viernes, 16 de noviembre de 2018

Luego de los conversatorios de la UCA

Concluyeron los conversatorios con las fórmulas presidenciales para las elecciones 2019, foros organizados por la UCA en un formato de entrevistas públicas realizadas por académicos de dicho centro de estudios, con énfasis en sus propuestas en ejes fundamentales para el país: fortalecimiento institucional, educación, economía, seguridad pública y medio ambiente.

Tras escuchar a los diversos candidatos/as, me quedan las siguientes sensaciones sobre cada propuesta electoral.

VAMOS: Josué Alvarado & Roberto Ocampo.

Poca gente asistió al conversatorio con la fórmula de este nuevo y muy poco conocido partido, quizá con la esperanza de descubrir un tesoro escondido que por motivos mediáticos y de presupuesto había permanecido oculto, pero no hubo nada de eso. Ambos candidatos (más Alvarado que Ocampo) divagaron entre inconcreciones y diagnósticos genéricos ya conocidos, mencionando más bien al azar algunas cosas que podrían hacerse pero sin concretizar. Y en cuanto al conservadurismo moral que reina en una sociedad de doble estándar, fueron más de lo mismo.

GANA: Nayib Bukele & Félix Ulloa.

Con grandes expectativas del público hacia el líder de las “nuevas ideas”, sus intervenciones no respondieron a las preguntas planteadas, ya sea porque dedicó buena parte del tiempo a repetir contenidos ya conocidos de sus emisiones a través de Facebook Live (relacionados con las dificultades para formalizar su candidatura), o bien porque respondió con generalidades poco organizadas (esto último muy notorio también en el candidato a vice). Parece ser que, tal como han señalado todos los que no son sus fieles devotos, el plan de Nayib es Nayib y nada más. Ah, Ulloa también dijo que habría que "revisar" la Constitución, lo que deja entrever sus planes para convocar a una Asamblea Constituyente a su medida.

ARENA, PCN, PDC Y DS: Carlos Calleja & Carmen Lazo.

En sí, salvo un par de deslices verbales, Calleja no se vio mal; por el contrario, dio la cara hasta donde pudo y puntualizó sus propuestas (dentro de los límites que el formato permitía). Carmen, por su parte, dejó la sensación de mayor solidez y conocimiento técnico de los grandes temas de país; por ello, quedó una buena imagen de trabajo en equipo. El problema, no obstante, es lo que no se vio en el conversatorio pero todos conocemos: los grandes partidos políticos tradicionales que los proponen, cuyas acciones y declaraciones, no digamos de hace una o dos décadas sino recientes, hacen pensar que sus mentalidades arcaicas no han cambiado, pese a su fórmula outsider.

FMLN: Hugo Martínez & Karina Sosa.

Hugo mostró mucha seguridad en sus intervenciones: fluidas, fundamentadas, oportunas y en principio esperanzadoras; Karina, por su parte, habló poco pero sustancioso. El problema es que parecían candidatos de la oposición, pues sus propuestas siempre se vieron cuestionadas por el hecho de que su partido lleva más de nueve años en el poder, surgiendo entonces el “sí, pero ¿por qué no han hecho lo que ahora están prometiendo?” como respuesta natural. La parte decepcionante vino en la tibieza frente a temas elementales: en lo moral, ambiguos con la despenalización del aborto (ni siquiera en causal médica) y la educación sexual integral; en política internacional, no se atrevió a condenar la represión del régimen Ortega-Murillo en Nicaragua; y en lo político, no quiso aclarar si se aliarían o no con Bukele en una eventual segunda ronda electoral (“eso no se ha discutido todavía”, dijo).


¿Y entonces, por quién voto?

Definitivamente sí voy a ir votar en 2019, pues no creo que la abstención o el voto nulo ayuden en nada que pudiera ser mejorable en el país.

¿Será entonces por el “menos peor”? Pues sí, por el momento es lo que hay y de allí hay que elegir.

Por su pensamiento nebuloso y confuso en lo político y social, y dado su tinte demasiado conservador para mi gusto, no tengo ningún motivo para votar por Alvarado & Ocampo.

Por lo vacío de contenido de su campaña más allá del culto a su personalidad (por algo es conocido como “el Mesiyas”), por los siniestros personajes que lo rodean (tanto en su círculo personal como el partido que le sirve de vehículo electoral) y por su más que cuestionable capacidad administrativa, me repele completamente la idea de votar por Bukele & Ulloa.

Ahora bien, si sólo de votar por propuestas se tratara, votaría por Calleja & Lazo… pero sus partidos políticos (militantes y dirigentes) siguen siendo los mismos o pensando lo mismo que la Arena y el PCN que hemos conocido: su culto al Mayor, su negación del pasado, su sofocante ultraconservadurismo, la prepotencia renovada de ciertos militantes dizque jóvenes, etc. Y cuando pienso en todo eso, digo “mejor no”.

¿Qué queda entonces? ¿Hugo & Karina? A ver: son rostros y mentes tímidamente nuevas pese a las taras mentales de la veterana dirigencia del FMLN. Tal vez la militancia pueda dar el impulso necesario para sacar al partido de sus anclas ideológicas de los setentas, y acaso con una oposición fuerte, y una presión ciudadana intensa y constante, esta resulte ser la opción menos desesperanzadora.

