viernes, 26 de diciembre de 2008

Lisa operática

La de la foto con gesto facial sui generis es Lisa, conocida también como Isabel Guzmán, en un recital operático que ofreció el pasado Jueves 18 en Kalpataru, acompañada por el pianista Giovanni Ardón (evento al cual sí pude llegar puntual, a diferencia del de hace dos años, que me perdí buscando la dirección por falta de mapa). A Lisa la conozco desde que ella estaba en cuarto grado de primaria, hace más de una década, y desde entonces he leído sus textos literarios, la he visto en gimnasia rítmica (lanzando por los aires cintas, aros y bastones), he oído sus expresiones dramáticas en el arte de la declamación y, sobre todo, he escuchado cantar, como miembro y sostén del coro colegial ESJ y especialmente como solista (que también es compositora y ejecuta varios instrumentos). Ahora, años de estudios musicales en Canadá y Costa Rica han producido una mezzosoprano capaz de agradar el oído incluso de quien, como este que escribe, no es devoto del bel canto, debate en el que ya hemos ocupado varias sesiones de "chat". No uso sombrero, pero me lo quito ante los logros de esta jovencita, buena semilla sembrada en tierra buena. Eso sí: para la próxima ya le tengo solicitadas al menos dos piezas en su repertorio: una clásica en español, aunque sea traducida, y otra de su cosecha personal, que tiene todos los merecimientos

martes, 16 de diciembre de 2008

Septuagenaria

Atendiendo diversos documentos, esclarecer el año y fecha exacta de nacimiento de mi madre provocará serios dolores de cabeza por parte de sus biógrafos. El caso es que, por convención, solemos celebrárselo este día, correspondiendo en la cuenta oficial la cifra de setenta años, representados en una sola vela septuagenaria y alcanzada gracias a los avances de la ciencia, que la mantienen aún entre nosotros. Hemos así celebrado con sencillez y calor de hogar: yo diría que esta imagen transmite algo de eso.

Al aire libre y acústico

Lo que se ve detrás de la cachucha es la Orquesta Sinfónica Juvenil dando un concierto al aire libre y prácticamente acústico (pues los del sonido "la volvieron a hacer") el pasado Sábado 13. Al costado izquierdo (visto de frente) se puede notar a un pequeño grupo de adolescentes que vendría siendo el coro, una de cuyas integrantes fue mi hija Diana. Se estima su esfuerzo, así como el de los demás jóvenes músicos y cantores y, en general, de los invitados mayores y experimentados (con la notable excepción de un par de señoras cuyos desaciertos no merecen ni este paréntesis).

domingo, 7 de diciembre de 2008

En un conciertazo

Aunque es un tópico, lo cierto es que el adjetivo "indescriptible" cabe perfectamente para referirse a la monumental experiencia audiovisual de anoche en el concierto de Juan Luis Guerra. Las palabras pueden brotar cual palomitas de maíz y, a lo sumo, pueden aludir al hecho de haber estado ahí, frente a la perfección musical de la banda, la potencia del sonido que hace vibrar las prendas de vestir (incluso "aquéllas") y, especialmente, la enorme pantalla lanzando efectos e imágenes desde atrás del escenario. Pero en este caso particular es aún más cierta la imposibilidad de sustituir lo presencial por lo virtual... ¡por mucho DVD, "wide screen" o "home theater" que se tuviera!

viernes, 5 de diciembre de 2008

Mártoles

El mártoles es el día que uno necesita después del martes pero antes del miércoles. Su existencia facilitaría todas las cosas: por ejemplo, si aún es martes casi a medianoche y uno no ha completado los desproporcionados encargos de la vida laboral o académica, mismos que son para entregar inexorablemente el día miércoles, perfectamente podría decir: “Tranquilo: terminaré todo mañana mártoles”.

Eso sí: no sé exactamente a qué organismo dirigirme para solicitar un mártoles. Pensé en el Vaticano pero desistí porque, conforme a lo visto, la respuesta del Hacedor quizá tardaría siglos o, en caso de manifestarse pronto, habría que hacer otro Concilio para interpretar Su Palabra. Por su parte, las Naciones Unidas están un poco de capa caída y tampoco sé si habría acuerdo universal para una Convención Extraordinaria del Mártoles.

Pero de que necesito el mártoles, lo necesito ya. Mi único argumento, con todo el peso posible, es el siguiente: si no se hizo al ser humano para el sábado, sino éste para aquél, entonces ¿por qué no puedo tener un mártoles?

domingo, 30 de noviembre de 2008

Nocturno y gris

Este soy (era) yo anoche en la fiesta de graduación de mi hija, captado in fraganti por Carmen. Este era (soy) yo actualmente: un ser gris y nocturno, convertido en tal ente cuasi-demencial por obra y virtud de un camión de volteo manejado por J. Delbarco, quien ha descargado sobre mí centenares de toneladas de texto, texto y más texto, todo ello para ser procesado y entregado para ya, para ayer, para la semana pasada, para hace un mes, para antes de mi existencia. Esta vista mía vale más que mil decires y dice más que otras cien vistas.

Lo tragicómico es que no me puedo (no me debo) quejar, pues ¿no podía simplemente haberme negado al principio o al medio del camino? Pues sí, “podría”... pero no quise. ¿Acaso fue (es) por cierta sana vanidad (que la hay, sí), por hacer cosas que se diga que están bien (porque lo están, sí), por recrearme en la propia contemplación de mi prosa y recursos didácticos, proyectadas en un espacio virtual al que acudirán seres imaginados?

Por último, ¿no es todo este discurso un asumir conscientemente esa ofensa que se adjetiva como “capital”? (“¡Ah, la vanidad, mi pecado favorito!”, dijo Milton en el brillante cierre de la película “El abogado del Diablo”, un magnífico “thriller” teológico). No lo sé; mas, por si acaso, sirva este autorretrato como reconocimiento, contricción y confesión... ¡que la penitencia ya la estoy padeciendo!

***

Posdatas entre paréntesis:

(Tampoco es para tanto, pues muchos de los otros padres y madres de adolescentes ya graduados tenían una sola, única y larga cara de aburrimiento.)

(Un poco, pero sólo un poco menos trágico parece el asunto al considerar que todo esto no es al estilo de aquel pintoresco personaje oriental: “¡de choto!”.)

martes, 25 de noviembre de 2008

¡A tres voces!

Por diversas razones, no habíamos podido realizar el proyecto de presentar la canción "Jesús, dulce alegría", de J.S. Bach, con el coro juvenil externadista, hasta que finalmente, durante este mes, logramos tener seis ensayos continuos antes de la graduación colegial. El resultado de ese esfuerzo fue muy bueno, como lo atestiguan no sólo el millar de personas que estuvieron presentes, sino la grabación de audio y vídeo. He aquí treinta y cinco segundos de muestra, sólo para que nos crean. La letra que se escucha con la reverberación propia de una iglesia grande dice, en octosílabos con rima asonante: "¡Oh, Jesús, mi fortaleza / fuente de bondad eterna!"

domingo, 23 de noviembre de 2008

La vida y la muerte


"La vida y la muerte
borda'as en la boca"
("Romance de Curro, el palmo", de J.M. Serrat)

He aquí una de las siete u ocho tortugas que deambulan por el jardín de la casa. La foto fue captada la mañana de ayer por mi hija Diana, quien la descubrió merendando un suculento platillo: un gran caracol que desde hace días andaba por ahí. En efecto: bordadas en su boca (y por ello quizá deberíamos llamarla "Merceditas, la del guardarropa") están la vida y la muerte, quizá un tanto más dramática esta última por la apariencia de los pedazos del ex-caracol. En mi mente, suena "The circle of life".

martes, 11 de noviembre de 2008

Esos molestos gatos muertos

En mi lista de películas memorables está “Pet Sematary” (1989, basada en la novela de Stephen King), porque la putrefacta demencia está muy bien contextualizada y el terror no viene necesariamente de la asquerosa y malévola presencia de zombis, sino de la perversión que tal condición supone para las relaciones familiares. Pero no fue sino hasta hace un par de semanas que completé la lectura del libro, casi medio millar de páginas que reafirman mi primera opinión y, además, amplían la dimensión del dolor y la desesperación que causan y probablemente perpetúan la horrible tragedia sobrenatural allí narrada.

Sin duda, las condiciones en que esta obra fue leída contribuyeron a crear en mí cierta hipersensibilidad: la mayoría de sesiones fueron desarrolladas en las butacas de espera de un hospital durante los atardeceres tempranos de Octubre, entre gente muy enferma y llamadas de “código uno” por los altoparlantes, a la luz agonizante de lejanas lámparas de mercurio, entre el constante ir y venir de camillas, algunas de ellas sanguinolentas y ocasionalmente cargando una bolsa negra con su difunto ocupante debidamente identificado.

