viernes, 18 de diciembre de 2015

Va de nuevo

PREVENCIÓN INNECESARIA: CONTIENE SPOILERS.

J.J. Abrams hizo un buen trabajo en el episodio VII de Star Wars, The Force awakens. Rescató la saga de los soporíferos diálogos y las empalagosas secuencias saturadas de acción de la trilogía reciente (episodios I, II y III) y capítulo final de la trilogía original (episodio VI), lo cual es de agradecer.

Pero, al parecer de este escribiente, deslumbrado espectador infantil de aquella Star Wars de 1977, no alcanzó los niveles épicos de A new hope y The Empire strikes back, si bien anduvo cerca.

La principal dificultad no está en la labor de dirección, ni los magníficos recursos tecnológicos para efectos especiales, ni las actuaciones de los adultos mayores y jóvenes relevos, sino sencillamente… que ya no hay más que contar.

Conscientes de ello (y como ya lo han señalado muchos antes que este bloguero), los productores optaron por hacer una especie de remake de A new hope. No les quedó mal, pero una copia tiene en su contra su misma esencia, ese original en el que se inspira.

La situación es técnicamente igual en 2015 que en 1977: domina un maligno Imperio (hoy la Primera Orden), la Resistencia aguanta como puede al mando de la princesa Leia (hoy generala), hay información vital en un androide perdido en un planeta arenoso R2D2 en Tatooine (hoy BB8 en Jakku), el Imperio tiene una poderosísima arma (Estrella de la Muerte o Planeta de la Muerte) a la cual se puede destruir atacando una pequeña debilidad con cazas pequeños, el villano es un enmascarado en traje negro con poderes sobrenaturales y además pariente de los líderes rebeldes (Kylo Ren es una gris emulación de Darth Vader), la esperanza de redención viene de un joven que posee la Fuerza pero no lo sabe (antes el chico Luke, hoy la chica Rey), etc.

Demasiado obvio.

Hasta Han Solo reconoce, en una escena dentro de la misma película, que todo es cuestión de volver a hacer lo mismo de antes. Quizá por ello la escena de su muerte, a la que se entrega casi voluntariamente, impresiona menos por parecerse demasiado al gesto póstumo del viejo Obi-Wan Kenobi frente a Darth Vader en el episodio IV.

Y esa fórmula funciona… hasta cierto punto. Es recuperar el sabor original, con algunos toques novedosos (el soldado imperial desertor y la chica con talento jedi). Es relanzar una nueva trilogía sobre los mismos pasos de la anterior, con la esperanza de no aburrir al público antes de 2020.

Casi lo logran... pero no. No esperen lograr el mismo éxtasis de 1977, que aquel fue el encanto de la primera vez, y esas experiencias son únicas.

jueves, 17 de diciembre de 2015

Esos malditos "spoilers"

Spoil
verb (used with object)
1. to damage severely or harm (something), especially with reference to its excellence, value, usefulness, etc.

En cine y literatura, dar un spoiler es contar una parte importante de la obra a alguien que no la ha visto o leído, cuyo conocimiento previo puede estropear la experiencia estética de la sorpresa o desvelamiento.

Lo interesante del spoiler (que en español podría ser un “arruinador”, si no se oyera tan mal) es que sólo es devastador y telúrico en cierto tipo de tramas, aquellas que están construidas en torno a ese hecho fundamental, oculto estratégicamente para aumentar la curiosidad y provocar un éxtasis en el momento oportuno.

Y no todas las tramas son así.

Hay muchísimos libros y películas que pueden disfrutarse tanto o más, incluso (o a pesar de) algún spoiler entrometido. Por ejemplo, el terrible drama de El Dr. Jekyll y Mr. Hyde no viene a menos sabiendo desde la primera página que uno es el otro, ni tampoco nos priva de emoción alguna la certeza de que Django saldrá airoso al final de Django Unchained.

Pero hay algunos libros y películas en donde el spoiler hace honor a su nombre.

Aquí les comento cinco de mis filmes preferidos.

[ALERTA DE SPOILERS]

Si, por insólito que parezca, usted aún no ha visto alguna de las siguientes, al nada más leer el título en negrita aparte su mirada como huyendo de una nefasta plaga. Advertido/a está.

- Planet of the apes (1968)

Protagonizada por Charlton Heston, Roddy McDowall y Kim Hunter. 8.0 en IMDB.

Si usted desde el inicio sabe que el planeta donde aterrizó el astronauta es la misma Tierra dentro de miles de años, por vía de un túnel del tiempo, el suspense hacia el final del filme irá un poco a menos y la última escena frente a las ruinas de la estatua de la Libertad no será tan impactante como debería.

- The Matrix (1999)

Dirigida por los hermanos Wachowsky, estelarizada por Keanu Reeves. 8.7 en IMDB.

Más allá de las espectaculares secuencias de acción, la primera parte de la película no se disfruta igual cuando uno ya sabe que todo ese mundo es realidad virtual.

- The sixth sense (1999)

Dirigida por Night Shyamalan, con Bruce Willis y Haley Joel Osment en los papeles principales. 8.2 en IMDB.

¿Esa película en donde el protagonista ya está muerto, pero no se da cuenta sino hasta el final (junto con toda la audiencia)? Sí, esa misma. Igual asusta, pero así ya no es lo mismo.

- The prestige (2006)

Dirigida por Christopher Nolan, con Christian Bale y Hugh Jackman. 8.5 en IMDB.

Usted maldecirá a quien le llegue a decir, antes de comenzar la función, que todo el truco está en que uno de los magos tiene un gemelo idéntico pero secreto.

- Shutter island (2010)

Dirigida por Martin Scorcesse, protagonizada por Leonardo DiCaprio. 8.1 en IMDB.

Saber desde un principio que el protagonista está inmerso en un montaje donde pacientes, enfermeros y doctores son cómplices de una farsa con fines terapéuticos echa a perder toda sorpresa.


Posdata:
Luego hablamos del problema psicológico que seguramente tienen los que gustan de dar spoilers destructivos y no solicitados.

miércoles, 9 de diciembre de 2015

De maldiciones indiscriminadas

Tragedia
5. f. Situación o suceso luctuoso y lamentable que afecta a personas o sociedades humanas.

No sé si haya alguien que pueda preciarse de estar anímicamente preparado/a para enfrentar una tragedia que toca a gente de su entorno cercano, especialmente si esta es imprevista, repentina y atroz.

Tal evento infausto es capaz de sacudir cualquier base previa.

Cada quien reacciona como puede, a partir de sus creencias sobre el sentido de la vida y del universo, las más de las veces muy lejos del estoicismo (ser fuerte, ecuánime ante la desgracia).

En esos momentos, además del llanto inevitable, hay quienes recomiendan verbalizar, escribir los sentimientos negativos como catarsis, desahogo que se ve como saludable.

Y… quizá, puede ser.

El solo proceso de poner en palabras esos infaustos sentimientos, como la impotencia y la rabia, tal vez ayude a clarificar un poco las emociones, racionalizarlas y mantenerlas a raya por simple necesidad de supervivencia, para no dejarse arrastrar hacia el abismo del sinsentido y las imprecaciones indiscriminadas.

Esto último es un espectáculo penoso, quizá comprensible según la dimensión de la desgracia, aunque también injusto cuando ese torrente se lo pasa llevando gratuitamente, solo por estar ahí.

Uno puede, en un acto de tolerancia y comprensión, guardar silencio, que ya se le pasará.

O puede también buscar el momento oportuno para hacerle recapacitar.

Voy al caso.

Uno conoce la cifra diaria de asesinatos en El Salvador, así como la elevadísima tasa de hechos delincuenciales; pero cuando la persona afectada es alguien que conocemos, o que se mueve en nuestros entornos cercanos, ese saber deja de ser una estadística para convertirse en un dolor o temor palpable.

Algunas personas, entonces, expresan su dolor maldiciendo… y quizá sea válido.

Pero cuando ya incluyen reiteradas sentencias como “maldito país” o “este país es una mierda”, uno comienza a dudar de la sensatez del discurso.

El país no es solo el paisaje, sino principalmente su gente. Y aquí hay gente indolente, borrega y villana, pero también personas piadosas, solidarias y generosas en sus dones. ¿Son "malditos" todos, sin discriminación alguna?

Hay criminales de todo tipo, pero también hay seres humanos muy dignos. ¿También estos “son una mierda”?

Hay autoridades elegidas o designadas que no hacen bien su trabajo, revolcados en el miasma, pero también hay quienes buscan soluciones y hasta arriesgan su vida por un ideal de presente y futuro. ¿También a ellos van las puteadas?

Llore y recuerde a sus muertos, compadézcase del dolor ajeno y apoye quien pueda, pero no me venga con que "este país es una mierda".

Piense, medite, reflexione... Que mañana despertará en medio de ese mundo de heces que ha descrito, verá que la vida sigue... y algo tendrá que hacer.

domingo, 6 de diciembre de 2015

Vanamente aferrados

El ser humano intenta resolver su insignificancia adhiriéndose a poderes que cree superiores a él.

Una institución, el status quo, un partido político, la religión, una ideología, la raza, un equipo deportivo, una persona idolatrada, etc., son las formas visibles de esos poderes, en los que la gente pone su fe.

Pero como todo constructo humano, fallan.

Y cuando fallan, hay quienes sienten derrumbar su mundo interior, aferrados como están a cosas vanas, reflejo de su propia debilidad.

Entonces viene el shock y, como primer paso, la negación: intentar preservar a toda costa la pureza de aquellos/as en quienes se ha puesto la fe vital, ya sea mediante afirmaciones ciegas a la evidencia (“no es posible, sería incapaz de hacer eso, son calumnias”) o a través de justificaciones que culpan de una u otra manera a las víctimas, que siempre las hay.

Y así se mantiene a salvo el sentido de la propia vida, tanto más miserable cuanto más incapaz se es de rebelarse contra eso que nos ha traicionado.

sábado, 28 de noviembre de 2015

Manual para defender pederastas

Casi nadie defendería abiertamente a un hombre que durante ocho años violó a una niña. Sin embargo, cuando este individuo es además sacerdote católico, en lugar de que esa condición sea agravante del delito, al parecer de algunos/as feligreses resulta ser un atenuante... y se ponen indulgentes.

A continuación, verán unas cuantas maneras de defender pederastas, expresadas reiteradamente por fieles devotos, supongo que de buena fe o sin darse cuenta de la magnitud de la infamia que están apoyando de manera inconsciente.

No incluyo los descaros de decir que son calumnias, que yo lo conozco y él sería incapaz de hacer una cosa así, ni mucho menos las consabidas culpas a la víctima y su familia por no fijarse o no decirlo a tiempo. No. La gracia de las aquí enumeradas es que tienen trampa y la gente cae fácilmente.

1. No juzgar

Una de las citas bíblicas más convenientemente usadas en este caso es Mateo 7, 1-5 (con su respectiva equivalencia en Lucas 6, 37), que básicamente llama a no juzgar a los demás.

Si atendemos a una torpe lectura del texto, esto equivaldría a no tener leyes ni penas, es decir, el reino de la impunidad terrenal absoluta, puesto que como “solo Dios puede juzgar”, sería antibíblico cualquier sistema judicial, sea laico o eclesiástico.

Esta sentencia interpretada literalmente es insostenible y un insulto a la dignidad humana.

Joven profesional asesina y descuartiza a un individuo.
No juzguemos.

