sábado, 2 de diciembre de 2017

Elucubraciones por los pies subidos

La anécdota real

Ocurrió hace veinte años en la iglesia de Suchitoto, mientras acompañaba a unos estudiantes de bachillerato.

Entramos a la iglesia colonial del lugar y los visitantes se disgregaron en varios grupos: unos curioseando los camarines de los santos, otros tomándose fotos con el altar de fondo y algotros inspeccionando los antiguos confesionarios; en fin: tanta diversidad de actividades como intereses y ánimos había.

En eso, una chica se sentó en una de las bancas de madera dentro del templo a descansar. Tranquilamente, se quitó los zapatos y subió los pies en la banca de enfrente, cruzándolos como cualquiera haría en la sala de su casa o el parque de la colonia.

Me acerqué a llamarle la atención, pidiéndole –con la mayor amabilidad de la que soy capaz– que se sentara correctamente.

Como buena adolescente se molestó, respondiendo en la frontera de las malas maneras, pero acatando al final, aunque a regañadientes.

Igual le di la correspondiente explicación: que estábamos en un lugar ajeno donde había otras personas que podían considerar tal manera de sentarse como una falta de respeto, y dejando aparte la discusión sociocultural del gesto en sí, convenía tener prudencia en atención a las tradiciones del lugar.

La chica recibió una amonestación verbal institucional y dejó de dirigirme la palabra por varias semanas, pero a la fecha de hoy, creo que ninguno de los dos guarda resentimientos por el incidente y (asumo que) estamos en paz.

La hipótesis especulativa

Contexto de 1997: tomar fotografías era un pasatiempo caro, no al alcance de todos. Las cámaras eran analógicas, había que comprar un rollo o carrete de 12, 24 o 36 exposiciones y administrar con prudencia cada disparo. Luego venía el proceso de revelado e impresión, que tardaba no menos de tres días. Internet y el correo electrónico eran prácticamente un lujo y las redes sociales apenas comenzaban. El fenómeno de la viralización de imágenes no existía o estaba bajo el estricto control de los medios impresos tradicionales.

Pero especulemos un poco.

¿Qué habría pasado si alguien hubiera tomado una fotografía de la chica así sentada, publicándola en una revista o periódico, denunciando el presunto irrespeto del tempo de la localidad y al Santísimo mismo?

Habría hubiera habido una avalancha de comentarios, unos a favor y seguramente la mayoría en contra.

El linchamiento virtual

Conociendo el manejo que en la Guanaxia Irredenta suele hacerse de estos temas, profundicemos en la especulación e imaginemos qué se habría dicho, si en aquel tiempo se hubieran tenido los medios de comunicación digitales que hoy poseemos.

No es descabellado pensar que, mientras unos pocos discutirían sobre la gravedad del gesto en sí (subir los pies en una banca de un templo), en la primera fila de vociferaciones aparecerían los haters contra la institución en donde ella estudia, aprovechando la ocasión (esa como cualquier otra) para despotricar.

Por la idiosincrasia nacional, no dudemos que otra buena parte se habría enfocado en comentar, con toda la vulgaridad posible, el aspecto físico de la chica.

Cierta porción de comentarios, que supuestamente serían en su defensa, tendrían el siguiente aspecto:

Cosas peores hemos visto, como [inserte aquí un hecho marcadamente reprobable] y no han dicho nada.

Es decir: "eso es esencialmente malo pero no tanto".

No descartemos alguien que, con cierto sentido de responsabilidad, enviase una carta o se apersonase a la institución, reclamando la mala educación que dan a sus alumnos/as y dando por hecho que allí se les instruye en ese sentido.

Si en ese universo paralelo e hipotético hubiese una Biblia que mandase al infierno a quienes suben los pies en las bancas de los templos, ya no digamos.

(O pensándolo bien… quizá eso no sea tan paralelo ni hipotético: hay lugares en nuestro mundo actual donde a uno le pueden dar golpiza y mazmorra por ingresar a ciertos lugares sagrados, por ejemplo, sin descalzarse.)

Y luego… que si la premeditación o inocencia del gesto, y que si la falta de valores de la juventud actual, y que si se han perdido las buenas costumbres, y que si deberían expulsarla o sancionarla fuertemente por desprestigiar al centro educativo… En fin: un escándalo moral, educativo y religioso.

¿Les parece un escenario improbable y exagerado, todo por subir los pies en una banca de un templo?

Consideren esto: ya hubo hoy, en este año, una agria discusión en redes sociales, cargada de insultos, porque un importante funcionario edilicio publicó la foto de sí mismo con los pies subidos en el escritorio de su oficina.

Y tengan esta otra anécdota tangencial: mi abuelita, como buena señora tradicionalista, consideraba un insulto a la memoria de Nuestro Señor Jesucristo el solo hecho de escuchar música el viernes santo. Su argumento lo hacía valer con palo en mano… y no solo por música vulgar, fiestera o de doble sentido, sino música a secas, del tipo que fuese.

La tolerancia

En última instancia, en el escenario antes descrito asistimos a un conflicto de valores entre la tradición conservadora y las nuevas costumbres de la juventud.