Si a lo anterior añadimos la inverosímil anécdota de un gato muerto que cayó del tejado a las once de la noche, sin previo aviso, estrellándose contra el pavimento de uno de los espacios internos de mi casa, el cuadro es entre cómico y surrealista. No me refiero al gato muriendo de hace casi dos años: quiero decir un nuevo cadáver de gato. Verlo allí inerte e inoportuno y recordar la contraportada del libro de Stephen King, “Cementerio de animales”, fue un solo acto:

Church estaba allí otra vez, como Louis Creed temía y deseaba. Porque su hijita Ellie le había encomendado que cuidara del gato, y Church había muerto atropellado. Louis lo había comprobado: el gato estaba muerto, incluso lo había enterrado más allá del cementerio de animales. Sin embargo, Church había regresado, y sus ojos eran más crueles y perversos que antes.

viernes, 7 de noviembre de 2008

En "La rayuela"

No creo haber sabido de un café cultural, artístico o medio bohemio en Santa Tecla anterior a "La rayuela", que parece ser el primero. Buena ambientación, todo artístico, el sitio ofrece los viernes por la noche un espacio literario del que pude aprovecharme, con la complicidad de René Chacón Linares, organizador del mismo: una hora de música y poesía para recordar que de la primera soy cantautor y de la segunda, heredero. El agradecimiento y mención especial va para la pequeña poeta y suprema declamatriz, Marta "The Cookie" Zavaleta, por prestarle su voz al eximio y ya difunto Góchez Sosa. En resumen: bonita velada para mantenerse en forma.

domingo, 26 de octubre de 2008

¡Pobre tipo!

“My way” es una de las canciones más cantadas en la historia de la música, por varios intérpretes y en multitud de idiomas. La letra que Paul Anka le puso a una canción francesa es, en verdad, una declaración plena y satisfecha de quien está al final de su vida: hay en ella frases de sereno lirismo, asunción madura del propio ser y cierto estoicismo. Disfrutar el significado y el sentido exige entrar de lleno en la lógica del inglés, pues ninguna traducción es ni puede ser exacta, no sólo por el asunto de los paradigmas y campos semánticos, sino también por la dificultad añadida de mantener métrica y rima.

La versión en español de este tema se titula “A mi manera” y ha sido interpretada por cuanto cantante algo viejón y con voz potente haya habido en nuestro idioma. Sin embargo, aunque los versos intentan mantener el tono vital de la original, hay allí una estrofa contradictoria, impertinente y machista, que hace fracasar todo el proyecto, a pesar de la calidad de cualquier intérprete:

Jamás viví un amor
que para mí fuera importante:
corté sólo la flor
y lo mejor de cada instante.


Lo contrario ocurre con el tema que popularizó Sinatra, donde no hay lugar a dudas:

I’ve loved, I’ve laughed and cried,
I’ve had my fill, my share of losing.


Por estas pocas líneas es que, al tiempo que doy con una mano mis respetos para Paul Anka, dejo con la otra mis condolencias para ese otro tipo (que a saber quién es); porque si yo al final de mi vida me diera cuenta de que no amé (y, por lo tanto, no fui amado), rumiaría mis amarguras en privado y andaría, de verdad, de muy mal genio.

sábado, 18 de octubre de 2008

Los otros himnos

Etiquetar a una canción como “nuestro segundo himno nacional” me parece un excesivo acto de infantilismo y soberbia incultura. Lo primero, por creer que el mundo gira alrededor de nuestros gustos (o disgustos); lo segundo, por el atrevimiento de revelar en voz alta la propia falta de análisis.

Tenemos un solo himno, letra de Juan J. Cañas y música de Giovanni Aberle, punto. El coro expresa el orgullo abstracto de la nacionalidad, que existe hasta en los pueblos más humildes, al tiempo que manifiesta un compromiso con el bien colectivo, mientras que en la primera estrofa se reflejan ideales a los que ningún pueblo sensato puede oponerse: la paz, el progreso y la libertad (problema aparte es que algunas de sus palabras hayan sido miserablemente utilizadas por partidos políticos o tenebrosas instituciones).

¿Por qué entonces a cada momento leemos y escuchamos esa falacia de que que “El carbonero”, de don Pancho Lara, es una especie de himno suplente? Francamente y a riesgo de herir susceptibilidades e inmadureces, debemos reconocer que dicha canción, aunque popular a fuerza de ser enseñada maniáticamente en colegios y escuelas, carece de la riqueza musical sinfónica requerida por un símbolo patrio, pues apenas consta de un trío de acordes básicos y una melodía simple en las notas estrictamente compatibles hechas desde la más elemental sencillez. Su letra es la declaración lírica de alguien que vive de un oficio: la venta de carbón vegetal, actividad digna como cualquier trabajo honrado, pero minoritaria y que, evidentemente, ni nos aglutina ni nos identifica. Los valores subyacentes tampoco son para ponerse sublimes, ni desde el punto de vista ecológico (imaginémonos un pueblo de carboneros depredando árboles) ni desde la óptica social (el “¡Sí, mi señor!” es, cuando menos, servil).

Otra canción que ha padecido injustamente la sandez de tal denominación es el vals “Bajo el almendro”, de David Granadino, pieza instrumental de una época tan añeja como olvidada y que, hoy en día, sería el fondo musical justo para un vídeo cómico en blanco y negro y cámara rápida, o también para la lotería de Atiquizaya, entonado junto con los notables valses de Strauss por aquel célebre “músico trompa de hule, labios de hígado y culo de pájaro”.

Hay más canciones que también han sido mencionadas abusivamente como segundos, terceros y hasta cuartos himnos, tales como “Patria querida”, de Álvaro Torres (que, si acaso, aspiraría al discutible título de "Himno de los Hermanos Lejanos") y hasta “Las pupusas”, de Jhosse Lora cuando estaba con el grupo Espíritu Libre. Tampoco han faltado los fanáticos alienados que en su momento quisieron sustituir la trompetita nacional del “tan tararán” por el Himno de la Internacional Socialista o “El sombrero azul”; e incluso hay quienes, en sus peores delirios, no dudarían en poner como estandarte nacional el grito de “¡Patria, sí; comunismo, no!”, que amparó tantas matanzas, torturas y ejecuciones sumarias.

Por eso, compatriotas, paremos ya este tormento onomástico: tenemos un solo himno, letra de Juan J. Cañas y música de Giovanni Aberle. ¡Punto!

domingo, 12 de octubre de 2008

Olvido y error

A mediados de 1979 sonó en las radios del país la canción “Plástico”, de Rubén Blades y Willie Colón. Ella atacaba un estilo de vida que, en otros círculos, solía llamarse “pequeño-burgués” y actualmente los y las jóvenes identifican como “fresa”, con lo cual se describe a grandes rasgos la ideología de la apariencia y la superficialidad, lo vano e intrascendente.

El disco donde venía el tema, “Siembra”, lo compré dos veces, pues la aguja de mi tocadiscos siempre saltaba como rechazándolo, seguramente una combinación entre mala calidad del aparato y el acetato en sí (porque sólo con ése ocurría). El arreglo musical tenía la originalidad de los trombones como únicos metales y, además, un intermedio de acordes construidos sobre una impresionante disonancia. Las razones extra-estéticas para admirar la canción estaban, además, en una coincidencia naciente e ingenua de enfoques sobre el tema.

Al final de la canción, Blades habla también de que “se ven las caras orgullosas que trabajan por una Latinoamérica unida y por un mañana de esperanza y de libertad”, para después pasar lista de países y, tras cada mención, lanzar un vigoroso “¡Presente!”. Encabezan la nómina Panamá y Puerto Rico, países de origen de Blades y Colón, respectivamente. Luego siguen México, Venezuela, Perú, República Dominicana, Cuba, Costa Rica, Colombia, Honduras, Ecuador, Bolivia, Argentina y, entre el “fade out” característico de las grabaciones de aquella época, se distinguía un revolucionario “¡Nicaragua sin Somoza!”, seguido por “el barrio” y “la esquina”.

¿Y nosotros...? Pues al parecer éramos tan insignificantes como desconocidos por el cantautor panameño. Que tampoco haya mencionado a Guatemala, Brasil, Chile, Paraguay ni Uruguay, no quita hierro a la omisión, fallo agravado porque en teoría medio-vecinos y en ese entonces el país ardía en ímpetus y fragores de rebelión.

Estoy seguro que alguien se lo ha de haber reclamado a Blades, pues un par de años después escribió “Tiburón”, reivindicada por el frente rebelde como una alegoría anti-imperialista, cosa de la cual tiene bastante, implícita y explícitamente (“si lo ves que viene, palo al tiburón, pa’que no se coma a nuestra hermana El Salvador”), sólo que no acabamos de entender cómo podría atacarnos si el depredador acecha en el mar Caribe... ¡donde no tenemos costa!

Posdata: en esta excelente ejecución en vivo de "Plástico" (2011), Rubén sí recordó a los olvidados -> http://youtu.be/N_WoMizhIoo?t=1m12s

jueves, 25 de septiembre de 2008

El 3 no ha jugado

No me resulta posible disociar la imagen de mi abuela Delfina con la compra constante y periódica de vigésimos de billete de lotería, costumbre heredada por ella a mi padre (sospecho que con algo de suerte) y recuperada por mí desde hace algunas semanas, más por honrar dicha tradición familiar que por abrigar esperanzas realistas de amortizar las deudas (aunque también es cierto que la certeza absoluta de no sacarse algún premio sólo se tiene cuando no se compra número alguno).

