viernes, 4 de abril de 2008

Sousa y el guineo

No recuerdo cuántos años tenía cuando, de niño, ya escuchaba cantar la tonada aquella de “¿quién te dijo que pelaras el guineo, viejo feo, barrigón?” sobre fondo de una marcha de banda de pueblo. La pieza ya pertenecía a la cultura popular e incluso estaba grabada, con esa letra y no otra, en una “ensalada” o “medley” de una orquesta tropical salvadoreña de la década de los sesenta (si no me equivoco, dirigida por el célebre músico Paquito Palaviccini). Siempre sospeché que ese gesto espontáneo, fiel reflejo de nuestro intrínseco espíritu guasón, debía basarse en una obra clásica, pero nunca hasta hoy supe en cuál; de hecho, en los discos locales donde aparecía, invariablemente se titulaba así, “El guineo”, y uno de niño huía naturalmente del hiato apegándose a la norma lingüística local, pronunciando “el guineyo, viejo feyo”.

Ahora, ya adulto, me ha desvelado la duda esencial: ¿cuál es la marcha original en la que se basa el cantito? Después de muchas semanas de angustia por lo infructuoso de la búsqueda, pláceme anunciar a un tiempo la recuperación del sueño reparador y el feliz resultado de mis pesquisas. Tras copioso interrogatorio a que fueron sometidos varios músicos de la Orquesta Sinfónica nacional, uno de ellos, el flautista (pero no de Hamelin), tenía el conocimiento y la información exacta: “El guineo” no es sino la pieza titulada “National emblem march”, de John Philip Sousa, el mero rey del género marchístico.

En todo esto, yo veo dos elementos incuestionables:

a) la histórica identificación de la cultura de la gente sencilla con el ideario de la gran nación del norte, pues desde hace décadas tenemos como propia una marcha ligada a la simbología patria norteamericana.

b) la protesta social: sin duda, el viejo feo barrigón a quien se le reclama haber pelado el guineo no es otro sino el mismo Tío Sam, representado en los dueños de las empresas transnacionales, para quienes nuestros países sólo significan terrenos de explotación y provisión de materias primas a costos risibles que les permiten pingües beneficios. Aquí, la denuncia del intervencionismo imperial es tácita y, por lo tanto, más contundente.

Por cierto, aquí pueden escuchar el trocito en cuestión. ¡Buen provecho!