domingo, 28 de mayo de 2017

¡Don Max, don Max, 'tese sosiego!

El buen abogado y máster en leyes, don Max Mojica, publicó hoy este tuit:

Ya en enero de este año se había despachado un artículo difamatorio en El Diario de Hoy, al cual respondí apropiadamente.

No contento con aquel incidente, hoy volvió a la carga y ya ven…

A poco más de 5 horas, la ola de repudio en su contra ha crecido lo suficiente como para que él mismo se retractara, si fuera persona medianamente sensata y no pusiera en entredicho cierto tipo de inteligencia que hacen suponer sus títulos académicos.

Pero, por el tono de sus escritos y por lo que dicen de él quienes lo conocen, creo que persistirá en su necedad y nada podemos hacer para evitar que siga hundiéndose, allá él.

Sin embargo, nunca está de más poner en evidencia a la estupidez, lo cual es de alguna manera profiláctico.

Así pues, pasemos al análisis del mencionado despropósito.

Primero, el tuit pareciera sugerir que los malvados jesuitas (o al menos algunos de ellos) en algún momento se apoderaron del Externado de San José. No sé si este iluminado activista de un tal Movimiento Libertad (cuya página en Facebook al parecer fue suspendida por infringir las normas de la red), sabía que el colegio, desde su fundación en 1921, siempre ha sido dirigido por padres jesuitas. Si don Max teme entrar a la página del colegio y revisar la historia de la institución, aunque sea debería probar en Wikipedia, que también allí está el dato.

Segundo, dice que en cierta época el Externado era para las “familias más distinguidas” de El Salvador. Lo que don Max quiere decir es que en el Externado (como en todos los colegios católicos de la época) estudiaban los hijos de las familias de mayores recursos económicos del país a mediados del siglo XX.

Eso cambió a mediados de los setentas, cuando también se abrieron oportunidades para familias de menores ingresos, una política con la que don Max puede no estar de acuerdo (si cree ser de sangre azul, por ejemplo).

Lo que no puede hacer el aludido máster, en pleno siglo XXI y sin que le dé algo de pena, es sacar a relucir un clasismo tan anacrónico como identificar a las familias de mucho dinero como “las más distinguidas”.

Y tercero, lo del “semillero de comunistas”.

¡Ay, don Max, don Max: elija mejor sus batallas!

O por lo menos infórmese para no pelear una que los sectores para los que usted trabaja perdieron… ¡hace 44 años!

Mire, don Max lo voy a ilustrar un poco: en 1973, un año en que seguramente usted ni había nacido, los sectores más recalcitrantes y ultraconservadores del país (muchas de ellos, parte de sus “familias más distinguidas”) organizaron una virulenta campaña de difamación contra el Externado, a través de los principales medios de difusión masiva e incluso hasta la Fiscalía, como feroz represalia por seguir los lineamientos establecidos por la Iglesia en el Concilio Vaticano II y en la Conferencia de Medellín.

¡Esa sí que fue campaña!

En aquel momento, la respuesta del colegio se publicó en un documento titulado El Externado piensa así, adecuado a aquel contexto y a aquellas acciones. Debería leerlo, es gratis.

Y no obstante aquellas calumnias y acusaciones, 44 años después el Externado no solo ha sobrevivido, sino que además sigue siendo un colegio de sólido prestigio, tanto por la formación académica como humana que reciben sus estudiantes. Me imagino que eso ha de dolerles mucho a usted y sus empleadores, pero no debería hacer tanta bilis, menos domingo en la mañana y todavía peor si se levanta con dolor de cabeza.

Y no lo digo solo por el tema externadista que tanto lo atormenta, sino porque veo que usted (curiosamente los domingos) también trolea al Arzobispo y hasta al Papa Francisco, pese a que dice pertenecer y admirar a la Iglesia Católica.

En serio, don Max, téngase un poco de respeto. Los poquísimos adeptos que vaya a ganar escupiendo ese veneno anacrónico no compensan la vergüenza que está pasando.


Posdata I: Ya para que hasta el Mesiyas (que no es exalumno) le dedique un tuit, es que don Max ha tenido "éxito".



Posdata II: y para rematar, el tal Movimiento Libertad le da una patadita ya saben dónde.



De reflectores y escenarios juveniles

Desde hace más de 25 años, buena parte de mi trabajo consiste en descubrir y promover el talento artístico en jóvenes en edad escolar.

En muchas ocasiones, debido a una misteriosa y persistente timidez, ha sido muy difícil lograr convencer a un chico o chica para que pase a un escenario a decir un discurso con elocuencia, declamar un poema, escribir un texto literario o participar en una pequeña obra teatral. Esta reticencia inicial suele ocurrir incluso con quienes ya tienen una formación previa en música o danza.

Pero cuando finalmente deciden pasar frente al público, la ganancia es grande no solo estéticamente, sino también en cuanto a seguridad personal y autoestima, y de eso afortunadamente he escuchado varios testimonios favorables.

Sin embargo (especialmente en tiempos más recientes), también he conocido a jóvenes adolescentes que no necesitan ningún tipo de inducción, presión o motivación adicional para estar en escena, tanto así que pareciera no haber poder humano que les detenga en este empeño.

Son chicos y -sobre todo- chicas con una inquietud artística excepcional, cuyos nombres son los primeros en las listas de inscripciones para tal o cual festival, certamen o presentación que implique público y reflectores.

Esto me alegra sobremanera.

Y no obstante… hay un pequeño detalle que me llama la atención y deseo comentar, no como censura sino como genuina curiosidad.

Sabemos que, en muchos jóvenes y jóvenas, el afán por participar en cierta actividad artística a veces tiene una base objetiva de habilidad específica (p. ej.: “a esta chica le gusta actuar y además lo hace muy bien”), pero en otras ocasiones ese entusiasmo no es directamente proporcional al talento requerido para dicha rama del arte.

No quiero decir que carezca de él en absoluto, pero quizá no lo ha cultivado sistemáticamente para desarrollarlo bien, o tal vez simplemente no le alcance para superar las audiciones clasificatorias (necesarias por razones de tiempo, espacio y salvaguarda de la imagen).

Hay quienes lo intentan en uno o dos eventos, a veces por simple curiosidad, y no pasa nada. Pero ¿qué ocurre con quienes se inscriben y participan absolutamente en todo? Pues lo mismo: hay unas artes que se les dan mejor que otras; en aquellas son protagonistas indiscutibles y brillan, mientras que en estas tienen una participación a lo sumo discreta.