Entretanto -aprovechando que la página web de la Lotería Nacional de Beneficencia publica, además de los respectivos listados, su estadística y recuento anual- me di a la (¿ociosa?) tarea de revisar la frecuencia de los números o bolitas que han constituido los tres premios mayores de los treinta y ocho sorteos de este año.

Así, en 570 tiros el número que menos ha figurado es el 4 (38 veces), mientras que el más frecuente ha sido el 2 (80 veces). Pero más importante que este dato es el de las terminaciones (o el último número del billete premiado, que da derecho al menos a reintegro): la que menos ha salido (o “no ha jugado”, como dicen los billeteros) es la del 3 (sólo 6 veces), mientras que la más afortunada ha sido la del 8 (16 veces).

¿En conclusión? Una de dos:

a) O la bolita del 3 en la tómbola tiene truco y pesa algunos miligramos menos que las demás.

b) O, conforme a la ley de la entropía (y al sabio consejo de los vendedores de estos portadores de suerte), el 3 tiene más chance de salir en los próximos sorteos.

Consideremos también el escenario más probable: que mis razonamientos y expectativas continúen fracasando y permanezca como hasta ahora, es decir, sin sacarme ningún premio. Si es así, con resignación y altruismo diré: "No importa, pues al fin y al cabo... ¡el $1.25 es para beneficencia!"

domingo, 21 de septiembre de 2008

Bueno y bonito

El DVD de dibujos animados de los "Cuentos de cipotes", de Salarrué, producido por el Museo de la Palabra y la Imagen (larguísimo sujeto con subordinada adjetiva incluida) está muy bueno, pero que mucho, mucho: caritas agradables, voces creíbles, ambientación musical oportuna. Yo, de adulto citadino, disfruté; no sé si los cipotes (pero recordemos que son "de" y no "para"). Tan bonito está que su único defecto es... ¡que muy luego se acaba, vaya!

sábado, 20 de septiembre de 2008

Acoso lácteo

Sí, la competencia es sana, si es sana competencia; sí, las tipas que ofrecen esta y aquella ventaja en el solidificado producto lácteo tienen empleo honrado y (espero que) prestaciones de ley. Sin embargo, ¿por qué atacar el acto simple de comprar una o dos variedades de queso de la marca comercial a que uno ya está habituado o la acción sencilla de contemplar las diversas ofertas y dialogar consigo mismo en paz, tranquilidad y sosiego, hasta encontrar la mejor opción? Uno tiene, entonces, que aprender y practicar el arte de decir “¡no, gracias, no, gracias, no!” así rapidito, mientras trata de localizar a toda prisa el queso de costumbre y huir cuanto antes, ante la casi multitudinaria presión del público.

jueves, 4 de septiembre de 2008

De tropos y figuras

Mediante el minucioso y exhaustivo estudio de las figuras y tropos literarios, ¿podría alguien que no sea poeta producir alguna poesía formal y conceptualmente válida? Sí, quién sabe, es incierto, es posible... Lo que tengo por seguro es que el nombre de algunos de estos recursos puede hacer una de dos cosas: ahuyentar con mayor facilidad a cualquier avezado estudiante o, en el mejor de los casos, sugerirle asociaciones semánticas de tal índole como las tres enumeradas, a modo de muestra, a continuación.

- Polisíndeton: monstruoso y mítico pulpo gigantesco del mar Egeo, temido por los antiguos navegantes.

- Quiasmo: conjunto de convulsiones que una persona enferma sufre luego de producirse un incontrolable, fortísimo y putrefacto estornudo.

- Epanadiplosis: inflamación de las terminales anafóricas del pleonasmo, asociadas con la inhibición de la funciones sinestésicas del hipérbaton superior.

En este último caso, dado que el padecimiento es terminal, a los familiares del paciente se les recomienda preparar con tiempo la epífora.

miércoles, 3 de septiembre de 2008

Ganas de molestar

Hoy temprano pasé por un quiosco instalado en uno de los muchos centros comerciales por donde circulan esas multitudes de quienes sospecho que van más a ver que a consumir. Mi intención era comprar un objeto por la cantidad de “x” dólares más veinticinco centavos. Al momento de pagar, lo hice con la cantidad de “x+1” dólares, pero la dependienta (“vivo” ejemplo de una vaca echada) preguntó medio de mala gana si no tenía yo los veinticinco centavos, pues ella carecía de todo tipo y denominación de monedas. Respondí negativamente y -ante la prolongada, patente y manifiesta pasividad de la tipa, como si vender fuera su mayor suplicio- prometí regresar. Instantes después, luego de escrutar las entrañas de una pisterita que habitualmente llevo en el vehículo, derramé cortésmente sobre el mostrador los “x” dólares... más las correspondientes veinticinco unidades de un centavo. No sé por qué la dependienta ni siquiera los contó, ni tampoco si fue real cierta imprecación que creí escuchar a mis espaldas, mientras me alejaba con la misma risita del glorioso bachiller Gorgojito. Ahora me arrepiento, pues con un poco más de esfuerzo... ¡bien hubiera pagado todo a puro centavito!

jueves, 28 de agosto de 2008

De gallitos

Conversando sobre tiempos de antes y de ahora, conocí anécdotas sobre señores bien “gallitos” que se jactaban de haber pegado no sé cuántos hijos e hijas por aquí y por allá, con y sin apellidos. Meditando sobre aquella inveterada costumbre, emergió ese retrato verbal de Oswaldo Escobar Velado, “Patria exacta”, célebre y amargo poema escrito a mediados del siglo pasado, de donde brota este puñetazo hiperbólico:

Esta es mi patria:
un montón de hombres,
millones de hombres...
¡un panal de hombres que no saben siquiera
de dónde viene el semen de sus vidas
inmensamente amargas!


La estrofita bien calza con aquello de “los guanacos hijos de gran puta”, que universalizó Dalton, aunque tal exclamación también reproduce el círculo vicioso machista, pues acaba condenando implícitamente a la mujer, “por dejarse”.

Como en este debate don Alberto Masferrer ya se ocupó de reivindicar a los hijos “ilegítimos” y trasladar tal adjetivo a ese tipo de padres, sólo tendríamos que acuñar un neo-insulto para endilgárselos y que les produjera un ardor infinito. Y en cuanto al inmerecido título de “padres”, cerremos con esta voz popular, en octosílabos y rima consonante, para celebrar que en algo han cambiado los tiempos:

Padre no es aquel que engendra,
padre no es aquel que cría:
padre es aquel a quien topan...
¡en la Procuraduría!

miércoles, 20 de agosto de 2008

Por favorcito



Sres.
Dirección Administrativa
Hospital Médico Quirúrgico
Instituto Salvadoreño del Seguro Social
San Salvador.

Estimados Sres.:

Reciban un atento saludo.

Por este medio, me dirijo a Uds. en mi calidad de derechohabiente para solicitarles que tomen las medidas necesarias a fin de no permitir la actividad proselitista dentro de las instalaciones del hospital; concretamente, la prédicas religiosas de carácter fanático, intolerante y hasta ofensivo que realizan algunas personas en las zonas de espera de pacientes y sus familiares, así como en los cafetines del personal y otros espacios interiores.

La base de mi petición es de sentido común, no de carácter doctrinario, ya que vivimos bajo la norma constitucional de libertad de culto. Así, bajo ese marco de respeto a los derechos de todos y todas, paso a detallar mis argumentos:

a) Las alocuciones desaforadas de algunos predicadores rompen la tranquilidad que debe privar en un hospital.

b) Las personas que esperan su consulta o a sus familiares se ven obligadas a soportar tales diatribas sin tener siquiera la opción de retirarse del lugar, por cuanto deben mantenerse atentas a su turno de atención para el cual esperan ser llamados.

c) La gritería histérica en que consisten muchas de esas dizque prédicas impide escuchar su propio nombre a las personas que son llamadas a consulta o entrega de medicamentos.

d) En algunas ocasiones estas gentes profieren insultos contra dogmas de otras religiones, lo cual es delito según el artículo 296 del Código Penal.

e) Hubo uno que, en medio de su verborrea, dijo a gritos frente a pacientes y familiares que la causa de las dolencias que padecen los enfermos graves, crónicos y terminales es “porque han entregado su alma al Diablo” y éste o Dios, en actitud perversa o vengativa, los tiene en tal condición. Lanzar ese escupitajo verbal a una pequeña multitud en medio de un hospital podría derivar fácilmente en una riña tumultuaria.

Todos los seres humanos tenemos derecho a buscar el sentido espiritual de nuestras vidas, pero me parece vil e inescrupuloso que haya quienes se aprovechen de la vulnerabilidad emocional que produce cualquier padecimiento físico para intentar torcer, mediante la ofensa y el escarnio, la fe de las personas.

En espera de una respuesta favorable a mi petición, me despido de Uds.

Atentamente,

RFG

domingo, 17 de agosto de 2008

Lector agradado

Ésta sí es literatura de verdad y al modo que me gusta: hallo originalidad aún en lo genérico, fuerza argumental aún en lo previsto, personajes enigmáticos aún en lo etiquetado y, sobre todo, muchas ganas de seguir leyendo, sin que el impulso tenga que ver con la cortés obligatoriedad que a veces la camaradería o el obsequio imponen. No entraré en los líos de clasificaciones y análisis, que ya con demasiados debe contar este librito de hace casi cuarenta años: “Los dominios del lobo”, de Javier Marías, gentil obsequio del colega escritor Walter Iraheta Nerio. Me quedo con mi experiencia como lector agradado y agradecido con la capacidad del autor para contar ese puño de historias de aquel ambiente gangsteril de los años treinta que tanto nos entretiene, quién sabe si por presentarnos esa parte simple, elemental, desalmada y perversa de nosotros mismos, a la cual tememos y, no obstante, ante su guiño pareciéramos quedar fascinados.

