lunes, 17 de abril de 2017

Un infame entre los ilustres

En enero de este año, el alcalde de Santa Tecla, Roberto d'Aubuisson Munguía, inauguró el Paseo de los Ilustres y el Salón de los Ilustres, ambos ubicados respectivamente en el Paseo El Carmen y en el Palacio Municipal Tecleño. En esos sitios hay placas y fotografías de 25 personajes célebres relacionados con la ciudad, para “ratificar la memoria histórica y la identidad cultural del municipio”, según voceros de la alcaldía.

Un ilustre es alguien “conocido y admirado por su excelencia”, y por ello no extraña que entre los elegidos estén los fundadores de la ciudad, cuyos nombres identifican también a lugares emblemáticos tecleños: José Damián Villacorta, José Ciriaco López, Manuel Gallardo, Daniel Hernández, Pilar Velásquez, así como miembros de la familia Guirola (Ángel, Eduardo y Concepción). También están dos expresidentes de la república (Francisco Dueñas y José María San Martín) y los autores del Himno Nacional (Juan Aberle y Juan José Cañas).

Fuera del ámbito político, encontramos personajes que hicieron mucho bien a sus semejantes, como la docente Margarita Durán, la religiosa Clara María de Jesús, el médico Rubén Rochi y el filántropo Walter Soundy, todos de grata y unánime recordación. Destacan también tres artistas: los escritores José Mª Peralta Lagos y Alberto Rivas Bonilla, así como el notable caricaturista Toño Salazar. Por supuesto, no podía faltar el baloncestista José Adolfo “Chorro de Humo” Pineda.

Todos los antes mencionados fueron personas de gran valía para la ciudad y el país. Salvo los expresidentes (que, por su cargo, nunca pueden estar exentos de crítica), nadie habla mal de ellos y cualquier referéndum o consulta popular validaría sus merecimientos.

¿Qué hace entonces el difunto e infame mayor Roberto d’Aubuisson Arrieta entre dichos ilustres?

El cuestionamiento no es porque este personaje haya sido líder de la ultraderecha en la década de los ochentas, cuya expresión política fue (y aún es) el partido por él fundado, Alianza Republicana Nacionalista. Ideologías aparte, ese hecho es legítimo.

Tampoco es que su inclusión en dicho homenaje sea antiética por el solo hecho de que su hijo sea el actual alcalde, pues si de veras lo mereciera no habría por qué quitarlo por causa del parentesco.

Incluso, si nos vamos a lo estrictamente legal, el solo señalamiento de haber sido parte de la conspiración para asesinar a Monseñor Romero (que consta en el Informe de la Comisión de la Verdad), así como la vox populi que lo vincula con las actividades de exterminio selectivo de los “escuadrones de la muerte”… técnicamente no bastarían para quitarle la presunción de inocencia, pues nunca fue encausado formalmente por estos delitos. Otra cosa es el juicio moral de gran parte de la población, que si bien en este caso es extrajudicial deberían haberlo tenido en cuenta.

Y no obstante... lo que sí consta en cientos de testimonios, incluso vertidos judicialmente, son las masivas violaciones a los derechos humanos cometidos por los cuerpos de seguridad de los regímenes militares de Molina y Romero, en la década de los setenta en las cárceles del sistema. Toda esa actividad de terrorismo de Estado fue coordinada por la Agencia Nacional de Seguridad Salvadoreña (ANSESAL), bajo la dirección del finado Mayor.

Así pues... solo en la torpe mentalidad de sus partidarios, quienes al interior de su partido lo veneran casi religiosamente, pudo gestarse la retorcida idea de incluirlo en una lista de tal calibre.

Lo más triste es que la manía de venerar infames trasciende las fronteras partidarias e ideológicas, pues del otro lado también encontramos pleitesías y veneraciones que dan pena, propia y ajena.

viernes, 14 de abril de 2017

Cinco sinrazones de "Por 13 razones"


Transcripción de la 22ª emisión de RFG TV

¡Hola! Hoy les voy a comentar cinco sinrazones de "Por 13 Razones"

Recientemente se estrenó por Netflix la serie Thirteen reasons why o Por trece razones, basada en el best-seller de Jay Asher, publicado hace una década.