El detalle en cuestión es que hay personas que asumen y aceptan sus talentos diferenciados con cierta madurez… y otras no tanto. Hay quienes disfrutan su estancia en el escenario, en aquellas ocasiones en que han hecho méritos para estar allí, y recuerdan esos momentos con alegría… aunque haya habido otras veces en que quedaron al margen.

Pero también hay quienes, a pesar de haber tenido momentos memorables en escena, parecieran concentrarse en la inconformidad, el reclamo y la molestia por aquel evento en donde no clasificaron, como si sufrieran algún tipo de injusta discriminación.

Supongamos que esta chica (no tan hipotética) se lució en teatro, lo hizo bien en música y se presentó en danza, pero no destacó en declamación: ¿qué sensación le quedará al final? ¿O qué dirá este chico que estuvo magnífico en oratoria pero no pasó a la presentación en público con su instrumento musical?

Yo creo que ambos deberían estar contentos, fortaleciéndose en sus virtudes y aceptando sus limitaciones en ciertos ámbitos (que tampoco tendrían que ser definitivas), pues al final del día lo bonito es haber estado frente a los reflectores en el escenario, con al menos una virtud por mérito.

domingo, 21 de mayo de 2017

La tercera del Tecla City

El Santa Tecla FC ha obtenido su tercer título en su corta historia, al vencer 4-0 al Alianza FC en el Cuscatlán, estadio pintado de blanco por la enorme afición alba, que esta vez tampoco pudo celebrar.

Por complicaciones logísticas no pude asistir al estadio, como sí lo había hecho en las dos coronas anteriores, así que me tocó verlo y celebrar desde casita.

La clave de este triunfo fue el juego de conjunto, que tiene su centro donde debe ser: en el medio campo liderado por Gerson Mayén, un jugador que no solo marca, sino también le da dinámica y sentido al equipo. A él se suma el excelente trabajo de Saviolita Baires, complementado por Marlon, Aldaír y Kevin. El capi Chavarría estuvo lesionado en esta fase de play-off, aunque jugó unos minutos al final.

Mención especial merece la línea defensiva: Juancito, Domínguez, Iván y Tamacas, que no son sencillos de sobrepasar y saben sumarse al ataque cuando es necesario. La voz comandante del arquero Pitukas Almeida aporta mucho allá abajo, mientras que adelante estuvo un buen Ricardinho, sabiendo que desde la banca pueden venir el veterano Charly Good o el novato Canales, sin descartar a Sergi Souza o el mismo Maldonado.

Sin embargo, que estos muchachos jueguen así de bien no es casualidad, sino producto de una buena planificación deportiva, estabilidad económica y cuidadosa selección del cuerpo técnico, lo cual es mérito de la junta directiva.


© Foto: El Diario de Hoy.

Del rival, el Alianza, diré que estoy impresionado por el número de aficionados que convoca, aunque me sigue chocando que irrespeten el Himno Nacional con su grito en el "consagrar", innecesario puesto que ya tienen el mejor himno deportivo del país (♫ ¡Alianza, Alianza, Alianza campeón...!). De sus jugadores, espero que los agrandados Larín, Cerén, Sosa y especialmente Fito vayan agarrando algo de humildad, pues también se les necesita en la Selecta (bueno, a Fito mejor no).

Un comentario tipo "yo pasando iba" es que este campeonato saca una espinita con el periodismo deportivo local, entregado (y no creo que de gratis) a los así llamados “grandes”: FAS, Águila y Alianza. Pese al buen juego tecleño y los logros conseguidos, es a tigrillos, aguiluchos y elefantes a quienes les otorgan portadas en periódicos y desproporcionados espacios en radio, invisibilizando el trabajo del Santa Tecla. Cierto que aquellos tienen aficiones muy numerosas, pero con no poca frecuencia la objetividad de algunos cede paso a la pasión… u otros compromisos.

A futuro, espero que el Tecla City continúe con esta dinámica, y que la afición tecleña crezca con mayor rapidez, pues este equipo lo merece.

¡Vamos, Tecla!


domingo, 14 de mayo de 2017

Dejar de seguir

Las redes sociales virtuales son una parte prácticamente irrenunciable de nuestras vidas. Tenemos entre nuestros contactos a personas con quienes, de otra forma, difícilmente podríamos interactuar si no fuera por mensajes de chat, llamadas de video y comentarios en publicaciones. Esto ha fortalecido nuestra vida social y qué bueno que sea así.

Pero también hay una contraparte oscura, pues los medios cibernéticos facilitan e incluso potencian peleas que acaban no solo rompiendo los vínculos preexistentes en la vida real, sino creando enemistades nuevas.

Hace un par de años, en una entrada anterior me referí a ciertos bloqueos en mis redes sociales. En esta ocasión contaré algunos usos discrecionales que he hecho del botón “dejar de seguir”, una opción menos tajante pero igualmente profiláctica.

Además de quienes usan el TL de Twitter como si fuera su chat, hay personas a quienes uno deja de seguir en Facebook simplemente porque publican en demasía y a veces con sobrada irrelevancia, lo cual resulta un tanto pesado.

Ya en el campo de las creencias, de cierto tipo de publicaciones religiosas sólo diré que trato de permanecer a salvo, sobre todo cuando lo que está en la base es la marcada e irremediable superstición, o ciertas imágenes de la divinidad un tanto retorcidas. Aquí lo que procede es el botón de “ocultar publicación” y ya sabrá el algoritmo de Facebook qué hacer después.

El mayor problema está en los temas políticos y, sobre todo, partidarios.

Por principio, respeto y entiendo las opciones políticas de las demás personas, merced a su ideología, vínculos, intereses u otros elementos racionales o emotivos; sin embargo, a veces uno se encuentra con publicaciones tan carentes de sentido que desconciertan.

En el tema internacional, una de las más célebres fue aquella seudoteoría de que a Hugo Chávez lo mató el Imperio, provocándole cáncer a través de radiaciones tipo microondas o “rayos cósmicos”, como dijo un iluminado sapiente. Él y otros también afirmaron, en su momento, que el terremoto en Haití ocurrió porque “falló la máquina imperial” que lo había diseñado originalmente para Venezuela. Por supuesto, se enojaron ante los comentarios (admito que) un tanto socarrones.

