viernes, 29 de enero de 2016

Los cinco (feos) mandamientos de Los Picapiedra

Una referencia fundamental de la infancia de mi Generación X es el programa televisivo de Los Picapiedra, del cual incluso publiqué un top five personal. Sin embargo, pese a ciertos inolvidables momentos, una mirada adulta, consciente y mejor informada acaba descubriendo elementos no tan divertidos y hasta perniciosos.

El primer análisis que conocí de este tema fue un breve ensayo que elaboró mi hermana Delfy en su primer año de universidad, en la carrera de psicología en la UCA en el año 1977. Yo tenía diez años de edad y, aunque sus argumentos tenían fundamento racional, no rechacé emocionalmente la teleserie y la seguí viendo por años.

Hoy, ya de mayor, volví a ver algunos episodios y encontré escenas chocantes presentadas cual puntadas humorísticas (v. gr.: un reloj de cuco en el que, para marcar las tres de la tarde, un hombre le da tres garrotazos en la cabeza a su mujer). También logré comprender mejor esos paradigmas subyacentes de los que habló la estudiante de psicología antes mencionada, los mandamientos ideológicos sobre los cuales están construidas esas situaciones “graciosas”, mismos que a continuación formulo, reconociendo en ellos la influencia de aquel análisis.

1. Le ocultarás tus proyectos y acciones a tu esposa.

Buena parte de los episodios transcurren sobre esta base: Pedro hace o quiere hacer algo, pero siempre a escondidas de Vilma; no obstante, ella se acaba enterando de una u otra forma y sobreviene el conflicto. El adjetivo que lleven las intenciones o acciones realmente no importa: pueden ser o no lícitas, riesgosas, imprudentes, osadas o hasta estúpidas; el punto es no conversarlo porque “ella nunca lo entendería” (ya sea tomar clases de ballet para mejorar en el boliche o escaparse con los Búfalos Mojados a Ciudad Frenética). Buen modelo de comunicación familiar.

2. Naciste para ser obrero, no empresario.

Las veces que Pedro renunció o fue despedido de su trabajo en la cantera para emprender proyectos particulares se cuentan por los fracasos de estos intentos, ya sea como propietario de un drive-in, fabricante de pasteles de piedramora, dueño de una sala de billar o empresario circense. La moraleja permanente es que la mejor y casi única vida a la que puede aspirar es, justamente, esa donde tiene un trabajo mal pagado y peor tratado (¿recuerdan la Operación Rebaja?), y no son pocas las ocasiones en que Vilma se encarga de recordárselo.

3. No trabes amistad con el sexo opuesto.

“Los chicos con los chicos, las chicas con las chicas”, tal es el lema en el universo picapedresco, seguramente porque hay cosas de hombres (béisbol, billar, boliche, boxeo, carreras, cartas, golf y una logia expresamente vedada a las féminas) y cosas de mujeres (chismes, salón de belleza, supermercado, tiendas de ropa y todas esas superficialidades femeninas). No recuerdo ningún episodio en donde Pedro hable con una mujer, que no encienda en Vilma las alarmas de infidelidad y celos. Y la vez que Vilma presentó a un amigo, era su exnovio Rodney Pedernal, quien de Pedro decía: “¿Dónde está, dónde está? ¡Quiero grabarle mis iniciales en la piel! ¡Jh, jh, jh!” (capítulo en donde, por cierto, hubo varios atentados sospechosamente accidentales).

4. Trata mal a tu mejor amigo.

No sé si Pablo (nombre en español que le pusieron a Barney) sea en realidad un tipo con tan buena autoestima como para comprender y soportar amistosamente el tóxico carácter de Federico (el Pedro que aquí conocemos). Lo cierto es que éste ejerce bastante violencia verbal contra su pal, aparte de una amplia gama de ingratitudes a las que el condescendiente vecino parece acceder de buen grado, no importa si lo ridiculiza en público o le roba el crédito de sus acciones meritorias.

5. Esfuérzate por ser una buena esposa-doméstica.

Vilma, “la feliz ama de casa”… poco más se puede añadir al estereotipo que promueve. Su lugar está en las labores domésticas, sacrificando siempre sus propias posibilidades de desarrollo laboral en función de preparar la cena de Pedro, todo un dogma hogareño. Quizá esto no estaría del todo mal si el buen Pedro ayudara en las tareas de la casa, pero lo único que le vemos hacer es exigir, quejarse, ensuciar… y a veces cortar el césped con la máquina-tortuga, muy a regañadientes.