La trama es que Hannah Baker, una estudiante adolescente suicida, grabó 6 cassettes y medio antes de cortarse las venas, en donde culpa específicamente a 12 personas de quitarse la vida. La cuenta de 13 se ajusta porque una de ellas es doblemente responsable.

El paquete de esas grabaciones debe ser escuchado por cada una de estas personas señaladas y luego pasárselo al siguiente de la lista, con la amenaza de que, si no lo hacen, hay otra persona que tiene en custodia una copia de todo ese material, con el mandato de hacerlo público si alguien rompe la cadena.

En este video voy a comentar mis impresiones sobre la serie, que pese a su éxito de audiencia… no son muy favorables. Al igual que las demás opiniones expresadas en mi canal, no tienen la pretensión de que alguien tenga que coincidir a fuerza con ellas, pero sí trato de darles algún fundamento para que no sean tan antojadizas.

Pero antes de enumerarlas, debo decir algo importante a nivel personal. La experiencia del suicidio la padecieron cuatro personas a las que conocí en diferentes momentos de mi vida: un compañero de colegio, un amigo muy querido en la universidad y dos estudiantes adolescentes en diferentes edades. Por eso, por lo que sé y por lo que me afectó, creo que puedo hablar del tema no sólo desde una perspectiva teórica.

Primera sinrazón: culpar a otros del suicidio de alguien.

El suicidio es una decisión íntima, personal, que -por cruel que pueda parecer decirlo- no depende tanto de las circunstancias objetivas como de la imposibilidad subjetiva o psicológica de la persona para lidiar con dichas circunstancias, y eso lo admite hasta la misma protagonista, Hannah, en los capítulos finales.

Claro que hay personas que pueden haberle hecho daño (con o sin intención) a quien se acaba suicidando, pero no hay una relación automática de causa y efecto que establezca que “esta situación o este daño tiene que acabar en suicidio”. Es más: lo que para alguien puede ser una causa para el suicidio, para otra persona puede ser un motivo para fortalecerse y seguir luchando.

De lo que se debería tratar aquí no es de repartir culpas como una venganza personal, o como si el mundo tuviera la obligación de girar a tu alrededor, sino de fortalecer el carácter para poder hacer frente situaciones difíciles.

Segunda sinrazón: da igual cómo sean tus padres

Veamos: mejores padres que los de Hannah, la protagonista, no puede haber. Son dedicados, comprensivos, amorosos, siempre tienen una palabra de ánimo, están dispuestos a escuchar… incluso hasta en las llamadas de atención sanciones son tolerantes, respetuosos y equilibrados.

¿Y de qué sirvió eso? De nada, porque Hannah nunca buscó apoyo, consejo ni ayuda en su papá y su mamá, que son al final los más castigados por la tragedia. Y no es porque ellos no estuvieran dispuestos a dársela, ni porque estuvieran pendientes “sólo del negocio”. ¡No! Es porque ella, al igual que muchos otros adolescentes, los mantuvo siempre al margen y jamás se dejó ayudar.

Tercera sinrazón: banalizar los factores de llevan a un suicidio.

Seguramente este es el punto más débil y más notorio de la serie, y lo que más comentarios negativos ha provocado.

Con una lista de 13 razones, y dedicándole un capítulo a cada una, se les da la misma jerarquía a todas, desde las más serias hasta las más banales. Todas quedan al mismo nivel.

En un rápido recuento, de esas 13 “razones”, está claro que hay 3 situaciones muy graves (dos de abuso sexual y un accidente no reportado que provoca una muerte). Hay otras 3 más o menos graves, relacionadas con fotografías inapropiadas. Pero hay otras 4 bastante triviales, bromas de escuela que si bien son incorrectas también son bastante comunes y para lo único que sirven, en la serie, es para dejar ver un carácter de “drama queen” y de sobrerreacción de Hanna.

Luego, hay otras 2 en donde los supuestos “culpables” (Clay y Mr. Porter) realmente no lo son, pues la situación fue echada a perder por la propia protagonista. E incluso hay otra, la del poema divulgado, que solo ella, en su psique oscura, la ve como negativa.

Claro, alguien puede decir que no son los hechos individuales sino el conjunto de ellos lo que la llevó al suicidio, pero entonces volvemos al punto anterior: la clave está en la capacidad de cada persona para lidiar con esas circunstancia, su inteligencia intrapersonal, su fortaleza espiritual o de carácter.