¿Y si hay segunda vuelta? "Veremos, dijo el ciego..."

domingo, 11 de noviembre de 2018

Hit by a car

Had I told you about the time when I was hit by a car? I think I hadn't, so that I’ll take on that issue.

That happened in 1984 when I was part of the high school’s BKB team. We used to have training sessions every afternoon, and one day the head coach came up with the amused idea of make us jogging towards Cristo Negro Statue on Puerto de La Libertad Highway about 2 miles away and then going back to the school headquarters.

The reader must know that in El Salvador, as a third-world mentality country, safety measures have been considered like unnecessary chicken things. It was (and it still it is) common for people to walk or jog at the side or on the very border of some roads that don’t have sidewalks, without using any warning signal on their clothes (neither safety car nor motorcycle alongside). The only precaution is walking/jogging counter traffic direction, but even this elementary common sense procedure isn't always observed.

So for us, the plan sounded fun enough.

That particular afternoon was cloudy and fresh, with a light rain falling on your face outdoors, so that the road was slightly wet. We were happy and relaxed during the trip, but when we were almost reaching our goal, we must had to cross the street towards Cristo Negro Statue, watching out for moving cars.

Clearly I remember that I looked both sides and started to cross the first lane of the road, but since I saw a car approaching the next lane, I decided not to challenge my chances and stop, staying in the middle of the double-yellow line, letting the vehicle pass in order to finish crossing after.

The next ten seconds proved me wrong. Suddenly I found myself spinning throughout the air, falling out over metal sheets, bouncing several times until I finally landed on the ground and wondering what was happening to me. Then, I realized that I had been hit by a car.

Almost immediately the coach and teammates came over and checked me, asked for someone’s help and took me to the nearest hospital.

Fortunately, I didn’t get a single broken bone, my more serious injury was a wound on the scalp (I still have that 2-inches scar over my head) and curiously I never passed out, keeping conscious all the time. I don’t remember any particularly hard pain until the night fell, when all my muscles hurt while I was lying in bed.

The full recovery took about two weeks and during that time I was very worried, not by the accident but by the classes I was missing (yeah, that’s me).

Regarding the school, they covered the medical care expenses. Needless to say that, at that time, there were few laws regarding subsidiary responsibility and, certainly, there were no customary to sue institutions for negligence or allowing carrying teen students on dangerous activities. If the accident had happened today, I’m sure they would have been sued.

At the present day, I haven’t figured out how the accident could have happened. I clearly remember that I stopped where I had to. Maybe the driver thought that I was to continue crossing and, in an automatic reflection, pushed on the brake pedal causing the car got into a spin due to wet pavement or something.

I could have died but I survived.

But if I have gotten any knowledge from this experience, it'd be this: you better never go jogging on any kind of highway.

miércoles, 7 de noviembre de 2018

A student's significant letter

At the end of any school year, it’s customary that students write goodbye letters to his fellows and occasionally to some of their teachers, either to express their feelings (gratitude, apologies, nostalgia and so on) or made promises to keep everlasting memories about those good old days.

On this subject, I've never seemed like an emotional person to my students, even though I remember some of them with special sympathy. Nevertheless, I’ve preferred to look like Mr. Spock and keep myself away from any kind of tears-and-hugs sessions when the course is about to be over, not only due to personal reasons (skepticism mainly) but also for practical and safety reasons (children and teenagers could get confusing feelings about it). Very few former students can say they witnessed any kind of expression of affection of mine, and I plan to keep that way.

But regarding to those letters that I mentioned above, I can hardly remember five that have caused a strong (and silent) reaction on me, not because I haven’t appreciated or believed the rest of them, their words surely sincerely written and their true feelings. No, nothing farthest from truth. The thing is that those special letters contained something unique that caught me on, considering the context in which they were written.

Recently I received one of that kind, signed “anonymous” but easily recognizable by some references included. Among the not-very-neat grammar (to say the least), this sentence grabbed my spotlight:

You were the first person who believed in me.

Needless to say that I never expected something like that.

Surely that statement came up because, a few years ago, this teen person was involved in a little comedy that had to be shown to students and families. I remember how hard was to encourage her to perform, though her remarkable abilities on the stage.

Despite the fact that the sketch was very successful, she always showed reluctance to continue performing, and in some moment I thought I shouldn’t have pressed her that way (you know: as a teacher, you’re always at risk to overwhelm your students, no matter your good intentions).

But at the end of the day… that experience revealed itself (in her own words) as a breakpoint, something happily positive, memorable for her and inspiring for me to keep doing my best as a teacher.

domingo, 28 de octubre de 2018

I'm sick of "el clásico"


Every year it’s the same story when Real Madrid and Barcelona soccer teams clash: tons of pages in the papers and across the web; any kind of sports specialists talking endlessly on TV with every possible analysis, statistics and predictions; people scheduling when, where and whom to watch the game with, surrounded by a wide range of spirit beverages (without that "fuel" it wouldn’t make any sense); and trolling stupidly on social media.