Es cierto que el programa se produjo en el periodo 1960-1966 y como tal responde a la mentalidad de la época. Lo triste es que todos los de esa generación (y muchos de las posteriores) al final todavía seamos un poco picapiedras.

martes, 26 de enero de 2016

Lo del 32

¿Qué sabe el pueblo salvadoreño de los sangrientos acontecimientos de 1932? La gente dice, habla, comenta y hasta conmemora, pero muy pocos tienen conocimiento serio, fundamentado, de aquellos hechos.

Las certezas y mitos sobre el 32 son tan difusas como el número de muertes que se produjeron, cantidad que según la fuente y los intereses oscila entre 5,000 y 40,000. El Gral. Maximiliano Hernández Martínez, gobernante de aquellos años duros, es recordado por unos como el mejor presidente que ha tenido El Salvador… y por otros como el más grande genocida que haya mandado por esta finca olvidada de la cultura y la civilización. La guerrilla de las FPL y luego el FMLN se pusieron el nombre de Farabundo Martí, uno de los líderes de aquella malograda revuelta, a quien tienen por ilustre figura emblemática, mientras el partido Arena hasta hace poco solía iniciar su campaña electoral en Izalco porque “allí se detuvo el avance del comunismo”.

Sin ser absoluto, uno de los estudios mejor fundamentados y más profesionales sobre el tema es el libro del historiador norteamericano Thomas Anderson, titulado El Salvador: los sucesos políticos de 1932. No dispongo de la edición original en inglés, que debe ser de principios de los setentas, pero el libro ya traducido se difundió a través de la Editorial Universitaria Centroamericana (EDUCA) en 1976 y la Dirección de Publicaciones e Impresos hizo un tiraje nacional en 2001. Toda biblioteca nacional, universitaria o escolar que se precie de serlo debe tener un ejemplar a disposición del público.

Para escribir este libro de 250 páginas, Thomas Anderson leyó acuciosamente casi setenta trabajos impresos y manuscritos, aparte de los periódicos de la época, cartas, hojas volantes, comunicados, testimonios y otros documentos, habiendo además realizado más de cien entrevistas a personas de todos los sectores involucrados. Todo este material lo dispuso ordenadamente, formulando conclusiones e interpretaciones con bastante conocimiento de causa, con el acierto adicional de que, por su condición de investigador extranjero, pudo tomar la distancia científica necesaria para no caer en las habituales trampas ideológicas nacionales.

Para quien quiera llamarse ciudadana o ciudadano salvadoreño, con plena conciencia de su nacionalidad y con una mínima perspectiva histórica, la lectura de este libro es imprescindible.

De los muchos puntos de interés que se pueden reseñar y comentar, hay cinco que me parecen destacables por cuanto a lo largo del tiempo tienden a falsificarse por unos y otros. Son los siguientes:

• La explosión social campesina tuvo como causa fundamental la extrema pobreza y exclusión estructural. Sobre esa base, los organizadores de la revuelta azuzaron el levantamiento con prédicas comunistas.

• Las acciones violentas, tanto de la rebelión como de la represión, tuvieron características prácticamente medievales, con marcados episodios de crueldad que en ocasiones fueron más allá de las meras ejecuciones sumarias.

• La única parte de la rebelión realmente peligrosa, capaz de dar alguna posibilidad de triunfo, era el apoyo de algunos cuarteles; sin embargo, esta conspiración fue descubierta y neutralizada pocos días antes de la fecha programada. Así pues, cuando la indiada de occidente se alzó, al tenor de los retumbos del volcán de Izalco, ya eran solo carne de cañón.

• Los alzados en armas mataron a un centenar de personas, mientras que el gobierno ejecutó a unos 10,000 rebeldes (o sospechosos de serlo) durante las semanas posteriores. Salvo los casos de los líderes Martí, Luna y Zapata, prácticamente en ningún otro caso hubo proceso judicial formal.

• Muy a pesar de quienes prodigan aprendidos cultos ideológicos, no hay mucho que admirar en las personalidades, acciones o inteligencias de quienes lideraron aquellos sangrientos acontecimientos.