De hecho, si lo piensan bien, hay otros personajes, como Justin y Jessica, que tendrían tantas o más razones que Hannah para suicidarse… pero reaccionan diferente. Y si seguimos la “lógica” de Hanna, ella vendría siendo la principal culpable de que Alex Standall se pegue un tiro en la cabeza. Y así, no llegamos a ninguna parte.

Por series como esta y por no tener claro este punto es que, cuando hay un suicidio, no faltan titulares sensacionalistas y superficiales como “adolescente se suicida porque la dejó el novio”, “joven se suicida porque discutió con sus padres” o “estudiante se quita la vida porque reprobó una materia”.

Cuarta sinrazón: querer justicia sin denuncia

En el capítulo final, cuando Hannah dice que va a “darle una última oportunidad a la vida”, acude al consejero escolar en busca de ayuda.

No me puedo imaginar a alguien más sensible a los problemas juveniles y mejor capacitado para tratarlos que Mr. Porter. Pese a la reticencia inicial de ella, él logra establecer comunicación y que ella cuente parcialmente lo que le ocurrió, que fue una agresión sexual por parte de uno de sus compañeros de clase.

Mr. Porter actúa muy profesionalmente y además de mostrarse empático y ofrecerle apoyo, le aclara las dos opciones que ella tiene: una, dar el nombre del agresor y denunciar el hecho a la policía, a lo cual él mismo está obligado como consejero escolar; o dos, si no hay suficiente evidencia incriminatoria o si el hecho no está claro, hacerle ver el peligro de una denuncia sin fundamento y que en ese caso es mejor abstenerse de hacerla.

En este punto hay que tener mucho cuidado, porque seguramente van a salir diciendo “¡hey, pero sí hubo agresión!”. Y sí, eso lo sabemos los espectadores porque vimos las escenas que así lo muestran, pero desde el punto de vista legal y en la posición del consejero, en el contexto del sistema de justicia estadounidense, si la propia víctima no aporta la información suficiente (ni siquiera su testimonio “a no ser que se le garantice 100% que el agresor será condenado”), ¿cómo se le puede apoyar o ayudar institucionalmente?

Alguien dirá “es que el consejero debió insistir”, ajá, pero es que Hannah salió molesta y a toda prisa de la oficina, sin dar tiempo a nada más porque esa misma noche procedió a suicidarse.

La lógica de Hannah es: “tengo la firme determinación de suicidarme, y como usted no me detiene, entonces usted es el culpable”. ¿Qué sentido tiene eso?

Quinta sinrazón: mandar al carajo a quien te quiere

Es evidente, desde el primer capítulo, que el chico Clay está enamorado de Hanna y que el sentimiento es recíproco, pero ambos no se atreven a aceptarlo ni a decírselo mutuamente. Y en cuanto a la visión negativa que Hannah tiene del género masculino, también está claro que Clay “es diferente”, pues respeta a Hanna como persona en toda su integridad.

¿De qué sirvió esto? De nada.

Porque en el momento en que se va a realizar el encuentro amoroso de ambos, Hannah sufre un ataque androfobia (es decir, repulsión a los hombres). Entonces empuja y le grita a Clay “vete al carajo”. ¿Y qué hace él? Pues exactamente lo que debe hacer: irse, en atención a la exigencia de Hanna, respetando su rechazo.

Pero cuando ella narra posteriormente la experiencia en su cinta grabada, le dice a Clay “¿por qué te fuiste, por qué no insististe, por qué no te quedaste?”. Y por eso ella lo culpa y lo pone en las cintas.

Así no se puede.

En conclusión, me parece muy bien que se ponga sobre la mesa el tema del suicidio, que se hable y que se debata sobre ello, aunque esto debería hacerse desde una perspectiva un poco más madura y profesional de la que se presenta en esta serie, la cual puede ser, en todo caso, un punto de partida.

Pero si quieren mejores opciones para tratar el tema del suicidio, mejor busquen la novela corta “Werther”, de Goethe, y en cine, “La sociedad de los poetas muertos”, protagonizada por Robin Williams.

Nada más tengan cuidado de que la trágica belleza de estas obras no los vaya a seducir, porque esta vida es lo único que tenemos y hay que aprovecharla sin caer en semejantes depresiones.