Sobre el tema venezolano actual, hay otro par de intelectuales (y uso el término sin ninguna ironía) que publican diez veces por día como si trabajaran en la sección de propaganda más burda (si es que cabe otra opción) de Nicolás Maduro. Esto provoca pesar, no por la causa que defienden (que por último es calentura ajena), sino porque, al verles los títulos académicos que poseen, uno acaba preguntándose qué ocurrió con la capacidad de pensamiento crítico, raciocino o sentido común de estos jóvenes, llamados a ser la nueva intelligentsia.

En el tema del Sitramss y la habilitación temporal para uso público de su carril exclusivo por parte de la Sala de lo Constitucional, no han faltado “análisis” espeluznantes. Uno que se lleva las palmas lo vi dos días antes de que entrara en vigencia la medida, cuando varios automovilistas ansiosos invadieron anticipadamente el carril segregado. Eso se debe sencillamente a la cultura del desorden vehicular en que vivimos en la Guanaxia Irredenta desde hace décadas, vicio que no distingue colores políticos ni estratos sociales (todos sin excepción se la quieren llevar de vivos). Pues bien: un buen internauta, en un arrebato partidario, publicó lo siguiente: “¡Activistas de Arena invaden carril del Sitramss!”. Sin comentarios.

Uno de los unfollow que más me costó dar corresponde a alguien de quien no dudo es un buen hombre y excelente profesional, pero a quien sus fanatismos y temas en los que “agarra llave” lo pierden en las conversaciones reales y virtuales. Al parecer, no solo yo lo he notado, sino que seguramente ha recibido críticas de otras personas, pues un día de estos declaró, con orgullo, no solo su filiación ideológica que conocemos y respetamos, sino prácticamente su adhesión incondicional a los dictámenes de la cúpula su partido. Ahí ya no hay nada que hacer.

A estas alturas del “post”, no faltarán quienes crean que sólo con gente “de izquierda” he tenido roces, y de seguro estarán sacando sus conclusiones. Pues se equivocan, estimados/as, porque también con gente de derecha he tenido que acudir al uso medicinal de la distancia.

El más reciente caso es el de un excompañero de colegio, quien -como muestra de su apoyo ideológico- reprodujo en su muro el comunicado de unos militares en situación de retiro, de la época de la guerra, quienes manifiestan allí su persistente visión anticomunista y se notan algo molestos por los señalamientos de crímenes de guerra que sobre ellos pesan. A ese pronunciamiento respondió, en términos muy correctos, el sacerdote jesuita José María Tojeira, cuyo enlace pegué en la sección de comentarios de la mencionada publicación, con el fin de contrastar puntos de vista. Grave error. No imaginé el nivel de odio visceral que aún guardan estas personas, transmitido de generación a generación.

A estas alturas, alguien puede cuestionar el porqué uno se mete a comentar publicaciones con las que no está de acuerdo. La razón es sencilla: porque aparecen en el propio muro.

Aclaremos algo: desde el momento en que alguien decide “publicar” algo es porque lo pone a consideración "del público” y es susceptible de recibir reacciones y comentarios. Claro que puede haber respuestas fuera de tono o incluso ofensivas, las cuales (troles aparte), muestran intolerancia y mala educación por parte de quien las escribe. Pero fuera de estos casos, ¿por qué publican y luego se enojan?

En fin… pese a lo enriquecedor que puede llegar a ser el juego de ideas, lo cierto es que cuando la pena pesa más que el sano interés por debatir, el botón “dejar de seguir” aparece como una salida mucho más elegante que “eliminar de mis amigos”.

miércoles, 10 de mayo de 2017

Hermosas canciones enfermizas a la madre

Año con año, cada Día de la Madre son sacadas del baúl telarañoso de los recuerdos ciertas canciones tradicionales dedicadas a la figura materna, con sabor vernáculo, textura de discos de vinilo y olor a moho de fotos en blanco y negro.

Ejemplos típicos son “A ti, madrecita”, de Julio Jaramillo, y “Cariño verdad”, de Los Churumbeles, escritas (como casi todas) por varones a mediados del siglo XX.

Pareciera como si, por implacable mandato del subconsciente, estas y otras piezas igualmente famosas debieran cumplir con estos requisitos:

  • Música en tono triste, melancólico y lastimero.
  • Énfasis en el arrepentimiento por todo el dolor causado a la progenitora, ya que el protagonista ha sido un mal hijo: "madrecita querida, ¡cuánto te hice sufrir...!"
  • Nostalgia por volver a la infancia idealizada (p. ej.: "Lady Laura", de Roberto Carlos): "tengo a veces deseos de ser nuevamente un chiquillo, y en la hora que estoy afligido volverte a oír..".
  • Bipolaridad respecto a la figura femenina: por una parte, el amor idílico a la mujer que le dio la vida; por otra, resentimiento, desprecio y hasta odio hacia esa mala mujer (novia o esposa) por cuya causa abandonó a la doña: "y maldigo hasta la hora en que yo la abandoné..." ¿Complejo de Edipo no superado…?
  • Reconciliación tardía con la mentada madre, porque ella ya ha muerto o está en las últimas.

¿Qué tipo de homenaje es este, señores?

Más allá de lo que puedan gustar o no esas melodías, ¿acaso no hay una canción famosa que exprese una relación madura, sana y actual con la propia madre?

miércoles, 3 de mayo de 2017

Dos tercios

Cumplo 50 y, estirando un poco el dato estadístico de la esperanza de vida promedio, no creo insensato tener una expectativa final de 75 años (salvo accidente, repentina enfermedad terminal o cualquier otra desgracia que, en el contexto local, no sería algo tan inesperado).

Al día de hoy son, pues, dos tercios de vida los que ya habría consumido y estoy contento con mi medio siglo a cuestas: racional, artístico, agnóstico, escéptico y crítico… aunque no totalmente exento de eventuales ataques de emotividad descontrolada, ciertas artes mundanas, alguna ficción sobrenatural, episodios de marcada ingenuidad o esa terrible tentación de “dejar hacer, dejar pasar”.

Tengo la fortuna de ejercer una profesión que me gusta mucho y he podido, además, encontrar cauce para mis inquietudes creativas en diversos campos, a veces solo y en muchas ocasiones gracias al talento de los jóvenes y jóvenas con quienes he trabajado.

Si fuera posible viajar en el tiempo, no pediría regresar y quedarme en ninguna época anterior, pues aunque todas tuvieron su gracia y su dolor, fue la experiencia acumulada en cada una de ellas la que al final acabó dándoles sentido en edades posteriores. Por eso, espero poder seguir diciendo lo que hasta hoy he mantenido: que la mejor época es el tiempo presente.