* * *

Posdata: me quedan, no osbtante, un par de sensaciones desagradables mientras leía este libro: la primera, la impresión de artesanía plana, aunque rentable, que me dejó otro libro que estuve leyendo de modo paralelo, aludido veladamente en la entrada precedente de este mi "blog"; la segunda, la certeza del principio de identidad del escritor de cualquier género y edad, "el que es, es", porque como este tipo escribió así de bien a los dieciocho años, es un puñetazo en la mesa y, por lo tanto, todo aquel a quien se refieran como "promesa" o se diga de su obra que está "en ciernes", "en progreso", "en desarrollo" o deba "madurar hasta alcanzar el pleno desarrollo de sus potencialidades", mejor haría en dedicarse a otra cosa distinta que soportar los eufemismos de quienes no tienen el valor o la crueldad de... ¡recomendarle otro oficio!

viernes, 15 de agosto de 2008

Recetas

Se ve fácil, pero no lo es: hay que seguir con fidelidad ciertas normas para que el producto final esté conforme a las expectativas creadas, y eso quiere además de motivación, disciplina, esmero y paciencia. Para muchos y no sin alguna justificación contextual, decir que escribir una novela de este género “es seguir una receta” tiene connotación peyorativa; pero sólo es así de simple para quien nunca ha practicado el arte culinario, en donde el éxito es el resultado natural del rigor con que se acaten las recomendaciones acumuladas por la experiencia y transformadas en "reglas del género", aunque no por ello se cierren totalmente las puertas a la creatividad.

Por lo temático, el protagonista ha de ser adolescente, como sus virtuales lectores o lectoras, a fin de propiciar la identificación con el personaje principal y potenciar el avance en la lectura. El amor romántico juvenil -implícito o explícito, ya sea disfrazado de amistad o confeso pero ingenuo por cualquier lado que se lo vea- se requiere cual imperativo categórico; ha de haber pinceladas históricas o biográficas superficiales, las suficientes para señalar un posible núcleo de interés sin abrumar.

Por lo estilístico, la simplificación de la construcción sintáctica de las oraciones y la brevedad de los capítulos es la llave para facilitar la lectura fluida, aunque para ello deban sacrificarse esos retorcimientos y piruetas verbales que tanto seducen a los cultores de la palabra.

Desde hace rato vengo preguntándome por la justeza de los vilipendios que algunos críticos, lectores y escritores de uno y otro género lanzan (¿lanzamos?) contra esta “literatura juvenil”: que si por industrial, que si por estandarizada, que si por no sé qué... Pero ¿ha de ser defenestrada por causa del solo pecado de gustarle al común de las gentes, precisamente por su sencillez?

sábado, 9 de agosto de 2008

Pentafilocuestionario

El silencioso pasar de las rayas blancas de una carretera ha sido inspiración suficiente para preguntarme cinco cosas fundamentales, de cuya respuesta quizá dependa el sentido del universo mismo.

1. ¿Hay algún criterio lógico que justifique el límite de velocidad de 40 km/h en una autopista de tres carriles?

2. ¿En serio tenemos un Tribunal Supremo Electoral y le pagamos a sus magistrados para que sean capaces de decir que la campaña electoral ilegal con que los partidos políticos nos castigan desde hace meses no viola la ley?

3. Si hay escuelas urbanas unificadas mixtas, ¿habrá escuelas rurales fragmentadas homogéneas?

4. En el malgastado y prácticamente olvidado cuento de los “semáforos inteligentes”, ¿quiénes fuimos los tontos?

5. ¿Quién era Renderos y cuáles fueron sus planes?

sábado, 2 de agosto de 2008

¡Bravo!

Además de las garantías que nos da tener un buen director (Christopher Nolan) como “mastermind” y la secundaria pero no gratuita presencia de dos y medio viejitos con justificado e impresionante currículum (Michael Caine, Morgan Freeman y Gary Oldman); aparte de que la anterior entrega recuperó el prestigio de una franquicia dignificada por Tim Burton y terriblemente malograda por Joel Schumacher; añadiendo la altísima nota de los espectadores globales (9.3 a la fecha en Imdb.com) y la insistencia de T.D. para ir a verla lo más pronto posible; las expectativas sobre “The Dark Knight” eran muy riesgosas, por cuanto las mayores probabilidades eran de decepción... pero no hubo tal: ¡qué gran filme!

Así es: la película merece el aplauso y la admiración, tanto de las masas amorfas e ignorantes como de los elegidos habitantes del refinado círculo del saber. La clave, como casi todo mundo ha dicho, está en el Joker de Heath Ledger, némesis y complemento necesario de Batman (yo siento que da más o menos igual Christian Bale que George Clooney, Val Kilmer o Michael Keaton).

Por lo visto en pantalla, el prematuramente fallecido Ledger recibió y mejoró la herencia del Joker de Nicholson y Burton (1989), llevándolo a niveles realmente escalofriantes. Uno sabe (menos algún impertinente en la sala de cine, que lo hubo) que este malévolo payaso filósofo no da risa; pero, cuarenta y ocho horas después, todavía no sabe qué sentir ante él: acaso una mezcla alterna y simultánea de terror, lástima, asombro y curiosidad... ¡como ante el mismísimo Demonio!

miércoles, 23 de julio de 2008

Litigio forestal

Todo accidente tiene una explicación más o menos lógica y una parte medianamente absurda: he ahí su paradoja esencial. Entre una y otra, uno de los dos conductores autorizados, vigentes y debidamente licenciados que hay en mi casa (que no es quien aquí escribe) rompió el vidrio trasero del vehículo en el que, de retroceso, procedía a estacionarse en el parqueo de un conocido centro comercial.

Cuenta que desde todos los retrovisores y aun torciendo la nuca se veía un potente y erguido tronco vegetal, pero desde el particular ángulo en que se encontraba el susodicho no era evidente la inclinación progresiva que el vivo trozo de madera tenía hacia el vehículo en lento pero constante movimiento: de ahí el resultado (¡crash!).

Como la compañía aseguradora cubre daños propios, los añicos a que fue reducido el mencionado cristal no se transformarán en un severo golpe monetario al bolsillo de este escribiente, aunque sí en un toque de atención hacia el responsable (¡hay que mirar bien el entorno antes de tales maniobras!); sin embargo, en el transcurso del papeleo correspondiente no he descartado del todo dos señalamientos imperativos y complementarios:

a) por haber suprimido de los programas de estudio la materia de Estética, donde se estudiaba el efecto de escorzo, la perspectiva y la contracción proyectiva en pintores de finales de la Edad Media y el Pre-renacimiento... ¡reclamar airadamente a quienes diseñaron el actual currículo educativo nacional!

b) por crecer en un sitio tan impertinente, rodeado de miles de metros cuadrados de asfalto, y aún así expandir sus pesadas ramas con inclinaciones invisibles a los ojos de un conductor en reversa: ¡demandar al árbol!

sábado, 19 de julio de 2008

Muy buena "come-tragedia"

No, no me refiero a la vida misma, sino a “In Bruges”, una buena película de este año que (sin la menor extrañeza) no recuerdo haber visto en cartelera. Trátase de un par de sicarios refugiados en la ciudad belga de Brujas -medieval, tranquila, artística- quienes parecen, el uno, un apacible filósofo como no puede haberlo y, el otro, un manojo de culpas por expiar (anotación trivial al margen: Colin Farrell tiene una cara de Deco que no puede con ella). De Ralph Fiennes en el papel de contratante sólo puedo decir que es la primera vez que no bostezo ante su presencia escénica, quizá porque aquí sí hace algún gesto emotivo coherente.

Cargada de ese humor tan fino y escaso como lo raro y minúsculo, merece armónicas sonrisas más bien existenciales, por lo irónico y absurdo de nuestra condición (la escena de los dos tipos en el parque, sendas pistolas en mano y apuntando a la misma cabeza, acaba con cualquier argumento en su contra).

En cuanto al género, emulo las anotaciones ajedrecísticas que apuntan en sentidos contrarios en donde prevalece el último signo ("¿!" es algo así como "interesante, quién quita, déle", mientras que "¡?" puede traducirse como "parece buena, pero es dudosa, quién sabe"); por eso, digo "come-tragedia" y no "tragicomedia". Y aunque mi ilustre cónyuge me critique tanto por acudir previa e invariablemente a la clasificación de Imdb.com, debo mencionar que la alta expectativa creada a partir del prometedor 8.1 allí colocado no ha sido de ningún modo defraudada.

domingo, 13 de julio de 2008

Del ISSS

Generalmente, sólo las malas noticias son noticias, pues los medios de difusión masiva (autodenominados “de comunicación social”) tienden a considerar (acertadamente) que el morbo vende más. Así, el conjunto de publicaciones relacionadas con el Instituto Salvadoreño del Seguro Social fácilmente puede inducir terror en un enfermo medianamente consciente, pues sólo reseñan casos que dan “cosa” (as Doctor Chapatín said), sin olvidar la pésima imagen que han dejado algún exdirector corrupto y algotro sindicalista perverso.