Ah, y si necesitan ayuda... ¡búsquenla!


Posdata: Como bien dijo una comentarista en mi "post" de FB, Hannah presenta un comportamiento patológico, y de ahí mi punto con las "sinrazones": que la serie presenta esa visión enfermiza como algo normal, "ok, cualquier chico/a reaccionará de la misma forma". Claro que dentro del esquema de percepción distorsionada de Hannah, todo tiene "lógica", pero lo perjudicial de la obra es que legitima ese enfoque un tanto retorcido.

sábado, 25 de marzo de 2017

Una satisfacción muy especial

Escribo estas líneas todavía emocionado porque mis chicos/as del ESJ lograron el primer lugar en el IX Certamen Intercolegial de Debate, organizado por la Escuela Superior de Economía y Negocios.

Si bien en 2010 ya se había ganado este certamen, en aquella ocasión apenas di un par de consejos la tarde anterior, pues la iniciativa de participar y la preparación misma estuvo a cargo de los propios participantes, una de ellas mi ahijada.

En los años siguientes, me limité a transmitir la invitación a estudiantes que mostraron interés en el evento, pero objetivamente no tenía disponibilidad de tiempo para ayudarles en su preparación, así que fueron sin mayor tutoría, igual que sus predecesores.

Recuerdo particularmente a un grupo de excelentes estudiantes de esa época que, pese a sus habilidades académicas y de expresión, no logró llegar hasta la Final Four. Este síntoma y otros indicadores me hicieron ver que año con año el nivel de dificultad del evento había ido aumentando, pues cada vez eran más los equipos que se preparaban con respaldo institucional y con mayor anticipación.

Entonces vi que no era justo enviar participantes que, aunque fuesen capaces y entusiastas, no tuvieran el debido apoyo, pues estaban en franca desventaja.

Afortunadamente, esta tesis encontró eco en la dirección del ESJ y así, a finales de 2014, iniciamos el primer proceso organizado para conformar y preparar un equipo que cumpliera las expectativas que naturalmente genera una institución de consolidado prestigio académico.

Con ese equipo que participó en el Certamen 2015 (formado por Sonita, Pablo, Paola y Jackie) logramos un meritorio tercer lugar y su experiencia de aprendizaje fue muy significativa, más allá del galardón obtenido.

En la edición 2016, un equipo tan bueno como el anterior pero con características marcadamente distintas (Marcelo, Jenny, Mario y René) alcanzó el segundo lugar. Aquí incorporamos por primera vez, en cierto momento, a dos redactoras auxiliares: Amalia y Fátima. Valoramos favorablemente todo el proceso, pero como en toda competencia quedó esa micro espinita de que pudimos haber ganado.

Y así llegó 2017, cuando hicimos los ajustes necesarios para capitalizar las experiencias de los años anteriores. Este equipo tuvo a Hugo, Denisse, Betsy e Ivonne, todos de cualidades excepcionales tanto en la expresión como en la investigación y organización del contenido. A ellos sumamos el singular talento discursivo de Murcia, así como la colaboración de Paty como redactora auxiliar.

La cuota de sacrificio invertida en esta participación fue grande, como la de años anteriores, y de la misma forma, desde antes del último día de competencia, la satisfacción estaba asegurada por el hecho de estar entre los cuatro finalistas y haber logrado aprendizajes importantes. Claro que en una competencia de este tipo es bonito ganar, pero nuestra mentalidad explícita fue valorar la experiencia más allá del resultado.

¡Pero ganamos!

Y ese logro, además de la alegría por el premio, tiene una satisfacción muy especial, que me interesa compartir.

La dinámica del certamen es así: acerca de un tema asignado hay dos posturas opuestas, las cuales deben ser preparadas por los equipos participantes y, justo antes de comenzar el debate, se sortea qué postura defenderá cada cual, con independencia de la opinión personal de cada uno de los debatientes.

He aquí lo interesante: cada uno de los contendientes va entendiendo que existen las opiniones contrarias, y que estas tienen ciertas bases y fundamentos que deben ser estudiados y rebatidos con argumentos sólidos. El resultado es necesariamente educativo, pues no hay lugar a fanatismos ni intolerancias.

