ningún tipo de inducción, presión o motivación adicional para estar en escena, tanto así que pareciera no haber poder humano que les detenga en este empeño.

Son chicos y -sobre todo- chicas con una inquietud artística excepcional, cuyos nombres son los primeros en las listas de inscripciones para tal o cual festival, certamen o presentación que implique público y reflectores.

Esto me alegra sobremanera.

Y no obstante… hay un pequeño detalle que me llama la atención y deseo comentar, no como censura sino como genuina curiosidad.

Sabemos que, en muchos jóvenes y jóvenas, el afán por participar en cierta actividad artística a veces tiene una base objetiva de habilidad específica (p. ej.: “a esta chica le gusta actuar y además lo hace muy bien”), pero en otras ocasiones ese entusiasmo no es directamente proporcional al talento requerido para dicha rama del arte.

No quiero decir que carezca de él en absoluto, pero quizá no lo ha cultivado sistemáticamente para desarrollarlo bien, o tal vez simplemente no le alcance para superar las audiciones clasificatorias (necesarias por razones de tiempo, espacio y salvaguarda de la imagen).

Hay quienes lo intentan en uno o dos eventos, a veces por simple curiosidad, y no pasa nada. Pero ¿qué ocurre con quienes se inscriben y participan absolutamente en todo? Pues lo mismo: hay unas artes que se les dan mejor que otras; en aquellas son protagonistas indiscutibles y brillan, mientras que en estas tienen una participación a lo sumo discreta.

El detalle en cuestión es que hay personas que asumen y aceptan sus talentos diferenciados con cierta madurez… y otras no tanto. Hay quienes disfrutan su estancia en el escenario, en aquellas ocasiones en que han hecho méritos para estar allí, y recuerdan esos momentos con alegría… aunque haya habido otras veces en que quedaron al margen.

Pero también hay quienes, a pesar de haber tenido momentos memorables en escena, parecieran concentrarse en la inconformidad, el reclamo y la molestia por aquel evento en donde no clasificaron, como si sufrieran algún tipo de injusta discriminación.

Supongamos que esta chica (no tan hipotética) se lució en teatro, lo hizo bien en música y se presentó en danza, pero no destacó en declamación: ¿qué sensación le quedará al final? ¿O qué dirá este chico que estuvo magnífico en oratoria pero no pasó a la presentación en público con su instrumento musical?

Yo creo que ambos deberían estar contentos, fortaleciéndose en sus virtudes y aceptando sus limitaciones en ciertos ámbitos (que tampoco tendrían que ser definitivas), pues al final del día lo bonito es haber estado frente a los reflectores en el escenario, con al menos una virtud por mérito.

domingo, 21 de mayo de 2017

La tercera del Tecla City

El Santa Tecla FC ha obtenido su tercer título en su corta historia, al vencer 4-0 al Alianza FC en el Cuscatlán, estadio pintado de blanco por la enorme afición alba, que esta vez tampoco pudo celebrar.

Por complicaciones logísticas no pude asistir al estadio, como sí lo había hecho en las dos coronas anteriores, así que me tocó verlo y celebrar desde casita.

La clave de este triunfo fue el juego de conjunto, que tiene su centro donde debe ser: en el medio campo liderado por Gerson Mayén, un jugador que no solo marca, sino también le da dinámica y sentido al equipo. A él se suma el excelente trabajo de Saviolita Baires, complementado por Marlon, Aldaír y Kevin. El capi Chavarría estuvo lesionado en esta fase de play-off, aunque jugó unos minutos al final.

Mención especial merece la línea defensiva: Juancito, Domínguez, Iván y Tamacas, que no son sencillos de sobrepasar y saben sumarse al ataque cuando es necesario. La voz comandante del arquero Pitukas Almeida aporta mucho allá abajo, mientras que adelante estuvo un buen Ricardinho, sabiendo que desde la banca pueden venir el veterano Charly Good o el novato Canales, sin descartar a Sergi Souza o el mismo Maldonado.

Sin embargo, que estos muchachos jueguen así de bien no es casualidad, sino producto de una buena planificación deportiva, estabilidad económica y cuidadosa selección del cuerpo técnico, lo cual es mérito de la junta directiva.


© Foto: El Diario de Hoy.