And yeah… I admit I was part of it. Or should I say “I am part of it”? I’m not sure, but I’m trying to leave it behind, hard but not impossible.

As far as I remember during the seventies and early eighties, Spanish soccer league was almost completely unknown in El Salvador. The only European soccer games that we could watch on TV Channel 4 were some of German league on Sunday early mornings. Salvadoran people were concerned about local teams as Águila, FAS, Alianza, Atlético Marte and so forth, none of them transmitted by television. It was not until Mágico González (our best all-time player) was hired by Cádiz CF in 1982 that the papers began to give some faint coverage on Spanish league, but not focused on the big ones.

The evil plan started in the nineties, when papers and local TV stations began to feed us with Real Madrid and Barcelona news, slightly increasing the amount of information that didn’t matter, but that had the ability to set up people for consuming it.

Nowadays, when we have to pay for exclusive TV Spanish soccer league airings, it may sound like fiction to say that in the two-thousands we could watch the main games on local TV for free, specially the two “el clásico” yearly editions. But “there isn’t such thing as a free lunch”. Now we know: they were just doing their job… creating addiction.

And I fell out…

My first “el clásico” as a true fan experience was in 2003-2004 season. Barcelona won at Real Madrid’s home, Xavi scored the key goal with Rijkaard’s as a head coach and Ronaldinho as a rising mega-star. I must have interrupted my lunch at least ten times.

From that moment on, I anxiously followed not only every single “el clásico” edition, but the whole Barcelona’s matches (expecting wins) and almost all Real Madrid’s games (hoping loses). And the marketing knew.

Then, the machine started to reveal itself. First, they cut off free TV airings and sold the Spanish soccer league copyrights to ESPN, available only on cable (so, for the first time ever you had to pay for viewing); then, when finally you had signed for 18-month standard cable service… they sold the copyrights to SkySports, a new service you had to hire if you still wanted your drug.

Oh, but they were considerate: they allowed TDN to keep airing some anodyne La Liga weekly games, maybe one or two Barcelona or Real Madrid games a month and, showing mercy on you, the first “el clásico” match of each season. They kept giving you some sweets, in case you hadn’t decided to buy SkySports TV yet.

And finally happened what we all suspected and feared from the beginning: no more “el clásico” on TDN, you have to fall into the hands of SkySports if you want your object of desire. Their win-win game is now quite clear.

Having said the above, one could think that, at the end of the day, people have freedom to look, pursue or get what they want, and what makes them happy. Ok, but in this particular issue that so called “freedom to choose” is the expected result of the progressively and unaware mass media brainwashing.

Sadly, here in Unredempted Guanaxia (more than 5,000 miles away from any Spain city) people were killed among ridiculous arguing after some “el clasico” matches, which makes absolutely nonsense considering the null life improvement effect after every Real Madrid – Barcelona (whatever was the result), not only related to people’s basic needs, but also about mental health (fanaticism, bigotry, etc.). Also, people are blinded to the fact that Pipil fans are unimportant for those teams, to say the least.

Even though all of these rational arguments, I’m still struggling against “el clásico” addiction and I hope someday I’ll break free. I hope today would be remembered as the day I took one strong step ahead, because… guess what? While Barcelona - Real Madrid (October 28, 2018 edition) were playing, I was writing this post without seeing or hearing any broadcast… only checking occasionally the web.

By the way, Barcelona won 5-1.

miércoles, 10 de octubre de 2018

When I was 14

A SORT OF PSYCHOLOGICAL PROFILE

When I was 14, I was in 9th grade at Champagnat high school. At that time, that was the end of so called “third cycle on basic education” and for the next year I had to choose some kind of specialized bachillerato (that meant the cycle of middle-education consisting in 10th, 11th and 12th grade, just before college or university).

On that purpose, the school brought me and my classmates the opportunity to take a career aptitude and personality test managed by psychologists from UCA, so that we (as very immature teenagers) could make a better choice.

Since a few months before, I had been considering basically two options: academic bachillerato, focused in subjects like math and physics (wich was supposed to prepare me for further university studies), or industrial bachillerato, focused in practical duties like electricity (wich also would allow me to follow a college career later). It's not superfluous to say that this second option implied me to left the place where I was studying for ten years and to enroll in Santa Cecilia high school.

It's important to say that, at that time, career tests weren’t as usual as they are nowadays, because psychology itself were just starting to develop as a profession in our country, so the experience promised to be quite new and interesting; furthermore, I had been very confused about the big question, what should I study? As far as I can remember, I was far away from any final decision.

So, I started the tests with high expectations, hoping to find some existential answers to clarify my immediate future. After the tests and when the D-day arrived a couple of weeks later… well, the results were not exactly as I had been expected.

The psychologist brought me the definitive sheet of paper with the results… and I anxiously focused my attention on the last paragraph, the final and highly expected recommendation which was supposed to guide my confused teenage-life among the entangled paths of fate: “You are fit for any kind of bachillerato, since you have all the abilities required to succeed in any field”. And if it hadn't been enough, it was followed by this enlightning answer: “Considering your personal interests, industrial bachillerato is recommended and, as a second option, academic bachillerato.”