Militares masacran a más de 800 civiles desarmados en El Mozote.
No juzguemos.

Hombre prende fuego a su compañera de vida por celos.
No juzguemos.

¿Es ese realmente el sentido de la doctrina católica? La práctica y cualquier sentido común apuntan a que no.

Hay extensas interpretaciones para intentar establecer por dónde va esta frase, no todas coherentes y muchas veces contradictorias, pero por lo visto hay una que los así llamados creyentes desconocen o prefieren no atender, y ciertamente la jerarquía eclesiástica ha olvidado hacer notar: que discernir entre el bien y el mal, denunciar y condenar un crimen, son deberes esenciales de todo católico.

2. Quien esté libre de pecado…

Del episodio de la mujer adúltera (Juan 8, 1-11), piadosos defensores del pederasta extraen la sentencia “quien esté libre de pecado, que tire la primera piedra”.

Según esta mezquina interpretación, como todos somos humanos e imperfectos, algún pecado tendremos y, por lo tanto no debemos decir nada ante un delito de esta magnitud.

Una vez más, queda en evidencia la pobreza de la lectura comprensiva y, ni qué decirlo, de la casi nula orientación al respecto de quienes están a cargo de enseñar la doctrina.

El valor moral del episodio en cuestión está, principalmente, en denunciar la injusticia, por cuanto las leyes de entonces condenaban a muerte a la mujer adúltera pero no establecían pena alguna para el hombre adúltero; y en segundo término, en criticar la hipocresía de esos hombres que también habían cometido adulterio y no obstante se ensañaban con esa mujer en particular.

Por supuesto, quienes así gustan de citar la Biblia se cuidan mucho de no incluir a Mateo 18, 6 en sus piadosas defensas de un caso de pederastia:

El que hiciera caer a uno de estos pequeños que creen en mí, mejor le sería que le amarraran al cuello una gran piedra de moler y que lo hundieran en lo más profundo del mar.

3. Los enemigos de la Iglesia

Hay un buen ramillete de citas bíblicas dedicadas a los enemigos de la Iglesia, que más allá de las persecuciones de tiempos antiguos, históricamente les fueron aplicadas -desde su poder terrenal- a quienes denunciaron errores, incoherencias, abusos y crímenes de la propia Iglesia.

Cuando hace tres décadas comenzaron en muchos países las denuncias de abusos sexuales cometidos por sacerdotes, la primera reacción fue precisamente negar y contraatacar con el estribillo de “los enemigos de la Iglesia” y la “campaña de desprestigio”.

Luego, cuando ya las evidencias eran tumultuosas, la jerarquía no tuvo más que aceptar los hechos, pedir perdón y establecer políticas claras para prevenir más casos y atender las denuncias.

En El Salvador, siendo este el primer caso de gran relevancia (aunque técnicamente no el primero), el Arzobispado reaccionó correctamente, según a la política eclesiástica actual, aunque sólo después de la presión ejercida por la Secretaria de Inclusión Social; sin embargo, parece que la cúpula no ha sabido bajar el mensaje o hay mandos medios que todavía siguen con la paranoia de que hay mala intención detrás de la denuncia.

Tampoco está claro si quienes así reaccionan ven en un sacerdote pederasta a un amigo de la Iglesia que, además, tiene buenas intenciones.

Anexo para nada extemporáneo: en esta línea, no habíamos considerado el ángulo político, pero este sujeto hace un brillante aporte a esa trinchera.

4. En vez de criticar, oremos por los sacerdotes.

No voy a discutir la oración en sí, pues esto pertenece al ámbito de las creencias personales.

Si así le nace, usted puede orar por cualquier persona en cualquier momento.

Y si es por que haya más y mejores sacerdotes, con real vocación para hacer y propiciar el bien, hasta podría contar con mi apoyo.

Pero no creo que sea esa la intención estratégica de esas estampas que hoy piden orar por los sacerdotes ya que “detrás de ellos está el Demonio que quiere hacerlos tropezar y caer en la tentación”.

En el contexto de opinión en que esto se publica, el significado es otro. Lamento si ofendo su sensibilidad o creencias con la siguiente afirmación, pero en realidad esto es pedir oración por un pederasta en particular.

Aplique la sana crítica y vea que dichas peticiones, sin dolo en cualquier otra situación, no aparecen en un momento casual, sino precisamente en medio de la indignación por el caso descubierto, y tienen una función bastante clara: defender al agresor por la vía de la lástima, haciéndolo ver como un pobre hombre indefenso, de quien el Diablo se posesionó en un momento de debilidad. Tal es, ni más ni menos, la versión seudoespiritual de un violador que durante ocho años abusó continuamente de una niña.

Por supuesto, en esos clamores no tienen en cuenta a las víctimas.

No sé ni quiero saber si quienes promueven estas cadenas de oración se han imaginado a sus propias hijas sufriendo tales vejámenes.

5. ¿Pederastia? ¡Sí, qué mal! Cambiemos de tema.

El Diario de Hoy invisibilizó el caso cuando la Secretaria de Inclusión Social lo denunció y, tras la conferencia de prensa del Arzobispado, no tuvo más remedio que publicar la noticia. En su primera plana le dio un espacio aproximado de 15 cm². Trate de encontrarlo en la siguiente imagen.

El noticiero matutino de TCS, del día posterior a la mencionada conferencia, comenzó con diez minutos de una noticia política y, a continuación, concedió un minuto exacto para este tema.

En la cuenta de Twitter y blog de uno de sus comunicadores emblemáticos de esa misma estación televisiva -quien se declara católico, apostólico y romano- no hay una sola palabra del tema, pese a que publica y actualiza varias veces al día y no deja área nacional o del mundo sin comentar.

Una persona que conozco me dijo: “sí, sí, está mal y que lo suspendan, pero ¿no cree usted que hay algo detrás de la denuncia?”

El dicho “no hay que hacer leña del árbol caído” parece haber revivido en la cultura popular, en su mejor versión.

En fin, son maneras de decir las cosas quedito, que no haga mucha bulla, al fin y al cabo la Iglesia ya se pronunció y el delito ya prescribió y ya aburren con esto, por qué no dicen nada de aquello otro.

Y, por supuesto, no podía faltar la carta de Paolo Lüers, desviando la atención hacia otro tema, pues para él lo importante es desacreditar a la Dra. Vanda Pignato (quien dio voz pública a la denuncia), no olvidemos que ella le cae mal.


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viernes, 27 de noviembre de 2015

¡Ay, católicos!

Leer los comentarios que la gente deja en redes sociales ante los hechos que son noticia en la Guanaxia Irredenta no es un ejercicio intelectual, sino una auténtica prueba de temple para el espìritu y el sistema digestivo.

La sarta de insensateces allí plasmada no deja de sorprender, pero cuando esta se genera en grupos de quienes se espera si no sabiduría, al menos cierta lucidez y un poco de ética, la reacción no puede ser más que de profunda decepción.

Tal es el caso de la publicación de Radio Luz, de filiación católica, en el contexto de la suspensión eclesiástica a Monseñor Jesús Delgado, por acusaciones de pederastia.

El mensaje subyacente que leo es este: responsabilizar de alguna manera a la feligresía por la conducta delictiva de este u otros religiosos, dada por la falta de oración por ellos.

Bien: puedo estar equivocado, puedo ser demasiado alcanzativo, pueden caber matices de interpretación, tal vez la intención no es esa y al entenderlo así se tergiversa el mensaje.

La infinidad de amenes allí plasmados no amerita comentario, pues cada uno de ellos se puede entender como concordancia con el mensaje explícito o implícito, con la supuesta buena intención o simplemente como asentir mecánicamente ante todo lo que provenga de la jerarquía eclesiástica, cada quién sabrá.

Vaya y pase.

Lo que sí indigna y preocupa son comentarios desde lo inconsciente hasta lo perverso... de fieles católicos. No, no es la carta de exculpación del pastor Carlos Rivas publicada por los devotos del TAI, tampoco son los del Taber defendiendo a Tobi Sr. cuando estuvo preso. No: son mujeres y hombres católicos.

Verán, como nota dominante, los llamados a no juzgar, prácticamente una apología de la impunidad. Luego están las alusiones a la debilidad humana (¡pobre hombre tentado!), los diagnósticos disparatados, echar la culpa al Enemigo, responsabilizar a la víctima o a sus padres y, por supuesto, defenderse ante de campañas de desprestigio anticlerical.

¿Autocrítica? ¿Oración por las víctimas? ¿Asunción de responsabilidades institucionales? ¿Política actual de la Iglesia Católica contra abusos sexuales de sus funcionarios? ¿"No se oye, padre..."?

Transcribo aquí algunas de esas perlas dejadas por los y las fieles a este respecto, con los debidos arreglos ortográficos.

Si no le indignan, puede unírseles en esta dirección ►http://on.fb.me/1XxfWVp.

“El que esté libre de pecado que tire la primera piedra”.

Ante estos eventos que afectan la imagen de nuestra Iglesia salvadoreña, solo quiero invitarle a que no seamos maquinaria pesada que aplasta la dignidad de la Iglesia, sino que seamos como ladrillos que refuerzan la Iglesia ante esta cantidad de ataques que sufriremos de ahora en adelante por los enemigos de la Iglesia.

Cuando un sacerdote es calumniado la noticia llega a todos los medios.

Debemos poner nuestra confianza en Dios y no en el hombre y no juzgar.

Dejemos de meternos con los errores de los demás y solucionemos los nuestros que no vemos.

Déjenlos tener esposa para que no caigan en las violaciones.

El único que va juzgar es Dios.

Juez solo Dios.

La inocencia de nuestros hijos es responsabilidad de sus padres.

La verdadera iglesia es la católica porque es la más acusada u criticada.

La vieja pelona actuó con dolo.

Las mujeres debemos también ser más conscientes que ellos son humanos, hombres llamados a la castidad, por eso mismo no lleguemos a las iglesias con ropas deshonestas.

Lo que no entiendo: ¿por qué duró tanto tiempo teniendo relaciones con el sacerdote, por qué no dijo lo que sucedió en el mismo instante?

Los que los critican es porque no piensan que aparte de ser sacerdotes son hombres humanos que se pueden equivocar.

Pecados todos tenemos, no podemos juzgar a nadie.

Perdona a los que no han podido ser fuertes para pelear con el Enemigo.

Por eso hay que orar, porque criticando no hacemos absolutamente nada.

Quienes los critican que se vean primero sus vidas

Solo Dios nos conoce tal cual somos y solo él nos puede condenar o salvar.

Son humanos como nosotros, el único perfecto y que jamás fallará es Dios.

Todos son santos cuando hablan de los pecados ajenos. Eso es lo que hacen los que critican a los sacerdotes.

Y hay veces solo son calumnias, no olvidemos cómo criticaron al Maestro.

¡Ven, Espíritu Santo, y con tu rayo instantáneo sánanos!

Posdata: si ya agarró envión y quiere seguirse deleitando, aquí hay más (aunque no sé si mejores): http://on.fb.me/1XB3N1G


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¿Por qué no lo denunció antes?

Una vez conocida la denuncia de abuso sexual contra Monseñor Jesús Delgado, hecha a través de la Secretaria de Inclusión Social, así como la aceptación del caso por parte de la jerarquía católica salvadoreña, la gente ha soltado todo tipo de comentarios y valoraciones, que incluyen desde las usuales expresiones declaradamente estúpidas (como insinuar que la víctima o su familia propiciaron los abusos) hasta las defensas inconscientes del agresor (como culpar al celibato o al Diablo que pudo tentarlo).