La verdad, no obstante, siempre es más compleja y no se puede saldar de un plumazo.

Particularmente, la atención y tratamiento con diversos tipos de diálisis que mi madre ha recibido allí desde hace seis años le ha proporcionado bastante de eso que técnicamente llaman “sobrevida”, en condiciones bastante dignas. De esto, ella y toda nuestra familia hemos de sentirnos afortunados, pues de no ser por el principio de solidaridad que fundamenta el funcionamiento del ISSS, ese tratamiento en el sector privado nos resultaría incosteable y, en el sector público, lastimoso y lamentable (¡unámonos a la campaña nacional “menos diputados en la Asamblea por más máquinas de hemodiálisis en el Rosales”!).

Realmente, la gran mayoría de personas con quienes hemos tratado en el ISSS (médicos, enfermeras, camilleros, personal de limpieza y administrativo) nos han atendido bastante bien, dentro de las posibilidades que su entorno laboral les permite y a veces incluso un poco más. Que hay quejas... sí, podríamos mencionarlas (y, de hecho, las ponemos ante las instancias respectivas), pero las más de éstas son atribuibles al mayor mal del que padecemos en El Salvador: la “cultura salvadoreña” o "el mal modo de hacer cada pequeña cosa que se hace o, incluso, que se deja de hacer". Y de eso todos padecemos en mayor o menor medida.

Por eso, al pesar uno y otro lado, me quedo con un balance positivo y, al menos aquí, me permito ser moderadamente optimista en que la institución puede ser aún mejor en los años venideros.

sábado, 12 de julio de 2008

¡Vaya oferta!

Lo primero: desalentar la compra de trituradoras (en realidad, desolladoras) de papel marca Fellowes, del tipo liviano (las más baratas): son tan frágiles que los engranajes internos plásticos pronto quedan inservibles, así se utilicen en estricto cumplimiento del manual. Pero bien, ya que tengo una desde hace un par de años, viene ésta y se daña; voy yo y pregunto por una similar en una mega-tienda (que sólo identificaré por sus iniciales "O.D.") y resulta que no hay, que sólo de las más matonas y no pocos dólares; pero tienen una idéntica en remate, oferta de $ 9.99... ¡sólo que no funciona porque tiene los engranajes dañados! (círculo vicioso filosófico).

He aquí, entonces, mi punto: yo pido quitarle los seis tornillos de la cubierta, abrirla para asegurarme que no es la misma pieza la que tiene dañada la mía, así entre aquélla y ésta armo una que funcione. Mi petición es tan sensata... que me la deniegan. ¿Pues qué oferta, qué gran remate es este? Absurdo o inescrutable. ¿Quién les va a comprar una máquina arruinada, sin posibilidad de devolución ("luego de la venta, no lo conocemos"), sin que el cliente siquiera sepa si le va a servir o no? Por esta no-venta, señores, no irán a la quiebra y ya veré yo de qué forma reconstruyo la ruedita dentada en cuestión. ¡Pero -oh, sí- les auguro que esa máquina de su “remate” la tendrán ahí arrinconada por los siglos de los siglos!

jueves, 10 de julio de 2008

El país de "nadie hace nada"

Ni me refiero a nuestra inveterada multitud de vacaciones por esto, aquello y lo de más allá; ni tampoco a la novedosa práctica de los “puentes vacacionales” por doquier. No: el título de esta entrada tiene que ver con la inoperancia de las instituciones “responsables” o “competentes” (¡ja!), cuya existencia sólo se debería justificarse si velaran por el cumplimiento de las leyes, sean estas pequeñas, medianas o grandes.

Resulta, pues, que nuestro buen amigo (a quien solemos llamar) Jeff dejó inservible su viejo Sentra del ’87 y él mismo tuvo suerte de salir bastante ileso, porque andando en carretera nocturna chocó contra la parte trasera de un camión que circulaba (afortunadamente) en su misma dirección, pero sin luces, “ojo de gato” ni cinta reflejante alguna (cuenta que, al sentir el impacto, el conductor del mastodonte simplemente aceleró un poquito más hasta perderse en la penumbra).

¿Qué de las revisiones técnicas vehiculares? ¿Qué del ojo y la señal correctora de la policía de tránsito? ¡Por gusto, señoras y señores! Aquí cualquiera circula de la manera que le place, ya sea en chatarra ambulante, vehículos alterados y sin placa, llantas lisas como panza de batracio, aditamentos amenazantes para los demás conductores, bicicletas a media calle y en sentido contrario, “pícaps” repletos de ganado humano, polarizados negros-negros para esconder mañosos... ¡y todos tan tranquilos!

Puesiesque como creemos que somos más “vivos” al apartarnos de las leyes lógicas, yo tanteo que la solución nues cosa ni de estos ni de los otros que lleguen al gobierno: ¡que estamos fritos y condenados con esta idiosincrasia tan pura babosada!

sábado, 5 de julio de 2008

Usurpaciones cotidianas

El turno de la fila de espera (que en realidad es columna) le pertenece a la persona que lo ocupa y, por lo tanto, sólo puede ser cedido a otra persona amiga en tanto que la actual ocupante se quite de ahí. El turno de delante de quien se atreva a ofrecerlo no es de su jurisdicción, dominio o propiedad, porque al cederlo también retrasa un lugar a todos y cada uno de los que vienen detrás. ¿Con qué derecho, pues, vienen y le dicen al fulano o fulana “¡venga, métase aquí!”?

domingo, 29 de junio de 2008

La manía de no creer

Tan sorprendente como la voltereta en el marcador que dio la selección nacional de fútbol ante su similar de Panamá el domingo pasado es la manía escéptica de algunas conciudadanas y conciudadanos, quienes especulan que todo se debe a que el árbitro fue "comprado" para favorecernos. Basan sus dudas en el penal que finalmente se transformó en el segundo gol, ese que puso el miedo en los rivales y algo así como la certeza de su derrota inexorable.

Señoras y señores: la falta fue doblemente clara, primero un atropello desde atrás y luego un jalón. Que si otros árbitros no suelen pitar nada en situaciones así, es problema muy de ellos, pero el penalty fue de reglamento. En cuanto al tercer gol, ¿cuál es la gana de quitarle mérito? El tiro iba fuerte y al arco, pero se desvió casualmente en la nuca de un delantero, haciéndolo inalcanzable para el portero adversario. ¿Por qué aquí es "guasa", mientras que en otros contornos cosas así son "genialidades de Deco" en el F.C. Barcelona, el mejor equipo del mundo hace dos temporadas?

En el fondo de todo esto yo veo una manía por hacernos pedazos a nosotros mismos, una especie de canibalismo étnico. Al final del día, lo cierto es que este grupo de deportistas logró una de esas hazañas nacionales "por fe", superando todo tipo de limitaciones: desde provenir de un medio futbolístico tragicómico hasta enfrentarse a jugadores con mejores condiciones físicas y que juegan en equipos de verdad.

Que el silbante se haya hecho el del ojo pacho ante las tradicionales patanadas locales, bolsas de fluidos corporales incluidas... ese es otro tema (sanción de la FIFA aparte). Lo importante, por hoy, es la alegría contagiosa que generaron con ese gane. ¡Y eso bien vale las bolitas que les dieron!

martes, 17 de junio de 2008

Cleanup time

Aprovechando la estancia de mi abnegada y septuagenaria madre en el hospital, por padecimientos característicos de su edad y condición, he aprovechado para hacer lo que no podría en su presencia por falta de permiso: limpieza y orden en sus habitaciones, armarios, roperos, gavetas y depósitos. Parte de nuestra cotidiana historia familiar se encuentra ahí, en lejanos objetos de rincones añejos, algunos de ellos tan memorables como para recordar mi propia infancia o incluso su juventud en blanco y negro. También hay cosas repetitivas que explican el porqué siempre se ha quejado de que en casa de escritores nunca hay un lapicero a la mano: una treintena de ellos estaba ahí, ocultos tras las cosas que se van dejando como por descuido, emergiendo en esta circunstancial labor de rompecabezas. Yo confío en que, como casi siempre que hago esta labor de depuración hogareña y pasado cierto disgusto inicial, ella sabrá entender la necesidad de conservar lo uno y descartar lo otro, pues además de la armonía visual, hay ganancia de espacio... ¡y cierta enfermiza tranquilidad mía de conocer la ubicación exacta de todo!

martes, 3 de junio de 2008

Suplicio auditivo

En la novela “El otoño del Patriarca”, García Márquez relata un magno episodio donde el poeta Rubén Darío da un recital al que asiste el mismísimo dictador protagonista; quien, extasiado ante las imágenes verbales del genio modernista, sólo puede exclamar lo siguiente: “¡cómo es posible que este indio pueda escribir una cosa tan bella con la misma mano con que se limpia el culo!”.