Ok, guys, thanks for nothing!

Nevertheless, now (more than 35 years later) that I’ve read the previous paragraphs on that very sheet, I’ve found some funny and interesting comments (maybe I’d say “diagnoses”) about me.

Regarding my character and personality, they said: “You defend your ideas and state your points of view, without conceding unless solid arguments are given, but you’re at risk on become stubborn. It’s recommended for you try to be more flexible and fight some tendency to be self-enclosed”.

Well, I can’t deny it, neither at that time nor nowadays.

But they also said: “You’re a very reflective person, patient, generally on good mood, idealist, trusted, tolerant and thoughtful”.

“Patient, generally on good mood” when I was 14…? Come on, guys! Are you sure you didn’t swap some of my tests accidentally with someone else’s?

domingo, 30 de septiembre de 2018

Un intento más, un paso más.

COMENTARIO A "LA PALABRA DE PABLO"

Acudir a la sala de cine a ver una película nacional es una rareza, primero porque la producción local es exigua y segundo porque nuestro público es reacio a pagar por un boleto de cualquier forma de arte made in El Salvador.

Dicho lo anterior, puede considerarse bastante aceptable el número de espectadores de la función sabatina de La palabra de Pablo, dos días después de su publicitado estreno en el país.

No sé si la gente llegó por "apoyar el arte nacional" como subcategoría, por ver la evolución del director Arturo Menéndez con respecto a Malacrianza y Cinema Libertad, o si basaron su expectativa en el reciente anuncio de que Sony Pictures y HBO adquirieron los derechos para su difusión en Latinoamérica. El hecho es que había bastantes personas atentas y expectantes, ambos adjetivos sostenidos a lo largo de los 84 minutos de duración del filme.

Ciertamente, los espectadores/as querían saber qué estaba pasando pero, sobre todo, querían comprender por qué estaba pasando… y es ahí donde la película revela su mayor debilidad, pues aun cuando tiene la capacidad de enganchar a la audiencia en la trama no es capaz de ofrecer respuestas satisfactorias, incluso para alguien que guste y esté habituado al papel de receptor activo.

La palabra de Pablo muestra mejoras importantes con respecto a las anteriores obras de Arturo, como el manejo de cámara, la edición de sonido y las actuaciones de los personajes principales. Sin embargo, como ya han señalado otras críticas (unas más benévolas que otras), hay varios personajes innecesarios o impertinentes, así como una buena cantidad de hilos sueltos y acciones sacadas de la manga, sin credibilidad (no porque no puedan pasar en la realidad sino porque en la lógica interna del filme no encuentran asidero).

Ahora bien: tampoco nos desubiquemos, que las carencias antes mencionadas son bastante comprensibles, dadas las limitaciones presupuestarias y de producción propias de un país en donde este y cualquier otro arte o deporte es amateur. Por eso mismo, no perdamos de vista que para hacer una película se requiere del admirable espíritu quijotesco de alguien que al mismo tiempo produce, escribe, dirige, busca patrocinio y promociona su propia obra… con las virtudes y carencias que eso implica.

Y es entonces cuando uno acaba entendiendo que, al fin y al cabo, todo esto se trata de "arte nacional”, con el estigma que eso supone y con la actitud receptiva y acaso benevolente que este requiere. Lo siento, pero esto es y parece que seguirá siendo así por mucho tiempo. Por ello, poniéndola en nuestro contexto, la película tiene muchísimo mérito. Mi sugerencia es que pague por verla y disfrute lo que pueda.

domingo, 26 de agosto de 2018

Waiting eternally


Have you put yourself in a funny or ridiculous situation in the middle of the street, looking like a candid country person that knows nothing about the modern civilization?

Well, I did.

It happened when I went to a little town in South Carolina, in the United States, last may.

Some of you know that I use to do my workouts on a daily basis, trying to keep a healthy lifestyle. During my brief stay in the States, I kept doing some exercise, jogging a couple of miles in the early morning around the city.

All of you know that we, as Salvadorans, aren’t known precisely for obey the laws, even the transit signals.

Instead, Americans seemed to me very respectful about the transit signals (at least those who lived in that town).

For example, they have semaphores for cars and for pedestrians in every cross-street, and they don’t cross the street when the light is red, even if there isn’t any car in a hundred meters around: they wait at the sidewalk for the green light.

So, the first morning that I went jogging I told myself: “when in Rome, do as the Romans do”, and when I reached the first crossing, I stopped and waited for the pedestrian semaphore to turn green.

I must say that at that time, by the dawn early light, there were neither cars nor people in the streets, but I kept waiting for the green light for one, two, three minutes… and nothing happened.

Finally, I changed my mind and decided to cross the street even during the red light.

And suddenly… I noticed that just beside me, in the lower part of the semaphore’s pole, there was a tiny box with a button, and a little label that said: “press the button to cross”.

You can imagine what happened in the end: I pushed the button… and crossed the street.

Looking back on the story, I think if I were another person looking at me, standing for no apparent reason in the sidewalk in the middle of a lonely city, waiting for who knows what, I’d probably wonder “is that man dumb or something?”

