viernes, 16 de noviembre de 2018

Luego de los conversatorios de la UCA

Concluyeron los conversatorios con las fórmulas presidenciales para las elecciones 2019, foros organizados por la UCA en un formato de entrevistas públicas realizadas por académicos de dicho centro de estudios, con énfasis en sus propuestas en ejes fundamentales para el país: fortalecimiento institucional, educación, economía, seguridad pública y medio ambiente.

Tras escuchar a los diversos candidatos/as, me quedan las siguientes sensaciones sobre cada propuesta electoral.

VAMOS: Josué Alvarado & Roberto Ocampo.

Poca gente asistió al conversatorio con la fórmula de este nuevo y muy poco conocido partido, quizá con la esperanza de descubrir un tesoro escondido que por motivos mediáticos y de presupuesto había permanecido oculto, pero no hubo nada de eso. Ambos candidatos (más Alvarado que Ocampo) divagaron entre inconcreciones y diagnósticos genéricos ya conocidos, mencionando más bien al azar algunas cosas que podrían hacerse pero sin concretizar. Y en cuanto al conservadurismo moral que reina en una sociedad de doble estándar, fueron más de lo mismo.

GANA: Nayib Bukele & Félix Ulloa.

Con grandes expectativas del público hacia el líder de las “nuevas ideas”, sus intervenciones no respondieron a las preguntas planteadas, ya sea porque dedicó buena parte del tiempo a repetir contenidos ya conocidos de sus emisiones a través de Facebook Live (relacionados con las dificultades para formalizar su candidatura), o bien porque respondió con generalidades poco organizadas (esto último muy notorio también en el candidato a vice). Parece ser que, tal como han señalado todos los que no son sus fieles devotos, el plan de Nayib es Nayib y nada más. Ah, Ulloa también dijo que habría que "revisar" la Constitución, lo que deja entrever sus planes para convocar a una Asamblea Constituyente a su medida.

ARENA, PCN, PDC Y DS: Carlos Calleja & Carmen Lazo.

En sí, salvo un par de deslices verbales, Calleja no se vio mal; por el contrario, dio la cara hasta donde pudo y puntualizó sus propuestas (dentro de los límites que el formato permitía). Carmen, por su parte, dejó la sensación de mayor solidez y conocimiento técnico de los grandes temas de país; por ello, quedó una buena imagen de trabajo en equipo. El problema, no obstante, es lo que no se vio en el conversatorio pero todos conocemos: los grandes partidos políticos tradicionales que los proponen, cuyas acciones y declaraciones, no digamos de hace una o dos décadas sino recientes, hacen pensar que sus mentalidades arcaicas no han cambiado, pese a su fórmula outsider.

FMLN: Hugo Martínez & Karina Sosa.

Hugo mostró mucha seguridad en sus intervenciones: fluidas, fundamentadas, oportunas y en principio esperanzadoras; Karina, por su parte, habló poco pero sustancioso. El problema es que parecían candidatos de la oposición, pues sus propuestas siempre se vieron cuestionadas por el hecho de que su partido lleva más de nueve años en el poder, surgiendo entonces el “sí, pero ¿por qué no han hecho lo que ahora están prometiendo?” como respuesta natural. La parte decepcionante vino en la tibieza frente a temas elementales: en lo moral, ambiguos con la despenalización del aborto (ni siquiera en causal médica) y la educación sexual integral; en política internacional, no se atrevió a condenar la represión del régimen Ortega-Murillo en Nicaragua; y en lo político, no quiso aclarar si se aliarían o no con Bukele en una eventual segunda ronda electoral (“eso no se ha discutido todavía”, dijo).


¿Y entonces, por quién voto?

Definitivamente sí voy a ir votar en 2019, pues no creo que la abstención o el voto nulo ayuden en nada que pudiera ser mejorable en el país.

¿Será entonces por el “menos peor”? Pues sí, por el momento es lo que hay y de allí hay que elegir.

Por su pensamiento nebuloso y confuso en lo político y social, y dado su tinte demasiado conservador para mi gusto, no tengo ningún motivo para votar por Alvarado & Ocampo.

Por lo vacío de contenido de su campaña más allá del culto a su personalidad (por algo es conocido como “el Mesiyas”), por los siniestros personajes que lo rodean (tanto en su círculo personal como el partido que le sirve de vehículo electoral) y por su más que cuestionable capacidad administrativa, me repele completamente la idea de votar por Bukele & Ulloa.

Ahora bien, si sólo de votar por propuestas se tratara, votaría por Calleja & Lazo… pero sus partidos políticos (militantes y dirigentes) siguen siendo los mismos o pensando lo mismo que la Arena y el PCN que hemos conocido: su culto al Mayor, su negación del pasado, su sofocante ultraconservadurismo, la prepotencia renovada de ciertos militantes dizque jóvenes, etc. Y cuando pienso en todo eso, digo “mejor no”.