Todo lo anterior es tristísimo, más aún si pensamos en su inutilidad, pues fue una lección histórica no aprendida.

domingo, 24 de enero de 2016

Cinco anclas idiosincrásicas

Ya con algunos lustros de rumiar la idiosincrasia o identidad cultural de la Guanaxia Irredenta, es posible detectar en ella síntomas puntuales de estancamiento, que con el tiempo se van volviendo taras que comienzan a emanar un no tan agradable aroma. Son elementos arraigados que pudieron ser válidos, meritorios o divertidos en su momento, pero que pasado su esplendor no hemos superado y ni siquiera arrastramos, porque son verdaderas anclas que nos impiden movernos. Estos son cinco de los más notables.

• Comunistas y anticomunistas

La identidad ideológica de los principales partidos políticos todavía se define en términos de comunismo (o socialismo ortodoxo) y anticomunismo. El FMLN sigue planteando (al menos teóricamente) soluciones sacadas de manuales de los setentas, mientras Arena y la empresa privada aún se asustan con el fantasma del comunismo y enarbolan una especie de mercantilismo arcaico al que llaman erróneamente liberalismo. Las consignas no son otras que las ya desgastadas “¡El pueblo unido jamás será vencido!” y “¡Patria sí, comunismo no!”. Las opciones políticas alternativas no hallan eco en la población: nacen muertas.

• Mágico González

Cada semana aparece un nuevo y el mismo reportaje sobre el Mágico González, como si fuera nuestro mejor futbolista activo. Se acrecienta su leyenda y hasta se le atribuyen episodios ficticios. Los jóvenes hablan de él como si lo hubieran visto jugar el domingo pasado. Vivimos aferrados a la esperanza de que surja otro genio natural, de puro talento pero sin trabajo, formación y disciplina, mientras seguimos fracasando con nuestro alicaído fútbol.

• Chente y los mariachis

El esperpéntico espectáculo de un grupo de mariachis ingresando a la Fiscalía General de la República, el día de la toma de posesión del nuevo titular, solo es comparable con la transformación del Salón Azul de la Asamblea Legislativa en un antro bohemio, con el homenajeado Vicente Fernández cantando “El rey” a todo galillo. Hasta los/las jóvenes bachilleres urbanos que jamás oyen música ranchera llevan mariachis a sus despedidas de colegio. El problema no es el género, sino las letras y la idiosincrasia que allí se reproducen. Claro que frente a la opción contemporánea del reguetón, Chente sale en caballo blanco.

• Roque Dalton

Roque Dalton es el Mágico González de la poesía, por lo que el párrafo correspondiente a aquel bien se le puede aplicar a este, cambiando el nombre y matizando algunas características. En el ámbito artístico todavía van y vienen sus libros, citas, antologías, pancartas y anécdotas variopintas, como si él fuera el culmen de una imaginaria tradición poética que jamás volvió a alzar cabeza tras su desaparición física hace cuarenta años.

• Cohetes

Pese a algunas restricciones que tímidamente se han ido decretando, reventar cohetes (de puro ruido y nada de luces) sigue siendo un masivo entretenimiento, no solo en fin de año sino en cuanta ocasión se preste para ello. No importan las quemaduras infantiles, el daño auditivo, la contaminación ambiental ni la permanente crisis económica: la gente sigue quemando su dinero de la manera más insensata. Y si es en la madrugada de un día feriado, mejor.

Vistas así las cosas, uno se pregunta en qué siglo realmente vivimos.

miércoles, 20 de enero de 2016

Contra lectura bíblica obligatoria en escuelas estatales

En 2010, la Asamblea Legislativa emitió un decreto que obligaba a la lectura diaria de la Biblia en las instituciones de educación pública, justificando la medida como una forma de inculcar valores morales y frenar la desbordada violencia que abate al país.

A muchos sorprendió que la propia Iglesia Católica se manifestara en contra de la medida. Finalmente, el decreto recibió el veto presidencial, alegando inconstitucionalidad, y la sentencia 3-2008 de la Sala de lo Constitucional de la Corte Suprema de Justicia (dada el 22 de mayo de 2013, sobre un tema relacionado) así lo confirma, afirmando entre otras cosas que “el Estado no puede adoptar políticas o desarrollar acciones cuyo impacto primordial real sea promover, beneficiar o perjudicar a una religión o iglesia en particular”.