Aplicado a situaciones mucho menos sublimes, casi lo mismo me pregunto cuando veo la multitud de altoparlantes, algunos de alta fidelidad, casi a media acera, puestos allí por los vendedores formales e informales de electrodomésticos, supermercados, ventas de ropa nueva o usada, y cuanta cosa vendible pueda imaginarse, volviendo intransitable cualquier andanza por la ciudad. Entre tal suplicio auditivo, pienso que por ese par de sólidos “speakers” de 600 watts RMS por canal puede, en efecto, salir bella, buena y verdadera música... ¡o también la sarta de idioteces con que los “animadores” acometen el tímpano de los transeúntes!

¿Pues qué creen que con semejante producción de ruido van a vender más? Siendo como es el comerciante local promedio, poco amante de las estadísticas y registros contables minuciosos, dudo mucho que el dueño del almacén tenga a la mano datos objetivos que demuestren que, con ese escándalo auditivo cotidiano, su volumen de ventas aumenta significativamente.

Si las leyes del mercado son reales, creo que la gente siempre busca el mejor equilibrio en la relación costo-beneficio. Así pues, por mucho que lo llamen a gritos a comprar por aquí o por allá, el cliente no hará caso si la oferta no es buena, y algo me dice que, mientras más estridente es el voceador... ¡es porque menos clientes tiene!

sábado, 31 de mayo de 2008

Recibir... y dar.

He aquí uno de esos premios que, por recibirlo, hay que darlo multiplicado al menos por cinco. Otorgado que me fue por el poeta y pintor Javier Alas, lo recibo con agradecimiento y procedo a quintuplicarlo de esta manera:

- "Soy un barco", de Roverto. Admitamos que tiene cosas interesantes.

- "Comazahuatl ars", de Walter Iraheta Nerio (Augusto Morel). Desde la distancia, crea la memoria.

- "La casa alegre", de Memo Araujo y Paola Lorenzana. Siempre que lo veo, recuerdo Alegría, alegre.

- "Tierra de collares", de Salvador Canjura. No deja de sorprenderme lo distintos pueden ser los intereses de dos cuentistas coetáneos.

- "La caja está vacía", de Napoleón Palacios. No cualquiera es capaz de abandonar un blog por seis meses.

* * *

INSTRUCCIONES: El homenajeado u homenajeada escribe una entrada mostrando el premio, y cita el nombre del blog o web que lo otorga, colocando un enlace a la entrada de ese blog o web que le nombra ganador. Luego, elege un mínimo de cinco blogs (pueden ser más) que crea que brillan por su temática o diseño, escribe sus nombres y los enlaces a ellos, también les avisa que han sido premiados con el premio "Brillante Weblog". Es opcional exhibir el premio con orgullo en su blog, haciendo enlace a la entrada que escriba sobre él.

sábado, 24 de mayo de 2008

Dijeron "¡qué bonito!"

Aunque desde principios de siglo tenemos este corito que convocamos ocasionalmente para celebraciones internas del ESJ, nunca había salido de los muros institucionales. Fue hasta hoy que acudimos a un Festival de Cantos Marianos convocado por el CMR de la UCA. La novedad y reto fue la polifonía vocal, pues hasta hoy los cantos habían sido entonados fundamentalmente al unísono. A la espera de las grabaciones que fueron realizadas por algunos parientes de los y las jóvenes coristas, tengo la sensación de que el balance final de nuestra presentación fue satisfactorio. Sin embargo, aquí entre nos, lo que más curioso me resulta es lo siguiente: cuando hemos ensayado y tenemos plena conciencia sobre qué cosa debe ir aquí y allá, y hay algún despiste en la presentación ante el público, cada cantor y cantora entra en pánico, siente que todo se ha derrumbado, que la avioneta entra en barrena y la catástrofe es inevitable; sin embargo, para fortuna nuestra, el gran público no lo notó... ¡porque todos dijeron que estuvo bien bonito!

viernes, 16 de mayo de 2008

Música despertadora

Tengo tres despertadores y uno más de reserva: el primero, el televisor programado en Cartoon Network; el segundo, la radio en alguna emisora local de “24/7”; el tercero y más importante, mi reloj biológico (por si acaso, a veces programo la alarma del teléfono celular). Es así como últimamente lo primero que veo al abrir los ojos es a Tom y Jerry. Nunca fueron de mi especial gusto, pero debido a su cotidiana y madrugadora aparición he podido apreciar el esmerado arte narrativo de la música de fondo, cada una compuesta y ejecutada especialmente para cada episodio, en perfecta sincronización con cada movimiento, a un abismo de distancia de los fondos repetitivos, estándar y sin ninguna expresividad de otras caricaturas olvidables, de menos éxito, presupuesto e ingenio. Sin embargo, he detectado un creciente problema colateral: como disfruto mucho siguiendo la narración a través de su música, esto me lleva a cerrar los ojos y tener exactamente el efecto contrario al objetivo esperado: ¡el grave riesgo de dormirme de nuevo!

miércoles, 14 de mayo de 2008

Se le agradece

Hace diez años coincidimos con Efraín en un aula de la clase de lenguaje y literatura, él en su papel de alumno y yo como maestro. También el ajedrez nos hizo vernos constantemente, ya que él nos ayudó durante varios años con la iniciación de muchos niños y niñas en esto de los escaques y las figuritas. Ahora él ya es abogado, hombre de trabajo y de familia, y vicepresidente de la federación nacional de este deporte neural (aunque en estos días de paternidad recién estrenada el pequeño Efraincito no le dejará mucho tiempo libre). De vez en cuando nos saludamos y siempre tenemos pendiente una plática. Entretanto, ayer me hizo un pequeño favor espontáneo, un trámite sencillo nada exorbitante, una de esas cosas que a uno lo hacen sentirse, por un lado, un tanto apenado (“¡hey, no te molestés, no hombre, cómo vas a creer!”), pero al mismo tiempo halagado por el gesto positivo que por esa vía me fue expresado. ¡Se le agradece!

Abreviaturas

La abreviatura utilizada en nuestras tarjetas de circulación de vehículos automotores para la palabra “asientos” no es otra que “ass”. Ahí lo ponen, es así. Pensándolo bien y siendo indulgentes con la concordancia gramatical de número, esta manera de describir cuántos “ass” caben en un automóvil es... ¡bastante exacta!

martes, 13 de mayo de 2008

Exigencias

No es mi propósito filosofar sobre si para este fin se ha creado esa monumental máquina de trámites llamada Estado, pero hay una buena cantidad de connacionales a quienes, por lo visto y escuchado en sus discursos y alocuciones formales e informales, no les desagrada en lo mínimo desempeñar un papel como el de los polluelos aquí retratados. Una sola curiosidad me viene a la mente: si llegado el momento y ya en el timón, los que ahora señalan sentenciosos "hay que dar esto, aquello y lo de más allá", viendo que los recursos no son ilimitados, aplicarán el dicho aquel de “ante el vicio de pedir, está la virtud de no dar”.

domingo, 4 de mayo de 2008

Ataúdes

Descontadas las excepciones de incineración póstuma (o que nuestro próximo cadáver vaya a ser devorado por fieras salvajes, aves carroñeras o peces omnívoros), un ataúd es un objeto del cual uno puede estar seguro que va a necesitar, junto con los correspondientes servicios funerarios: preparación del cuerpo para retrasar la inminente putrefacción, sala de velación, carroza fúnebre, etc.

Comprar uno de estos combos cuando la persona usuaria todavía no ejerce su condición de difunta tiene la ventaja de poder evaluar las ofertas con serenidad y mente clara: exploramos con más cuidado los tipos de ataúd, las horas de preparación que convendría darle al occiso u occisa, el tamaño y características de la sala de velación, las medidas internas de la caja, quién hará el café y proveerá los panecillos, etc.

Aparte de los trámites del cementerio, un funeral decente (sin lujos irracionales pero tampoco miserable), viene costando entre setecientos y mil quinientos dólares, pagaderos anticipadamente en cuarenta y ocho cuotas. Sin embargo, la negociación al momento de contratar el paquete no deja de tener sus momentos curiosos, básicamente porque seguimos considerando absolutamente anormal el trámite y la ponderación de todas las características ofrecidas por esta o aquella empresa, en la relación costo-beneficio.