Recuerdo aquellas épocas pretéritas con sus luces y sus sombras, que no fueron pocas, pero ya sin esa nostalgia ilusoria que deriva de la creencia idílica de una “época de oro” en el pasado.

Por supuesto que he vivido experiencias muy dolorosas, pero ¿quién no...? Lo importante es haberlas sobrellevado con estoicismo y no dejar que sean una tortura permanente en los recuerdos.

Por los tiempos y circunstancias particulares de mi vida, a esta edad puedo decir -junto con mi esposa- que ya cumplimos con el compromiso de poner a nuestros hijos en la vida con las mejores herramientas que supimos darles (materiales, académicas y personales) para que se desarrollen a plenitud, confiamos en que lo harán. En esta labor, tuvimos la inestimable ayuda de su abuela ya fallecida, quien partió de este mundo con la satisfacción de haberlos visto culminar con éxito muchas de sus metas.

Con la jubilación en el horizonte a mediano plazo y cumplidas muchas facetas de la vida adulta, la vida de pareja cobra un nuevo sentido: ahora tenemos mucho más tiempo para nosotros y, puesto que aún no entramos a la temida “tercera edad”, podemos atendernos mejor y aprovechar esta época para hacer algunas cosas que, por diversas limitaciones de cuando éramos muy jóvenes, se nos quedaron pendientes.

Y aunque sea un cliché, “agradezco a todas las personas” que han tenido gestos favorables para conmigo y mi familia durante todo este tiempo. También pido disculpas a quienes ofendí injustamente, con o sin intención. Y a quienes están alejados/as de mis espacios vitales, por mutua voluntad o por necesaria salud emocional, sepan que ya no hay resentimientos, pero es mejor mantenernos así, a prudente distancia, pues para qué alborotar panales o revolver aquello que ya saben.

Así pues, ¡gracias, medio siglo mío… y venga más vida, que esto sigue!

lunes, 17 de abril de 2017

Un infame entre los ilustres

En enero de este año, el alcalde de Santa Tecla, Roberto d'Aubuisson Munguía, inauguró el Paseo de los Ilustres y el Salón de los Ilustres, ambos ubicados respectivamente en el Paseo El Carmen y en el Palacio Municipal Tecleño. En esos sitios hay placas y fotografías de 25 personajes célebres relacionados con la ciudad, para “ratificar la memoria histórica y la identidad cultural del municipio”, según voceros de la alcaldía.

Un ilustre es alguien “conocido y admirado por su excelencia”, y por ello no extraña que entre los elegidos estén los fundadores de la ciudad, cuyos nombres identifican también a lugares emblemáticos tecleños: José Damián Villacorta, José Ciriaco López, Manuel Gallardo, Daniel Hernández, Pilar Velásquez, así como miembros de la familia Guirola (Ángel, Eduardo y Concepción). También están dos expresidentes de la república (Francisco Dueñas y José María San Martín) y los autores del Himno Nacional (Juan Aberle y Juan José Cañas).

Fuera del ámbito político, encontramos personajes que hicieron mucho bien a sus semejantes, como la docente Margarita Durán, la religiosa Clara María de Jesús, el médico Rubén Rochi y el filántropo Walter Soundy, todos de grata y unánime recordación. Destacan también tres artistas: los escritores José Mª Peralta Lagos y Alberto Rivas Bonilla, así como el notable caricaturista Toño Salazar. Por supuesto, no podía faltar el baloncestista José Adolfo “Chorro de Humo” Pineda.

Todos los antes mencionados fueron personas de gran valía para la ciudad y el país. Salvo los expresidentes (que, por su cargo, nunca pueden estar exentos de crítica), nadie habla mal de ellos y cualquier referéndum o consulta popular validaría sus merecimientos.

¿Qué hace entonces el difunto e infame mayor Roberto d’Aubuisson Arrieta entre dichos ilustres?

El cuestionamiento no es porque este personaje haya sido líder de la ultraderecha en la década de los ochentas, cuya expresión política fue (y aún es) el partido por él fundado, Alianza Republicana Nacionalista. Ideologías aparte, ese hecho es legítimo.

Tampoco es que su inclusión en dicho homenaje sea antiética por el solo hecho de que su hijo sea el actual alcalde, pues si de veras lo mereciera no habría por qué quitarlo por causa del parentesco.

Incluso, si nos vamos a lo estrictamente legal, el solo señalamiento de haber sido parte de la conspiración para asesinar a Monseñor Romero (que consta en el Informe de la Comisión de la Verdad), así como la vox populi que lo vincula con las actividades de exterminio selectivo de los “escuadrones de la muerte”… técnicamente no bastarían para quitarle la presunción de inocencia, pues nunca fue encausado formalmente por estos delitos. Otra cosa es el juicio moral de gran parte de la población, que si bien en este caso es extrajudicial deberían haberlo tenido en cuenta.

Y no obstante... lo que sí consta en cientos de testimonios, incluso vertidos judicialmente, son las masivas violaciones a los derechos humanos cometidos por los cuerpos de seguridad de los regímenes militares de Molina y Romero, en la década de los setenta en las cárceles del sistema. Toda esa actividad de terrorismo de Estado fue coordinada por la Agencia Nacional de Seguridad Salvadoreña (ANSESAL), bajo la dirección del finado Mayor.

Así pues... solo en la torpe mentalidad de sus partidarios, quienes al interior de su partido lo veneran casi religiosamente, pudo gestarse la retorcida idea de incluirlo en una lista de tal calibre.

Lo más triste es que la manía de venerar infames trasciende las fronteras partidarias e ideológicas, pues del otro lado también encontramos pleitesías y veneraciones que dan pena, propia y ajena.

viernes, 14 de abril de 2017

Cinco sinrazones de "Por 13 razones"


Transcripción de la 22ª emisión de RFG TV

¡Hola! Hoy les voy a comentar cinco sinrazones de "Por 13 Razones"

Recientemente se estrenó por Netflix la serie Thirteen reasons why o Por trece razones, basada en el best-seller de Jay Asher, publicado hace una década.

La trama es que Hannah Baker, una estudiante adolescente suicida, grabó 6 cassettes y medio antes de cortarse las venas, en donde culpa específicamente a 12 personas de quitarse la vida. La cuenta de 13 se ajusta porque una de ellas es doblemente responsable.