Y no obstante, a veces aparecen ciertos temas que tocan la sensibilidad y chocan con ciertos valores personales adquiridos o en formación… como ocurrió en esta ocasión.

¿Cómo proceder entonces?

Luego de meditar bien el tema decidimos que, si nos tocaba defender esa postura que no encajaba con historias familiares y valores institucionales, teníamos que buscar una manera de ser coherentes ante todo con nosotros mismos, manejando con mucha precisión y pinzas quirúrgicas los argumentos que nos permitieran sostener el debate con solidez pero sin traicionarnos, siendo al mismo tiempo conciliadores y propositivos.

¡Y vaya que lo logramos!


viernes, 10 de marzo de 2017

El dibujo como herramienta de evaluación

En el ámbito educativo, una de las cosas más temidas por los estudiantes son, sin duda, las pruebas objetivas o exámenes escritos; sin embargo, estos también son un suplicio para el docente, cuando tiene que calificar, responsablemente y con objetividad, cientos de papeletas bajo presión, labor que puede tomar varias horas de jornada extralaboral e incluso de sueño.

A partir de la observación y mi propia experiencia, estoy convencido de que existe una relación inversamente proporcional entre el tiempo que uno dedica a confeccionar el examen y el tiempo requerido para calificarlo.

Aunque no es una receta de aplicación mecánica, es deseable que un buen examen escrito combine diferentes formatos de pregunta (por ejemplo: opción múltiple, pareo y desarrollo). Para elaborarlo, yo necesito generalmente dos horas, los estudiantes tardan entre 20 y 30 minutos en resolverlo, mientras que la revisión me toma aproximadamente 90 segundos por papeleta (una hora por cada sección de 40 estudiantes, revisando una sola pregunta a la vez, en una misma pasada por todas las pruebas, a fin de estandarizar el criterio de corrección).

En casi tres décadas de carrera docente, he utilizado -con sus más y sus menos- ítems de todo tipo, y creí que no había más por innovar hasta que un buen día se me ocurrió explorar el dibujo como herramienta de evaluación de contenidos… con estudiantes que no tienen ninguna formación en las artes gráficas.

Y creo que está funcionado.

En mis exámenes recientes, siempre hay un ítem en donde, en vez de pedirles a los chicos y chicas que describan una escena específica del libro que les dejé a leer, les doy un espacio para que la dibujen.

¿Pero qué pasa si, como buenamente les digo, “el dibujo no es su fuerte”?

Para que este recurso sea válido es importante tener claros los criterios bajo los cuales se califica. El más importante (digamos, dos tercios) es que estén representados todos los elementos importantes de la escena, mientras que el tercio restante se da por la estética visual y el esmero puesto en él, aunque el dibujo sea “de palito”.


¡ALERTA DE SPOILER!


Me explico mejor con este ejemplo del examen sobre Júpiter, de Francisco Gavidia, puesto aquí con autorización de su autora, Karina H.

El contenido está completo: Celis yace muerto en el calabozo, mientras su hija Blanca queda horrorizada por este descubrimiento y Júpiter se suicida, incapaz de soportar la culpa del asesinato cometido contra el padre de su amada imposible (de cuyas intenciones de entregársele para salvar al prócer preso se entera demasiado tarde).

Y, aunque la dibujante no cultive sistemáticamente este arte, se ha esmerado para lograr que la pequeña obra gráfica se vea bien y transmita la idea con algún sentido estético.

Como este, hay muchos otros dibujos que merecieron todos los puntos en juego. Y, ciertamente, calificarlos me resulta mucho más rápido y entretenido, sin que por ello el ítem pierda validez.

martes, 28 de febrero de 2017

Así reaccionamos, Gustavito.

Murió Gustavito, el hipopótamo del Zoológico Nacional.

Según informaron las autoridades, entre la noche del martes 21 y la madrugada del miércoles 22 de febrero de 2017, un grupo de personas no identificadas ingresó furtivamente al lugar de cautiverio y atacó a Gustavito con objetos punzocortantes y condundentes. El pobre animal quedó en agonía hasta que finalmente murió la noche del día 26, a consecuencia de las graves lesiones que le fueron infligidas con varillas metálicas, piedras, machetes y picahielos.