Well... it happens you leave your little village to go to a modern city.

miércoles, 25 de julio de 2018

Speaking about learning English at 51

This speech was addressed to mid and high school students, during their English Festival on July 25th, 2018

Good morning, dear students.

I’m glad to be here, invited by Diana Flores (also known as Diane Flowers), head of English department. She asked me to address you about the importance of learning a second language, which in this case is English language.

Probably you’re wondering “Why him, why Góchez”?

Well… In case you don't know, currently (at my fifty-one years old) I'm enrolled in English lessons at UCA Language School on Saturdays, and I’m pleased to share with you my motivations about this learning experience.

I’d like to start by saying that, after my high-school times (a very long time ago), I had never received formal nor informal English lessons, but I'd always felt attracted to bilingual communication.

During my years at the university, when I was studying semantics (that is, the meaning of the words and sentences) I realized that when you make any translation something is always lost, because every language “divides” reality in different ways, and if you really want to understand the original meaning and sense, you need to think in other language.

This aspect is particularly important if you want to enjoy some pieces of art, like music, TV series and movies, not to mention novels and poetry, fields in which -as you know- I'm specialized.

In my case, even the basic English language knowledge that I grabbed informally after my high-school days has allowed me to read a few books, and learn some audio and video software, that has been very useful in my job.

But even if you are not interested in arts or literature, there are many other so-called “practical benefits” for learning English, like get a better job or have better opportunities to get a scholarship.

Having said the above, nowadays there is one personal special reason because I'm actually very interested in learning and developing English fluency, and that's because recently I was invited by some relatives to visit them in the United States and Canada.

I tell you: when I knew that I would go (because I had to), I got panic, because, you know, one thing is to read and listen standard English, and other very different thing is to have real conversations with English native speakers, and I didn’t want to fully depend on my relatives to communicate myself, using them as interpreters.

So, in last January I decided to face the challenge and take the diagnose exam at UCA Language School. I qualified for level ten out of twenty-one. Last week I completed level twelve and I expect to finish the whole course in 2020, and then take the TOEFL as a certification.

And that’s the story.

I hope you have found some motivation in my testimony and keep active an enthusiastic in learning English and other languages.

Thank you for your attention.

miércoles, 13 de junio de 2018

Mi abuelita le rezaba a San Antonio

En junio de cada año, mi abuelita Delfina (la Niña Fina, como la conocían sus amistades) organizaba el rezo de toda la novena a San Antonio de Padua, que culminaba el día 13 con la celebración principal.

Los recuerdos de aquellos episodios de mi lejana infancia son un tanto inespecíficos, pero forman un solo bloque ubicado a mediados de los años setenta.

No sé cuándo mi abuelita comenzó con esa costumbre ni tampoco a qué se debía tan especial devoción: si a una promesa cumplida o a alguna expectativa a futuro; el caso es que la sala de su casa no solamente tenía un altar permanente, sino que la misma pared principal había sido edificada para tal fin, con espacios diseñados ad-hoc para los cuadros, las imágenes y los candelabros.

Mis hermanas y yo asistíamos obligados por nuestros padres, que no llegaban porque a esa hora trabajaban en turno extendido para mantener a flote el Liceo Tecleño. Éramos, pues, "el público" que siempre estaba allí durante las ocho sesiones en que la rezadora titular, la Niña Adriana, llegaba puntualmente a las 7:00 p.m. para dirigir el rito.

Aparte de nosotros, a la novena asistían escasamente cuatro o cinco personas más; en cambio, el propio día 13 había casa llena con reparto de tamales, café, refrescos y hasta vino de consagrar, jolgorio vecinal en el que no faltaban los cohetes de vara.

Con excepción de este último día, en las sesiones previas los cuatro hermanos Góchez Fernández nos aburríamos solemnemente en medio de aquella monotonía de oraciones, padrenuestros, avemarías y letanías, de casi 45 minutos de duración, por lo que con cierta frecuencia buscábamos elementos de distracción, siendo uno de los favoritos el divertirnos imitando la pronunciación y entonación características de la rezadora principal.

En una ocasión, creo que hacia 1975, mis hermanas tuvieron la ocurrencia de llevar una grabadora de casete para capturar la memorable voz de la Niña Adriana. Obviamente, no podían tenerla a la vista pues eso habría delatado sus traviesas intenciones, así que una de ellas se presentó con un chal chapín, pese a que no hacía frío, bajo el cual podía tener clandestinamente el aparato.

Creo que Mamá Fina comenzó a sospechar cuando vio que el cuarteto de nietos se había sentado extrañamente cerca de la rezadora (pues desde lejos la grabadora no captaba bien la voz), pero lo que acabó descubriendo todo fue que la duración del casete era de 30 minutos y se terminó antes de finalizar el rezo, haciendo que el aparato diera un sonoro clic con el apagado automático. Entonces, los titánicos esfuerzos por disimular las risas nerviosas se vieron completamente sobrepasados y ya no pudimos más.

Tengo bien grabado (en la memoria, no en el casete) el gesto de reprobación de la Niña Adriana, que no paraba de decir “¡Estas niñas traviesas, no respetan…!”, pues la culpa recayó en mis hermanas mientras yo salí indemne (porque, como suele decirse, “yo pasando iba”).