Pese a lo anterior, los partidarios de la medida volvieron a la carga, abanderando una nueva propuesta para forzar la lectura bíblica en las aulas durante diez minutos diarios, “sin entrar en ningún comentario religioso, sectario, ni denominacional”. La selección de pasajes bíblicos recaería en el Ministerio de Educación, asesorado por una comisión consultiva intereclesial.

Lo que no entienden estos legisladores y quienes los apoyan, aparte de la inconstitucionalidad básica ya señalada, es que su ocurrencia es inconveniente, por al menos un buen par de razones.

La primera dificultad es que los textos sin contexto generalmente conducen a error.

Muy a pesar de lo que mucha gente cree, la Biblia no fue escrita por Dios, sino por personas que, como tales, vivían en una situación histórica y cultural específica. Esos textos, considerados sagrados por los creyentes, tienen una fuerte carga de supuestos, estigmas y prejuicios propios de culturas lejanas y distintas en el tiempo y en el espacio, aunque su intención fuera transmitir una experiencia de lo divino como ellos lo entendían.

La consecuencia directa e inevitable de esta realidad es que la Biblia no se puede leer ni entender literalmente. Ella precisa de interpretación o exégesis, la cual generalmente es institucional y proviene de las jerarquías de las diferentes iglesias, las cuales le dan un sentido particular y no pocas veces contradictorio entre ellas o incluso al interior de las mismas.

¿Cómo entender hoy el mandato de sumisión de las mujeres en el matrimonio (1 Pedro, 3)? ¿Tienen validez los anatemas contra la orientación sexual de las personas (Levítico 20, 13), a la luz de la biología y psicología contemporáneas? ¿Hemos de insistir todavía en el creacionismo opuesto a la teoría de la evolución?

La sola lectura mecánica de pasajes bíblicos, sin comentario ni explicación alguna, ha sido históricamente fuente de confusión, error y fanatismo. La interpretación, divulgación y explicación de textos bíblicos es tarea que le compete a cada iglesia en sus propios espacios de influencia. La escuela pública no es lugar para el proselitismo.

La segunda objeción es que esa disposición fomenta la segregación y activa los prejuicios.

Para salvar el sabido problema de la posible imposición de creencias, los propulsores legislativos de la medida pretenden incorporar una cláusula que exima a aquellos alumnos o alumnas de participar en el ritual si así lo desean, toda vez sus padres (o ellos mismos, si son adultos), manifiesten por escrito ese deseo.

Pero en la antes mencionada sentencia constitucional 3-2008, se esclarece que el Estado y los particulares están obligados a “no adoptar medidas coercitivas para que [una persona] manifieste sus creencias” y también los inhibe para “investigar sobre las creencias de los particulares”. Pedir un permiso por escrito para ausentarse en ese momento es un requisito violatorio de la libertad religiosa.

Tanto o más grave aún es la discriminación a que puede dar lugar dentro de la escuela.

En la cultura de religiosidad arcaica que vivimos, uno o varios adolescentes que se retiren del aula durante la lectura bíblica corren el grave riesgo de ser estigmatizados por sus demás compañeros/as como ateos, con los prejuicios y connotaciones negativas que este concepto acarrea: seguidores de Satanás, perpetradores de todos los males que el fundamentalismo religioso frecuentemente endilga a quienes no comparten su credo.

Así pues, una escuela que oficialmente propicie este tipo de errores y segregaciones es la antítesis de lo que nuestra sociedad necesita.

Este artículo fue publicado en la sección de opinión de El Diario de Hoy, el 31 de enero de 2016 (p. 16).

jueves, 14 de enero de 2016

Un autorretrato oligárquico

Marvin Galeas
El oligarca rebelde
Mitos y verdades sobre las 14 familias: la oligarquía.

- El dilema por el autor.

El Salvador ha de ser uno de esos olvidados rincones en el mundo en donde todavía es necesario hacer una aclaración previa al comentario, reseña o crítica de un libro, para justificar -y, en ocasiones, casi pedir disculpas- por el solo hecho de haberlo leído.

Tal es el caso de “El oligarca rebelde”, de Marvin Galeas (edición electrónica para Kindle, 2015).