Del rival, el Alianza, diré que estoy impresionado por el número de aficionados que convoca, aunque me sigue chocando que irrespeten el Himno Nacional con su grito en el "consagrar", innecesario puesto que ya tienen el mejor himno deportivo del país (♫ ¡Alianza, Alianza, Alianza campeón...!). De sus jugadores, espero que los agrandados Larín, Cerén, Sosa y especialmente Fito vayan agarrando algo de humildad, pues también se les necesita en la Selecta (bueno, a Fito mejor no).

Un comentario tipo "yo pasando iba" es que este campeonato saca una espinita con el periodismo deportivo local, entregado (y no creo que de gratis) a los así llamados “grandes”: FAS, Águila y Alianza. Pese al buen juego tecleño y los logros conseguidos, es a tigrillos, aguiluchos y elefantes a quienes les otorgan portadas en periódicos y desproporcionados espacios en radio, invisibilizando el trabajo del Santa Tecla. Cierto que aquellos tienen aficiones muy numerosas, pero con no poca frecuencia la objetividad de algunos cede paso a la pasión… u otros compromisos.

A futuro, espero que el Tecla City continúe con esta dinámica, y que la afición tecleña crezca con mayor rapidez, pues este equipo lo merece.

¡Vamos, Tecla!


domingo, 14 de mayo de 2017

Dejar de seguir

Las redes sociales virtuales son una parte prácticamente irrenunciable de nuestras vidas. Tenemos entre nuestros contactos a personas con quienes, de otra forma, difícilmente podríamos interactuar si no fuera por mensajes de chat, llamadas de video y comentarios en publicaciones. Esto ha fortalecido nuestra vida social y qué bueno que sea así.

Pero también hay una contraparte oscura, pues los medios cibernéticos facilitan e incluso potencian peleas que acaban no solo rompiendo los vínculos preexistentes en la vida real, sino creando enemistades nuevas.

Hace un par de años, en una entrada anterior me referí a ciertos bloqueos en mis redes sociales. En esta ocasión contaré algunos usos discrecionales que he hecho del botón “dejar de seguir”, una opción menos tajante pero igualmente profiláctica.

Además de quienes usan el TL de Twitter como si fuera su chat, hay personas a quienes uno deja de seguir en Facebook simplemente porque publican en demasía y a veces con sobrada irrelevancia, lo cual resulta un tanto pesado.

Ya en el campo de las creencias, de cierto tipo de publicaciones religiosas sólo diré que trato de permanecer a salvo, sobre todo cuando lo que está en la base es la marcada e irremediable superstición, o ciertas imágenes de la divinidad un tanto retorcidas. Aquí lo que procede es el botón de “ocultar publicación” y ya sabrá el algoritmo de Facebook qué hacer después.

El mayor problema está en los temas políticos y, sobre todo, partidarios.

Por principio, respeto y entiendo las opciones políticas de las demás personas, merced a su ideología, vínculos, intereses u otros elementos racionales o emotivos; sin embargo, a veces uno se encuentra con publicaciones tan carentes de sentido que desconciertan.

En el tema internacional, una de las más célebres fue aquella seudoteoría de que a Hugo Chávez lo mató el Imperio, provocándole cáncer a través de radiaciones tipo microondas o “rayos cósmicos”, como dijo un iluminado sapiente. Él y otros también afirmaron, en su momento, que el terremoto en Haití ocurrió porque “falló la máquina imperial” que lo había diseñado originalmente para Venezuela. Por supuesto, se enojaron ante los comentarios (admito que) un tanto socarrones.

Sobre el tema venezolano actual, hay otro par de intelectuales (y uso el término sin ninguna ironía) que publican diez veces por día como si trabajaran en la sección de propaganda más burda (si es que cabe otra opción) de Nicolás Maduro. Esto provoca pesar, no por la causa que defienden (que por último es calentura ajena), sino porque, al verles los títulos académicos que poseen, uno acaba preguntándose qué ocurrió con la capacidad de pensamiento crítico, raciocino o sentido común de estos jóvenes, llamados a ser la nueva intelligentsia.