Diabluras aparte, aquellos rezos continuaron mientras mi abuelita tuvo salud y ánimo para organizarlos, aunque los graves acontecimientos sociopolíticos que afectaron al país y a nuestra familia a partir de 1979 los dificultaron cada vez más.

Mi abuelita Delfina falleció en 1983, a los 83 años, y con ella terminó esa tradición; pero todavía el agradable recuerdo de aquellas tempranas noches de junio, entre el aburrimiento y las travesuras, me saca algunas sonrisas.

miércoles, 18 de abril de 2018

Con estilo y entereza

Este es el equipo con que competimos en el X Certamen Intercolegial de Debate, que la Escuela Superior de Economía y Negocios organiza desde hace una década. Nuestra participación concluyó luego de la tercera ronda (cuartos de final), cumpliendo con los objetivos educativos con los que se diseñó la actividad.

Estoy orgulloso de sus integrantes, cuyo desempeño fue tan bueno como el realizado por los equipos de 2015, 2016 y 2017.

Desde el principio sabíamos que -en un torneo de eliminación directa, con sistema de copa y sorteando los números iniciales- no necesariamente sería hasta en la final cuando enfrentaríamos al rival más fuerte. Así, en la tercera ronda del torneo (aunque la puntuación global de los jueces nos otorgó nota de 9.1 y la votación final fue ajustadísima), no se nos concedió el pase.

Aceptamos el resultado y reconocemos la calidad del rival; sin embargo, esta entrada faltaría a la verdad si no dejase plasmada la siguiente reflexión.

Está claro que cada equipo diseña su estrategia dentro de lo permitido por las reglas; sin embargo, también es cierto que ningún reglamento en el mundo puede cubrir absolutamente todas las zonas del terreno de juego, por lo que siempre existe un margen para emplear ciertos recursos tácticos discutibles: lo que unos ven como astucia o viveza, otros lo ven como descaro, y quizá nunca habrá un acuerdo en este punto.

Al final del día, lo que sí podemos hacer es optar por competir con entereza... y esa es nuestra mayor satisfacción.

#FairPlay

domingo, 1 de abril de 2018

Hablando con mormones

El viernes santo a media tarde, un par de jóvenes norteamericanos, predicadores de la Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días (LDS Church), tocaron a la puerta.

Habitualmente no recibo a nadie que venga a hacer proselitismo con manifiestas o veladas intenciones de convertirme, pero esta vez hice una excepción por un motivo que (he de admitir) puede parecer bastante utilitario: la oportunidad de conversar en inglés con hablantes nativos, pues me interesa desarrollar mi comprensión y fluidez expresiva en ese idioma.

Para prevenir cualquier malentendido, de entrada les expresé mi intención idiomática, al tiempo que procuré dejarles claro in a polite manner que, si bien podía escuchar con atención lo que iban a decirme, mis opiniones acerca de la divinidad y las religiones no eran casuales y estaban ya bastante formadas, por lo que era mejor que no tuvieran expectativas de avanzar conmigo en su misión.

Ambos de nombre Elder (que no son los de la foto pero lucían como si lo fueran, y que tampoco es nombre sino algo como un título) se voltearon a ver y, tras un instante de debate silencioso, accedieron a las condiciones planteadas.

Como primer punto, me invitaron a unirme a una breve plegaria, propuesta que rechacé gentilmente arguyendo el siguiente motivo: al ser ese un momento sagrado para ellos, yo consideraría deshonesto pretender que comparto esa creencia únicamente por parecer cortés; sin embargo, yo guardaría un silencio respetuoso mientras ellos oraban.

Entrando ya en materia, me preguntaron si sabía o había escuchado algo de los mormones, a lo cual respondí que sí, creyendo recordar un episodio de The Simpsons al respecto, pero una breve investigación posterior me aclaró esa confusión temporal, pues el que yo había visto es el capítulo “All about the mormons?”, de la teleserie South Park (temporada 7, episodio 12, noviembre de 2003).

Allí se cuenta (de manera un tanto satírica, por decir lo menos) la historia de Joseph Smith, fundador de los mormones. Quizá la referencia no sea la más erudita, pero hay algo al final de ese episodio me siempre me llamó mucho la atención, en palabras de Gary, el chico mormón que allí aparece:

The truth is, I don't care if Joseph Smith made it all up, because what the church teaches now is loving your family, being nice and helping people.

"La verdad, no me importa si José Smith se inventó todo, pues lo que la iglesia enseña hoy es a amar a la familia, a ser buena persona y a ayudar a los demás."

Esa idea fue recurrente en la conversación que se prolongó por tres cuartos de hora. Me contaron con bastante reverencia y devoción la historia de Joseph Smith y en todo momento enfatizaron que Jesucristo es nuestro padre y nos ama, pero yo siempre volví al punto clave: que lo importante no son tanto las creencias sobrenaturales de las personas, sino lo que las personas hacen a partir de sus creencias (o increencias).