El paquete de esas grabaciones debe ser escuchado por cada una de estas personas señaladas y luego pasárselo al siguiente de la lista, con la amenaza de que, si no lo hacen, hay otra persona que tiene en custodia una copia de todo ese material, con el mandato de hacerlo público si alguien rompe la cadena.

En este video voy a comentar mis impresiones sobre la serie, que pese a su éxito de audiencia… no son muy favorables. Al igual que las demás opiniones expresadas en mi canal, no tienen la pretensión de que alguien tenga que coincidir a fuerza con ellas, pero sí trato de darles algún fundamento para que no sean tan antojadizas.

Pero antes de enumerarlas, debo decir algo importante a nivel personal. La experiencia del suicidio la padecieron cuatro personas a las que conocí en diferentes momentos de mi vida: un compañero de colegio, un amigo muy querido en la universidad y dos estudiantes adolescentes en diferentes edades. Por eso, por lo que sé y por lo que me afectó, creo que puedo hablar del tema no sólo desde una perspectiva teórica.

Primera sinrazón: culpar a otros del suicidio de alguien.

El suicidio es una decisión íntima, personal, que -por cruel que pueda parecer decirlo- no depende tanto de las circunstancias objetivas como de la imposibilidad subjetiva o psicológica de la persona para lidiar con dichas circunstancias, y eso lo admite hasta la misma protagonista, Hannah, en los capítulos finales.

Claro que hay personas que pueden haberle hecho daño (con o sin intención) a quien se acaba suicidando, pero no hay una relación automática de causa y efecto que establezca que “esta situación o este daño tiene que acabar en suicidio”. Es más: lo que para alguien puede ser una causa para el suicidio, para otra persona puede ser un motivo para fortalecerse y seguir luchando.

De lo que se debería tratar aquí no es de repartir culpas como una venganza personal, o como si el mundo tuviera la obligación de girar a tu alrededor, sino de fortalecer el carácter para poder hacer frente situaciones difíciles.

Segunda sinrazón: da igual cómo sean tus padres

Veamos: mejores padres que los de Hannah, la protagonista, no puede haber. Son dedicados, comprensivos, amorosos, siempre tienen una palabra de ánimo, están dispuestos a escuchar… incluso hasta en las llamadas de atención sanciones son tolerantes, respetuosos y equilibrados.

¿Y de qué sirvió eso? De nada, porque Hannah nunca buscó apoyo, consejo ni ayuda en su papá y su mamá, que son al final los más castigados por la tragedia. Y no es porque ellos no estuvieran dispuestos a dársela, ni porque estuvieran pendientes “sólo del negocio”. ¡No! Es porque ella, al igual que muchos otros adolescentes, los mantuvo siempre al margen y jamás se dejó ayudar.

Tercera sinrazón: banalizar los factores de llevan a un suicidio.

Seguramente este es el punto más débil y más notorio de la serie, y lo que más comentarios negativos ha provocado.

Con una lista de 13 razones, y dedicándole un capítulo a cada una, se les da la misma jerarquía a todas, desde las más serias hasta las más banales. Todas quedan al mismo nivel.

En un rápido recuento, de esas 13 “razones”, está claro que hay 3 situaciones muy graves (dos de abuso sexual y un accidente no reportado que provoca una muerte). Hay otras 3 más o menos graves, relacionadas con fotografías inapropiadas. Pero hay otras 4 bastante triviales, bromas de escuela que si bien son incorrectas también son bastante comunes y para lo único que sirven, en la serie, es para dejar ver un carácter de “drama queen” y de sobrerreacción de Hanna.

Luego, hay otras 2 en donde los supuestos “culpables” (Clay y Mr. Porter) realmente no lo son, pues la situación fue echada a perder por la propia protagonista. E incluso hay otra, la del poema divulgado, que solo ella, en su psique oscura, la ve como negativa.

Claro, alguien puede decir que no son los hechos individuales sino el conjunto de ellos lo que la llevó al suicidio, pero entonces volvemos al punto anterior: la clave está en la capacidad de cada persona para lidiar con esas circunstancia, su inteligencia intrapersonal, su fortaleza espiritual o de carácter.

De hecho, si lo piensan bien, hay otros personajes, como Justin y Jessica, que tendrían tantas o más razones que Hannah para suicidarse… pero reaccionan diferente. Y si seguimos la “lógica” de Hanna, ella vendría siendo la principal culpable de que Alex Standall se pegue un tiro en la cabeza. Y así, no llegamos a ninguna parte.

Por series como esta y por no tener claro este punto es que, cuando hay un suicidio, no faltan titulares sensacionalistas y superficiales como “adolescente se suicida porque la dejó el novio”, “joven se suicida porque discutió con sus padres” o “estudiante se quita la vida porque reprobó una materia”.

Cuarta sinrazón: querer justicia sin denuncia

En el capítulo final, cuando Hannah dice que va a “darle una última oportunidad a la vida”, acude al consejero escolar en busca de ayuda.

No me puedo imaginar a alguien más sensible a los problemas juveniles y mejor capacitado para tratarlos que Mr. Porter. Pese a la reticencia inicial de ella, él logra establecer comunicación y que ella cuente parcialmente lo que le ocurrió, que fue una agresión sexual por parte de uno de sus compañeros de clase.

Mr. Porter actúa muy profesionalmente y además de mostrarse empático y ofrecerle apoyo, le aclara las dos opciones que ella tiene: una, dar el nombre del agresor y denunciar el hecho a la policía, a lo cual él mismo está obligado como consejero escolar; o dos, si no hay suficiente evidencia incriminatoria o si el hecho no está claro, hacerle ver el peligro de una denuncia sin fundamento y que en ese caso es mejor abstenerse de hacerla.

En este punto hay que tener mucho cuidado, porque seguramente van a salir diciendo “¡hey, pero sí hubo agresión!”. Y sí, eso lo sabemos los espectadores porque vimos las escenas que así lo muestran, pero desde el punto de vista legal y en la posición del consejero, en el contexto del sistema de justicia estadounidense, si la propia víctima no aporta la información suficiente (ni siquiera su testimonio “a no ser que se le garantice 100% que el agresor será condenado”), ¿cómo se le puede apoyar o ayudar institucionalmente?

Alguien dirá “es que el consejero debió insistir”, ajá, pero es que Hannah salió molesta y a toda prisa de la oficina, sin dar tiempo a nada más porque esa misma noche procedió a suicidarse.