Como es un conflicto inter-generacional, difícilmente va a existir una postura neutral o plenamente conciliadora.

Lo que sí se puede exigir es tolerancia, es decir, “respeto a las ideas, creencias o prácticas de los demás cuando son diferentes o contrarias a las propias”.

_______________

Posdata:

Paradójicamente, y como ya definió en 1945 el filósofo Karl Popper en La sociedad abierta y sus enemigos, la tolerancia no es un valor absoluto.

¿Cómo así?

Dice Popper que "si extendemos la tolerancia ilimitada aun a aquellos que son intolerantes, el resultado será la destrucción de los tolerantes y de la tolerancia".

Así, “deberemos exigir que todo movimiento que predique la intolerancia quede al margen de la ley, y que se considere criminal cualquier incitación a la intolerancia y a la persecución. Tenemos que reclamar, en el nombre de tolerancia, el derecho a no tolerar la intolerancia”.

sábado, 26 de agosto de 2017

Discutamos sobre el aborto

Desde 1998, el aborto en El Salvador está penalizado sin excepciones con cárcel de 2 a 8 años. Esta penalización absoluta sólo ocurre en otros 4 países del mundo: Malta y tres latinoamericanos, que son Honduras, Nicaragua y República Dominicana.

Oficialmente hay uno más: el Estado de la Ciudad del Vaticano, pero en la práctica no cuenta porque otorga la ciudadanía por motivos laborales sin anular la nacionalidad de origen.

· Las posturas

A nivel mundial, las posturas y leyes sobre el aborto se resumen así:

- Aborto libre: cuando basta la sola decisión de la mujer para abortar. 58 naciones lo permiten, dentro de ciertos márgenes según las semanas de gestación.

- Aborto en casos excepcionales:

a) Para salvar la vida de la madre (132 países).
b) Por inviabilidad del feto (p. ej. anencefalia).
c) Por ser el embarazo producto de violación.
d) Por motivos económicos o sociales.

(47 países admiten una o varias de las causales “b”, “c” y “d” en adición a la “a”.)

- Aborto prohibido absolutamente: 5 países.

En este enlace hay información más detallada.

· Debatir o no

El Salvador es, con poco margen de duda, un país con marcada polarización ideológica, en donde difícilmente se puede tener un debate que no esté contaminado por el fanatismo, el insulto y la descalificación.

Quienes rechazan el aborto en términos absolutos, sin considerar excepciones, se niegan a cualquier debate al respecto. Para estas personas, el tema ni siquiera es discutible: todo aborto es un asesinato y quienes defienden al menos una causal de excepción son genocidas de bebés inocentes. Punto.

Organizaciones como la Fundación Sí a la Vida, partidos políticos como Arena, la jerarquía de la Iglesia Católica y pastores de poderosas iglesias evangélicas lo han dicho y reiterado hasta la saciedad.

Desde esta perspectiva “pro vida”, El Salvador, Honduras, Nicaragua, República Dominicana y Malta son la última línea de defensa de la vida en un mundo corrompido, a merced de una criminal conspiración internacional abortista que ya tiene a 190 naciones de su lado.

El espectro de las distintas posturas sobre el tema, estas personas lo ven así:

Con esta gente es estéril cualquier argumento, dato o razonamiento; sin embargo, ejercen una enorme influencia política y rápidamente se encargan de satanizar a quienes no aceptan completamente su discurso. Y sin embargo…

· Religión y política

Quienes están contra el aborto en toda circunstancia generalmente esgrimen argumentos religiosos, basándose en la creencia que, desde el instante de la concepción, un cigoto ya tiene su alma inmortal creada por el Supremo Hacedor.

Quede claro que, en términos metafísicos, cada quien elige en qué creer y está en su derecho; pero el estado salvadoreño es laico y, como tal, las leyes no deben ser impuestas a partir de creencias religiosas particulares. Si esto fuera así, los Testigos de Jehová bien podrían imponer, con el apoyo de diputados/as afines, una ley que prohibiera las transfusiones de sangre.

Si los católicos y evangélicos dan fervientes prédicas contra el aborto a su feligresía, de acuerdo y bien por ellos. El problema es cuando quieren trasladar la Biblia o el Catecismo a la Constitución Política de la República y las leyes secundarias.

· Embrión o ser humano

El debate sobre el aborto implica consideraciones biológicas y filosóficas acerca de cuándo un embrión debe ser considerado un ser humano. Sobre el tema, hay diversas posturas y tratados que abarcan extensos volúmenes, sin alcanzar unanimidad.

Las legislaciones pro aborto generalmente aceptan el criterio de las 12 semanas para permitirlo, basándose en el hecho que es solo hasta el tercer trimestre del embarazo que se han formado las estructuras cerebrales capaces de conectar al nuevo ser con el ambiente, lo que le daría al feto cierto grado de conciencia.

Por el contrario, la Constitución salvadoreña reconoce, desde la reforma vigente en 1998, que un ser humano lo es desde el instante de la concepción, lo que impide el aborto por la sola y simple voluntad de la madre en cualquier fase del embarazo.

