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En lo concreto de ese debate interno fue inevitable considerar el "dónde" y "de a cuánto" del asunto, pensando en ir solo, ya que Carmen desistó de acompañarme desde un principio, dado el excesivo contraste entre el valor monetario del boleto con las causas que dice defender toda esa majada.
Un boleto de US$75 en las primeras filas (sí, viejo: "la moneda del imperio") me permitiría ver y oír bien, pero rodeado de alguna gente que vive como lo que antes criticaban en sus luchas populares; por el otro lado, la locación de $5 en los graderíos laterales o casi atrás del escenario sería objetivamente cara: pagar por nada. En algún momento casi tuve decidido ir al de $50, pero me desanimé al añadir a mis dudas iniciales el convencimiento de que la edad del cantautor isleño ya pesa demasiado en su voz. Quedaban las opciones de los graderíos centrales de $15 y $25, desde donde quizá se oiga medianamente bien, aunque haga falta telescopio para distinguir al poeta-músico.
¿Qué me convenció, finalmente? El rebaño: cuando vino Napo mostrando su boleto y contando que ya estaba armado el paquete con Monterrosa, Charlie, Mingo, Monzón y otros colegas. Y ya comprado el tiquete, pienso que da igual si el concierto está bueno o no: el punto es que cómo no voy a ir a ver a un tipo cuya música he escuchado en niveles adictivos, tocado en mi guitarra y hasta cantado en dos o tres presentaciones universitarias de juventud. Además, desprenderse de quince dólares ya es menos doloroso que los cincuenta originalmente previstos. Y, por último: ¡que Silvio ya está viejito y, si no es esta vez, no será nunca!
* * *
Posdata: con la mitad de esta docena particular de canciones, yo estaría contento.
1. Como esperando abril
2. Yo digo que las estrellas
3. Óleo de una mujer con sombrero
4. Rabo de nube
5. Te amaré
6. Domingo rojo
7. Ángel para un final
8. El tiempo está a favor de los pequeños
9. Historia de la silla
10. Requiem
11. Locuras
12. Monólogo
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