miércoles, 2 de noviembre de 2011

De la sobria o la angustiosa nostalgia

Contra las enseñanzas de la niñez y adolescencia -o, al menos, lo que de ella creía haber entendido- pronto aprendí en la universidad que el tema no hace al arte, sino la forma, su elaboración técnica, el hábil manejo de los recursos específicos.

Así, desde la poesía revolucionaria de la Generación Comprometida hasta los textos más rebosantes de valores humanos, todo pasó a depender de qué tan buen escritor fuera fulano o sutana, una revelación que había estado allí siempre, tanto como elevar a las alturas estéticas una canción en una voz privilegiada, o hacerla trizas entre el destiemple y la desafinación.

Traigo a cuenta esto porque descubrí una misma historia en dos canciones distantes: una elevada y poética, en estilo indirecto, reservada y que evoca cierta simpatía; la otra melodramática, muy pegajosa pero rastrera y hasta cierto punto enfermiza, situación que de solo imaginársela da pavor.

En ambas se cuenta que un tipo va y acude espontáneamente a la casa de su ex novia, llevado por la nostalgia y el deseo implícito o explícito de recuperar ese amor, cosa que por una u otra causa ya es imposible. La diferencia está en los modos de expresión, que cambian esencialmente la vivencia.

La primera pieza es “Pasaba por aquí”, original de Luis Eduardo Aute. Examinemos parte de la letra y oigámosla en la versión de Pedro Guerra encontrada en YouTube (ojo: tarda 13 segundos en comenzar a sonar).

La hora fue, sin duda,
lo que me hizo subir
al ver aún encendida
la luz en la ventana de David.
No pienses que te espío,
no llego a ser tan ruin.
Es torpe que tú creas
que quiero sorprenderte en un desliz.
Y bien... ¡qué tontería!
No soy nada sutil.
Si yo sólo pasaba,
pasaba por aquí, pasaba por aquí.
Ningún teléfono cerca
y no lo pude resistir,
pasaba por aquí.

Yo la encuentro sublime

Ahora pongámosle atención a la segunda: “Mi vida eres tú”, de Rudy La Scala, con su respectivo video en "modo sucio" pero con buen audio.

Perdona, es que yo caminaba por aquí
y en tu alcoba vi la luz.
Perdona mi actitud, quizá debí llamar
y no presentarme así.
Perdona: la ocasión así lo decidió
y de vuelta estoy aquí.
Creo que me equivoqué. ¡Qué bella que te ves!
¡Ya no puedo seguir!
¡Mi vida eres tú y solamente tú!

(Tratando de explicar
su mano le tomé
y la intenté besar).

¡Mi vida eres tú y solamente tú!
¡Abrázame y verás
que aún en nuestro ser
hay fuego que apagar!

¡Qué cosa más patética!