En todo esto, el concepto clave es el "beneficio". Queda estipulado que si el contratante fallece dentro del plazo convenido para el pago de las cuotas, la deuda restante queda cancelada y la familia recibe el equivalente al monto hasta entonces pagado. Es entonces cuando uno cae en la cuenta de que, tanto para usar el bien adquirido como para hacerse acreedor de ese "beneficio"... ¡nada más hace falta morirse!

jueves, 1 de mayo de 2008

La necesaria mano de Dios

Una de las películas más ricas en posibilidades analíticas que he visto recientemente es “3:10 to Yuma” (2007), básteme decir un par de cosas sobre el final (según leo en reseñas, el planteamiento completo y especialmente la conclusión están muy mejorados con respecto al filme original de 1957). Éste es en cierta medida sorpresivo y, no obstante, muy coherente con la progresión de la trama y personajes. No se trata del lugar común de que el pistolero Ben Wade sea “en el fondo una buena persona”. No: su maldad es fascinante y seductora, pero también terriblemente real y quizá irreversible, muy a pesar del ideal de una vida distinta y pacífica que en ocasiones amaga con emerger. Sus dibujos a lápiz representan aquellas cosas que hubiera querido apreciar: un ave, una mujer, un amigo. Pero no irá a por ellos, ya es muy tarde para él. Comprenderlo y ver con extrañamiento a las alimañas de las que está rodeado, saberse como la principal de ellas y sufrir con impotencia la privación de su antítesis Dan Evans, el héroe moral que nunca podrá ser; todo ello sólo puede desembocar en un arranque de ira justiciera y vengadora, al mejor estilo del Antiguo Testamento. No es casualidad que sea “la mano de Dios” el instrumento idóneo, con el imponente y telúrico ruido de las calderas del tren a Yuma es el trasfondo infernal de esta suprema obra de arte cinematográfico.

domingo, 27 de abril de 2008

Mambo a lo Juan Luis

Luego de inesperada pregunta filial y mediana reflexión paternal, he descubierto que “La llave de mi corazón”, de Juan Luis Guerra, es un mambo a 160 pulsos por minuto. Dos referencias clásicas de Pérez Prado no me dejan mentir: el “Mambo número 5”, cuya velocidad oscila entre 190 y 195 pulsos por minuto, y “Cerezo rosa”, que va a 120: es cuestión de retardar una o acelerar la otra. De merengue sólo tiene como cuatro compases intercalados en cierto momento, pero es rica en incrustaciones tropicales audaces y originales. Por supuesto que Juan Luis dice, en cierto momento, “¡mambo!”, pero afortunadamente no pega el característico grito “¡aaáh...!”. Lo de la bachata y el son que menciona por ahí, no lo tengo muy claro. De cualquier modo, no importa: ¡es para escucharla a todo volumen!

sábado, 26 de abril de 2008

De documentos oficiales

Uno de estos días me vi en la necesidad de solicitar una copia certificada de cierto documento importante. Los requisitos para obtenerlo siempre fueron variables, algunos de ellos circulares (la necesidad de que para tener el documento “A” es necesario presentar el documento “B”, para cuya obtención es necesario presentar el documento “A”). Las trabas se solucionaron con menos dificultad de la esperada (una explicación detallada del problema o el hecho que los mismos empleados se contradijeron) y, verificado que fue el documento en cuestión, se me indicó que le sacara fotocopia “ahí cruzando la calle” (¡como a doscientos metros!), para ponerle los sellos y firmas requeridos a las reproducciones. En prenda quedó mi documento de identidad sobre el escritorio de la secretaria, pero fácilmente hubiera podido recuperarlo a hurtadillas, dado que ella se levantó antes de que yo me fuera. He aquí mi punto: si mi intención hubiera sido sustraer de allí el dicho papel por alguna razón de conveniencia, no habría tenido grandes dificultades en largarme con el documento original. De hecho, tardé como una hora entre las fotocopias y un par de pláticas “de pasadita” con varias personas conocidas que casualmente se hallaban en ese entorno. Y al regreso, todos muy campechanos. Por eso, cuando unos y otros hablan de la minuciosidad de las leyes y procedimientos, con documentos oficiales que certifiquen esto o aquello, como si todo fuera una película de trama detectivesca, me pregunto si no somos nosotros quienes estamos dentro de una realidad virtual de ficción... ¡con fines puramente cómicos!

miércoles, 16 de abril de 2008

De novelas y recetas

Todavía no hay una explicación definitiva para la presencia de la novela de Sergio Ramírez, “Margarita, está linda la mar” en mi casa, menos aún el porqué está autografiada por el autor, pero sin dedicatoria. Nadie se hace cargo de haberla comprado hace cosa de diez años ni tampoco de haberla leído, pese a que el recibo de la librería aún estaba dentro de sus páginas, precio aún en colones. Por otro lado, misterios aparte, en las últimas semanas he tenido suficientes momentos intermitentes de espera en consultorios médicos, por madres en tratamiento; puertas de salida de bibliotecas, por esposas rumbo a casa; y poblados pasillos colegiales, por hijas adolescentes. De este par de circunstancias coincidentes, resultó que finalmente pude concluir la obra en cuestión.

Que hay cosas interesantes y hasta divertidas, las hay; pero durante algunos momentos de la lectura no pude evitar fijarme en la receta subyacente en esta novela, etiquetada como Premio Alfaguara 1998, galardón del cual los rumores dan por hecho que es, como el Premio Planeta y otros similares, apalabrado. Pues sí: toda su armazón parece responder a la pregunta elemental y generadora: ¿qué interesa de Nicaragua, a nivel de personajes, como para asegurar el primario interés del público? Obvia respuesta: Rubén Darío y la dinastía de los Somoza. El primer verso del famoso poema conecta, de algún modo, ambas historias, y las páginas transcurren combinando épocas y entretejiendo detalles históricos y legendarios. En todo ese camino queda la impronta de un escritor de oficio, artista del lenguaje y forjador de la historia, sin el cual la mencionada receta no llegaría a convertirse en un producto literario medianamente sostenible, pese a que la multitud de personajes de la obra casi sólo existen en ese universo por el hecho de ser mencionados reiteradamente.

Viéndolo desde tal perspectiva, pienso que si como editor de un sello internacional yo encomendara una novela salvadoreña vendible en librerías más allá de las fronteras, sin depender exclusivamente del consumo de los connacionales nostálgicos, no dudaría en elegir a Roque Dalton y al General Martínez como los personajes idóneos, cuyas respectivas vidas y épocas tienen los elementos suficientes como para re-crear literariamente ambientes y contextos que garantizarían el interés de las y los lectores.

Sin embargo, por hoy es evidente que esa novela tendrá que esperar quién sabe cuánto tiempo, puesto que de nada valen todas las recetas y condiciones favorables si falta el escribiente, el novelista e investigador, el mero orfebre zurcidor de palabras, hábil y paciente, aquel buen escritor de largo aliento que nunca hemos tenido. Hasta entonces, sigamos consumiendo las novelas de receta, al tiempo que nos regodeamos en nuestras recetas sin novela.

lunes, 14 de abril de 2008

Menú indisoluble

Llega un tipo llamado E* al restaurante “Éste o aquél”, un sitio bonito y mediano, ni de orilla de calle ni de lujo desbordante. Cómo y por qué ha llegado ahí, son detalles irrelevantes, no importan: el hecho incuestionable es que está ahí, es la hora de almuerzo, tiene un hambre feroz y no hay otro establecimiento de comida en horas de viaje a la redonda.

E* se dispone a pedir el menú, que cuesta diez dólares, justo la cantidad exacta que tiene en su billetera, ni más ni menos.

La dependienta le muestra las dos opciones. El primer menú inicia con consomé de tortilla, continúa con generosa ensalada de papas en salsa blanca, su plato principal consta de arroz con perejil y alverjas más un filete de dieciséis onzas de carne roja término medio, lleva dos panes con ajo, papas fritas a la francesa e incluye una soda con derecho a relleno. El segundo, en cambio, abre con sopa de chipilín, sigue con ensalada fresca rociada con salsa tejana, su plato principal es alguna variedad de arroz verde más filete de pescado horneado con crema y hongos, dos tortillas humeantes, un copo de guacamole y, de beber, té helado de manzanilla.

Al E* le parece bien el segundo, especialmente por el copo de guacamole, del que siempre ha sido adicto, pero siente que le gustaría muchísimo más la carne roja que el pescado. La dependienta le hace ver que en ese restaurante sólo sirven uno u otro combo, por eso se llama así, “Éste o aquél”. Él insiste en su petición, pues está convencido de que, en cuanto cliente, tiene toda la razón. La dependienta le aclara que es política de la empresa no deshacer bajo ninguna circunstancia la unidad de cada menú.

- ¡Pero eso no tiene sentido! -espeta E*. - A Uds. les cuesta exactamente lo mismo armar un menú con la misma estructura y sencillamente cambiar el pescado por la carne roja.

- Lo siento, yo sólo cumplo órdenes -responde con amabilidad la dependienta.

- Sus órdenes apestan, ¿sabe? ¡Quiero hablar con el Jefe!

- No está disponible, señor, quizá se encuentre en alguna otra sucursal; pero sería inútil, ¿sabe? Él mismo estableció esta política de ofertas, insiste mucho en este tema y en todo el tiempo que tenemos de funcionar nunca ha cambiado de opinión, es “Éste o aquél”, no hay más opciones.

- Sus normas me parecen absurdas e injustas, ¿sabe? -sentencia E* medianamente alterado.

- Comprendo y lo siento, pero es lo que podemos ofrecerle. Así somos aquí.

- ¡Es insultante! ¿Por qué no puedo sencillamente tener todo lo que quiero, como lo quiero y en la forma en que lo quiero?

- ¿Y yo qué quiere que le conteste? Yo sólo trabajo aquí. Tal vez en otro restaurante le puedan complacer sus gustos, pero aquí nos es imposible. Quizá si Ud. fundara su propio local...

- ¡Maldita sea: bien sabe Ud. que no hay otros restaurantes cercanos! Además, nunca podría poner mi propio restaurante. ¡Quieren matarme de hambre!

- ¡Oh, no, señor, no nos malinterprete! Lo único que Ud. debe hacer es decidirse entre este o aquel menú. Es todo. Ud. calcule qué le resultará más gratificante, piénselo bien y con gusto se lo serviremos.