Como se sabe de acuerdo a lo informado por la SIS, y confirmado por la propia Iglesia Católica, la denunciante tiene en la actualidad 42 años. El abuso sexual continuado fue cometido cuando la víctima tenía entre 8 y 17 años de edad, es decir, entre 1981 y 1990; por tanto, ante la ley el delito prescribió en 2000 y no procede acción penal.

La pregunta que muchos se hacen es: ¿por qué la señora hace la denuncia hasta ahora, 25 años después?

Este tipo de cuestionamientos son pronunciados por personas de buena fe, seguramente sin mala intención, pero tristemente arraigados en esa amalgama de creencias, prejuicios e ignorancias a la que solemos llamar “nuestra cultura y tradiciones”.

Además de las ya conocidas explicaciones de especialistas en el tema, sobre la psicología de la víctima, me parecen pertinentes las siguientes consideraciones para abonar respuestas a dicha pregunta.

Las dejo acá para su análisis.

- Por el aura de divinidad de la Iglesia y sus funcionarios

La Iglesia se enviste a sí misma como divina y hay mucha gente que así lo cree. Fieles devotos se refieren a los sacerdotes como aquellos designados por Dios para guiar a su rebaño.

Aceptar la filiación sobrenatural de una institución y sus funcionarios inhibe fuertemente la denuncia de los delitos que puedan cometer, porque sobre la parte acusadora pesa la amenaza imaginaria de la condenación, así como la acusación real de que su motivación no es buscar la justicia sino sumarse a la “campaña mundial de desprestigio contra la Iglesia”.

No es sino hasta que se entienden las cosas de otro modo y se ven posibilidades reales de que la denuncia reciba atención y adecuada respuesta, cuando es posible actuar de modo diferente. Pero estos procesos pueden tomar mucho tiempo.

- Porque el caso ya no requiere del sistema judicial

Esta razón es paradójica a primera vista, pero no carece de lógica.

El punto de partida es la sensación generalizada que el sistema judicial salvadoreño más bien garantiza la injusticia y la impunidad, y abundan los ejemplos para ilustrarlo.

La hipótesis (por demás imposible de comprobar) es que si los abusos sufridos por la víctima todavía fueran objeto de acción penal, seguramente habría continuado sin denunciarlos, ya que su suerte estaría en manos de un órgano judicial ineficiente y corrupto.

Pero al canalizar la denuncia a través de la Secretaría de Inclusión Social, cuando el delito ya prescribió, el tema se traslada al campo de lo moral, donde las condenas no implican prisión y las reticencias son ciertamente menos feroces.

- Porque hasta hoy hay un fuerte liderazgo reivindicativo

La gente acude allí donde siente confianza y posibilidades de ser atendida.

Según la información publicada, la denuncia se conoció primero en Ciudad Mujer, y de allí pasó al tribunal eclesiástico.

Las luchas reivindicativas feministas son recientes, diversas y mucha gente ha participado en ellas; pero, más allá de simpatías o antipatías particulares, es un hecho cierto que muchas personas, especialmente mujeres, ven en la persona de Vanda Pignato una líder en la defensa de sus derechos.

La aceptación pública de los hechos, por parte de la jerarquía católica, vino solo 24 horas después de que la Dra. Pignato mencionara públicamente el caso. No creemos ser escépticos en exceso si dudamos que el Arzobispado hubiera dicho algo de no ser por la presión mediática derivada de dicha alocución.

La mención particular no va por el culto a la personalidad, sino por la evidencia de que hay acciones personales capaces de incidir en el decurso de los acontecimientos.

- Porque antes la Iglesia habría desestimado el caso

Si la Iglesia Católica manifiesta en la actualidad una política clara y explícita contra delitos sexuales cometidos por sus funcionarios, es porque no le quedó más remedio, tras la avalancha de denuncias y testimonios de las últimas décadas.

Pero en los años ochenta la situación era distinta.

Hay suficientes evidencias para afirmar que la política implícita de la Iglesia Católica era no solo soslayar sino hasta proteger a los agresores. Esto ocurrió al más alto nivel, pues hay fuertes indicios de que hasta el papa Juan Pablo II en un momento arropó con el manto de la protección eclesial al pederasta Marcial Maciel, de los Legionarios de Cristo.

Así pues, mucho sufrimiento y mucha valentía de las personas denunciantes ha tenido que haber a través de los años para que la Iglesia se ponga del lado de las víctimas.


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jueves, 26 de noviembre de 2015

Del mal

El ser humano tiende naturalmente al mal, cualquiera sea su condición.

No importa raza, estátus social, opción política, credo religioso, orientación sexual: si se le deja a sus anchas, el mal germinará y se convertirá en hechos concretos, llamados delitos.

El ser humano siempre lo supo y se horrorizó, por eso creó frenos (moral y ley) a veces con aspecto religioso, a veces laicos o racionales.

Un ciudadano o ciudadana cualquiera que decide comportarse correctamente puede que crea hacerlo por un intangible impulso de bondad intrínseca, pero de fondo hay una ecuación consciente o inconsciente, cuya resolución incluye variables simples: las consecuencias negativas en caso de ser descubierto, perseguido y sancionado por ello.

Sea por intuición o por frío cálculo, quien comete un acto ilícito cree, intuye o sabe que no será castigado.

Quien además pertenece a una institución que ha tenido por norma histórica proteger a sus miembros (como los partidos políticos, élites económicas, iglesias de toda denominación, fuerzas armadas, etc.), se sentirá aún más seguro de proceder según sus instintos básicos.

Si fallan los organismos encargados de hacer cumplir la ley, no habrá o no se atenderá la denuncia, el castigo será inexistente, la impunidad será la norma y campeará el delito.

La diferencia entre civilización y barbarie no está, entonces, en la naturaleza de las personas, sino en la capacidad de las instituciones sociales (familia, escuela, iglesia, estado) para que sus miembros internalicen ciertas normas morales que mantengan a raya sus impulsos destructivos, lo cual solo se logra si se establece una correlación visible entre crimen y castigo.

viernes, 20 de noviembre de 2015

Con disgusto

politicastro, tra
1. m. y f. despect. Político inhábil, rastrero, mal intencionado, que actúa con fines y medios turbios.

Ese engendro social llamado “clase política” de la Guanaxia Irredenta ha motivado estos versos, adaptables según el color de la antipatía particular de la distinguida concurrencia: imprecaciones merecidísimas, viendo que en la desgraciada historia patria unos y otros han demostrado ser de similar calaña, pese a las variopintas apariencias.

En su descargo, añádase lo siguiente: acaso lo peor no sean ellos en cuanto deleznables criaturas, sino la angustiosa constatación de que somos los ciudadanos/as quienes allí los hemos colocado.

La esperanza es que de un amargo aprendizaje nazca la enmienda.

domingo, 25 de octubre de 2015

Malacrianza con buenas maneras

El gran mérito de “Malacrianza” (2014), escrita y dirigida por Arturo Menéndez, es contar cinematográficamente una historia arraigada en la cotidianidad popular de las ciudades salvadoreñas contemporáneas, a partir del personaje Don Cleo y su historia de sencillos anhelos, miedos y luchas que zarcean entre la esperanza y el abandono.

En su contexto cinematográfico, el drama es creíble y la narración sabe mantener el interés por el desenlace, aún cuando este se sugiere desde el mismo título y puede haber más de un spoiler de por medio en la reseña de cartelera.

Sin demérito de lo anterior, es en la parte técnica donde se notan las carencias del medio, falta de oficio revelada en alguna toma gran angular sin corrección de imagen lateral (un fallo incluso si hubiese sido intencional), cierto maquillaje para teatro que a corta distancia se detecta falso, el abuso de tomas con cámara sin trípode (lo cual marea al espectador frente a la pantalla de la sala de cine), ruido ambiental o eco casi bloqueando algunas conversaciones, etc. Son yerros menores, quizá hasta comprensibles, pero hacen las veces de esa vocecita que a cada instante le recuerda al público: “¡hey, es cine salvadoreño, no lo olviden!”

Dicho lo anterior, y como consecuencia de ello, es importante caer en la cuenta de la imposibilidad de verla sin considerar que es una película made in El Salvador, con toda la carga de connotaciones que ello implica, porque no existe ese espectador salvadoreño o salvadoreña que pueda sustraerse del contexto y expectativas socioculturales locales, tampoco así de sus conocimientos previos como para visionar el filme en abstracto sin el filtro de la nacionalidad que condiciona su percepción.

Así, la película se ve con un criterio distinto al estándar usual porque se sabe producida en condiciones cinematográficas adversas. El resultado es bueno, sí, aunque en términos relativos, ya que la recepción está necesariamente condicionada por la viñeta del arte nacional y sus poquísimos antecedentes de cine, mayoritariamente fallidos (que no es el caso).

La acotación anterior viene al caso también como réplica a la invitación que Paolo Lüers hiciera en su columna (sí, el vilipendiado alemán metido a crítico de cine), en donde llamaba a verla no por apoyar al arte nacional, sino porque era buena. Más bien hay que verla porque es arte nacional que, como tal, está muy bueno.

Ya fuera de consideraciones racionales, como quiera que sea, este largometraje de 70 minutos de duración gusta, toca fibras y mueve sensibilidades.

Yo le aplaudo.

domingo, 18 de octubre de 2015

Comedia comedida, risa restringida.

¿Se ha preguntado usted, en estos tiempos de respeto y reivindicaciones, qué chistes no ofensivos (políticamente correctos) puede alguien contar?

Piénselo bien y verá que está difícil.

Quite de su lista, para comenzar, los chistes machistas, falocéntricos y misóginos, aquellos que afectan o ridiculizan conductas atribuidas naturalmente a la mujer, que las dejan muy mal paradas o llevan implícito un “¡qué joden estas viejas!”.

En consecuencia, purgue aquellas historias sobre el suplicio de la vida matrimonial, así como infidelidades de todo tipo, anécdotas de burdel y prostíbulo, seducciones a cual más inverosímiles, acoso sexual y demás.

A continuación, fumigue de su repertorio estándar las burlas homofóbicas: cebarse con minorías tradicionalmente discriminadas por su orientación sexual no es edificante y además contribuye a los prejuicios (como imitar grotescamente el supuesto modo de hablar o caminar de personas afeminadas).

Usted, como contador o contadora de chistes que respete y se respete, tampoco puede hacer mofa de las precarias condiciones socioeconómicas de sectores vulnerables de la población, pues eso es clasismo. Olvídese del indio cholco y bruto, que además habla grencho. No apunte las baterías del humor cáustico hacia parte baja de la pirámide social, aunque eso prive al público de populares Cholys y Tenchis.

Y aunque aquí en la Guanaxia es extrañísimo ver a negros naturales de estos contornos olvidados de la Providencia, eso no le da derecho a volcar su arsenal de chascarrillos racistas y xenófobos, como los chistes de gallegos (el gentilicio, no el diputado) y afrentas a otras nacionalidades.

Tenga además consideración para con los débiles y enfermos mentales, así como quienes padecen algún tipo de discapacidad. No se burle, pues, de tontos, locos y tullidos, por más que se sepa un par de chistes de esos como para desternillarse de risa. Ni hablar de tartamudos y janiches.