¿Qué queda entonces? ¿Hugo & Karina? A ver: son rostros y mentes tímidamente nuevas pese a las taras mentales de la veterana dirigencia del FMLN. Tal vez la militancia pueda dar el impulso necesario para sacar al partido de sus anclas ideológicas de los setentas, y acaso con una oposición fuerte, y una presión ciudadana intensa y constante, esta resulte ser la opción menos desesperanzadora.

¿Y si hay segunda vuelta? "Veremos, dijo el ciego..."

domingo, 11 de noviembre de 2018

Hit by a car

Had I told you about the time when I was hit by a car? I think I hadn't, so that I’ll take on that issue.

That happened in 1984 when I was part of the high school’s BKB team. We used to have training sessions every afternoon, and one day the head coach came up with the amused idea of make us jogging towards Cristo Negro Statue on Puerto de La Libertad Highway about 2 miles away and then going back to the school headquarters.

The reader must know that in El Salvador, as a third-world mentality country, safety measures have been considered like unnecessary chicken things. It was (and it still it is) common for people to walk or jog at the side or on the very border of some roads that don’t have sidewalks, without using any warning signal on their clothes (neither safety car nor motorcycle alongside). The only precaution is walking/jogging counter traffic direction, but even this elementary common sense procedure isn't always observed.

So for us, the plan sounded fun enough.

That particular afternoon was cloudy and fresh, with a light rain falling on your face outdoors, so that the road was slightly wet. We were happy and relaxed during the trip, but when we were almost reaching our goal, we must had to cross the street towards Cristo Negro Statue, watching out for moving cars.

Clearly I remember that I looked both sides and started to cross the first lane of the road, but since I saw a car approaching the next lane, I decided not to challenge my chances and stop, staying in the middle of the double-yellow line, letting the vehicle pass in order to finish crossing after.

The next ten seconds proved me wrong. Suddenly I found myself spinning throughout the air, falling out over metal sheets, bouncing several times until I finally landed on the ground and wondering what was happening to me. Then, I realized that I had been hit by a car.

Almost immediately the coach and teammates came over and checked me, asked for someone’s help and took me to the nearest hospital.

Fortunately, I didn’t get a single broken bone, my more serious injury was a wound on the scalp (I still have that 2-inches scar over my head) and curiously I never passed out, keeping conscious all the time. I don’t remember any particularly hard pain until the night fell, when all my muscles hurt while I was lying in bed.

The full recovery took about two weeks and during that time I was very worried, not by the accident but by the classes I was missing (yeah, that’s me).

Regarding the school, they covered the medical care expenses. Needless to say that, at that time, there were few laws regarding subsidiary responsibility and, certainly, there were no customary to sue institutions for negligence or allowing carrying teen students on dangerous activities. If the accident had happened today, I’m sure they would have been sued.

At the present day, I haven’t figured out how the accident could have happened. I clearly remember that I stopped where I had to. Maybe the driver thought that I was to continue crossing and, in an automatic reflection, pushed on the brake pedal causing the car got into a spin due to wet pavement or something.

I could have died but I survived.

But if I have gotten any knowledge from this experience, it'd be this: you better never go jogging on any kind of highway.

miércoles, 7 de noviembre de 2018

A student's significant letter

At the end of any school year, it’s customary that students write goodbye letters to his fellows and occasionally to some of their teachers, either to express their feelings (gratitude, apologies, nostalgia and so on) or made promises to keep everlasting memories about those good old days.

On this subject, I've never seemed like an emotional person to my students, even though I remember some of them with special sympathy. Nevertheless, I’ve preferred to look like Mr. Spock and keep myself away from any kind of tears-and-hugs sessions when the course is about to be over, not only due to personal reasons (skepticism mainly) but also for practical and safety reasons (children and teenagers could get confusing feelings about it). Very few former students can say they witnessed any kind of expression of affection of mine, and I plan to keep that way.

But regarding to those letters that I mentioned above, I can hardly remember five that have caused a strong (and silent) reaction on me, not because I haven’t appreciated or believed the rest of them, their words surely sincerely written and their true feelings. No, nothing farthest from truth. The thing is that those special letters contained something unique that caught me on, considering the context in which they were written.

Recently I received one of that kind, signed “anonymous” but easily recognizable by some references included. Among the not-very-neat grammar (to say the least), this sentence grabbed my spotlight:

You were the first person who believed in me.

Needless to say that I never expected something like that.

Surely that statement came up because, a few years ago, this teen person was involved in a little comedy that had to be shown to students and families. I remember how hard was to encourage her to perform, though her remarkable abilities on the stage.

Despite the fact that the sketch was very successful, she always showed reluctance to continue performing, and in some moment I thought I shouldn’t have pressed her that way (you know: as a teacher, you’re always at risk to overwhelm your students, no matter your good intentions).

But at the end of the day… that experience revealed itself (in her own words) as a breakpoint, something happily positive, memorable for her and inspiring for me to keep doing my best as a teacher.