Llegué al texto virtual por vía de una nota de periódico que contaba una anécdota curiosa sobre la mansión Guirola, en Santa Tecla. Como la librería de Amazon permite la lectura gratuita de algunas páginas antes de decidir adquirirlo, me bastó un clic para darle un vistazo for free.

El relato me interesó por el tema pero también por la forma en que está escrito: un estilo relativamente sencillo, sin demasiadas complicaciones estilísticas y muy ágil en cuanto a la acción.

Y entonces… he aquí el dilema (yo diría que de carácter ético-ideológico) de fondo: que ya tengo una opinión formada y desfavorable sobre el autor, cuyo libro estaba a punto de comprar.

Desde mi percepción, estos son los cinco puntos básicos de la identidad pública de Marvin Galeas (otrora voz oficial de Radio Venceremos, baluarte en las comunicaciones de la insurgencia armada), deducidos principalmente de la lectura de su columna en El Diario de Hoy:

  • Punto # 1: "Perdón por haber sido guerrillero, fue rebeldía juvenil pero en realidad lo que siempre quise fue tener al menos el estilo de vida de la pequeña burguesía".
  • Punto # 2: "El FMLN se desnaturalizó al hacerse comunista, cuando yo militaba allí era una gran cosa, pero conste que ya me arrepentí."
  • Punto # 3: "¡Qué gran partido es Arena, cuánta apertura y evolución! Por cierto, son falsas (o, en todo caso, no del todo bien comprobadas) las acusaciones sobre sus orígenes, su pasado y su fundador".
  • Punto # 4: "¡Qué ponzoñosos son quienes me tildan de traidor! ¿Ya no puede uno girar 180º en su pensamiento?"
  • Punto # 5: "Cuando conozco, platico y departo con prominentes personajes de la derecha (que fueron mis antiguos y adinerados enemigos), me siento arrobado, embelesado, redimido."

Pero como uno se la lleva de intelectual abierto a la diversidad -y, de hecho, ha predicado en las aulas que la simpatía o antipatía por el autor no debe interferir en la valoración literaria- hice acopio del mismo espíritu que me llevó a la sala de cine a ver el volumen uno del documental “El Salvador: los archivos perdidos del conflicto” y pulsé sobre el botón “comprar con un clic”, esperando que no se me derritiera el Kindle mientras leía.

Ya concluida la tarea, de la que creo salí indemne, puedo comentar algunos puntos relevantes.

- El autorretrato oligárquico.

Marvin Galeas, antes que ser autor del libro (en sentido tradicional), cumple un papel similar al arreglista de una obra musical: a partir del material provisto por el protagonista, él redacta, organiza y distribuye el contenido de manera tal que su lectura resulte fluida y entretenida para el lector o lectora.

Eso lo logra bastante bien, salvo un par de entrevistas prescindibles en la parte final. Con todo, es un punto a favor si consideramos lo difíciles, incoherentes, azarosas y a veces áridas que son muchas de las novelas escritas desde la perspectiva ideológica de izquierda, a menudo justificadas por esa sola causa.

En cuanto al contenido, el libro bien puede presentarse como las memorias de Jaime Hill Argüello, miembro de una de las familias más poderosas de El Salvador, conocidas históricamente como “la oligarquía”.

La mitad del texto es el relato de su secuestro por parte de la guerrilla a finales de 1979, mientras que la otra parte entremezcla estampas familiares y valoraciones sobre la situación social y política del país en diversas épocas del siglo XX, finalizando con una parte testimonial relativa a la adicción a drogas y su postrer recuperación.

La obra es particularmente interesante por la reiteración de la percepción que el protagonista, Jaime Hill Argüello, tiene de su propio grupo social. El oligarca se ve a sí mismo, y a muchos de los demás miembros de ese reducido grupo multimillonario, como progresistas, conscientes de la pobreza y marginación de grandes sectores de la población, con espíritu solidario indiscriminado y, sobre todo, como los grandes modernizadores del estado salvadoreño, al que admiten haber manejado durante prácticamente un siglo.

No obstante el anterior discurso, mueve a dudas y cuestionamientos el agudo contraste entre el estilo de vida allí relatado frente a la realidad social de miseria en que estaban sumidas las mayorías, si uno está medianamente enterado de la historia del país, más allá de las usuales simplificaciones ideológicas.