Mucho cuidado también con las historias cómicas de niños y niñas ingenuos pero un poco brutos, que de repente eso vulnera de alguna forma varios tratados y declaraciones internacionales, aparte de infligir daño sicológico.

No caben tampoco los escarnios dirigidos a la apariencia física, ya sea por defectos evidentes (narices, por ejemplo), por salirse del estándar social de la belleza (chicas gorditas, hombres panzones, secos de alambre o enanos), por presunta falta de estética en su presentación personal (¿qué culpa tiene la gente de su propia fealdad?) o por semejanzas jayanas que motivan apodos épicos (v. gr.: “Aborto de Pollo” o “Testículo Peinado”).

Hechas las anteriores consideraciones, revise y piense qué queda en el repertorio. ¿Nada, acaso…?

“¡Los políticos!”, exclamará usted con entusiasmo.

Enhorabuena, sí, pero… ¿se acuerda de algún chiste o burla contra esa persistente plaga social que, al mismo tiempo, cumpla con las restricciones enunciadas? ¿Verdad que no es tan fácil? Eso impide decirle “culero” a este edil, “vieja puta” a esa funcionaria y “pendejo” a aquel diputado que no sabe ni leer y a duras penas escribe (pues no cabe burlarse de las limitaciones educativas que por su origen humilde ha de haber tenido, aparte que la estupidez no es ni delito ni pecado).

¿De qué hacer guasa, entonces?

Usted puede esforzarse por contar chistes respetuosos y asépticos, pero seguramente nadie les hallará gracia.

O bien, puede despacharse el repertorio usual, con éxito generalizado, aunque luego le acusen de lesionar la dignidad humana de estos y aquellas.

En serio, ¿no habrá alguna forma airosa de escabullirse de este aparente callejón conceptual sin salida?

jueves, 15 de octubre de 2015

El golpe del 15 de octubre de 1979

Temerosos del eventual triunfo de una insurrección armada (como recién había ocurrido en Nicaragua) el 15 de octubre de 1979 un grupo de oficiales de la Fuerza Armada de El Salvador, con la aquiescencia y asesoría del gobierno de los Estados Unidos de América (presidido por Jimmy Carter), dio un golpe de estado al régimen militar del Gral. Carlos Humberto Romero, sin disparar una sola bala.

La estrategia era evitar el triunfo de la subversión quitándole sus banderas reivindicativas, concediendo algunas demandas entonces consideradas imprescindibles para la transformación de la estructura económica y política del país.

Sin embargo, también querían dejar claro que en esas transformaciones las organizaciones de izquierda no iban a tomar demasiado protagonismo ni mucho menos desbordarse en sus ímpetus revolucionarios.

Tras algunas semanas de escépticas expectativas, relativa tranquilidad y apertura de espacios de expresión pública, el proyecto colapsó, víctima de sus propias incoherencias, indecisiones y contradicciones.

Aunque la oligarquía y la extrema derecha habían perdido temporalmente el control formal del ejército, aumentó la represión política y creció exponencialmente la actividad ilegal de los grupos paramilitares (los infames “escuadrones de la muerte), que no solo asesinaban selectivamente a sospechosos de ser opositores, sino incluso llegaron a cometer masacres en las calles de San Salvador (como la del 22 de enero de 1980).

En pocos meses se sucedieron renuncias y más renuncias de funcionarios progresistas incorporados a un proyecto político que nació muerto.

Por su parte, la naciente guerrilla preparaba ya, bajo un mando unificado impuesto desde Cuba, un levantamiento popular (que nunca se produjo) y su ofensiva final (que resultó ser la inicial).

El 24 de marzo de 1980, bajo un completo caos de autoridad política y violencia generalizada, cae asesinado Monseñor Óscar Arnulfo Romero, un día después de hacer un llamado a las bases del ejército, la guardia y la policía, para que cesaran de matar a su mismo pueblo.

En la práctica, el golpe de estado 15/10/79 sirvió para desengañar pacifistas y optimistas, es decir, para demostrar que ninguno de los sectores enfrentados estaba dispuesto a resolver la coyuntura de forma dialogada, bien porque se negaban a ceder privilegios, bien porque las concesiones eran demasiado pocas.

Esa fue la última oportunidad perdida para evitar la guerra civil.

El Capítulo IX del libro Función política del ejército salvadoreño en el presente siglo, del Tte. Coronel Mariano Castro Morán (Premio Nacional de Ensayo UCA Editores 1983), dedica 90 páginas al análisis de tal golpe de estado, su génesis, características contraditorias y desenlace, debidamente documentado con citas y testimonios.

jueves, 8 de octubre de 2015

23 palabras para vidrios

Según creo, los temas preferidos por el periódico digital El Faro suelen causar depresión en el lector/a. Personalmente, no me gusta el estilo literario (como de novela vanguardista) de redactar noticias que usan. Además, percibo a los periodistas de ese medio como rockstars y algunos un tanto pedantes.

Lo anterior lo antepuse al enlace de la campaña que han lanzado a la ciudadanía, para pedir dinero. El post quedó así y fue compartido por un par de personas más:

¿Quiere financiar la producción de noticias depresivas redactadas como novelas vanguardistas por periodistas "rockstars" (y dos que tres pedantes)? ¡Esta es su oportunidad!
https://youtu.be/h7HbWb2fW_M

Fuera de eso, seguramente tienen sus virtudes, pero una evaluación exhaustiva (o un FODA) no lucen bien y antes arruinan un comentario socarrón.

Likes aparte, me llamaron la atención los graves cargos que un par de personas ligadas a dicho medio me espetaron, cosas de este calibre:

  • Que yo irrespeto su trabajo (el cual, entiendo, es cosa sagrada, exenta de crítica so pena de excomunión).
  • Que mi discurso de generalización es de las peores falacias (un discurso de 23 palabras, académicamente hablando).
  • Que yo las decepciono porque me expreso así, siendo una persona educada (o sea: aplaudir su modo de hacer las cosas sería la consecuencia natural de tener un título).
  • Que yo vivo en Suiza o Disneylandia (Vaya, pero ¿por qué no en Holanda o en el Cirque du Soleil?).
  • Que no me importan las tragedias cotidianas “que nadie quiere contar” (y alguien contó una para ilustrar).
  • Que no hago nada por mi país (a diferencia de ellas, obvio).
  • Que todo va a tener sentido “cuando El Salvador tenga más personas felices que personas sufriendo el discurso de Rafael Francisco Góchez” ("Sic" y signo admiración. Aparte: quizá una coma en el lugar oportuno evitaría esta interpretación, pero hay que respetar el original, porque después se enojan.).

Se diría que las he ofendido en lo más profundo de su dignidad profesional y humana.

Mi abuelita llamaba a esas personas "vidrios", por su delicadeza. Nosotros -de jóvenes setenteros, ignorantes y espontáneos- en situaciones como esta solíamos decir irónicamente: "¡Perdón, flor, si te rocé los pétalos!", pero en estos tiempos de violencias verbales y susceptibilidades extremas es mejor ser cauto con dicha expresión, porque capaz que aparecen otros temas subyacentes, suficiente descrédito autoinfligido.

Ya sin sorna, no sé si sonreír, apenarme o entristecerme por semejante overreaction, ante un comentario de desacuerdo.

Ah, por cierto: entre toda esa maraña de victimismo, dimes y diretes, también fui sicoanalizado... ¡de gratis!

domingo, 4 de octubre de 2015

Cinco mitos futboleros de la prensa guanaca

Mito.
4. m. Persona o cosa a las que se atribuyen cualidades o excelencias que no tienen, o bien una realidad de la que carecen.

Con sus más y sus menos, sin descartar acaso alguna notable excepción, la prensa deportiva salvadoreña nos acomete una y otra vez con conceptos repetidos cíclicamente, que poco o nada tienen de sustento real. Forman parte de un discurso estándar aprendido y recitado por años, que se transmite de generación a generación porque la prensa vieja forma y moldea a la prensa nueva, aunque estos últimos lleguen muy bien titulados. Helos aquí.

- La noble afición

Este sintagma con su elegante epíteto nunca falta en radio, prensa y televisión. Nos quieren pintar el falso cuadro de un pueblo abnegado que sacrifica todo por su equipo. No nos cuentan los constantes insultos, el indomable acoso, el lanzamiento de líquidos semifecales, las lluvias de objetos casi contundentes, las invasiones a la cancha para penquear jugadores, etc.

- El toque fino

Que periodistas veteranos sigan con el cuento que lo propio del futbolista salvadoreño es la habilidad, el toque fino y a ras de piso, la picardía, etc., vaya y pase; pero que lo digan, escriban y repitan jóvenes recién graduados de prestigiosas universidades, ya es sintomático. Aquí, por la falta de adecuada fundamentación, prima el pelotazo y el patadón, la tarascada y el juego subterráneo. Cuenten cuántos pases buenos seguidos dan los equipos de la LMF y se darán cuenta.

- El indio cuscatleco

En tiempos de eliminatorias mundialistas, a falta de argumentos futbolísticos, siempre invocan a que debe aflorar el indio cuscatleco por aquí y por allá. Esto es contradictorio, pues reconoce implícitamente que no hay habilidad ni toque fino, sino la pura garra, el jugar con huevos, al límite de la constante extenuación, emulando las batallas -siempre perdidas pero literariamente enaltecidas- de aquellos indios pipiles que le pegaron un lanzazo en la pierna al conquistador español y los tuvieron en jaque no sé en qué tiempos casi imaginados. Claro: a la hora de los pencazos, el tal indio siempre acaba vapuleado.

- La rivalidad con México

Esa “enemistad producida por emulación o competencia muy vivas” sólo existe aquí en la Guanaxia Irredenta. No es recíproca. Los mexicanos quieren medirse y ser rivales con selecciones de gran envergadura. Su pleito en la zona de Concacaf es con los Estados Unidos. Nosotros somos, si acaso, un lugar ínfimo e incómodo donde hay que jugar de visita cada cierto tiempo, y donde pueden perder también cada tanto, al igual que en toda Centroamérica y el Caribe. No estamos en su liga, no somos el rival a vencer, no le damos sentido a su eliminatoria. A lo sumo, somos buenos golilleros.

- El pasado glorioso de los dos mundiales

El Salvador clasificó al Mundial 1970 porque México era local y tenía plaza fija. Con 7 goles recibidos sin anotar ninguno, fuimos, estuvimos y volvimos con un poco más de pena que de gloria. Luego, doce años después, volvimos a clasificar -casi de carambola- para ir a hacer el mayor ridículo mundialista en España 82. Pero esos dos eventos aún son descritos como “heroicas gestas deportivas” y a ellas se remite el imaginario colectivo, liderado por la prensa, para creer en un pasado grandioso. Hasta un documental hicieron.

Y mientras tanto, seguimos esperando que de la nada surja otro Mágico González que nos saque de la desgracia.

Ese es el mayor mito de todos.

domingo, 20 de septiembre de 2015

Del despido

El acto de despedir a alguien de un trabajo tiene una fuerte connotación injuriosa, peyorativa, seguramente porque no es ninguna gracia para quien a partir de ese momento pasa a engrosar las multitudinarias filas del desempleo.

Curiosamente, de estos infortunios suele sacarse abundante material cómico, para vilipendio de la persona afectada, aunque siempre se trata de humor negro, pues la situación ciertamente no es de risa.