En el tema del Sitramss y la habilitación temporal para uso público de su carril exclusivo por parte de la Sala de lo Constitucional, no han faltado “análisis” espeluznantes. Uno que se lleva las palmas lo vi dos días antes de que entrara en vigencia la medida, cuando varios automovilistas ansiosos invadieron anticipadamente el carril segregado. Eso se debe sencillamente a la cultura del desorden vehicular en que vivimos en la Guanaxia Irredenta desde hace décadas, vicio que no distingue colores políticos ni estratos sociales (todos sin excepción se la quieren llevar de vivos). Pues bien: un buen internauta, en un arrebato partidario, publicó lo siguiente: “¡Activistas de Arena invaden carril del Sitramss!”. Sin comentarios.

Uno de los unfollow que más me costó dar corresponde a alguien de quien no dudo es un buen hombre y excelente profesional, pero a quien sus fanatismos y temas en los que “agarra llave” lo pierden en las conversaciones reales y virtuales. Al parecer, no solo yo lo he notado, sino que seguramente ha recibido críticas de otras personas, pues un día de estos declaró, con orgullo, no solo su filiación ideológica que conocemos y respetamos, sino prácticamente su adhesión incondicional a los dictámenes de la cúpula su partido. Ahí ya no hay nada que hacer.

A estas alturas del “post”, no faltarán quienes crean que sólo con gente “de izquierda” he tenido roces, y de seguro estarán sacando sus conclusiones. Pues se equivocan, estimados/as, porque también con gente de derecha he tenido que acudir al uso medicinal de la distancia.

El más reciente caso es el de un excompañero de colegio, quien -como muestra de su apoyo ideológico- reprodujo en su muro el comunicado de unos militares en situación de retiro, de la época de la guerra, quienes manifiestan allí su persistente visión anticomunista y se notan algo molestos por los señalamientos de crímenes de guerra que sobre ellos pesan. A ese pronunciamiento respondió, en términos muy correctos, el sacerdote jesuita José María Tojeira, cuyo enlace pegué en la sección de comentarios de la mencionada publicación, con el fin de contrastar puntos de vista. Grave error. No imaginé el nivel de odio visceral que aún guardan estas personas, transmitido de generación a generación.

A estas alturas, alguien puede cuestionar el porqué uno se mete a comentar publicaciones con las que no está de acuerdo. La razón es sencilla: porque aparecen en el propio muro.

Aclaremos algo: desde el momento en que alguien decide “publicar” algo es porque lo pone a consideración "del público” y es susceptible de recibir reacciones y comentarios. Claro que puede haber respuestas fuera de tono o incluso ofensivas, las cuales (troles aparte), muestran intolerancia y mala educación por parte de quien las escribe. Pero fuera de estos casos, ¿por qué publican y luego se enojan?

En fin… pese a lo enriquecedor que puede llegar a ser el juego de ideas, lo cierto es que cuando la pena pesa más que el sano interés por debatir, el botón “dejar de seguir” aparece como una salida mucho más elegante que “eliminar de mis amigos”.

miércoles, 10 de mayo de 2017

Hermosas canciones enfermizas a la madre

Año con año, cada Día de la Madre son sacadas del baúl telarañoso de los recuerdos ciertas canciones tradicionales dedicadas a la figura materna, con sabor vernáculo, textura de discos de vinilo y olor a moho de fotos en blanco y negro.

Ejemplos típicos son “A ti, madrecita”, de Julio Jaramillo, y “Cariño verdad”, de Los Churumbeles, escritas (como casi todas) por varones a mediados del siglo XX.

Pareciera como si, por implacable mandato del subconsciente, estas y otras piezas igualmente famosas debieran cumplir con estos requisitos:

  • Música en tono triste, melancólico y lastimero.
  • Énfasis en el arrepentimiento por todo el dolor causado a la progenitora, ya que el protagonista ha sido un mal hijo: "madrecita querida, ¡cuánto te hice sufrir...!"
  • Nostalgia por volver a la infancia idealizada (p. ej.: "Lady Laura", de Roberto Carlos): "tengo a veces deseos de ser nuevamente un chiquillo, y en la hora que estoy afligido volverte a oír..".
  • Bipolaridad respecto a la figura femenina: por una parte, el amor idílico a la mujer que le dio la vida; por otra, resentimiento, desprecio y hasta odio hacia esa mala mujer (novia o esposa) por cuya causa abandonó a la doña: "y maldigo hasta la hora en que yo la abandoné..." ¿Complejo de Edipo no superado…?
  • Reconciliación tardía con la mentada madre, porque ella ya ha muerto o está en las últimas.