- Con la cólera que tengo, siento que uno u otro me caerán mal, pues los comería de mala gana, ¡malditos perros!

- ¡Relájese, cálmese! Ud. solito es el que decide tener cóleras cuando pide más de lo que podemos darle. Mire a su alrededor y se dará cuenta de que unos y otros comensales están cada quien con sus platos, unos más a gusto que otros, pero con sus elecciones.

- ¡Pero yo no soy como ellos: yo no me resigno a aceptar sus estúpidas reglas arbitrarias! -se reivindica E* mientras algunos de los otros comienzan a verlo con cierta extrañeza.

- Mire, señor -le responde la dependienta-: como yo no hice las reglas, me da igual lo que Ud. diga de ellas. Pero eso sí le aclaro: tampoco crea que me va a tener toda la tarde en esto... ¡que los platos se acaban y cerramos a las tres!

Los que hacen fila detrás de E* comienzan a mirarlo con cara de “¡pardiez, pero qué ganas de joder las de este tipo!”

domingo, 13 de abril de 2008

Sí, somos los mismos.

Después de las más de dos horas de acción y suspenso precolombinos de “Apocalypto”, me resuenan ecos visuales de “First blood” (“Acorralado”, el primer Rambo de 1982, la única buena de tal saga) y algo de “Predator” (1987). En cuanto al contenido, pese a las críticas de los apologistas idílicos de la antigüedad americana, le creo a Mel Gibson cuando dice que hubo investigación histórica para fundamentar la reconstrucción del contexto. Visto lo visto en épocas cercanas y recientes, me parecen verosímiles los campos de cadáveres ennegrecidos, decapitados y descorazonados, pudriéndose al sol tropical, como parte del paisaje; pues las matanzas no son un corruptor aporte europeo hacia el paradisíaco mundo indígena, sino dinámicas humanas de siempre y en todo lugar: las personas ambicionan, sueñan, ríen, dañan, vejan y violan; hombres y mujeres de uno y otro lado del mundo son vengativos, supersticiosos, manipuladores, curiosos, crueles, temen a lo desconocido y ansían controlar el universo para pretender evitar catástrofes.

Comentando otros aspectos, digo que la recuperación y permanencia de los lazos familiares como elemento motivador del personaje principal es un eje válido, verosímil. La actitud serena e incluso sabia de algunos personajes ante su muerte inevitable tiene sólidas anclas antropológicas. El final (dos minutos antes del final) es contundente, casi tan bueno en narrativa cinematográfica como la escalofriante conclusión de “Planet of the apes” (1968), cuando la cámara va sobre el rostro sorprendido de Charlton Heston y poco a poco se nos revela aquel memorable cuadro apocalíptico.

Si no nos ponemos bayuncos e indigenistas, hemos de reconocer que, aquí, este hombre blanco supo hacerla. Eso sí: el haber visto la película en una copia de DVD pirata no me genera ningún tipo de culpa; por el contrario, lo considero una especie de compensación cultural, colectiva y simbólica, como derechos de autor de los posibles antepasados.

¡Oh, qué tristeza!

Lo que más me gustó de la película "Atonement" fueron un par de detalles de anticipación temporal en la narrativa de la primera parte de la historia, muy memorables. De todo lo demás, no puedo decir sino que la tristeza se nota en las caras, los ambientes y hasta las risas. Es una tristeza nostálgica por algo que, finalmente, nunca ocurrió. Las reseñas insisten en la expiación como tema central: si la vemos globalmente, a partir del argumento, sí, tiene sentido; pero como eso se revela hasta el final (aún más triste), me queda el sabor intenso de esa tristeza perenne, impregnada en la atmósfera, como elemento distintivo. Dignos de mencionar son estos otros detalles: la música, que es muy buena, con antigua máquina de escribir como instrumento sinfónico de percusión; el título en español “Más allá de la pasión”, que es un muy cursi; y que películas como ésta nos inducen a pensar y revalorizar lo que de verdad tenemos, cuando lo tenemos.

viernes, 4 de abril de 2008

Sousa y el guineo

No recuerdo cuántos años tenía cuando, de niño, ya escuchaba cantar la tonada aquella de “¿quién te dijo que pelaras el guineo, viejo feo, barrigón?” sobre fondo de una marcha de banda de pueblo. La pieza ya pertenecía a la cultura popular e incluso estaba grabada, con esa letra y no otra, en una “ensalada” o “medley” de una orquesta tropical salvadoreña de la década de los sesenta (si no me equivoco, dirigida por el célebre músico Paquito Palaviccini). Siempre sospeché que ese gesto espontáneo, fiel reflejo de nuestro intrínseco espíritu guasón, debía basarse en una obra clásica, pero nunca hasta hoy supe en cuál; de hecho, en los discos locales donde aparecía, invariablemente se titulaba así, “El guineo”, y uno de niño huía naturalmente del hiato apegándose a la norma lingüística local, pronunciando “el guineyo, viejo feyo”.

Ahora, ya adulto, me ha desvelado la duda esencial: ¿cuál es la marcha original en la que se basa el cantito? Después de muchas semanas de angustia por lo infructuoso de la búsqueda, pláceme anunciar a un tiempo la recuperación del sueño reparador y el feliz resultado de mis pesquisas. Tras copioso interrogatorio a que fueron sometidos varios músicos de la Orquesta Sinfónica nacional, uno de ellos, el flautista (pero no de Hamelin), tenía el conocimiento y la información exacta: “El guineo” no es sino la pieza titulada “National emblem march”, de John Philip Sousa, el mero rey del género marchístico.

En todo esto, yo veo dos elementos incuestionables:

a) la histórica identificación de la cultura de la gente sencilla con el ideario de la gran nación del norte, pues desde hace décadas tenemos como propia una marcha ligada a la simbología patria norteamericana.

b) la protesta social: sin duda, el viejo feo barrigón a quien se le reclama haber pelado el guineo no es otro sino el mismo Tío Sam, representado en los dueños de las empresas transnacionales, para quienes nuestros países sólo significan terrenos de explotación y provisión de materias primas a costos risibles que les permiten pingües beneficios. Aquí, la denuncia del intervencionismo imperial es tácita y, por lo tanto, más contundente.

Por cierto, aquí pueden escuchar el trocito en cuestión. ¡Buen provecho!

miércoles, 2 de abril de 2008

Belleza en oposición

En traducciones, no hay ni puede haber algo exacto, e intentarlo con canciones es garantía de fracaso estruendoso; por eso, las versiones en español de temas populares generalmente no se parecen a sus originales: mientras “Till there was you”, de los Beatles, es una canción de amor de pajaritos revoloteando en árboles de la montaña, “Vuelve a mí” es un ruego nostálgico, inocente y un poco incoherente, pero que suena bien (casi por intuición, es inconcebible que “escucha, hermano, la canción de la alegría” sea la traducción literal de “Freude, schöner Götterfunken, Tochter aus Elysium”).

Pese a lo dicho, me sorprendió mucho que la versión en español de la canción “One night” del grupo irlandés The Corrs (en donde Alejandro Sanz hace el dúo), expresara con bastante precisión un concepto diametralmente opuesto.

El sentido de “One night” es la entrega amorosa total y profunda, pero por una sola noche, una sola vez, irrepetible, fugaz y quizá por ello especialmente intensa: “so for one night, is it alright, that I give you my heart, my love, my heart… just for one night: my body, my soul, just for one night”. En cambio “Una noche”, además de divagar por espacios poéticos no necesariamente argumentativos, insiste en la actualidad del amor a pesar de la distancia: “aún hoy sigo amándote a ti; aún hoy, mi amor, te doy mi cuerpo con alma...”

Fugacidad en una, permanencia en otra... ¿Idiosincrasias opuestas? Quizá, pero a fin de cuentas: ¿no son un buen par de preciosas piezas musicales?

* * *

Posdata: sí, los enlaces para Youtube, aquí para la una y aquí para la otra.

sábado, 29 de marzo de 2008

De jurado

Sí, confieso que también tuve mi etapa como jurado de certámenes literarios nacionales. La primera o segunda vez, uno tiene la ilusión de estar descubriendo Balzaques y Cortázares; ya después, las alegrías intelectuales disminuyen ante el más de medio centenar de fólderes que esperan, exigen y demandan ser leídos en su totalidad (por aquello de la ética profesional). Cuando a la persona a cargo de convocar al jurado se le ocurre la sustanciosa idea de reunir a los ínclitos para emitir un fallo consensuado, el tormento es prenunciado. ¿Por qué no pedir el resultado a cada quien, con formato “primero, segundo y tercero”? Digo yo: discutir a este nivel de sabelotodos... ¡oh, no, nunca más! Un detalle no tan ínfimo: a menos que la ley haya cambiado en los años recientes (que debería), los miembros del jurado tienen prohibido recibir estipendios, retribución monetaria o pago de honorarios por el servicio prestado. Como los premios de este tipo andan alrededor de los ocho salarios mínimos, las malas lenguas hallan tema, por aquello de ir “mixa-mixa con las bolitas”. En fin, que para abreviar, suficiente con aquella breve incursión. Alguien tiene que hacer ese trabajo, muchas veces loable. Vaya para ellos todo el mérito: ¡generosa cesión de mi parte!