La plática siempre fue en el marco del respeto mutuo y, como era de esperar, me ofrecieron como obsequio un ejemplar de El Libro del Mormón, oferta que decliné de la manera más cortés que supe, pues seguramente ese libro estaría en mejores manos que las mías; no obstante, les di mi palabra de que, por curiosidad, leería algunos pasajes en línea.

En este punto me recomendaron que, si iba a buscar algo en internet, mejor fuera al sitio oficial de los mormones; también me indicaron que al día siguiente iba a haber una transmisión de un evento importante, que me comprometí a ver.

Se marcharon de la misma manera en que llegaron: orando y reiterando sus invitaciones.

Por mi parte, cumplí mi palabra y revisé los materiales sugeridos. Luego de un par de días de investigación, lectura y escucha, la imagen mostrada por los mormones me parece en sintonía con el concepto de ciudadano occidental políticamente correcto, en una línea moderadamente conservadora.

Sin embargo, mi opinión general sobre ellos queda en la misma línea de lo que pienso de las demás religiones en general: se preocupan demasiado por las creencias sobrenaturales, cuando lo que de verdad importa son las acciones cotidianas. Por eso, sigo pensando que si una religión (sea esa o cualquier otra) les impulsa a ser mejores personas (tolerantes, solidarias, dispuestas al cambio positivo), qué bien; pero si es al contrario, vade retro.

domingo, 11 de marzo de 2018

Una propuesta osada para el FMLN

¿Qué le diría usted a un boxeador que, amoratado por la soberana paliza que le acaban de propinar en el cuadrilátero, en la misma rueda de prensa (una hora después del último trompón) pide la revancha para dentro de un mes?

Algo así ocurre con el FMLN, que pasó de recibir casi 850 mil votos en 2015 a unos 475 mil en 2018 (es decir, un 44 % menos). Una caída tan dramática no es casual, sino producto de la acumulación de muchos factores que resultaron en la pérdida de confianza que llevó a 375 mil electores a dar la espalda al fracasado proyecto revolucionario.

Muchos análisis de las causas de la debacle se han publicado (uno de los más completos, el de Ricardo Vaquerano en la Revista Factum), por lo que el presente artículo de opinión no pretende ser otro más, sino plantear una propuesta bastante osada para que el FMLN recupere la confianza de la población y sea, a mediano plazo, una alternativa viable para abanderar las reivindicaciones sociales.

Ante todo, el desplome del partido de izquierda debe verse como una verdadera tragedia para quienes han dedicado la mayor parte de su vida a la lucha revolucionaria. Desde una perspectiva psicológica, es similar a la pérdida de un ser querido; de ahí las manifestaciones típicas de las primeras etapas del duelo (aquellas que formuló la psiquiatra Elisabeth Kübler-Ross), tales como la negación y la ira.

En efecto, no es de otro modo como hay que entender las expresiones de amargura de veteranos dirigentes repartiendo culpas entre todas las entidades e instituciones imaginables: la oligarquía, la Fiscalía, los poderes fácticos, la Sala de lo Constitucional, la sección de Probidad de la CSJ, los grandes medios, los empleados/as públicos (en términos de “esos hijos de puta”), etc.; amenazando con volver a la lucha de calle para superar la insignificancia legislativa que se les viene por los próximos tres años. En estas lamentables declaraciones, la analogía suprema la dio un diputado que citó el pasaje bíblico de Jesús y Barrabás, comparándose a sí mismo con el Redentor.

Pasados algunos días, se han conocido otras expresiones más mesuradas (como la declaración de Gerson Martínez), que parecen estar en la tercera etapa del duelo: engañarse con una ficticia negociación, tipo “si en menos de un año cambiamos y corregimos, la gente volverá a creer en nosotros”.

No muchas voces se han expresado desde la cuarta etapa, la depresión, aunque seguramente existe en varios/as militantes de corazón: la casi certeza de que el Frente llegará irremediablemente a la mínima expresión de los otrora partidos grandes (PCN y PDC), con el dolor que conlleva saber que han perdido su vida en un proyecto que se reveló inoperante para realizar lo que tanto anhelaron.

Así, la única forma de superar esta pérdida es llegar a la etapa final, la aceptación, tras la cual es posible replantearse las cosas con serenidad y sabiduría… y continuar con renovada esperanza.

Y sin embargo… llegar a eso no es sencillo.

El FMLN debe tener claro que ni ellos ni ninguna otra institución pueden hacer ese proceso de transformación interna de manera efectiva en un tiempo tan corto como el que falta para la próxima elección presidencial.

Querer “ya” la revancha es ir a otra derrota anunciada, que puede ser aún peor considerando el factor mesiánico de Bukele. Ciertamente, no es descabellado pensar que el FMLN podría ver la segunda vuelta presidencial de 2019 por televisión.

Hay quienes creen que lo urgente para el Frente es pasar página y abocarse a la campaña presidencial, haciendo (por pura necesidad de maquillaje) algunos cambios superficiales; sin embargo, lo verdaderamente importante es repensarse, actualizarse y refundarse.

El FMLN necesita una completa reingeniería, que pasa por temas tan difíciles la jubilación de su anciana dirigencia, acostumbrada al verticalismo jerárquico, así como su dogmatismo ideológico, que lo mantiene anclado en los años setenta.