¿Qué tipo de homenaje es este, señores?

Más allá de lo que puedan gustar o no esas melodías, ¿acaso no hay una canción famosa que exprese una relación madura, sana y actual con la propia madre?

miércoles, 3 de mayo de 2017

Dos tercios

Cumplo 50 y, estirando un poco el dato estadístico de la esperanza de vida promedio, no creo insensato tener una expectativa final de 75 años (salvo accidente, repentina enfermedad terminal o cualquier otra desgracia que, en el contexto local, no sería algo tan inesperado).

Al día de hoy son, pues, dos tercios de vida los que ya habría consumido y estoy contento con mi medio siglo a cuestas: racional, artístico, agnóstico, escéptico y crítico… aunque no totalmente exento de eventuales ataques de emotividad descontrolada, ciertas artes mundanas, alguna ficción sobrenatural, episodios de marcada ingenuidad o esa terrible tentación de “dejar hacer, dejar pasar”.

Tengo la fortuna de ejercer una profesión que me gusta mucho y he podido, además, encontrar cauce para mis inquietudes creativas en diversos campos, a veces solo y en muchas ocasiones gracias al talento de los jóvenes y jóvenas con quienes he trabajado.

Si fuera posible viajar en el tiempo, no pediría regresar y quedarme en ninguna época anterior, pues aunque todas tuvieron su gracia y su dolor, fue la experiencia acumulada en cada una de ellas la que al final acabó dándoles sentido en edades posteriores. Por eso, espero poder seguir diciendo lo que hasta hoy he mantenido: que la mejor época es el tiempo presente.

Recuerdo aquellas épocas pretéritas con sus luces y sus sombras, que no fueron pocas, pero ya sin esa nostalgia ilusoria que deriva de la creencia idílica de una “época de oro” en el pasado.

Por supuesto que he vivido experiencias muy dolorosas, pero ¿quién no...? Lo importante es haberlas sobrellevado con estoicismo y no dejar que sean una tortura permanente en los recuerdos.

Por los tiempos y circunstancias particulares de mi vida, a esta edad puedo decir -junto con mi esposa- que ya cumplimos con el compromiso de poner a nuestros hijos en la vida con las mejores herramientas que supimos darles (materiales, académicas y personales) para que se desarrollen a plenitud, confiamos en que lo harán. En esta labor, tuvimos la inestimable ayuda de su abuela ya fallecida, quien partió de este mundo con la satisfacción de haberlos visto culminar con éxito muchas de sus metas.

Con la jubilación en el horizonte a mediano plazo y cumplidas muchas facetas de la vida adulta, la vida de pareja cobra un nuevo sentido: ahora tenemos mucho más tiempo para nosotros y, puesto que aún no entramos a la temida “tercera edad”, podemos atendernos mejor y aprovechar esta época para hacer algunas cosas que, por diversas limitaciones de cuando éramos muy jóvenes, se nos quedaron pendientes.

Y aunque sea un cliché, “agradezco a todas las personas” que han tenido gestos favorables para conmigo y mi familia durante todo este tiempo. También pido disculpas a quienes ofendí injustamente, con o sin intención. Y a quienes están alejados/as de mis espacios vitales, por mutua voluntad o por necesaria salud emocional, sepan que ya no hay resentimientos, pero es mejor mantenernos así, a prudente distancia, pues para qué alborotar panales o revolver aquello que ya saben.

Así pues, ¡gracias, medio siglo mío… y venga más vida, que esto sigue!

lunes, 17 de abril de 2017

Un infame entre los ilustres

En enero de este año, el alcalde de Santa Tecla, Roberto d'Aubuisson Munguía, inauguró el Paseo de los Ilustres y el Salón de los Ilustres, ambos ubicados respectivamente en el Paseo El Carmen y en el Palacio Municipal Tecleño. En esos sitios hay placas y fotografías de 25 personajes célebres relacionados con la ciudad, para “ratificar la memoria histórica y la identidad cultural del municipio”, según voceros de la alcaldía.

