domingo, 24 de febrero de 2008

¡Volvió éste!

De los muchos anuncios y mensajes que se difundieron a través de los medios masivos a propósito de la firma de los Acuerdos de Paz en 1992, tan sólo recuerdo uno, quizá por ser el más sencillo, sentido y simpático. Ambientado en un pueblito cualquiera, llegaba un tipo al que otros dos reconocían después de largo tiempo de ausencia. Al verlo, uno de ellos exclamaba muy alegre, pero en tono natural como pocas veces se ha logrado plasmar en una de esas actuaciones: “¡Volviste!”, mientras lo recibía con gesto amable, palma en el hombro y casi abrazo. Entretanto, el otro anfitrión observaba la bonita escena y sonreía mientras pronunciaba, en tono algo más suave pero bastante parecido a la realidad popular: “¡Volvió éste!”. Seguramente a continuación salía algún texto o voz de locutor “en off” diciendo algo pertinente, pero lo he olvidado.

Esas dos breves frases transcritas lo decían todo y fueron tan significativas que la gente de todos los niveles sociales se quedó usándolas durante mucho tiempo, remedando el mismo tono entrañable, simpático y simplón con el que aparecían en aquella producción publicitaria. Es, realmente, uno de los pocos casos que recuerdo en que haya habido una identificación tan espontánea entre el plano mediático y la población.

Más allá del contexto específico en donde se gestó aquella buena idea, yo me alegro siempre que puedo repetir esas pocas palabras ante alguien o algo bueno que vuelve.