Esta reflexión, no obstante su importancia, no es el punto central de lo que se discute hoy en El Salvador, ya que no se está planteando el aborto libre sino la despenalización por causales específicas que implican conflicto de derechos fundamentales del nasciturus y de la propia madre (p. ej. la vida).

Las reformas legales propuestas para el artículo 133 del Código Penal podrían ser aprobadas sin necesidad de otra reforma constitucional que revierta la del 98.

· Salvar vida de la madre

La propuesta de despenalizar el aborto para salvar la vida de la madre fue presentada en octubre 2016 por la diputada Lorena Peña, del FMLN. La iniciativa incluye además otras tres causales. Por su parte, el diputado Johnny Wright Sol presentó en agosto de 2017 otra propuesta coincidente de dos causales, una de ellas la antes mencionada. Cabe aclarar que aunque Wright Sol es miembro del partido Arena, dicho instituto político ha rechazado tajantemente dicha acción.

Dato interesante: Juan Valiente, también diputado de Arena quien sostiene una postura “pro vida” consistente, ha aceptado que en este punto hace falta legislar adecuadamente para permitirle al médico luchar por la vida de la madre y del nasciturus por igual, sin temor de ser encausado judicialmente. Por esta sola declaración de apertura a escuchar argumentos, ha sido increpado por fanáticos dentro y fuera de su partido.

Pese a las muchas argumentaciones médicas presentadas por diversas personas y organizaciones, los opositores dogmáticos al aborto sencillamente niegan que existan casos en donde se tenga que sacrificar al feto para salvar a la madre y rechazan incluso el concepto técnico de “aborto terapéutico”. Esto a pesar de que la ministra de salud, Violeta Menjívar, dio estadísticas e informes de muertes de mujeres por embarazos ectópicos, por no evacuarse a tiempo.

· Embarazo por violación a menor

La causal de despenalización del aborto cuando el embarazo sea producto de violación a menor de edad está en la propuesta de Lorena Peña y Johnny Wright Sol. Al igual que en el punto anterior, aquí se contraponen los derechos del nasciturus con los de la madre, niña o adolescente menor de 18 años.

Quienes se oponen a esta reforma argumentan básicamente dos cosas: la primera, que con ello se castiga con la muerte a quien no tiene la culpa (el nasciturus); y la segunda, que con un crimen (el aborto) no borra otro crimen (la violación).

Ambos argumentos son debatibles, si se tiene en cuenta el ya mencionado conflicto de derechos fundamentales. De lo que se trata es de no aumentar o perpetuar el sufrimiento ya infligido a la víctima. Una niña de 10 años violada y embarazada por un pariente no tendría por qué ser obligada a llevar a término su embarazo.

· Embarazo por violación a mujer adulta

Esta causal de despenalización no está contemplada en la propuesta de Wright Sol, únicamente en la de Lorena Peña.

Los argumentos en contra son los mismos antes señalados, a los cuales suelen añadir estadísticas de dudosa fiabilidad, que mencionan depresión y suicidio de mujeres que han abortado. También sugieren que, si la madre no quiere al producto del ultraje, puede darlo en adopción.

En este punto hace falta más discusión, análisis y muy amplio consenso, pues tampoco está claro que la propuesta sea constitucional y entonces habría que pensar en una contrarreforma de la Carta Magna.

· Inviabilidad del feto

Esta causal de despenalización sólo está en la propuesta de Lorena Peña y seguramente el caso emblemático es el de Beatriz en 2013.

Quienes se oponen a esta causal usualmente no aceptan el diagnóstico de inviabilidad (es decir, que el feto no va a sobrevivir fuera del útero); en cambio, se aferran a la posibilidad de un milagro y citan casos extraordinarios.

Cierto: la esperanza es lo último que se pierde, pero debería ser la propia madre quien decidiera libremente llevar a término su embarazo o interrumpirlo cuando no hay esperanza médica.

No obstante, como en la causal anterior, hace falta mayor análisis médico y sobre todo jurídico para determinar si esta posibilidad es constitucional.

· Temor a la puerta abierta

Hay quienes afirman que despenalizar el aborto por una o más causales es, en realidad, dar puerta abierta a abortos por doquier. Incluso hay personas que, aun cuando aceptan la legitimidad de algunas causales, se aferran al “no” por un miedo abstracto y genérico.

A primera vista parecieran tener razón, ya que la fuerza de la ley en El Salvador es poca y más bien campea la filosofía de “hecha la ley, hecha la trampa”. Pero desde esta lógica simplista, ninguna ley podría existir, por lo que el argumento se derrumba por su propio peso.

El problema es, en realidad, la prohibición absoluta. Muchos se habla de clínicas de abortos clandestinos en condiciones inseguras, si bien no tengo memoria de ningún caso judicializado. Por otra parte, es un hecho que quienes tienen recursos para abortar fuera del país, con o sin causales, lo hacen. Así, la prohibición solo afecta a las mujeres pobres.

· Entonces...

En El Salvador es necesario un debate serio, responsable e informado sobre el aborto, considerando diversos ángulos y enfoques realistas de dicha discusión, más allá del usual dogmatismo.