Un ilustre es alguien “conocido y admirado por su excelencia”, y por ello no extraña que entre los elegidos estén los fundadores de la ciudad, cuyos nombres identifican también a lugares emblemáticos tecleños: José Damián Villacorta, José Ciriaco López, Manuel Gallardo, Daniel Hernández, Pilar Velásquez, así como miembros de la familia Guirola (Ángel, Eduardo y Concepción). También están dos expresidentes de la república (Francisco Dueñas y José María San Martín) y los autores del Himno Nacional (Juan Aberle y Juan José Cañas).

Fuera del ámbito político, encontramos personajes que hicieron mucho bien a sus semejantes, como la docente Margarita Durán, la religiosa Clara María de Jesús, el médico Rubén Rochi y el filántropo Walter Soundy, todos de grata y unánime recordación. Destacan también tres artistas: los escritores José Mª Peralta Lagos y Alberto Rivas Bonilla, así como el notable caricaturista Toño Salazar. Por supuesto, no podía faltar el baloncestista José Adolfo “Chorro de Humo” Pineda.

Todos los antes mencionados fueron personas de gran valía para la ciudad y el país. Salvo los expresidentes (que, por su cargo, nunca pueden estar exentos de crítica), nadie habla mal de ellos y cualquier referéndum o consulta popular validaría sus merecimientos.

¿Qué hace entonces el difunto e infame mayor Roberto d’Aubuisson Arrieta entre dichos ilustres?

El cuestionamiento no es porque este personaje haya sido líder de la ultraderecha en la década de los ochentas, cuya expresión política fue (y aún es) el partido por él fundado, Alianza Republicana Nacionalista. Ideologías aparte, ese hecho es legítimo.

Tampoco es que su inclusión en dicho homenaje sea antiética por el solo hecho de que su hijo sea el actual alcalde, pues si de veras lo mereciera no habría por qué quitarlo por causa del parentesco.

Incluso, si nos vamos a lo estrictamente legal, el solo señalamiento de haber sido parte de la conspiración para asesinar a Monseñor Romero (que consta en el Informe de la Comisión de la Verdad), así como la vox populi que lo vincula con las actividades de exterminio selectivo de los “escuadrones de la muerte”… técnicamente no bastarían para quitarle la presunción de inocencia, pues nunca fue encausado formalmente por estos delitos. Otra cosa es el juicio moral de gran parte de la población, que si bien en este caso es extrajudicial deberían haberlo tenido en cuenta.

Y no obstante... lo que sí consta en cientos de testimonios, incluso vertidos judicialmente, son las masivas violaciones a los derechos humanos cometidos por los cuerpos de seguridad de los regímenes militares de Molina y Romero, en la década de los setenta en las cárceles del sistema. Toda esa actividad de terrorismo de Estado fue coordinada por la Agencia Nacional de Seguridad Salvadoreña (ANSESAL), bajo la dirección del finado Mayor.

Así pues... solo en la torpe mentalidad de sus partidarios, quienes al interior de su partido lo veneran casi religiosamente, pudo gestarse la retorcida idea de incluirlo en una lista de tal calibre.

Lo más triste es que la manía de venerar infames trasciende las fronteras partidarias e ideológicas, pues del otro lado también encontramos pleitesías y veneraciones que dan pena, propia y ajena.

viernes, 14 de abril de 2017

Cinco sinrazones de "Por 13 razones"


Transcripción de la 22ª emisión de RFG TV

¡Hola! Hoy les voy a comentar cinco sinrazones de "Por 13 Razones"

Recientemente se estrenó por Netflix la serie Thirteen reasons why o Por trece razones, basada en el best-seller de Jay Asher, publicado hace una década.

La trama es que Hannah Baker, una estudiante adolescente suicida, grabó 6 cassettes y medio antes de cortarse las venas, en donde culpa específicamente a 12 personas de quitarse la vida. La cuenta de 13 se ajusta porque una de ellas es doblemente responsable.

El paquete de esas grabaciones debe ser escuchado por cada una de estas personas señaladas y luego pasárselo al siguiente de la lista, con la amenaza de que, si no lo hacen, hay otra persona que tiene en custodia una copia de todo ese material, con el mandato de hacerlo público si alguien rompe la cadena.