Yo lo sé porque ha mucho tiempo, tanto como más de un cuarto de siglo, fui despedido de mala manera. Cobré venganza simbólica, literaria, discursiva. Aún me regodeo en ese rebelde recuerdo, sí, pero la espina todavía está allí (y aunque no es secreto, algún día lo contaré).

Comoquiera, en un mundo civilizado (es decir, otro distinto a este), el despido debería mostrar cierta dosis de respeto para la dignidad de la persona con quien un patrono o empresa ya no va a contar.

Prescindir de los servicios laborales de alguien no debería ser la consecuencia del capricho, exabrupto o desborde emotivo de su jefe o jefa. Incluso cuando ha habido una discusión fuerte y hasta salida de tono (siempre que no se hayan ido a los puños, arañazos o un mutuo mesar de los cabellos) la reflexión es imperativa y la justificación debe estar bien elaborada y fundamentada.

Esto implica con frecuencia remitirse a antecedentes, por lo que un despido no tendría que ser sorpresivo, sino hasta que cayó la gota que derramó el vaso, salvo que haya de por medio una infracción grave y evidente por parte del empleado/a.

Por lo mismo, el despido no debería ocurrir por venganza o desquite. O como suelen decir por aquellas tierras soñadas: “it’s business, not personal”. Si esto es sincero y no hipócrita, tampoco es que la persona cesada dará saltos de alegría, pero al menos no se añadirán clavos a su cruz.

And last but not least, hay que cuidar las formas. Un despido es un despido, no es un trance agradable y aunque se haga de la manera correcta tampoco se espera que el exempleado/a se deshaga en agradecimientos por el tiempo pasado. Habrá sinsabor y es comprensible, pero ninguna persona o institución que se respete tiene el derecho de humillar a alguien en el acto mismo de despedirle. La decisión se comunica (explica, razona) en privado y con calma, no con prácticas vejatorias como sacarle las cosas a la calle, que se entere al no dejarlo entrar al recinto laboral, notificarle su remoción -a veces, casi a gritos- frente a sus compañeros de labores, etc.

Miren, pues, que hasta para despedir a alguien hay que ser muy profesionales.

domingo, 6 de septiembre de 2015

Un Principito adaptado

Mi primer contacto con El Principito fue poco antes de cumplir mis diez años de edad, cuando mi hermana Delfy insistió en llevarme al cine a ver la película de mediados de los setentas. En esa época ella andaba muy entusiasmada con la obra, pero yo me aburrí mucho con aquel filme después de la primera media hora, ya que conmigo se cometió el mismo error involuntario que aún se repite: creer que la obra El Principito es literatura infantil.

Años después, tras dos o tres lecturas, el libro siempre me pareció una bonita historia y caí en la cuenta de que, en efecto, es para personas adultas que añoran una infancia idealizada.

Hoy, en esta época de redes sociales, veo que el libro y muchas de sus citas han sido elevados a una especie de oráculo místico que tiendo a rechazar, aunque admita que algunas de sus sentencias son, en su simpleza, reflexiones válidas e interesantes.

Dicho lo anterior, ¿por qué, entonces, me animé a acudir a la sala de cine a ver esta versión animada de El Principito?

Principalmente, porque con el tráiler me di cuenta de que no iba a ver la realización cinematográfica de la historia que nos cuenta el libro, sino un guion original que desarrolla una trama propicia para insertar en ella el tema del Principito, a través de algunas de sus escenas y personajes más significativos provistos por el anciano Aviador, vecino de la niña protagonista.

El ritmo y la tensión narrativa están diseñados cinematográficamente para mantener la atención del espectador, quien de esta manera logra apreciar una historia redonda (perfecta, completa, bien lograda).

De la impresionante técnica de animación no diré más que es una delicia visual. Otro punto a favor del filme es que se cuida muy bien de no trivializar los momentos emotivos, presentes e inevitables pero sin dramatizarlos excesivamente.

No es tan secundario el detalle que la película es en real 3D, eso es un plus que los ojos agradecen.

Pero... hay un "pero".

Al analizar su contenido, me surge un cuestionamiento importante, y es hasta qué punto la película nos presenta, por una parte, una apología de la infancia y, por otra, una visión madura y socialmente funcional del crecimiento (¿maduración?) en cuanto incorporación armónica al mismo sistema que aparentemente se critica (a través, principalmente, del tipo y papel que juega la escuela tradicional mecanizada y competitiva, a la cual se rechaza teóricamente pero al final se acepta de facto).

Así vista, trátase de una producción cinematográfica hábil e inteligente, aunque no del todo fiel al espíritu que Saint-Exupéry plasmó en su obra. En este sentido quizá sea, después de todo, un pequeño Caballo de Troya, cortesía del status quo, con una moraleja que dice: “recuerda con cariño tus antiguos ideales... desde tu sabia inserción en el sistema”.

sábado, 5 de septiembre de 2015

Plantones multimedia

A mediados de 2014, quise ver en una de mis creaciones artísticas en cierto formato multimedia. Con tal fin, contacté con personas que dominan esa área, para cotizar el trabajo y contratar su realización.

Casi un año después, estoy a las puertas de recibir el resultado de ese esfuerzo, no sin antes haber sido plantado, ignorado (en alguna ocasión, con desprecio) y ciertamente engañado por diversas personas a quienes acudí.

Cuando comencé mis gestiones, hubo un tipo que se mostró muy interesado en el asunto pero nunca me dio una cotización, sino que se dedicó a sondear cuánto estaba yo dispuesto a pagar; sin embargo, al conocer la cifra aproximada que le ofrecí (conforme al estándar profesional de ese tipo de trabajos), ya no recibí respuesta. ¡Vaya divo!

En la misma época de tal singular ninguneo, también contacté a alguien quien sí presentó un plan y una cotización. Hubo acuerdo formal y durante un tiempo me estuvo enviando varios adelantos del trabajo, de muy buena calidad técnica y artística. Sin embargo, en cierto momento y con la obra avanzada a más de la mitad, cortó todo contacto. Aún vive, lo sé, pero desde hace meses no me contesta el teléfono ni tampoco el correo, y en redes sociales se hace el disimulado, incluso con amigos comunes que le han dado mis recados. Desconozco el porqué, para mí es un misterio total. ¡Qué tipo!

En el proceso de asumir progresivamente esos plantones, pregunté a otra persona si estaba en condiciones de hacerlo. Dijo que sí, ya sabe, con todo gusto, no faltaba más, eso es fácil y que además -por no ser nada complicado- cobraría una cantidad prácticamente simbólica, tanto así que yo incluso le sugerí que replanteara sus honorarios porque hasta a mí me parecía muy poco. Casi medio año después, sólo tengo una muestra-ensayo de diez segundos (algo así como el 5%)... y entiendo que eso será todo.

Necio e implacable en mi búsqueda, llegué a plantearle el trabajo a alguien con más dotes de artista que de técnico multimedia. Nos reunimos en un café, el trabajo pareció interesarle y -en un momento de inspiración y cordial camaradería- dijo que eso sería una colaboración creativa, que no había vil metal prefijado, no obstante aceptaría lo que se le quisiera reconocer en agradecimiento. Pero las dos veces que planeamos reunirnos para absorber el espíritu del tema, el sujeto no llegó: la primera con una excusa emergente pero creíble; la segunda, con la más espontánea y silenciosa de las ausencias. No me ha contactado para reprogramar la reunión y, considerando las condiciones que puso, me da algo de pena insistirle más. Una lástima, porque habría quedado bonito.

De vuelta a la carga, di con un joven profesional, pariente de una persona a quien aprecio mucho. El primer contacto se produjo hace casi dos meses y aún espero que me envíe la cotización. Eso sí: espero sentado.

Finalmente, y ya casi por renunciar a mi búsqueda, encontré al sujeto actual. Cumplidas las formalidades, hemos discutido los detalles del trabajo, hay avances concretos y espero muy pronto el producto encargado, el cual estoy seguro será satisfactorio.

¿Recuerdan cuando dije: “a mediados de 2014, quise ver en una de mis creaciones artísticas en cierto formato multimedia”? Pues nada, ahora reformulo digo: “a mediados de 2014, no sabía cuánto habría de sufrir mi paciencia por ver una de mis creaciones en cierto formato multimedia”.

jueves, 27 de agosto de 2015

Ese video viral delictivo


AVISO A NAVEGANTES: en este sitio no hay ningún enlace web, clave ni pista que indique la ubicación del video aludido; así pues, quien con tal propósito haya llegado -así sea por accidente- hasta aquí, pierde su tiempo. Si, en cambio, lo que busca es una opinión razonada al respecto, quizá este sea el lugar apropiado.

Hace pocos días, se hizo viral en redes sociales un video pornográfico protagonizado por una joven mujer, estudiante destacada de una prestigiosa universidad local, filmado con su consentimiento por su amante, a quien se señala como responsable de haberlo divulgado posteriormente como represalia por supuestas infidelidades durante el tiempo que estuvieron juntos.

Como suele suceder en la web guanaca, los comentarios han sido de todo tipo, con marcada tendencia la chabacanería, incurriendo muchas veces en el típico dime-que-te-diré saturado de insultos y vulgaridades.

Una línea de comentarios se dirige contra el presunto hechor, también estudiante universitario, quien podría ser enjuiciado y encarcelado por el delito cometido, siempre que hubiera una denuncia de por medio y se lograra comprobar la comisión de la divulgación, cosa ya de por sí difícil teniendo en cuenta la naturaleza del crimen y las peculiaridades del sistema judicial salvadoreño.

En contraparte, hay una segunda vertiente de textos y opiniones que atacan a la joven a causa su conducta sexual, postura impertinente pero acorde a nuestra ancestral cultura machista. Tampoco faltan quienes se regodean del material ilícitamente divulgado. Sobre esto, la bloguera Virginia Lemus protesta y explica con bastante claridad el problema en este enlace.

Hay, no obstante, un tercer tema que suscita mucha polémica, como es señalar el gravísimo error cometido por la joven al consentir que se le grabara en la intimidad y que ese material quedara en poder de quien después traicionaría su confianza y lo usaría para denigrarla.

Para algunas personas, no se debe señalar como error, imprudencia o decisión poco inteligente el haber permitido la grabación de los videos, porque eso es cargar todas las culpas y re-victimizar a la joven perjudicada con la agresión virtual posterior.

No estoy de acuerdo con esta valoración.

Evidentemente hay un delito, que es divulgar el video, y hay un culpable, que es la persona que lo puso a disposición pública en redes sociales. Eso está claro. Tambien es terrible y lamentable el sufrimiento emocional que padece la persona afectada, sus familiares y amigos. Pero eso no quita la cuota de irresponsabilidad de quien se construyó una potente arma y luego, sin el menor sentido común ni medir el alcance de la situación, la dejó en manos de alguien que podría hacer uso dañino en contra de ella misma, basándose en una confianza sin fundamentos objetivos.

Varias lecciones pueden sacarse de esta horrible situación, pero una que sería imperdonable omitir es esta sencilla norma: no permitir que te graben en situaciones que luego pudieran perjudicarte. Bien decían las viejitas que la curiosidad mató al gato, no es sabio labrarse uno mismo su propia estaca.