La lógica de Hannah es: “tengo la firme determinación de suicidarme, y como usted no me detiene, entonces usted es el culpable”. ¿Qué sentido tiene eso?

Quinta sinrazón: mandar al carajo a quien te quiere

Es evidente, desde el primer capítulo, que el chico Clay está enamorado de Hanna y que el sentimiento es recíproco, pero ambos no se atreven a aceptarlo ni a decírselo mutuamente. Y en cuanto a la visión negativa que Hannah tiene del género masculino, también está claro que Clay “es diferente”, pues respeta a Hanna como persona en toda su integridad.

¿De qué sirvió esto? De nada.

Porque en el momento en que se va a realizar el encuentro amoroso de ambos, Hannah sufre un ataque androfobia (es decir, repulsión a los hombres). Entonces empuja y le grita a Clay “vete al carajo”. ¿Y qué hace él? Pues exactamente lo que debe hacer: irse, en atención a la exigencia de Hanna, respetando su rechazo.

Pero cuando ella narra posteriormente la experiencia en su cinta grabada, le dice a Clay “¿por qué te fuiste, por qué no insististe, por qué no te quedaste?”. Y por eso ella lo culpa y lo pone en las cintas.

Así no se puede.

En conclusión, me parece muy bien que se ponga sobre la mesa el tema del suicidio, que se hable y que se debata sobre ello, aunque esto debería hacerse desde una perspectiva un poco más madura y profesional de la que se presenta en esta serie, la cual puede ser, en todo caso, un punto de partida.

Pero si quieren mejores opciones para tratar el tema del suicidio, mejor busquen la novela corta “Werther”, de Goethe, y en cine, “La sociedad de los poetas muertos”, protagonizada por Robin Williams.

Nada más tengan cuidado de que la trágica belleza de estas obras no los vaya a seducir, porque esta vida es lo único que tenemos y hay que aprovecharla sin caer en semejantes depresiones.

Ah, y si necesitan ayuda... ¡búsquenla!


Posdata: Como bien dijo una comentarista en mi "post" de FB, Hannah presenta un comportamiento patológico, y de ahí mi punto con las "sinrazones": que la serie presenta esa visión enfermiza como algo normal, "ok, cualquier chico/a reaccionará de la misma forma". Claro que dentro del esquema de percepción distorsionada de Hannah, todo tiene "lógica", pero lo perjudicial de la obra es que legitima ese enfoque un tanto retorcido.

sábado, 25 de marzo de 2017

Una satisfacción muy especial

Escribo estas líneas todavía emocionado porque mis chicos/as del ESJ lograron el primer lugar en el IX Certamen Intercolegial de Debate, organizado por la Escuela Superior de Economía y Negocios.

Si bien en 2010 ya se había ganado este certamen, en aquella ocasión apenas di un par de consejos la tarde anterior, pues la iniciativa de participar y la preparación misma estuvo a cargo de los propios participantes, una de ellas mi ahijada.

En los años siguientes, me limité a transmitir la invitación a estudiantes que mostraron interés en el evento, pero objetivamente no tenía disponibilidad de tiempo para ayudarles en su preparación, así que fueron sin mayor tutoría, igual que sus predecesores.

Recuerdo particularmente a un grupo de excelentes estudiantes de esa época que, pese a sus habilidades académicas y de expresión, no logró llegar hasta la Final Four. Este síntoma y otros indicadores me hicieron ver que año con año el nivel de dificultad del evento había ido aumentando, pues cada vez eran más los equipos que se preparaban con respaldo institucional y con mayor anticipación.

Entonces vi que no era justo enviar participantes que, aunque fuesen capaces y entusiastas, no tuvieran el debido apoyo, pues estaban en franca desventaja.

Afortunadamente, esta tesis encontró eco en la dirección del ESJ y así, a finales de 2014, iniciamos el primer proceso organizado para conformar y preparar un equipo que cumpliera las expectativas que naturalmente genera una institución de consolidado prestigio académico.

Con ese equipo que participó en el Certamen 2015 (formado por Sonita, Pablo, Paola y Jackie) logramos un meritorio tercer lugar y su experiencia de aprendizaje fue muy significativa, más allá del galardón obtenido.

En la edición 2016, un equipo tan bueno como el anterior pero con características marcadamente distintas (Marcelo, Jenny, Mario y René) alcanzó el segundo lugar. Aquí incorporamos por primera vez, en cierto momento, a dos redactoras auxiliares: Amalia y Fátima. Valoramos favorablemente todo el proceso, pero como en toda competencia quedó esa micro espinita de que pudimos haber ganado.

Y así llegó 2017, cuando hicimos los ajustes necesarios para capitalizar las experiencias de los años anteriores. Este equipo tuvo a Hugo, Denisse, Betsy e Ivonne, todos de cualidades excepcionales tanto en la expresión como en la investigación y organización del contenido. A ellos sumamos el singular talento discursivo de Murcia, así como la colaboración de Paty como redactora auxiliar.

La cuota de sacrificio invertida en esta participación fue grande, como la de años anteriores, y de la misma forma, desde antes del último día de competencia, la satisfacción estaba asegurada por el hecho de estar entre los cuatro finalistas y haber logrado aprendizajes importantes. Claro que en una competencia de este tipo es bonito ganar, pero nuestra mentalidad explícita fue valorar la experiencia más allá del resultado.

¡Pero ganamos!

Y ese logro, además de la alegría por el premio, tiene una satisfacción muy especial, que me interesa compartir.

La dinámica del certamen es así: acerca de un tema asignado hay dos posturas opuestas, las cuales deben ser preparadas por los equipos participantes y, justo antes de comenzar el debate, se sortea qué postura defenderá cada cual, con independencia de la opinión personal de cada uno de los debatientes.

He aquí lo interesante: cada uno de los contendientes va entendiendo que existen las opiniones contrarias, y que estas tienen ciertas bases y fundamentos que deben ser estudiados y rebatidos con argumentos sólidos. El resultado es necesariamente educativo, pues no hay lugar a fanatismos ni intolerancias.

Y no obstante, a veces aparecen ciertos temas que tocan la sensibilidad y chocan con ciertos valores personales adquiridos o en formación… como ocurrió en esta ocasión.

¿Cómo proceder entonces?

Luego de meditar bien el tema decidimos que, si nos tocaba defender esa postura que no encajaba con historias familiares y valores institucionales, teníamos que buscar una manera de ser coherentes ante todo con nosotros mismos, manejando con mucha precisión y pinzas quirúrgicas los argumentos que nos permitieran sostener el debate con solidez pero sin traicionarnos, siendo al mismo tiempo conciliadores y propositivos.