Mi postura es la siguiente: lo más adecuado es racionalizar las leyes y permitir las excepciones que ya estaban antes de 1998.

sábado, 19 de agosto de 2017

Caracteres en Twitter

En la red social Twitter no es infrecuente verse envuelto en más de un rifirrafe (“contienda o bulla ligera y sin trascendencia”).

No es mi estilo usar términos vulgares, pero aún así tales pleitos virtuales son casi inevitables y hay algunos que uno busca, mientras que en otros uno se ve envuelto sin qué ni para qué; sin embargo, con un poco de experiencia y criterio, uno aprende las tácticas necesarias para sobrevivir en ese mundillo y divertirse, al tiempo que se informa o argumenta.

El de hoy fue todo un descubrimiento: de cómo una persona (profesional universitaria, según su perfil público, y aparentemente normal, “como tú y como yo”) se considera ofendida ante un desacuerdo o, peor aún, si se le señala una equivocación.

Todo comenzó con un doble retuit que vi en mi “timeline”, de una usuaria a quien no conozco (a quien llamaré “Usuaria” para no alborotar más el avispero).


Usuaria:
- Cortesía de Trump despertando el odio en el mundo.

(Vengo yo y comento.)

RFG:
- La diferencia es que en Alemania los pueden meter presos.

Usuaria:
-No sé adónde usted ha leído eso, porque no es así y se lo digo con la propiedad de conocer la ley fundamental de Alemania.

RFG:
Tengo entendido que la simbología y apología nazi está prohibida. En Alemania, a los de Charlottesville los habrían arrestado por eso.

Usuaria:
- Antes que se hiciera tan público han habido múltiples manifestantes nazis y ninguno ha ido preso, ¡es de leer! Saludos.

RFG:
- Cabal: es de leer.

(Pongo el enlace de una noticia del diario español El Mundo, donde menciona que hay una investigación policial en curso.)

Usuaria:
- Y no darle credibilidad a medios digitales, hay que ir a Alemania y ver, lo cual no es lo mismo que leer; cuando vaya a Alemania me cuenta.

RFG:
- Bueno, pero entonces dirija su aclaración o reclamo al diario español El Mundo, que además de digital es bastante antiguo e impreso.

Usuaria:
- Le voy a dar una mejor sugerencia: NO se meta adonde no lo llaman y no opine si no sabe, aclaración y reclamo lo hace usted.

(La Usuaria me bloquea.)

(Minutos más tarde, alguien más que había visto la conversación y es también abogada escribe este tuit.)

Abogada:
Hay una ley de prohibición de símbolos nazi. El Tribunal Constitucional también ha sentenciado que se pueden exhibir si es para su rechazo.

(Fin de la conversación.)


Conocimiento adquirido: la Usuaria ha ido a Alemania.

Duda: ¿La Usuaria también habrá bloqueado a quien hizo el último comentario?

Lección: Si voy a Alemania, hago el saludo nazi, ondeo una esvástica y me llevan preso, no debo contratar los servicios profesionales de la aludida Usuaria.

miércoles, 9 de agosto de 2017

Estafando ilusiones

Transcribo, con mínimos ajustes, la denuncia publicada por la señora Naty Molina, acerca del evento Ronaldinho en El Salvador. El enlace es elocuente y no tengo motivos para dudar de su autenticidad.


Si no fuera porque jugaron con los sentimientos de un niño de 10 años, publicar esto no es algo que haría, pero merecen que todo mundo se entere cómo engañaron a la gente.

Por US$ 225, prometían en su página (y en el local de venta de las entradas) "una interacción futbolística” con el brasileño, quien les “mostrará diversas técnicas del futbol que él domina y que los muchachos pueden practicar y aplicar". Disponibles: 90 entradas.

Fui la primera en decir que iba a ser un “baje”, pero garantizaron que no y que eran 90 entradas.

Después de la emoción del sobrino, de insistir, de compararlo con la mitad del precio de un Nintendo Switch y pedirle pisto a toda la familia, al final dijeron “ok, una experiencia única".

En el evento había más de 200 niños en la cancha. De 2:00 a 3:20 p.m. no apareció Ronaldinho (el evento era de 2 a 4). Al llegar a las 3:20, lo único que hizo fue recorrer la cancha y tomarse una foto grupal con los niños divididos en grupos de 20. Después subió a la tarima, habló unos minutos y a las 4 de la tarde se retiró… ¡sin tocar ninguna pelota! Y mucho menos "mostrar diversas técnicas de fútbol"

Les escribí a los organizadores y les valió. Al reclamar en el lugar, la respuesta fue: "ese era el plan, pero NO pasó". Por teléfono no contestan. Lo menos que deberían de hacer es devolver el dinero, aparte de eso uno esperaría una disculpa pública por engañar a tanto niño emocionado.

Díganme cómo se le explica a un niño de 10 años que “no pasó” en el lugar lo que prometió la publicidad. ¿Fue Ronaldinho o fue una empresa que, con fachada de buenas causas, le estafó US$ 225 a más de 90 familias por una foto grupal?

sábado, 5 de agosto de 2017

Duda medicinal

Hace algún tiempo, al caer la tarde, llamó a la puerta una señora que tenía toda la aflicción posible en su rostro. Entre su turbación, dijo ser una vecina de a la vuelta de la esquina. Le creí, aunque jamás la había visto antes.