En este video voy a comentar mis impresiones sobre la serie, que pese a su éxito de audiencia… no son muy favorables. Al igual que las demás opiniones expresadas en mi canal, no tienen la pretensión de que alguien tenga que coincidir a fuerza con ellas, pero sí trato de darles algún fundamento para que no sean tan antojadizas.

Pero antes de enumerarlas, debo decir algo importante a nivel personal. La experiencia del suicidio la padecieron cuatro personas a las que conocí en diferentes momentos de mi vida: un compañero de colegio, un amigo muy querido en la universidad y dos estudiantes adolescentes en diferentes edades. Por eso, por lo que sé y por lo que me afectó, creo que puedo hablar del tema no sólo desde una perspectiva teórica.

Primera sinrazón: culpar a otros del suicidio de alguien.

El suicidio es una decisión íntima, personal, que -por cruel que pueda parecer decirlo- no depende tanto de las circunstancias objetivas como de la imposibilidad subjetiva o psicológica de la persona para lidiar con dichas circunstancias, y eso lo admite hasta la misma protagonista, Hannah, en los capítulos finales.

Claro que hay personas que pueden haberle hecho daño (con o sin intención) a quien se acaba suicidando, pero no hay una relación automática de causa y efecto que establezca que “esta situación o este daño tiene que acabar en suicidio”. Es más: lo que para alguien puede ser una causa para el suicidio, para otra persona puede ser un motivo para fortalecerse y seguir luchando.

De lo que se debería tratar aquí no es de repartir culpas como una venganza personal, o como si el mundo tuviera la obligación de girar a tu alrededor, sino de fortalecer el carácter para poder hacer frente situaciones difíciles.

Segunda sinrazón: da igual cómo sean tus padres

Veamos: mejores padres que los de Hannah, la protagonista, no puede haber. Son dedicados, comprensivos, amorosos, siempre tienen una palabra de ánimo, están dispuestos a escuchar… incluso hasta en las llamadas de atención sanciones son tolerantes, respetuosos y equilibrados.

¿Y de qué sirvió eso? De nada, porque Hannah nunca buscó apoyo, consejo ni ayuda en su papá y su mamá, que son al final los más castigados por la tragedia. Y no es porque ellos no estuvieran dispuestos a dársela, ni porque estuvieran pendientes “sólo del negocio”. ¡No! Es porque ella, al igual que muchos otros adolescentes, los mantuvo siempre al margen y jamás se dejó ayudar.

Tercera sinrazón: banalizar los factores de llevan a un suicidio.

Seguramente este es el punto más débil y más notorio de la serie, y lo que más comentarios negativos ha provocado.

Con una lista de 13 razones, y dedicándole un capítulo a cada una, se les da la misma jerarquía a todas, desde las más serias hasta las más banales. Todas quedan al mismo nivel.

En un rápido recuento, de esas 13 “razones”, está claro que hay 3 situaciones muy graves (dos de abuso sexual y un accidente no reportado que provoca una muerte). Hay otras 3 más o menos graves, relacionadas con fotografías inapropiadas. Pero hay otras 4 bastante triviales, bromas de escuela que si bien son incorrectas también son bastante comunes y para lo único que sirven, en la serie, es para dejar ver un carácter de “drama queen” y de sobrerreacción de Hanna.

Luego, hay otras 2 en donde los supuestos “culpables” (Clay y Mr. Porter) realmente no lo son, pues la situación fue echada a perder por la propia protagonista. E incluso hay otra, la del poema divulgado, que solo ella, en su psique oscura, la ve como negativa.

Claro, alguien puede decir que no son los hechos individuales sino el conjunto de ellos lo que la llevó al suicidio, pero entonces volvemos al punto anterior: la clave está en la capacidad de cada persona para lidiar con esas circunstancia, su inteligencia intrapersonal, su fortaleza espiritual o de carácter.

De hecho, si lo piensan bien, hay otros personajes, como Justin y Jessica, que tendrían tantas o más razones que Hannah para suicidarse… pero reaccionan diferente. Y si seguimos la “lógica” de Hanna, ella vendría siendo la principal culpable de que Alex Standall se pegue un tiro en la cabeza. Y así, no llegamos a ninguna parte.

Por series como esta y por no tener claro este punto es que, cuando hay un suicidio, no faltan titulares sensacionalistas y superficiales como “adolescente se suicida porque la dejó el novio”, “joven se suicida porque discutió con sus padres” o “estudiante se quita la vida porque reprobó una materia”.