¡Y vaya que lo logramos!


viernes, 10 de marzo de 2017

El dibujo como herramienta de evaluación

En el ámbito educativo, una de las cosas más temidas por los estudiantes son, sin duda, las pruebas objetivas o exámenes escritos; sin embargo, estos también son un suplicio para el docente, cuando tiene que calificar, responsablemente y con objetividad, cientos de papeletas bajo presión, labor que puede tomar varias horas de jornada extralaboral e incluso de sueño.

A partir de la observación y mi propia experiencia, estoy convencido de que existe una relación inversamente proporcional entre el tiempo que uno dedica a confeccionar el examen y el tiempo requerido para calificarlo.

Aunque no es una receta de aplicación mecánica, es deseable que un buen examen escrito combine diferentes formatos de pregunta (por ejemplo: opción múltiple, pareo y desarrollo). Para elaborarlo, yo necesito generalmente dos horas, los estudiantes tardan entre 20 y 30 minutos en resolverlo, mientras que la revisión me toma aproximadamente 90 segundos por papeleta (una hora por cada sección de 40 estudiantes, revisando una sola pregunta a la vez, en una misma pasada por todas las pruebas, a fin de estandarizar el criterio de corrección).

En casi tres décadas de carrera docente, he utilizado -con sus más y sus menos- ítems de todo tipo, y creí que no había más por innovar hasta que un buen día se me ocurrió explorar el dibujo como herramienta de evaluación de contenidos… con estudiantes que no tienen ninguna formación en las artes gráficas.

Y creo que está funcionado.

En mis exámenes recientes, siempre hay un ítem en donde, en vez de pedirles a los chicos y chicas que describan una escena específica del libro que les dejé a leer, les doy un espacio para que la dibujen.

¿Pero qué pasa si, como buenamente les digo, “el dibujo no es su fuerte”?

Para que este recurso sea válido es importante tener claros los criterios bajo los cuales se califica. El más importante (digamos, dos tercios) es que estén representados todos los elementos importantes de la escena, mientras que el tercio restante se da por la estética visual y el esmero puesto en él, aunque el dibujo sea “de palito”.


¡ALERTA DE SPOILER!


Me explico mejor con este ejemplo del examen sobre Júpiter, de Francisco Gavidia, puesto aquí con autorización de su autora, Karina H.

El contenido está completo: Celis yace muerto en el calabozo, mientras su hija Blanca queda horrorizada por este descubrimiento y Júpiter se suicida, incapaz de soportar la culpa del asesinato cometido contra el padre de su amada imposible (de cuyas intenciones de entregársele para salvar al prócer preso se entera demasiado tarde).

Y, aunque la dibujante no cultive sistemáticamente este arte, se ha esmerado para lograr que la pequeña obra gráfica se vea bien y transmita la idea con algún sentido estético.

Como este, hay muchos otros dibujos que merecieron todos los puntos en juego. Y, ciertamente, calificarlos me resulta mucho más rápido y entretenido, sin que por ello el ítem pierda validez.

martes, 28 de febrero de 2017

Así reaccionamos, Gustavito.

Murió Gustavito, el hipopótamo del Zoológico Nacional.

Según informaron las autoridades, entre la noche del martes 21 y la madrugada del miércoles 22 de febrero de 2017, un grupo de personas no identificadas ingresó furtivamente al lugar de cautiverio y atacó a Gustavito con objetos punzocortantes y condundentes. El pobre animal quedó en agonía hasta que finalmente murió la noche del día 26, a consecuencia de las graves lesiones que le fueron infligidas con varillas metálicas, piedras, machetes y picahielos.

Al momento de redactar esta nota, aún no se conocen las motivaciones de tan brutal acto y la Policía Nacional Civil no ha reportado capturas; sin embargo este día se conoció otra versión de los hechos, dada por el sindicato de Secultura, hipótesis según la cual Gustavito tenía más de dos semanas de estar muy enfermo, tan débil que sufrió varias caídas y heridas en su recinto. Esto apuntaría a negligencia y descuido como causas de la muerte.

A la espera de que se esclarezca el hecho, la tristeza y la indignación han sido las principales reacciones percibidas, tanto las conversaciones cotidianas como en redes sociales.

La necesidad de supervivencia justifica dar muerte a animales para comerlos o para defenderse, incluso para sacrificarlos a supuestas deidades en tiempos arcaicos; sin embargo, la especie humana es la única que tortura y mata a otros seres vivos por placer, diversión o entretenimiento, y para ello ha creado rituales y espectáculos socialmente aceptados, como el deporte de la cacería, la tauromaquia y las peleas de gallos o perros.

Pero si Gustavito fue atacado así como dijeron al principio, sería un escalón más.

De ser así como ocurrieron las cosas, resulta inconcebible cómo puede haber gente tan enferma de la mente como para cometer este acto de crueldad con una criatura en cautiverio, atacada a traición sin otro propósito más que regodearse en el sufrimiento y acaso enviar un mensaje social de matonería, terror y desprecio por la vida animal.

En cualquier caso, a partir del abominable hecho comenzaron a verterse expresiones, poses, enfoques y “razonamientos” de muy amplia gama, y es en algunas de esas corrientes donde el malestar se amplifica y acentúa.

Una primera línea de comentarios impertinentes es la de ciudadanos/as dizque “conscientes de la realidad”, que emiten opiniones de censura contra quienes expresan su dolor y cólera por la tragedia de Gustavito, porque según ellos callan o ignoran las tragedias cotidianas que se viven en el país más violento del mundo.

Esta pose intelectual-humanista parte de un supuesto equivocado, pues quienes han exteriorizado su repudio por la agresión al hipopótamo no lo hacen porque ignoren las desgracias de un país tan miserable con sus habitantes humanos, o porque la vida de un animal les parezca más valiosa que la de una persona, sino porque este acto tan vil representa un nuevo nivel de maldad, que se extiende más allá de la conocida vorágine de bajos instintos.

El estupor nace de un legítimo “por si no bastara con aquello, ahora viene esto”, pero eso no lo comprenden los que se autoerigen como administradores del dolor ajeno.

