jueves, 16 de diciembre de 2010

Encontrados

Dándole valor al ocio absoluto y evitándome un viaje extra, laptop en piernas esta tarde vi "It's a wonderful life" (1946), motivado por su notable 8.7 en Imdb.com que la acredita como del top-top en dicho ranking. Ambientada en Navidad, la protagoniza James Stewart en el papel de George Bailey, un auténtico Pan de Dios que, no obstante su incontenible bondad, vive secretamente insatisfecho por haber pospuesto eternamente sus proyectos de realización personal en aras de ayudar a las demás personas. Caído en desgracia y extremo desánimo por una fortuita e injusta situación, le es enviado como ayuda un ángel (más bien un proyecto de ángel), quien logra recuperarlo para la vida mostrándole qué sería del mundo y de sus seres queridos de no haber sido por sus acciones. Al final, se manifiesta en su plenitud aquel axioma fundamental: "dando es como recibimos", lo que posibilita que todos acaben felices y abrazados cantando villancicos.

En contraparte, me llama la atención cómo otro autor, Arthur Miller, siempre norteamericano y casi en la misma época, planteó justamente lo contrario: el doloroso triunfo de la ingratitud, la tragedia de quien creyó erradamente en los valores de aquel sistema. Me refiero a "Death of a Salesman", obra teatral de 1949 cuyo texto leí en el colegio y a cuya versión televisiva de 1985 (con Dustin Hoffman y John Malkovich) le calza perfecto el adjetivo de patética, es decir, "que es capaz de mover y agitar el ánimo infundiéndole afectos vehementes, y con particularidad dolor, tristeza o melancolía".

¡Pocas veces tan cierto como en este contrapunto fílmico aquello de los cristales y los colores con que se mira la vida!