Cuarta sinrazón: querer justicia sin denuncia

En el capítulo final, cuando Hannah dice que va a “darle una última oportunidad a la vida”, acude al consejero escolar en busca de ayuda.

No me puedo imaginar a alguien más sensible a los problemas juveniles y mejor capacitado para tratarlos que Mr. Porter. Pese a la reticencia inicial de ella, él logra establecer comunicación y que ella cuente parcialmente lo que le ocurrió, que fue una agresión sexual por parte de uno de sus compañeros de clase.

Mr. Porter actúa muy profesionalmente y además de mostrarse empático y ofrecerle apoyo, le aclara las dos opciones que ella tiene: una, dar el nombre del agresor y denunciar el hecho a la policía, a lo cual él mismo está obligado como consejero escolar; o dos, si no hay suficiente evidencia incriminatoria o si el hecho no está claro, hacerle ver el peligro de una denuncia sin fundamento y que en ese caso es mejor abstenerse de hacerla.

En este punto hay que tener mucho cuidado, porque seguramente van a salir diciendo “¡hey, pero sí hubo agresión!”. Y sí, eso lo sabemos los espectadores porque vimos las escenas que así lo muestran, pero desde el punto de vista legal y en la posición del consejero, en el contexto del sistema de justicia estadounidense, si la propia víctima no aporta la información suficiente (ni siquiera su testimonio “a no ser que se le garantice 100% que el agresor será condenado”), ¿cómo se le puede apoyar o ayudar institucionalmente?

Alguien dirá “es que el consejero debió insistir”, ajá, pero es que Hannah salió molesta y a toda prisa de la oficina, sin dar tiempo a nada más porque esa misma noche procedió a suicidarse.

La lógica de Hannah es: “tengo la firme determinación de suicidarme, y como usted no me detiene, entonces usted es el culpable”. ¿Qué sentido tiene eso?

Quinta sinrazón: mandar al carajo a quien te quiere

Es evidente, desde el primer capítulo, que el chico Clay está enamorado de Hanna y que el sentimiento es recíproco, pero ambos no se atreven a aceptarlo ni a decírselo mutuamente. Y en cuanto a la visión negativa que Hannah tiene del género masculino, también está claro que Clay “es diferente”, pues respeta a Hanna como persona en toda su integridad.

¿De qué sirvió esto? De nada.

Porque en el momento en que se va a realizar el encuentro amoroso de ambos, Hannah sufre un ataque androfobia (es decir, repulsión a los hombres). Entonces empuja y le grita a Clay “vete al carajo”. ¿Y qué hace él? Pues exactamente lo que debe hacer: irse, en atención a la exigencia de Hanna, respetando su rechazo.

Pero cuando ella narra posteriormente la experiencia en su cinta grabada, le dice a Clay “¿por qué te fuiste, por qué no insististe, por qué no te quedaste?”. Y por eso ella lo culpa y lo pone en las cintas.

Así no se puede.

En conclusión, me parece muy bien que se ponga sobre la mesa el tema del suicidio, que se hable y que se debata sobre ello, aunque esto debería hacerse desde una perspectiva un poco más madura y profesional de la que se presenta en esta serie, la cual puede ser, en todo caso, un punto de partida.

Pero si quieren mejores opciones para tratar el tema del suicidio, mejor busquen la novela corta “Werther”, de Goethe, y en cine, “La sociedad de los poetas muertos”, protagonizada por Robin Williams.

Nada más tengan cuidado de que la trágica belleza de estas obras no los vaya a seducir, porque esta vida es lo único que tenemos y hay que aprovecharla sin caer en semejantes depresiones.

Ah, y si necesitan ayuda... ¡búsquenla!


Posdata: Como bien dijo una comentarista en mi "post" de FB, Hannah presenta un comportamiento patológico, y de ahí mi punto con las "sinrazones": que la serie presenta esa visión enfermiza como algo normal, "ok, cualquier chico/a reaccionará de la misma forma". Claro que dentro del esquema de percepción distorsionada de Hannah, todo tiene "lógica", pero lo perjudicial de la obra es que legitima ese enfoque un tanto retorcido.