Me dijo que a su señor esposo, enfermo de no recuerdo qué, se le había agotado una medicina vital y la necesitaba con urgencia, pero no tenía efectivo a la mano y tampoco encontraba la tarjeta de débito.

Entre sobresaltos y visibles lágrimas, me pidió de favor -superando la vergüenza que ello implicaba- que le diese en préstamo la cantidad de dinero necesaria para salir del percance.

Ofreció firmar un pagaré, comprometiéndose a regresar horas más tarde para retornar la cantidad recibida, en cuanto llegase una pariente cercana a quien no había podido contactar en la urgencia.

La señora firmó el documento redactado a mano, recibió el dinero y se retiró con la natural prisa que ameritaba salvar una vida.

Han pasado ya más de cinco años, el pagaré aún lo tengo aquí y a la señora no he vuelto a verla.

He considerado varias hipótesis para explicar lo sucedido.

Si el esposo se agravó y requirió inmediata hospitalización por varios días, es lógico que la señora no haya podido venir a pagar el préstamo. También es posible que, si la situación fue a peor, algún pariente se haya ofrecido a venir en su nombre, pero no haya encontrado la dirección o haya venido precisamente en un momento en que no había nadie en casa. Incluso puede ser que a la propia señora le haya dado algo, dado el estado de extremo nerviosismo en que se encontraba.

No sé, este asunto me tiene muy intrigado. ¿Qué habrá ocurrido?

viernes, 4 de agosto de 2017

La cultura del baje

Al contrario de las ancestrales enseñanzas familiares, tengo por principio no regatear en el mercado municipal ni a vendedores/as ambulantes. Si no hay posibilidad de hacerlo en el supermercado, donde todo está etiquetado con precio fijo, no veo por qué deba exprimir la moneda en la calle para que dé más de sí, a costa de reducir la ínfima ganancia de quienes allí se ganan la vida.

De lo que sí debo cuidarme más es de la cultura del baje, instalada en la idiosincrasia nacional como marca de fábrica.

Hace un par de días fui a comprar fruta. La señora del puesto, bien amable, ofrecía esto y aquello, mientras una su asistenta se movilizaba con insólita agilidad poniendo en sendas bolsas guayabas, zapotes, fresas, duraznos, peras, manzanas, mamones y una piña de aquellas galanas. El billetito de veinte dólares no fue testigo.

Pero al llegar a casa y poner cada cosa en su sitio... ¡rayos y centellas!

Resulta que la ayudanta, así mansita como se veía, eligió con toda intención los zapotes más remaduros que tenía... y no porque fueran para comer ya, sino porque estaban pasados; las peras estaban más aguadas que la Corte de Cuentas de la República y la piña era más cáscara que otra cosa. Y tampoco, pues...

Es que aquí, si te pueden bajar, te bajan. Y esa cultura va más allá de clases o estratos sociales.

domingo, 25 de junio de 2017

El concierto de Montaner

Por 24 años habíamos esperado este concierto de Ricardo Montaner, luego de que en 1993 no nos fuera posible asistir. Quizá fue mejor así, pues aunque en aquella época ya se conocían algunas de sus canciones más emblemáticas, faltaban otras para completar la entrega y, por supuesto, la tecnología audiovisual en el escenario.

Estimo que en el auditorio de Cifco estábamos unas 5,000 personas (muchos, como nosotros, ya casi de la tercera edad), lo cual supuso una taquilla no inferior a los US$ 200,000 y de esa manera se posibilitó el evento.

La potencia del sonido anduvo arriba de los 30,000 watts RMS, suficientes para sacudir las entrañas de cualquiera que estuviese en las cercanías.

Montaner tiene 59 años y está en plena posesión de sus facultades artísticas. La banda que lo acompañó la integraban 10 músicos y 4 coristas, profesionalismo puro.

Cantó por 2 horas y 10 minutos, acompañado por un público entregado que se dio por satisfecho… aunque pudo haber sido un poquito más, dada la cantidad de canciones de sublime romanticismo que tiene en su repertorio.

No faltaron dos elementos relativamente ajenos a lo estrictamente estético: primero, la mención a la crisis venezolana y, segundo, el tema divino. A ambos les dedicó una breve alocución y una canción. Entiendo que tenía que hacerlo y ya, no hay más vueltas que darle.

En cuanto a mi gusto personal, los momentos más emotivos vinieron con estas canciones, mis preferidas (en orden alfabético):

♥ Me va a extrañar
♥ Resumiendo
♥ Sólo con un beso
♥ Tan enamorados
♥ Yo sin ti

(También me habría gustado mucho escuchar “Es así”, una de sus canciones con mejor arreglo musical.)

Al final del día (literalmente, a medianoche), regresamos a casa con el ánimo recargado por el arte, ese que de alguna manera nos mantiene vivos y esperanzados.


Posdata:

No habría estado de más que los organizadores se hubieran tomado la molestia de solicitar agentes o asignar personas para dirigir el tráfico de salida, pues ¡vaya hazaña la que nos tocó!

miércoles, 7 de junio de 2017

Una estafa literaria

Roberto d’Aubuisson, la más polémica biografía, libro escrito por Geovani Galeas y publicado por Editorial Cinco en 2017, es una estafa literaria.