Y en estos tiempos virtuales… don’t trust anybody!

jueves, 30 de julio de 2015

Choripanes vertiginosos

Aunque los puestos ambulantes de venta de choripanes son legendarios y alguna vez he comido alguno, tampoco es que delire por esos platos típicos de la cultura popular, como lo hacen quienes los han elevado a una categoría casi sagrada de la nostalgia en la lejanía y de la frenética actividad gastronómica citadina.

Eso sí, he de reconocer la notable impresión que hoy me causó estar por algunas horas a la par de uno de ellos recibiendo tickets en cierta actividad escolar (cortesía de dos colegas que me dejaron allí enganchado al son de “¿Puede quedarse un ratito aquí? ¡Ya venimos!”).

Según el recuento preliminar, en un lapso de cuatro horas y media, el tipo a cargo del carrito móvil cocinó, ensambló, aderezó, empaquetó y entregó a la interminable clientela juvenil la sólida cantidad de 350 chorys. Esto es un promedio estimado sorprendente de 46 segundos por unidad.

Ahora bien, considerando que el proceso no es del todo continuo, pues hay algunas pausas para esperar a que se frían las salchichas, lo verdaderamente vertiginoso es el tiempo real que tarda el tipo en armar cada megapán: algo así como la friolera de… ¡20 segundos!

Si en la Selecta tuviéramos veintitrés tipos y un técnico que hicieran su trabajo al mismo nivel profesional que este de los chorys, fuéramos competidores fijos en todos los mundiales.

domingo, 5 de julio de 2015

Ventiladores

Forzado por los calores contemporáneos, desde hace algún tiempo nos hemos visto en la necesidad de usar ventiladores en casa, cosa impensable en la Santa Tecla de los setentas. Así, por estas habitaciones han desfilado diversos modelos y estilos, que han ido fracasando uno tras otro, por razones tan diversas como para merecer unos párrafos públicos.

La experiencia con ventiladores estándar (de piso, mesa o pared; fijos u oscilatorios) no fue del todo buena, ya que si bien hacen circular el aire son bastante ruidosos (dependiendo de la marca y el diámetro de la hélice), lo cual no desemboca precisamente en una sensación de reposo, aparte de que ese constante zumbido más otros ruidos colaterales se erigen cual inconscientes recordatorios de la cuenta de consumo de energía eléctrica.

Sin solución a la vista por este camino, pensé entonces en un ventilador de techo. Corrijo: en un buen ventilador de techo, ya que en diversos lugares he visto demasiados de ellos, de marca Pajarito, funcionando mal o expirando antes de tiempo. Y como es previsible a estas alturas de la entrada, hecha la prudente e informada inspección en la ferretería, tarjeta de crédito en mano me hice de uno.

Un detalle importante a tener en cuenta es que todos esos aparatos invariablemente están diseñados para techos sólidos, por lo que, cuando se les necesita en una habitación con cielo falso, hay que construir e instalar entre este y los polines una estructura metálica para empernarlo allí. (Entre paréntesis: esto no se lo dicen en la sala de ventas a menos que uno pregunte.)

Otro elemento clave es que jamás debe instalarse de modo tal que las aspas pasen por debajo de cualquier tipo de luminaria, a menos que uno quiera enloquecer con un molesto parpadeo, casi como luz estroboscópica en casos extremos. De ahí que haya modelos con una lámpara incorporada en su centro, para usarla en vez de la iluminación ya instalada en el lugar.

Si bien las horas y costo (del equipo y de la instalación) podrían considerarse una desventaja con respecto a los ventiladores usuales de uso instantáneo, una vez que este aparato queda fijo y funcionando en el techo se aprecia plenamente el concepto de confort: en efecto, es tan silencioso que lo único perceptible es el suave corte aéreo producido por el aspa, la circulación de aire es mucho mejor en toda la habitación y dormir en una noche calurosa con este artefacto encendido no causa ninguna perturbación.

Sí, ya sé lo que están pensando: en la decapitación o ahorcamiento accidental. Olvídense de las escenas hollywoodenses de muertes sangrientas e impactantes tipo Destino final, que la potencia del motor de estos ventiladores no alcanzaría jamás a levantar ni a su mascota miniatura. De lo único que tiene que cuidarse, obviamente, es de no atravesársele al aspa, que me sé un par de casos. Y obviamente, procure que la persona contratada para instalarlo le haga un trabajo esmerado y de calidad, no una chambonada.

__________

Posdata:

¡Ah, pero esto no es lo mejor que existe en la actualidad! Hace un par de años, la casa Dyson lanzó al mercado sus ventiladores “sin aspas”, un concepto ultramoderno más eficiente y silencioso que cualquier cosa que se haya visto en materia de circulación de aire. Lo único malo es… precisamente, su costo, que actualmente es de ocho veces el de sus antepasados de hélice. Lo bueno es que, como todos los productos de tecnología de punta, tienden a bajar de precio según se van popularizando. Yo lo espero.

sábado, 27 de junio de 2015

Discusiones web en la Guanaxia

Este es un modelo del guion existente para discusiones web en la Guanaxia Irredenta. El lenguaje puede variar, generalmente hasta expresiones vulgares y todo tipo de errores ortográficos, pero la estructura general permanece.

Todo comienza con un artículo de opinión, entrada de blog, post en Facebook o un humilde tuit. Digamos que el asunto parece importante, serio, incluso trascendental.

Primero hay likes y muestras de adhesión y apoyo.

- ¡Qué buen enfoque! Debería ser tomado en cuenta.

Luego aparecen los que amplían el tema.

- Y no solo eso, sino que además hay que considerar estos otros factores… bla, bla, bla.

Pero casi simultáneamente, llegan los que están en contra del punto en cuestión y descalifican al autor.

- ¿Pero qué sabe usted del tema?

Nunca faltan los especialistas en memoria histórica.

- ¿Y ya se les olvidó cuando aquellos hicieron tal cosa, por qué entonces no dijeron nada?

Están los que no pasan de recitar manuales.

- Esto es puro comunismo (o capitalismo). La oligarquía (o los rojos) nunca aprenden.

Por ahí, pasa un ilustre desinteresado.

- Ustedes ya aburren con ese tema.

Y, por supuesto, el siempre consciente de la realidad social y su recuento estadístico.

- Hay decenas de muertos diarios y ustedes discutiendo trivialidades.

El amigo o amiga del autor no puede dejar de manifestar su apoyo.

- ¡Fuerza, fulanito! Recuerda: “Ladran, Sancho, señal de que caminamos…”

(Paréntesis: no importa que Don Quijote jamás haya dicho tal frase.)

La introducción de nuevos elementos de debate no se hace esperar:

- ¿Y el señor Don Fulano (que comentó antes), por qué mejor no se dedica a sus asuntos?

Despistados siempre hay:

- ¿Por qué ofendes, Mengano? (aunque lo haya dicho Sutano).

Tarda en aparecer, pero nunca falla, el que te suelta el tratado filosófico para demostrar que ha leído:

- La perspectiva desde la cual se aborda este tema ya estaba plasmada en los escritos informales de Cherosteinter, cuando establece como prioridades del sistema una tríada de valores considerados esenciales desde la interacción aparentemente espontánea que radica en la doble confluencia de los elementos antes apuntados…

Sin duda, habrá direcciones web remitiendo a artículos relacionados con el tema:

- Mejor lean esto en vez de estar hablando debilidades: http://miarticulomasvergon.com

Acusaciones de filiaciones espurias también las habrá:

- Este/a ya se vendió, qué pena que preste su nombre para los de tal partido (o asociación).

También habrá reproches por el lenguaje:

- Independientemente del tema, no se deberían expresar de esa forma…

No sería discusión guanaca sin la respectiva cita o alusión bíblica:

- Recuerden a Juan 3, 16 y que sólo Cristo salva.

La dosis de nacionalismo aflorará en cualquier momento:

- ¿Y si tanto te molesta, por qué no te vas, pues? (Variante: "Aquí vienen a hablar fuerte, porque en su país ni caso les hacen.")

Y tras un largo etcétera, el tema originalmente planteado se perderá en este océano de intrascendencia en que hemos convertido la web.

lunes, 22 de junio de 2015

Cinco consejos docentes... por experiencia.

Just for the record y para efectos oficiales, he ejercido la profesión docente desde 1988, si bien con anterioridad a ese año tuve dos o tres experiencias que bien podría etiquetar como “de práctica y aprendizaje” y que, sin duda, también contaron a la hora de definir mi carácter y perfil profesional.

Mi trabajo ha sido principalmente en el nivel de educación secundaria (tercer ciclo y bachillerato) en instituciones escolares del sector privado, con jóvenes de edades comprendidas entre los 12 y los 18 años, aunque ocasionalmente he tratado también con infantes de hasta 10 años. Tuve, además, una breve y subrepticia incursión como catedrático universitario no oficial (historia de la cual acaso me ocupe en otro momento).

Así pues, al momento de escribir esta entrada hay de por medio veintiséis años y medio de vivencias magisteriales, de las cuales algunas lecciones he sacado y no veo presuntuoso dar unas cuantas recomendaciones –“consejos”, si lo prefieren– que, ciertamente, no me enseñaron o muy poco me dijeron en la universidad. Claro, se basan en una experiencia particular, limitada, no universal, pero ojalá a alguien le sirvan tanto como a mí, para mejorar el día a día en el aula.

Aquí les van.

- Docente: tienes estudiantes mucho más listos que tú.

Si quieres, toma como parámetro el antiguo aunque hoy algo desacreditado coeficiente intelectual (CI). Estadísticamente, la mitad de la población es de inteligencia media (CI entre 90 y 110). Puede que tú mismo/a estés en este bloque. Hay una sexta parte cuya inteligencia está por encima de la media (CI entre 111 y 120) y casi un 10% llegan al nivel de “dotados” y “muy dotados” (CI 121 y más), así que seguramente tendrás dos o tres estudiantes así en tu aula. No quieras ser tú el más listo de la clase, aunque tu propio CI esté en este rango.

¿Y si tomas como referencia las inteligencias múltiples? Si quieres competir en este ámbito, perderás siempre. Acéptalo: hay estudiantes que te superan en inteligencia emocional, tanto como en habilidades físicas, manejo del lenguaje o capacidades lógico-matemáticas, unos aquí y otros allá.

A todos ellos/as, respétalos y gánate su respeto enarbolando y fortaleciendo aquello en lo que sí los superas y puedes guiarlos: tu madurez de persona adulta y tu dominio de técnicas de enseñanza-aprendizaje, en donde ellos mismos pueden colaborar con sus compañeros/as.

- Maestro/a: tu materia no es la más importante para tus estudiantes.

¿Amas la asignatura que impartes, colega? Te felicito. Tu materia es la más importante para ti. Pero de ahí a que creas que sea (o creas que deba ser) la más importante para tus estudiantes, hay un precipicio de distancia. No caigas en él.

A tus alumnos y alumnas tu materia no les interesa como a ti. Con suerte, habrá unos cuantos que se entusiasmarán genuinamente y querrán sacarle el máximo provecho, incluso puede que te encuentres con un chico o chica obsesionado con estos o aquellos contenidos, pero seguramente para la mayoría será una más dentro del pensum y quizá hasta haya quienes la detesten. No lo tomes como una afrenta personal.

Ahora bien: que esta certeza no te desanime sino al contrario. Imparte la materia con todo entusiasmo y procura contagiárselo a tus educandos, prepara las mejores experiencias educativas y anímales a dar lo mejor de sí, pero ten presente esta verdad en todo momento: cada quien tiene sus preferencias, prioridades, vocaciones y afinidades, y tu bendita materia puede que no ocupe un lugar preeminente en esa amalgama de circunstancias.