Al momento de redactar esta nota, aún no se conocen las motivaciones de tan brutal acto y la Policía Nacional Civil no ha reportado capturas; sin embargo este día se conoció otra versión de los hechos, dada por el sindicato de Secultura, hipótesis según la cual Gustavito tenía más de dos semanas de estar muy enfermo, tan débil que sufrió varias caídas y heridas en su recinto. Esto apuntaría a negligencia y descuido como causas de la muerte.

A la espera de que se esclarezca el hecho, la tristeza y la indignación han sido las principales reacciones percibidas, tanto las conversaciones cotidianas como en redes sociales.

La necesidad de supervivencia justifica dar muerte a animales para comerlos o para defenderse, incluso para sacrificarlos a supuestas deidades en tiempos arcaicos; sin embargo, la especie humana es la única que tortura y mata a otros seres vivos por placer, diversión o entretenimiento, y para ello ha creado rituales y espectáculos socialmente aceptados, como el deporte de la cacería, la tauromaquia y las peleas de gallos o perros.

Pero si Gustavito fue atacado así como dijeron al principio, sería un escalón más.

De ser así como ocurrieron las cosas, resulta inconcebible cómo puede haber gente tan enferma de la mente como para cometer este acto de crueldad con una criatura en cautiverio, atacada a traición sin otro propósito más que regodearse en el sufrimiento y acaso enviar un mensaje social de matonería, terror y desprecio por la vida animal.

En cualquier caso, a partir del abominable hecho comenzaron a verterse expresiones, poses, enfoques y “razonamientos” de muy amplia gama, y es en algunas de esas corrientes donde el malestar se amplifica y acentúa.

Una primera línea de comentarios impertinentes es la de ciudadanos/as dizque “conscientes de la realidad”, que emiten opiniones de censura contra quienes expresan su dolor y cólera por la tragedia de Gustavito, porque según ellos callan o ignoran las tragedias cotidianas que se viven en el país más violento del mundo.

Esta pose intelectual-humanista parte de un supuesto equivocado, pues quienes han exteriorizado su repudio por la agresión al hipopótamo no lo hacen porque ignoren las desgracias de un país tan miserable con sus habitantes humanos, o porque la vida de un animal les parezca más valiosa que la de una persona, sino porque este acto tan vil representa un nuevo nivel de maldad, que se extiende más allá de la conocida vorágine de bajos instintos.

El estupor nace de un legítimo “por si no bastara con aquello, ahora viene esto”, pero eso no lo comprenden los que se autoerigen como administradores del dolor ajeno.

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La segunda vertiente es la de quienes quieren hacerse los graciosos con comentarios idiotas. Ojo: no niego que sea posible soltar una frase desestabilizadora y original con algo de humor negro, aún en momentos delicados o incluso inoportunos (lo cual suele ser un recurso de distanciamiento como mecanismo de defensa); pero lo visto y oído dista mucho de tener algún tipo de ingenio y sí, en cambio, demasiado de insensibilidad.

Hasta para hacer el tonto hay que tener gracia.

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Un tercer caudal es la de los sesudos analistas sociopolíticos, ases de las neuronas para descubrir ocultas teorías conspirativas. Para estos genios geniales, el ataque a Gustavito es una cortina de humo (¿qué no lo es?) para ocultar siniestros planes de personas o instituciones que quieren ocultar cosas inconvenientes. Su único argumento es la tremenda falacia de “¡es cierto porque es posible!”. Nadie se explica, no obstante, cómo esta clase de inteligencias aún no han migrado a Hollywood, donde podrían encontrar puesto como guionistas de películas B.

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Sin demeritar los ángulos anteriores, lo que realmente mueve al asco es el oportunismo de los politicastros de la Guanaxia Irredenta, quienes aprovechan esta muerte para aparecer como redentores enarbolando banderas tan populares como demagógicas, proponer duras leyes salvíficas o simplemente atacar a sus enemigos partidarios, con genuina vocación de haters.

Tema aparte es el amarillismo de quienes divulgan “las fotos de Gustavito que Secultura no quiere que veas”, como si ese morboso espectáculo de carne y sangre contribuyera en algo a la investigación del hecho, la sensibilización ante el maltrato animal y la prevención de ataques similares.

Así pues, con ese tipo de reacciones, lo más triste de la muerte de Gustavito va a ser que ni siquiera vaya a servir como punto de inflexión para cambiar ni mejorar nada.