Admito y confieso que caí en ella con bastante ingenuidad, pues me creí las etiquetas publicitarias que me vendieron el libro como “la inquietante y a la vez fascinante historia de su vida” y “la descripción del hombre más allá del mito”.

Luego de concluir tortuosamente la lectura de sus 374 páginas, tengo ánimos de pedir la devolución de mi dinero, pues el producto no cumple con lo ofrecido. En cuanto al tiempo allí dejado, no hay modo de recuperarlo. Escribir una crítica es, si acaso, una manera de que esa pérdida contribuya en algo a prevenir incautos/as.

Pero vamos por partes.

En cuanto al formato, observo que la diagramación del volumen es bastante tosca, con fotografías insertadas sin ton ni son y, además, varios textos “de contexto” en recuadros grises de casi el 50 % de opacidad, que abarcan varias páginas. Esto dificulta su lectura e interrumpe el hilo conductor de cada capítulo; pero aún así, se lee.

Y en cuanto a la sustancia, pues…

El libro no es tanto la historia de la vida del extinto Mayor, como la historia de la génesis y evolución del partido Alianza Republicana Nacionalista (Arena), que surgió como reacción de la derecha política al golpe de estado del 15 de octubre de 1979. Claro está: no tiene sentido una cosa sin la otra, pero fuera de ese tema y en términos estrictamente biográficos hay apenas un par de episodios y escenas de la infancia y juventud de d’Abuisson, contados por familiares y amigos en tono risueño y benevolente.

El grueso del texto se centra, pues, en el periodo político comprendido entre los años 1979 a 1985: desde que el venerado Mayor concibió su proyecto, hasta que estuvo cerca de ganar la presidencia de la república, cediendo luego cierta cuota de protagonismo a personajes más moderados y potables, tanto nacional como internacionalmente.

Todo lo anterior es relatado por varios personajes ligados estrechamente a d’Aubuisson y al partido Arena, de cuyo sonsonete anticomunista y de salvación nacional ya conocemos (y hemos tenido) bastante.

¿Cuál es, entonces, la estafa?

Es que si a mí, como lector interesado en la historia salvadoreña, me hubieran venido a ofrecer este mismo libro, pero titulado correctamente (por ejemplo: Génesis y esplendor del glorioso partido Arena), seguramente no lo habría adquirido, porque he leído y escuchado ya suficiente sobre el tema y, francamente, me harta ese discurso que oscila entre la fantasiosa autoalabanza y la grave distorsión de la historia que desembocó en la guerra civil de los ochentas.

Pero dijeron que era algo distinto, y eso es publicidad engañosa.

Imaginemos una biografía seria y algo más completa del mayor Roberto d’Aubuisson. Allí, uno esperaría encontrar detalles sobre su labor en la Agencia Nacional de Seguridad Salvadoreña (Ansesal), responsable de graves violaciones a los Derechos Humanos durante el gobierno del general Carlos Humberto Romero. El trabajo que realizó en esa dependencia bastaría para haberlo condenado en un juicio por crímenes de guerra (porque, recuerden, la tortura es uno de ellos).

En lugar de eso Geovani Galeas, redactor del mamotreto, se esmera por exculpar a d’Aubuisson, validando testimonios interesados o estratégicamente seleccionados.

En este afán, una de las partes más chocantes sobre el Mayor y Ansesal es lo que cuenta sobre él la excomandante guerrillera Ana Guadalupe Martínez, quien prácticamente lo describe como un secuestrador amable, desde esa visión psicológicamente enfermiza que es el Síndrome de Estocolmo.

Ahora bien, en cuanto al anunciado propósito de presentar al “hombre más allá del mito”, no hay nada de eso; por el contrario, página tras página se va reforzando la idea que d’Aubuisson fue prácticamente un prócer, al transcribir -con esmerado cuido de estilo y sin mayor cuestionamiento- las palabras de quienes así lo sienten. “Poca gente he conocido yo con tanta, nobleza y generosidad de espíritu”, dice el coronel Ochoa Pérez, uno de sus ilustres amigos (como otros del calibre de Domingo Monterrosa y compañía).

En una biografía mínimamente razonable de un ser humano, en quien se suponen virtudes y defectos, habría habido espacio para algunas zonas oscuras; pero en este caso el afán adulatorio es tan burdo que, por no menoscabar su imagen inmaculada, ni el redactor Galeas ni sus patrocinadores se atrevieron siquiera a contar una razón específica del divorcio del Mayor a mediados de los ochentas, pese a que -muy entre líneas- se puede deducir que no fue por ser aquel hombre ejemplar que nos quieren pintar.

Tales son los aspectos más notorios del contenido, en cuanto a la figura de d’Aubuisson se refiere: nada distinto de lo que sus adeptos han venido repitiendo por décadas, si acaso con algunas anécdotas poco conocidas y otras con marcada sensiblería, pero encaminadas al mismo propósito.

Sin embargo, hay un aspecto intelectualmente repulsivo que nos ofrece el libro en cuestión, y tiene que ver con el escribiente, quien se puso como personaje de su propio libro.