Eso sí: tampoco te hagas la víctima, que esa actitud es contraproducente y cae mal.

- Profesor/a: el tiempo para diseñar un examen inteligente es una sabia inversión.

Bien se puede afirmar que hay una relación inversamente proporcional entre el tiempo dedicado a elaborar una prueba escrita y el tiempo necesario para calificarla. En ocasiones, por falta de planificación y por la prisa, uno diseña exámenes a la ligera y luego, al momento de revisar, paga el precio con creces. Por el contrario, dedicar un buen par de horas para la elaboración de una prueba objetiva, pensando desde su génesis en los criterios de corrección e indicadores clave, suele facilitar muchísimo el siempre tortuoso momento de revisión.

- Mentor/a: las notas no son un forcejeo con tus estudiantes.

Es así de simple: pon la nota que cada quien haya sacado, conforme a las actividades asignadas y los criterios estipulados. No tienes por qué hacer de esto un pugilato entre tú y tus estudiantes. Reprobar a muchos tan solo para “demostrarles” que no saben nada solo pone en evidencia un ego enfermizo; considerar una afrenta que alguien lleve un diez en tu materia, “porque el diez es para el profesor”, ya ni se diga.

Pero tan detestables son las notas que se asignan con mezquindad como aquellas que se regalan "para caer bien".

Claro está que tus alumnos y alumnas pueden salir muy bien o muy mal en determinadas pruebas, pero eso nada debe tener que ver con tus estados de ánimo, mucho menos con aspectos de control puramente disciplinario dentro del aula o con un espíritu de abuelo bonachón. En cualquier caso, si las cosas van mal en cuanto a notas, tómalo como un indicador y busca soluciones de las causas, no de los efectos. Esa risa de villano de película ante los caídos en combate no te luce.

- Educador/a: no eres uno de tus estudiantes.

No eres uno de ellos, acéptalo, así tu diferencia de edad sea de tres o treinta años. Te puedes llevar bien con la juventú’, apoyarles cuando lo necesiten, incluso darles alguno consejo si te lo piden, pero no eres y nunca serás uno de ellos.

No puedes regresar en el tiempo y, si pudieras, definitivamente no serías su profesor/a.

Si tu condición física te lo permite, ocasionalmente puedes hasta jugar un partidillo informal de futbol o baloncesto, pero no eres uno de ellos.

Según hábitos y criterios culturales, puedes permitirles que pasen del trato de “usted” al de “tú” o “vos”, pero eso no te hace uno de ellos.

Tampoco eres amigo de ellos. Te pueden contar sus penas pero tú no se las puedes contar a ellos. Ya si en su edad adulta las circunstancias de la vida los hacen coincidir, puede que entonces construyas amistades con algunos de quienes fueron tus alumnos/as, pero mientras tanto, guarda una prudente distancia y no te creas uno de ellos. Nunca, ni en tu más extraviada imaginación.

¡He dicho!

miércoles, 17 de junio de 2015

La madre omitida

Tierra de infancia es una entrañable colección de estampas de la infancia de Claudia Lars, publicada en 1958. El ejemplar cuya fotografía ilustra esta entrada es la primera edición que se terminó de imprimir el 22 de octubre de ese año en los talleres del entonces Departamento Editorial del Ministerio de Cultura de la República de El Salvador.

Este volumen tiene veinticuatro relatos de magistral prosa, que nos transportan a un espacio idílico que la autora describe así:

Entre el volcán y el mar nació la niña de este libro: el volcán de sus abuelos morenos, el mar de sus abuelos blancos. (…) En el valle natal mi corazón se fue abriendo como una flor gozosa, y su raíz de sangre y arrobamiento se anudó, con fuerza oculta y permanente, al seno acogedor de la madre tierra.

En el prólogo del libro, Eduardo Mayora detecta una de las motivadoras intenciones del texto:

Es el pago de una deuda sagrada a la memoria de hombres y mujeres que supieron querer y hacer feliz a una niña soñadora: desde el abuelo recio y recto como las ceibas de su heredad; el padre fino y complicado como su remota Irlanda, la isla de los santos; el indio Cruz, modelo de atractiva simplicidad; Anselmo, embustero prodigioso; la Niña Meches, la Zarca Chica y tantos otros…

Hasta aquí, nada fuera del guion.

Pero cuando -hará más de una década- yo leí por primera vez Tierra de infancia (versión de UCA Editores, 1987-2004), detecté una imperfección orgánica extrañísima, un final impertinente, una intervención de más, después del cierre magistral de una sinfonía. En efecto, todo apunta a un grand finale majestuoso cuando en el relato “La hora del fuego” emprende la vehemente despedida (“¡Adiós, paisaje mío… comarca de mis juegos y de los más preciosos hallazgos…!”) que culmina de esta manera: “En paraíso de recuerdos podría encontrar siempre, sin jamás perder su juventud ni su alegría pura, a la dichosa niña de ayer.”

Mas, al pasar la página… ¡había un capítulo más!

Hablando con mi madre

Al terminar de escribir este libro de recuerdos quiero decirte -¡amada madre muerta!- palabras que no me atreví a pronunciar cuando vivían en nuestro mundo, pero que vibraban en el fondo de mis secretos como burbujitas de amor. Me duele no haberlas dicho entonces, pues te pertenecían desde mis primeros esfuerzos por aprender el lenguaje humano. Sin embargo, sé muy bien que el silencio, guardián de sueños y de cantos, nunca fue motivo de incomprensión entre tú y yo. ¿Acaso no eras la silenciosa por excelencia? ¿No preferías una sonrisa a un verso y una incompleta lágrima a cualquier promesa o disculpa?

Y así continúa por algunos párrafos más.

Me quedé con la fuerte sospecha de que ese capítulo adicional no debía haber estado en los planes originales, así que cuando encontré el ejemplar de 1958 en la biblioteca de mi padre, comparé el contenido y… ¡exacto! El texto dedicado a la madre de Claudia no estaba en su Tierra de infancia dada a luz en aquel año. Este debió ser añadido en alguna de las ediciones posteriores, junto con otros dos episodios de menor relevancia: “Matrimonio infantil” y “Tío Antonino”.

¿Por qué la omisión de la figura materna en aquellas memorias? ¿Por qué y a iniciativa de quién vino esa inclusión extemporánea? ¿Por qué la madre muerta y no en vida como los demás personajes? ¿Qué nos revela ese curioso detalle? ¿Alguna vez lo sabremos?

lunes, 15 de junio de 2015

Sin fe, ya para qué.

En Guatemala y Honduras protestan masivamente contra la corrupción, por lo que hay quienes sugieren (esperan) que esa ola llegará a El Salvador. No lo creo, mis estimados/as. Aquí ya pasamos por eso, no le tenemos fe a esas cosas. Hay protestitas molestas, sí, pero no protestotas que cambien rumbos. Lo siento. En este artículo de la Revista Factum les cuento el porqué.

viernes, 12 de junio de 2015

Hoy, como ayer...

El jueves 13 de junio de 2015, la Selección Nacional de El Salvador (89ª en el ránking FIFA) empató 2-2 a puras penas de visita con su similar de San Cristóbal y Nieves (114ª en la misma escala). No se hizo esperar la airada reacción de la afición y prensa deportiva, rasgándose las vestiduras por tan magro resultado, cual si de un gravísimo retroceso se tratase.

Se olvidan de que el 18 de octubre de 1992, aquella flamante Selecta fue a perder 1-0 con Bermudas.

Vean la alineación que mandó el uruguayo Aníbal Ruiz.

En la portería estuvo Raúl García. Formamos con línea de tres defensas (Cárcamo Batres, Tiburón Meza Mayén y Geovanni Trigueros) y dos laterales o carrileros (Jorge Ábrego y Seco Estrada). La doble contención en el mediocampo le correspondió Fernando Lazo y Papo Castro Borja, con dos volantes ofensivos: Mauricio Cienfuegos y Mágico González. El único hombre en punta fue Lagarto Ulloa.

Y aquí, el golito matador.

¿Cuál es el retroceso, entonces?

miércoles, 10 de junio de 2015

Cinco zafadas típicas de funcionarios guanacos

Antes de pasar a la esperada enumeración, aclaro lo siguiente: cuando digo “típicas” no me refiero a que estas excusas, justificaciones o evasivas sean de uso exclusivo de personajes públicos de la Guanaxia Irredenta (pues varias de ellas están en el repertorio usual de la así llamada clase política en todas partes del mundo). El uso de tal adjetivo lo justifico por su acepción de “característico o representativo de un tipo”, en este caso el funcionario o funcionaria de por estos lares, como si antes de asumir un cargo de cierta responsabilidad en cualquier órgano del Estado, e incluso en instituciones no estatales, se hubiera memorizado un manual de defensas estándar para usar a discreción en caso de críticas, cuestionamientos o exigencias ciudadanas.

Dicho lo anterior, aquí les van, para su consideración. Las coincidencias con otros contextos aplican.

- Es culpa a la administración anterior

Esta táctica es antiquísima, una de cuyas versiones más populares es la leyenda de las dos cartas que Kruschev le habría entregado a Breznev en los sesentas. La diferencia esencial es que, en ese cuento, la descarga de la propia responsabilidad solo funcionaría una vez, mientras que aquí es permanente: desde el Ejecutivo y sus ministerios, pasando por curules, hasta la más remota alcaldía municipal del trozo de república en que vivimos… ¡todo es culpa de quien estuvo antes!

- Otros lo hicieron por años, ¿por qué nunca los criticaron?

En esta variante no se niegan descaradamente las deficiencias, faltas o errores actuales; sin embargo, se ocultan en la tradición, se justifican en la costumbre que se ha hecho ley, o bien, se minimizan en la comparación de que “antes era peor”. Con frecuencia, se acaba atacando a quien critica, acusándole de no haber tenido esa acuciosa actitud de fiscalización o reclamo en el pasado, no importa si esto es cierto o no. Trátase de una traicionera aplicación del principio ajedrecístico "la mejor defensa es el ataque".

- Es una campaña de desprestigio

Toda persona o institución que tenga o crea tener enemigos puede hacer uso de tal lema. Nunca nadie usó este estribillo de manera tan reiterada como los oficiales del ejército salvadoreño durante la guerra civil, para atajar acusaciones de violaciones a los derechos humanos. Pero no fueron los únicos. Cuando se comenzó a hablar del tema, algunos jerarcas de la Iglesia Católica dijeron lo mismo sobre las denuncias de abuso sexual infantil, hasta que la evidencia les obligó a cambiar radicalmente de discurso. Incluso el tristemente célebre Pastor Enmotelado, líder de una importante secta evangélica, esgrimió este recurso falaz contra sus críticos (a quienes, en un noble gesto, perdonó en público por tales afrentas).

- Hay cosas más importantes en las que fijarse

Esta es la muy conocida smoke screen o “cortina de humo”, la cual obviamente solo funciona para problemas que puedan ser vistos (con cierta verosimilitud) como menores, triviales o insignificantes en comparación con aquel que se señala (o inventa) para desviar la atención; o bien, que este último despierte más morbo o cause más sensación que el primero.