Un elemento engañoso a resaltar es el título mismo: el oligarca rebelde. Pese al notable esfuerzo del libro por presentar a Jaime Hill Argüello como relativamente distante de su grupo social, el adjetivo “rebelde” le viene más por su carácter díscolo y algunos episodios de vida licenciosa, antes que por otra cosa. Históricamente hablando, el verdadero oligarca rebelde fue Enrique Álvarez Córdova, dirigente del Frente Democrático Revolucionario, asesinado en 1980 por paramilitares de extrema derecha.

Teniendo en cuenta la situación en la que devino don Jaime, un título más exacto -aunque, ciertamente, no tan atractivo- sería “El oligarca disminuido”, en lo que a poder económico y político se refiere.

En cuanto a los "mitos y verdades" que promete Galeas, mejor citemos a don Macario: "¡ahí saquen ustedes sus propias conclusiones!"

En resumen: si quiere conocer parte de la historia salvadoreña contada por uno de sus protagonistas acaudalados, si le gustan los relatos autobiográficos con caídas y restauraciones, si no padece de fijaciones ideológicas extremas y, sobre todo, si es capaz de apartar de su mente por unas horas la polémica imagen pública del autor del libro, yo se lo recomiendo... en buena onda.

lunes, 11 de enero de 2016

Deseos 2016

A solicitud de los amigos de Revista Factum, formulé mis deseos para el nuevo año 2016. Aquí se los comparto, a ver si coincidimos.

domingo, 10 de enero de 2016

Bella e inquietante

Para uno que le fascina la ciencia-ficción de verdad (no los space westerns), y que además aprecia dos o tres toques filosóficos o inquietantes reflexiones sobre la condición humana, la película Ex Machina (2015) es un platillo fascinante. Construida sobre el tema de la inteligencia artificial y sus preocupaciones intrínsecas, el filme juega con las hipótesis, plantea posibilidades de desarrollo de la trama y logra un clímax bastante bien logrado pero no menos inquietante. Tremenda en su aparente simplicidad y exquisita belleza.

Ese gol del Mandingo Rivas

José María "Mandingo" Rivas. © Foto de LPG.


El 10 de marzo de 1985 en el Estadio Cuscatlán, las selecciones nacionales de El Salvador y Honduras jugaron un partido clasificatorio para el mundial de fútbol México 86.

Yo asistí a ese encuentro.

En el ambiente previo, recuerdo que la prensa deportiva y la afición en general tenían enorme (y, ciertamente, desmesurada) esperanza en los únicos tres futbolistas así llamados “legionarios” con quienes entonces contábamos: Chelona Rodríguez, quien jugaba en Finlandia; Pájaro Huezo, que estaba en la segunda división española con el Cartagena; y Mágico González, estrella del Cádiz.

Con esos tres ases, todos dábamos por hecho que le ganábamos a Honduras, soslayando que los vecinos catrachos tenían a sus propias estrellas, como Macho Figueroa y Gilberto Yearwood, entre otros.

El caso es que ese domingo, a eso de las diez de la mañana, me decidí a emprender el viaje al estadio. Llegué cuando estaban a punto de cerrar la puerta de acceso al sector de sombra sur y me dispuse a esperar las casi cinco horas que faltaban para iniciar el partido.

Allí dentro, conocí el concepto de hacinamiento y lo que sienten las sardinas enlatadas.

Según Edessa (dueños del Coloso de Monserrat), al estadio le caben como 53,000 espectadores; sin embargo, otras fuentes han recalculado el cupo en unos 45,000 espacios y actualmente, ya con las medidas de seguridad de FIFA luego de varias tragedias mundiales en estadios excedidos en su capacidad, su aforo real es de 34,000.

Pero ese 10 de marzo de 1985 habíamos allí no menos de 60,000 aficionados, sin contar los palcos.

En el sitio donde yo estaba, había apretada doble fila en todos los graderíos, de tal manera que resultaba completamente imposible movilizarse una vez tomado el puesto correspondiente. Algunos que, por urgencias de toda índole, tenían que alcanzar los pasillos de salida, eran enviados hacia abajo cual bultos por encima de la multitud, cuyas manos masivas los transportaban de cualquier manera hasta su destino. Y las deposiciones de aguas menores… bueno, ya sabemos cómo se manejan esas cosas.