En varios pasajes y de manera muy reiterada, Geovani Galeas insiste en dos temas, prácticamente a nivel de suplicatorio ante el público: primero, su objetividad y profesionalismo como investigador histórico; y segundo, que él es un hombre de izquierda.

En cuanto a lo primero, es muy difícil aceptar la pretendida objetividad de alguien que valida y transcribe todas las adulaciones (o incluso las dice como afirmaciones propias que denotan fascinación), pero al mismo tiempo muestra severas reservas frente a las acusaciones contra su biografiado, hasta el punto de desacreditar el informe de la Comisión de la Verdad y los elementos de juicio que le entregó el Idhuca.

¿Una muestra? En la última parte del libro, Galeas refiere que Marisa d’Aubuisson (hermana del finado Mayor e ideológicamente antagónica), le negó una entrevista, de lo cual se lamenta en estos términos: “Lástima, porque algunas cosas que tenía que preguntarle son muy graves”. Y algunas páginas después, revela cuáles eran esas preguntas: ¡puros ataques y cuestionamientos personales contra doña Marisa!

Otra más: es curioso que no haya en todo este libro “objetivo e imparcial” siquiera un mínimo análisis de los programas televisivos en donde el mayor d’Aubuisson arremetía contra sus enemigos, acusando con nombre y apellido a personas que, días después, eran asesinados por los temidos Escuadrones de la Muerte, como fue el caso de Mario Zamora Rivas y tantos otros.

Otra joya de razonamiento “objetivo” es esta: pese a saber del trabajo del Mayor en Ansesal, y que éste robó los archivos de dicha organización inmediatamente después del golpe del ’79 (entiéndase, listas negras de opositores reales o supuestos), el buen Geovani no ve en esto una vinculación con los escuadrones paramilitares.

Y así por el estilo.

En cuanto a la otra insistencia de Galeas, es cuando menos paradójico que un tipo que se denomina “de izquierda” (casi como para validarse éticamente) acepte y les dé sustento textual a las tesis políticas de la derecha más recalcitrante.

En esa línea, la conclusión general a la que llega es particularmente llamativa. Formulada en parte con sutileza y en parte con intencionada ambigüedad, Galeas viene a decir de d’Aubuisson lo siguiente:

Que, como el Mayor fue formado en una sociedad y en una institución autoritaria, en labores de inteligencia militar y una época de guerra, él “actuó en consecuencia”.

Esta perversa idea es prácticamente la que todo este tiempo han esgrimido como defensa los militares acusados de crímenes de guerra y de lesa humanidad, desde las masacres de finales de los setentas, pasando por el genocidio de El Mozote hasta el asesinato de los jesuitas de la UCA en los ochentas. Invariablemente, repiten este estribillo: “las acusaciones son falsas, pero lo hicimos en defensa de la Patria”. Esto es, sin más, una justificación del terrorismo de Estado.

Personalmente, me resulta curioso y difícil de entender ese afán de Geovani Galeas por presentarse a sí mismo como investigador serio y, además, dentro del espectro ideológico de la izquierda. Alguien me sugirió que podría ser debido a un fuerte complejo de culpa y la hipótesis no es descabellada.

A mi modo de ver, este Galeas podría resolver su dilema con bastante sencillez: ya que él domina más o menos las artes de la escritura y necesita de ingresos, está en todo su derecho de vender sus servicios profesionales a quien mejor le parezca, sea Arena, GANA o el team Nayib (como ahora). Eso es legítimo, no es ilegal y nadie tendría que reprochárselo, mucho menos en términos verbalmente violentos. Le quedaría mejor admitir su trabajo en el marco de la oferta y la demanda, así como la libre contratación, sin intentar convencernos de que lo hace desde el fondo de una conciencia ética y política coherente. Así, de paso, no habría producido esta estafa literaria, porque desde un principio habríamos sabido a qué atenernos.


Lecturas relacionadas:

· Un autorretrato oligárquico.
Reseña del libro El oligarca rebelde, de Marvin Galeas.

· Distorsión ideológica en alta definición.
Crítica al documental Los archivos perdidos del conflicto, de Gerardo Muyshondt.

· Veinte años de odio… y contando.
Reseña del libro La infiltración marxista en la Iglesia, firmado con el nombre de Álvaro Antonio Jerez Magaña.

· ¡Ya me imagino!
Reseña del libro El general Martínez, un patriarcal presidente dictador, de Alberto Peña Kampy.

lunes, 5 de junio de 2017

Max Mojica se disculpa... con peros.

Fragmento de la entrevista del programa "Hablemos claro", transmitido por TVO el 5 de junio de 2017, donde Max Mojica se disculpa (con un par de peros) por el tuit antiexternadista y antijesuita de la semana pasada



INICIO DE LA TRANSCRIPCIÓN

Yo quiero decir públicamente que fue un tuit desafortunado, creo que herí muchas sensibilidades.

No estoy atacando al colegio, reconozco que tanto el Externado como la UCA son planteles de primer nivel, han generado y generan actualmente muy buenos profesionales… pero no es mi costumbre desdecirme de lo que yo digo o lo que yo hago.

