domingo, 3 de febrero de 2008

Obituario

Fue mi alumna en 2004, cuando coincidimos en el octavo grado de educación básica: yo como docente de Lenguaje y Literatura, ella como adolescente llena de todas las ilusiones y tribulaciones comunes y propias de su edad. Aunque no tuvimos una relación extraordinaria, tampoco pasó desapercibida. Más allá de la coincidencia en aula, no dejamos de saludarnos y bromear ocasionalmente con la familiar camaradería que permiten los pasillos colegiales en los años subsiguientes. Se graduó de bachiller el año anterior y estaba por comenzar sus estudios de medicina en la universidad. Recuerdo su pequeña cara de normal aflicción cuando estaba en el proceso de admisión y esperaba ansiosa ver su nombre en la lista de admitidas en el centro de estudios, con las dudas y expectativas propias de quien entra a la vida plena. En ella había ilusión, ganas de ser. ¿Qué pasó? Sólo sé que fue algo súbito y que el resultado es el mismo: esta manera de partir, tajante e inesperada, nos golpea a todos y nos hace pensar en nuestra propia fragilidad. Hay pesar, lágrimas y un vació de confrontación frente a la nada. ¿Qué tiene sentido, qué no lo tiene? La resignación es poco, pero es lo único. Descanse en paz, Rhina Idalia.

3 comentarios:

Priscila dijo...

Aun para los creyentes, la fe en la resurrección no elimina la angustia ante la muerte, pero estar cerca de ella nos humaniza.

Mónica dijo...

(L)

Anónimo dijo...

me resulta increíble cómo.. cuando este desafortunado hecho sucedió, parecía que la vida de todos sus amistades del colegio y seres "queridos".. y se volvió un interesante y triste tema para los que apenas la conocimos, es increíble ver cómo esa inquietud y esas charlas han ido desapareciendo poco a poco hasta volverse nula..
el ser humano olvida..