Lo grave es que, habiendo hecho tantas cosas mal durante tanto tiempo, no hay ahora mismo a quién o quiénes pasarles la estafeta para dar un relevo generacional justo y necesario, que sea percibido como algo realmente diferente a lo visto en el pasado.

Por lo anteriormente expresado, el FMLN debería abstenerse de participar en la elección presidencial de 2019, para iniciar un genuino proceso de renovación y reestructuración, proyectándose hacia las legislativas y municipales de 2021 (y a más largo plazo, las presidenciales de 2024).

Esto le permitiría enfocar tiempo, recursos y energías a un trabajo institucional que le permitiría aterrizar aquí y ahora, en El Salvador del siglo XXI, y garantizar su futuro político en las próximas décadas.

Volviendo a la analogía del principio: si aquel boxeador quiere tener opciones reales de ganar la próxima pelea a su feroz oponente, debe hacer las cosas de manera muy distinta, comenzando por un análisis objetivo de fortalezas y debilidades, cambiar de entrenador, actualizar sus métodos de trabajo y, sobre todo, darse el tiempo suficiente para que estos cambios produzcan efectos reales.

Suena lógico, ¿no? El único problema es que ese boxeador es conocido por ser tan, pero tan necio...

domingo, 25 de febrero de 2018

Tres argumentos para ir a votar

Artículo publicado en El Diario de Hoy (25 de febrero de 2018, página 20).

Encuestas recientes coinciden en reflejar un significativo porcentaje de personas que no están interesadas en ejercer el sufragio el próximo 4 de marzo, ya sea porque desconfían del proceso electoral o porque consideran que los partidos políticos existentes no representan a la ciudadanía, pues trabajan solo para sus propios intereses.

Muchas voces se han expresado en el mismo sentido, llamando a manifestar tal descontento y frustración a través de la abstención o la anulación del voto, exponiendo razones que parecen tener sentido.

Sin embargo, analizando con más cuidado hallaremos que el camino de la autoexclusión electoral es inadecuado e inconveniente. Preferencias o antipatías partidarias aparte, hay al menos tres argumentos para participar positivamente en estas elecciones.

Primero: votar masivamente reduce el poder del voto duro.

El así llamado “voto duro” de los partidos políticos es fundamentalmente dañino para el país. Esta ciega adhesión incondicional se muestra indolente e indulgente ante prácticas corruptas y antiéticas, pues siempre está allí para endosar cuantos cheques en blanco hagan falta.

Así, mientras más personas fuera del rebaño político le den la espalda al evento electoral, más fuerza relativa adquiere este voto fanático y, en consecuencia, los actuales institutos políticos seguirán sabiendo que no necesitan transformarse para convertirse en mejores representantes de la ciudadanía.

El voto consecuente de la población es premio o castigo necesario; en cambio, la abstención o la anulación es no más que enmudecer y aceptar implícitamente el statu quo.

Segundo: votar racionalmente depura las instituciones.

El voto bien informado debería convertirse en un voto pragmático, racional, cambiando funcionarios/as municipales o legislativos que no han cumplido con sus responsabilidades y dándole la oportunidad a otros que tengan mejores perfiles y propuestas.

Y aun cuando la oferta política actual no sea demasiado alentadora (especialmente en cuanto a diputados/as), tampoco es cierto que “todos los candidatos son iguales”, pues las generalizaciones suelen ser engañosas.

En el caso de la elección legislativa, el voto por rostro es una forma efectiva de distinguir y seleccionar la oferta, pero para que este funcione bien es necesario que la gente esté mucho más atenta a las trayectorias personales, las acciones realizadas y las propuestas presentadas por los candidatos/as.

Tercero: a los políticos los mueve el voto, no la indiferencia.

Creer que la abstención o la anulación del voto es un poderoso grito de protesta que hará temblar los cimientos de la partidocracia es, cuando menos, ingenuo. Incluso si los votos nulos fueren más que los válidos, el gran “logro” sería repetir las elecciones… con los mismos candidatos.

La realidad es esta: en cada municipio, de una u otra manera siempre se elegirá un alcalde o alcaldesa, y a la Asamblea Legislativa invariablemente llegarán 84 diputados. El número es excesivo, sí, pero mientras no se reforme la Constitución no habrá menos de ellos como consecuencia de no votar. Ya que esto será así, es mejor tener alguna incidencia que ninguna en la selección de tales funcionarios.

Si le quiere mandar un mensaje a la clase política, tenga claro que el único lenguaje que posiblemente entiendan es el voto positivo en una u otra dirección específica. Las abstenciones y votos nulos, más allá de las coloquiales y pintorescas frases que en las papeletas puedan escribirse, a nadie le quitan el sueño.

Dicho lo anterior, recordemos que el solo voto no basta para transformar el sistema político: hacen falta muchas más acciones que exijan eficiencia, honestidad y rendición de cuentas a los funcionarios públicos. El voto es la manera más elemental de incidir en la vida política, pero si nos desentendemos de él, no cabe la posibilidad de pensar siquiera en otras formas de participación más activas.