Definitivamente, creo que puse un tuit que lesionó sensibilidades, pero que yo creo que se tiene que visualizar dentro del contexto histórico del Colegio Externado de San José en la época del conflicto.

Entonces, desde esa perspectiva considero que es prudente de mi parte pedir disculpas públicas a la comunidad externadense, y también por derivación a la comunidad de la UCA, en ese sentido: que no estoy expresando ni condenando algo en contra del plantel, los planteles educativos (tanto del Externado como de la UCA) que sí, se han distinguido por una excelente educación… pero lo que se dijo fue dentro del contexto de lo que vivimos en los setentas y ochentas y que la misma historia lo confirma.

FIN DE LA TRANSCRIPCIÓN


Por contraste, relación, referencia y contexto, dejo aquí este otro tuit del mencionado personaje, sin más comentarios. (RFG)

domingo, 28 de mayo de 2017

¡Don Max, don Max, 'tese sosiego!

El buen abogado y máster en leyes, don Max Mojica, publicó hoy este tuit:

Ya en enero de este año se había despachado un artículo difamatorio en El Diario de Hoy, al cual respondí apropiadamente.

No contento con aquel incidente, hoy volvió a la carga y ya ven…

A poco más de 5 horas, la ola de repudio en su contra ha crecido lo suficiente como para que él mismo se retractara, si fuera persona medianamente sensata y no pusiera en entredicho cierto tipo de inteligencia que hacen suponer sus títulos académicos.

Pero, por el tono de sus escritos y por lo que dicen de él quienes lo conocen, creo que persistirá en su necedad y nada podemos hacer para evitar que siga hundiéndose, allá él.

Sin embargo, nunca está de más poner en evidencia a la estupidez, lo cual es de alguna manera profiláctico.

Así pues, pasemos al análisis del mencionado despropósito.

Primero, el tuit pareciera sugerir que los malvados jesuitas (o al menos algunos de ellos) en algún momento se apoderaron del Externado de San José. No sé si este iluminado activista de un tal Movimiento Libertad (cuya página en Facebook al parecer fue suspendida por infringir las normas de la red), sabía que el colegio, desde su fundación en 1921, siempre ha sido dirigido por padres jesuitas. Si don Max teme entrar a la página del colegio y revisar la historia de la institución, aunque sea debería probar en Wikipedia, que también allí está el dato.

Segundo, dice que en cierta época el Externado era para las “familias más distinguidas” de El Salvador. Lo que don Max quiere decir es que en el Externado (como en todos los colegios católicos de la época) estudiaban los hijos de las familias de mayores recursos económicos del país a mediados del siglo XX.

Eso cambió a mediados de los setentas, cuando también se abrieron oportunidades para familias de menores ingresos, una política con la que don Max puede no estar de acuerdo (si cree ser de sangre azul, por ejemplo).

Lo que no puede hacer el aludido máster, en pleno siglo XXI y sin que le dé algo de pena, es sacar a relucir un clasismo tan anacrónico como identificar a las familias de mucho dinero como “las más distinguidas”.

Y tercero, lo del “semillero de comunistas”.

¡Ay, don Max, don Max: elija mejor sus batallas!

O por lo menos infórmese para no pelear una que los sectores para los que usted trabaja perdieron… ¡hace 44 años!

Mire, don Max lo voy a ilustrar un poco: en 1973, un año en que seguramente usted ni había nacido, los sectores más recalcitrantes y ultraconservadores del país (muchas de ellos, parte de sus “familias más distinguidas”) organizaron una virulenta campaña de difamación contra el Externado, a través de los principales medios de difusión masiva e incluso hasta la Fiscalía, como feroz represalia por seguir los lineamientos establecidos por la Iglesia en el Concilio Vaticano II y en la Conferencia de Medellín.

¡Esa sí que fue campaña!

En aquel momento, la respuesta del colegio se publicó en un documento titulado El Externado piensa así, adecuado a aquel contexto y a aquellas acciones. Debería leerlo, es gratis.

Y no obstante aquellas calumnias y acusaciones, 44 años después el Externado no solo ha sobrevivido, sino que además sigue siendo un colegio de sólido prestigio, tanto por la formación académica como humana que reciben sus estudiantes. Me imagino que eso ha de dolerles mucho a usted y sus empleadores, pero no debería hacer tanta bilis, menos domingo en la mañana y todavía peor si se levanta con dolor de cabeza.

Y no lo digo solo por el tema externadista que tanto lo atormenta, sino porque veo que usted (curiosamente los domingos) también trolea al Arzobispo y hasta al Papa Francisco, pese a que dice pertenecer y admirar a la Iglesia Católica.

En serio, don Max, téngase un poco de respeto. Los poquísimos adeptos que vaya a ganar escupiendo ese veneno anacrónico no compensan la vergüenza que está pasando.


Posdata I: Ya para que hasta el Mesiyas (que no es exalumno) le dedique un tuit, es que don Max ha tenido "éxito".



Posdata II: y para rematar, el tal Movimiento Libertad le da una patadita ya saben dónde.



Posdata III: Y una semana después, vino esta "disculpa". Queda a su consideración".