A eso de la una de la tarde, ya bastante asoleados, retumbó por todo el estadio un fuerte sismo, que agitó visiblemente el techo de la zona donde me encontraba, un susto no del todo soslayable.

Un poco después de las dos de la tarde, el equipo hondureño salió a reconocer el terreno de juego. Todos los abucheamos, pero ellos no parecieron darse por enterados, tan tranquilos que se veían.

Cuando, minutos antes de las 3:00 p.m., saltó al engramillado nuestra Selecta, dejamos atrás el entumecimiento ya sensible de todos los miembros del cuerpo, y comenzó la algarabía.

No duró mucho el entusiasmo.

No habían pasado ni dos minutos de partido, cuando nos cayó un gol inverosímil: centro desde la derecha que cabeceó de espalda Jimmy James Bailey, el balón describió una parábola perfecta por sobre el arquero Halcón Munguía y se incrustó rozando el poste izquierdo de la portería norte.

Desde la lejanía de sombra sur, no dábamos crédito a lo que creímos ver. Las radios portátiles gritaban “¡goool de Honduras!” y en el estadio se impuso un silencio sepulcral. Pero seguimos animando y aplaudiendo, porque creíamos en la remontada, la cual no llegó en todo el primer tiempo.

Inició el segundo tiempo con el mismo son: sin oportunidades para los nuestros. Del Mágico y compañía, ni noticias, mientras angustia y desesperación crecían por la derrota que se comenzaba a dibujar.

Pero hacia el minuto 62, un pique de velocidad del Mágico jaló marcas y dejó al Mandingo Rivas a la entrada del área con balón dominado, quien luego un regate tiró a marco, venciendo a Arzú y provocando el delirio de la multitud.

Fue allí cuando viví (más que comprendí) el concepto de masa: allí donde se pierden las individualidades y uno se abraza con el primero que tiene a la par, dando saltos de alocada alegría sin considerar humores y sudores, gritando a pulmón desbocado toda la tensión reprimida y acumulada durante las horas anteriores, fundiéndose con los seres aledaños en eso amorfo de lo que todos estamos hechos.

En mi vida, ha sido el gol más intenso que jamás viví.

Por supuesto, el partido lo perdimos con una anotación de Laing al minuto 82, derechazo al ángulo que dejó sin chance a Munguía. Pero esa es otra y la misma historia de siempre.

En el recuerdo, me quedo con ese gol del Mandigo Rivas.


Posdata: pasen por alto la horrible narración de Mauricio Saade Torres.

sábado, 2 de enero de 2016

Predicciones 2016

Consultando a los oráculos críticos de los analistas de televisión locales (encabezados por el Pornoabogado), interrogando a los espíritus chocarreros de la Asamblea Legislativa, frotando la bola de cristal del difunto Mago Yin con pulidora de car wash, analizando la configuración interestelar desde el nacimiento municipal de Nayib y poniéndome en sintonía espiritual inalámbrica con el pastor Carlos Rivas y Mons. Jesús Delgado, he aquí mis diez predicciones para el nuevo año que ya comienza.

Ahí les van.

  • Habrá un fuerte movimiento sísmico en la región mesoamericana.
  • La Asamblea Legislativa aprobará una polémica ley, en horas de la madrugada y con el concurso de diputados suplentes en segunda votación.
  • Doña Evangelina del Pilar de Sol se retirará como columnista de El Diario de Hoy.
  • La Selección Nacional de fútbol quedará fuera del Mundial Rusia 2018.
  • El expresidente Francisco Flores recibirá una condena menor por peculado, pero no irá a prisión sino que pagará con servicios a la comunidad.
  • Se destapará un nuevo caso de abuso sexual en el ámbito religioso.
  • Fallecerá una importante figura política nacional.
  • La cúpula del FMLN reafirmará su ideario de los años setenta, así como a su dirigencia de setenta años.
  • Se descubrirán varias cuentas de Twitter dedicadas a la alabanza política y/o difamación.
  • Se producirá un embotellamiento de grandes dimensiones en la capital, paralizando el tráfico vehicular por varias horas.

Advierto que si no se cumplen será porque se los advertí, mientras que lo que salga cierto me dará un crédito incuestionable.