* * *

La segunda vertiente es la de quienes quieren hacerse los graciosos con comentarios idiotas. Ojo: no niego que sea posible soltar una frase desestabilizadora y original con algo de humor negro, aún en momentos delicados o incluso inoportunos (lo cual suele ser un recurso de distanciamiento como mecanismo de defensa); pero lo visto y oído dista mucho de tener algún tipo de ingenio y sí, en cambio, demasiado de insensibilidad.

Hasta para hacer el tonto hay que tener gracia.

* * *

Un tercer caudal es la de los sesudos analistas sociopolíticos, ases de las neuronas para descubrir ocultas teorías conspirativas. Para estos genios geniales, el ataque a Gustavito es una cortina de humo (¿qué no lo es?) para ocultar siniestros planes de personas o instituciones que quieren ocultar cosas inconvenientes. Su único argumento es la tremenda falacia de “¡es cierto porque es posible!”. Nadie se explica, no obstante, cómo esta clase de inteligencias aún no han migrado a Hollywood, donde podrían encontrar puesto como guionistas de películas B.

* * *

Sin demeritar los ángulos anteriores, lo que realmente mueve al asco es el oportunismo de los politicastros de la Guanaxia Irredenta, quienes aprovechan esta muerte para aparecer como redentores enarbolando banderas tan populares como demagógicas, proponer duras leyes salvíficas o simplemente atacar a sus enemigos partidarios, con genuina vocación de haters.

Tema aparte es el amarillismo de quienes divulgan “las fotos de Gustavito que Secultura no quiere que veas”, como si ese morboso espectáculo de carne y sangre contribuyera en algo a la investigación del hecho, la sensibilización ante el maltrato animal y la prevención de ataques similares.

Así pues, con ese tipo de reacciones, lo más triste de la muerte de Gustavito va a ser que ni siquiera vaya a servir como punto de inflexión para cambiar ni mejorar nada.


sábado, 4 de febrero de 2017

Un verso bobo para la paz

Algunos jingles publicitarios suelen simplificar hasta el ridículo eventos que merecen respeto y atención. ASDER ya nos ha dado ejemplos de cómo trivializar conmemoraciones y, con motivo de los 25 años de la firma de los Acuerdos de Paz, han vuelto a la carga. Dejó aquí el video con mi crítica.

martes, 17 de enero de 2017

Ese testimonio de locura y odio

El lunes 16 de enero, fecha de la conmemoración de la firma de los Acuerdos de Paz, apareció en las páginas de opinión de El Diario de Hoy el artículo titulado “El evangelio envenenado de la Teología de la Liberación”.

Lo firma el abogado Max Mojica, máster en leyes, pero igual podría haber sido la Cruzada Pro Paz y Trabajo o cualquiera de las organizaciones de ultraderecha de los años setenta y ochenta, pues se trata básicamente -aunque en otro tono- del mismo discurso anticomunista de aquellas épocas en contra de la Teología de la Liberación, similares y afines.

Salvo un par de valoraciones personales discutibles, en los tres primeros párrafos el autor hace una excelente síntesis de la esencia doctrinaria de esta corriente de pensamiento religioso-político, que tuvo su auge en los años setenta en América Latina. Y en los últimos dos, expone a grandes rasgos la defenestración prácticamente oficial de la jerarquía eclesiástica hacia las tesis liberacionistas.

Hasta aquí, todo es cuestión de opiniones y adhesiones personales: cada quien adopta los ideales con los cuales se identifica, más aún si estos hallan sustento en doctrinas o creencias institucionalizadas. Y si a la fuente nos vamos, visto lo visto en la historia de la humanidad, pareciera que de la Biblia no hay interpretaciones correctas, sino tan solo convenientes a determinados fines, de tal manera que con citas y versículos en mano bien se puede justificar la opresión y el sufrimiento o, por el contrario, validar la lucha contra la injusticia. Pero no va por ahí este debate, a menos que se tenga tiempo y ánimo para una discusión infinita.

El punto es este: más allá del calificativo peyorativo (“evangelio envenenado”), el grave problema del autor -y de los sectores ideológicos a los que representa- es que sigue considerando a la Teología de la Liberación como causa de la guerra civil que tanta muerte y destrucción provocó en aquellas décadas, pero no dice nada de las condiciones de exclusión económica, social y política imperantes en aquellas décadas.

Supongamos toda la Teología de la Liberación que pudiera haberse predicado. En una sociedad sin las graves desigualdades antes apuntadas, acaso habrían cosechado simpatizantes más o menos teóricos de izquierda, pero jamás el volumen de población que estuvo dispuesto a una decisión tan radical como tomar las armas porque vio cerrados todos los caminos, comenzando por el electoral.

Culpar sin más a lo que pudo haber sido un factor desencadenante y soslayar en el mismo acto la causa fundamental de un conflicto es ignorancia involuntaria o falacia intencional. Y en ambos casos es ideológica.

El mayor problema es que dicha interpretación reitera el mismo argumento con que se asesinó a seis sacerdotes jesuitas en la UCA, en noviembre de 1989, así como a muchos otros sacerdotes y religiosas “liberacionistas”, entre ellos el también jesuita Rutilio Grande en 1977, acusándolos de "agitadores de masas" y "envenenar la mente de la juventud".

Por otra parte, dice el autor que “conocidas universidades y colegios jesuitas” aún son “bastiones” que sostienen a la Teología de la Liberación “los cuales se mantienen como dinosaurios de la guerra fría y testimonios de una época de locura y odio, que arrastró a El Salvador a una guerra fratricida que nos costó más de cien mil muertos.”

Como en El Salvador sólo hay una universidad jesuita, la UCA, y un colegio jesuita, el Externado de San José, está claro que el calificativo de “dinosaurios de la guerra fría” va contra ellos (mención aparte de la Universidad de El Salvador, donde no creo que sean muy teológicos, si fuera el caso). Pero resulta que la UCA y el Externado de San José son instituciones de reconocido y comprobado prestigio, merced a la formación académica y humana que dan desde hace décadas, con o sin Teología de la Liberación.

La descalificación que el autor en cuestión hace de esta labor educativa, a partir del consabido prejuicio anticomunista, es indigna de un profesional que además se dice admirador y perteneciente a la Iglesia Católica (cuya máxima autoridad, el papa Francisco, también es jesuita).

Queda claro, pues, que el verdadero “testimonio de una época de locura y odio” es precisamente la mentalidad que Max Mojica trasluce en el mencionado artículo. Por el bien del país, ojalá él -y quienes opinan como él- logren superar esa tremenda ancla ideológica.