Pese a lo burdo de la triquiñuela, es un recurso táctico altamente efectivo de cara a los propios seguidores, siempre dispuestos a ver y traer a cuenta pajas o vigas en ojos ajenos para disimular los propios. ¿Me cuestionan por nepotismo? ¡Digo que los periódicos no pagan impuestos! ¿Me protestan por despidos en mi administración municipal? ¡Descubro una clínica de abortos clandestinos! Y así vamos. Wag the dog no es cine de ficción.

- Esto requiere de una solución integral

Nada mejor y más elegante -diría que hasta intelectual- que hacer ver lo complejo de un tema y las múltiples causas a las que este obedece, para dar la impresión de que se está trabajando arduamente en su solución, ganar así tiempo y al final no resolver nada. La verborrea técnica puede alternarse con consideraciones de orden histórico y hasta antropológico, sin descartar nunca las teorías conspirativas y, por supuesto, las anécdotas más o menos impresionantes. Luego de semejante alocución, hasta el más crítico ciudadano acabará aceptando que ella o él mismo es parte del problema, casi se sentirá culpable y seguramente suavizará o se olvidará de reclamar a quien está al frente.

¿Quiere ejemplos con nombre y apellido? Esos se los dejo a usted, mi estimado(a).

miércoles, 3 de junio de 2015

Cinco cantaletas guanacas que ya aburren

Cantaleta: estribillo; voz o frase que por hábito vicioso se dice con frecuencia (diccionario de la RAE).

Gente que tiene a su alcance y disposición un micrófono en radio o televisión, así como columnas de opinión de periódicos y otros medios digitales en la Guanaxia Irredenta (y a cuya palabra se le da mayor peso en ese engañoso concepto de “opinión pública”) acostumbran prodigar cantaletas basadas en mitos, afirmaciones no solo sin fundamento sino en contra de evidencias rastreables con un mínimo de rigor y memoria histórica. Algunas son políticas, otras culturales y otras…

Dejo aquí cinco significativas, de las cuales particularmente ya estoy harto.

- Lo nuestro es el balón a ras de piso con toque fino

¿En serio se creen esa tremenda falacia? Cuenten cuántos pases seguidos logran dar los jugadores en un partido estándar de primera división y luego hablamos. ¿Ya vieron a cuántos metros le rebota el balón cuando uno de nuestros futbolistas recibe un pase largo? Dirán que esto es una virtud que se ha perdido. ¡Falso! Traten de ver (si lo resisten) los partidos de la Selecta en el Mundial España 82 y no hallarán más que jugadas sin ton ni son, en los poquísimos momentos en que el rival nos prestó la canica. Notables excepciones aparte (Mágico, Pájaro y Cienfueguitos, por ejemplo), el aclamado “buen trato a la pelota” nunca ha sido el estándar ni la orientación primaria del futbolista guanaco; antes bien, el patadón nos define mejor.

- Los veinte años de Arena

Allá por 2010 y 2011, cuando aún no se cumplían los dos primeros años de la presidencia de Mauricio Funes, culpar de todos los males nacionales a las dos décadas que el partido Arena gobernó el país era no solo obvio, sino hasta necesario (entre otras cosas, porque por eso perdieron las elecciones). Pero que lo hagan ahora, tras seis años de gobierno efemelenista y por boca de funcionarios estatales, es un mal chiste que ya ni para memes alcanza.

Y no es que pidamos que en tan corto tiempo (considerando el universo y sus distancias) se resuelvan todos los males, pero al menos alguna sensación de que se está en vías de arreglar desaguisados (y no crear nuevos entuertos) debería haber.

- El muy católico pueblo salvadoreño

La religión en El Salvador: católicos (46.8 %), evangélicos (34.6 %), otras (2.4 %), ninguna (16.0 %). Gracias al periodista Edwin Segura que tuiteó esta información, respaldado por LPG datos. No tengo más que añadir... o quizá sí: ¿ya contaron los que dicen ser pero no ejercen?

- Paz y trabajo antes de la guerra civil

Si a estas alturas del partido alguien no tiene clara la dimensión de esta falacia ideológica, es difícil que cambie de parecer aunque se lea tres o cuatro tratados históricos. Al status quo de opresión e injusticia que generó las condiciones para la insurrección armada de los ochentas no se le puede llamar una época de “paz y trabajo”… a menos que se compartan los intereses oligárquicos de la tristemente célebre Cruzada Pro Paz y Trabajo. Pero eso ya es otro pisto.

- Las buenas épocas del rock salvadoreño

Dicen que grupos como Los Supersónicos, Los Intocables, Los Mustangs, Los Vikings, Hielo Ardiente, Los Beats y otros tantos sesenteros han sido lo mejor que se ha producido por estos lares. Dicen también que sus voces líderes (Luis López “El Monseñor del Rock Salvadoreño”, Óscar Olano, Chamba Rodríguez, etc.) son leyendas vivientes.

No lo creo tan así.

Cierto que entre esas huestes hay músicos y hasta canciones notables, y los respeto, pero la mayoría de ellos vivía del cover, la adaptación local de éxitos foráneos de la época, llegando a hacer versiones en español que no tenían nada que ver con el sentido original de la canción.

¿De dónde sacaron ese absurdo “por qué llorar” donde va “don’t let me down”? ¿Qué tiene que ver el “¡oye lo que digo!” con Proud Mary? Por supuesto, hubo temas originales memorables, como Camino de Hormigas y otros dos que tres, pero tampoco exageremos.

Estimada generación anterior a la mía: no confundan sus recuerdos de adolescencia con la mejor época musical de la vida nacional. Otra cosa es que ese repertorio sirva como gancho para llevar gente a célebres chupaderos nostálgicos, pero allí ya son las heladas las que mandan.

domingo, 24 de mayo de 2015

Tres aserciones ineludibles al venerar a Romero

Monseñor Romero ya es beato de la Iglesia Católica, lo que representa un reconocimiento institucional a su vida y obra. Él es un santo que trasciende los límites del catolicismo, pero ¿sabemos quién fue realmente Monseñor Romero y cuál la importancia de su palabra? ¿No estaremos distorsionando, edulcorando o manipulando su figura para hacerla compatible con nuestras necesidades ideológicas? ¿A cuál versión de Romero nos acogemos?

A mi modo de ver, hay tres aserciones históricas imprescindibles, implicadas necesariamente en cualquier manifestación de veneración a Monseñor Romero, sea desde el punto de vista creyente o en un sentido laico humanista más amplio. Sin ese conocimiento, sin tales certezas, el Romero al que decimos admirar será otro quizá imaginado y cómodo, pero sin sentido, jamás real.

Veámoslas.

- Denunció la represión de la derecha oligárquica

Monseñor Romero fue “la voz de los sin voz” porque, desde su postura de liderazgo como pastor, denunció la criminal represión del ejército, los cuerpos de seguridad estatales (policía, guardia y la de hacienda) y los nefastos escuadrones paramilitares (UGB, Brigada Maximiliano Hernández Martínez, etc.) contra los opositores o sospechosos de ser opositores políticos del régimen militar de la época, al servicio de la derecha oligárquica.

Esta represión incluyó amedrentamientos, atentados, cárcel, torturas y asesinatos sistemáticos contra obreros y campesinos organizados en sindicatos y comunidades, pero también contra sacerdotes y monjas a quienes se acusaba de comunistas. De igual modo, hubo víctimas que nada tenían que ver con las organizaciones de izquierda.

Prestar oídos a los centenares de denuncias, ofrecerles apoyo a través del Socorro Jurídico del Arzobispado y denunciar públicamente estos atropellos en sus homilías dominicales fueron acciones valientes de un hombre sensible y justo que, a pesar de las constantes amenazas, mantuvo hasta el final de sus días.

Pretender honrar a Monseñor Romero mientras se niegan, distorsionan o soslayan las graves circunstancias en que le tocó ejercer su labor pastoral es una contradicción insostenible, tanto como seguir enarbolando el ideario que instigó y celebró su asesinato.

- Se mantuvo a distancia de la violencia insurgente

Sí, señoras y señores: Monseñor Romero también condenó los actos de violencia de la naciente guerrilla, si bien supo distinguir entre la violencia de agresión y la violencia en defensa propia. Pero no, mis estimados y estimadas: Monseñor Romero jamás anduvo agitando a las masas para que se insurreccionaran violentamente.

Esa canción popular de la izquierda que dice ♫ “Monseñor, tu verdad / nos hace marchar / a la victoria final” ♫ es uno de tantos usos políticos de su figura, una pancarta para fines particulares. No nos engañemos: la “victoria final” es un concepto político-militar que siempre enarboló la guerrilla.

Otra cosa muy distinta es que él animara a la gente a recuperar su dignidad y exigir sus derechos. ¿Y si la valentía en la denuncia hecha por Óscar Arnulfo Romero, así como su magnicidio, inspiró o convenció a muchas personas de que la única opción posible era la lucha armada...? Sí, puede ser, pero esas son decisiones personales que cada quien toma a partir de sus circunstancias concretas. En ninguna homilía, carta pastoral, diario, prédica ni emisión radiofónica van a encontrar fundamento para las acusaciones (o reivindicaciones) de “agitador de masas” o “revolucionario” que le endilgan unos y otros.

- Fue fiel al cristianismo posconciliar

Disculpe si usted cree que la doctrina cristiana, específicamente católica, ha sido y sigue siendo única, universal e inmutable. Lamento decepcionarle: no es así. Una mínima investigación histórica le revelará que en diversos contextos la Iglesia Católica ha asumido roles diversos e incluso contradictorios.

Antes del Concilio Vaticano II, la Iglesia era aliada del poder y, en El Salvador específicamente, de la oligarquía agroexportadora. Su papel consistía en legitimar el status quo, bendiciendo el sufrimiento como garantía de que en la otra vida los pobres serán los primeros. La pobreza y todos los males humanos en este valle de lágrimas eran voluntad de Dios, rebelarse contra la autoridad terrenal terrenal era también rebelarse contra lo que Dios mismo había instaurado.

Religiosos contemporáneos de Romero formados en esa línea anacrónica -y que, a diferencia de Óscar Arnulfo, fueron incapaces de abrir su inteligencia y sensibilidad a los signos de los tiempos- se le opusieron fuertemente.

Después del Concilio Vaticano II y las conferencias episcopales de Medellín y Puebla, el giro fue radical. Si hay pobreza no es porque Dios así lo quiera, sino por el pecado social cometido por el ser humano al organizar la sociedad en beneficio de unos pocos. La dignidad humana no puede ser sólo espiritual ni ultraterrenal, sino también material, lo cual pasa por tener condiciones dignas de existencia. Esto obliga a revisar las estructuras sociales injustas y a transformarlas en beneficio de las mayorías excluidas.

Esta prédica no es, pues, una desviación de la Doctrina Social de la Iglesia, sino su pura y llana aplicación en una realidad concreta. Es cierto que la Teología de la Liberación (que ni es lo mismo ni es igual) fue bastante más allá y asustó a la propia jerarquía eclesiástica, llevando a su condena, pero si Monseñor Romero actuó como actuó no fue por “liberacionista”, sino porque supo escuchar el clamor de los oprimidos.

Con su beatificación, la Iglesia Católica reconoce la fidelidad doctrinaria de Romero a esa línea eclesial, pero también de sacerdotes como el jesuita Rutilio Grande y otros muchos asesinados en aquella época, bajo la acusación de ser comunistas. No se puede venerar a Romero como excepción o desviación de esta línea doctrinaria esencialmente cristiana.