domingo, 11 de agosto de 2013

Juventud 75

Más de treinta años después, no sé decir con total exactitud qué fue el grupo “Juventud 75”: un coro de iglesia, un conjunto de amigos, un lugar recreativo, un centro de reflexión, una plataforma artística…

Quizá tuvo un poco de todo.

Lo que no sé si haya tenido es un documento formal de constitución, aunque sí algún reglamento indicando tener 15 años de edad y ser invitado por un miembro del grupo como requisitos para ingresar.

Sé que fue fundado en 1975, quizá por el padre Peralta, sacerdote que por muchos años fue director del colegio salesiano “Santa Cecilia” de la ciudad de Santa Tecla, más conocido como “el padre Queiquito” del Chaleco.

Supongo que el objetivo de J-75 coincidía, en general, con una de las visiones salesianas más sencillas acerca de los jóvenes: es preferible reunirlos los sábados por la tarde y en la misa dominical, en lugar de que anden en otras actividades insanas.

Dos de mis hermanas mayores estuvieron en algún momento en el grupo, en la que seguramente fue su época de esplendor, en los primeros años de su existencia. De esa etapa, recuerdo que se puso en escena “Jesucristo Superestrella”, la versión española de la ópera rock de Andrew Lloyd-Webber y Tim Rice, protagonizada por Camilo Sesto, Teddy Bautista y Ángela Carrasco. En la ocasión más memorable, se hicieron algunas canciones en vivo, con los buenos elementos de aquella época; en las demás, se hizo con fonomímica.

(Tema aparte es preguntarse si la gente habrá captado que esta obra es una dramatización libre y muy humana de los personajes de la historia sagrada, con especial énfasis en las motivaciones y cuestionamientos de Judas, herejías para los ortodoxos.)

Por mi parte, yo viví un periodo un tanto errático del grupo, entre 1982 y 1985, porque mientras unos íbamos motivados por la música y el coro a cuatro voces, otros iban por el lado de la entretención con dinámicas de grupo y aun había quienes se decantaban por algún tipo de formación espiritual, visitas a asilos y actividades afines. En esa época el cura a cargo era el padre Luis Mangana. Teatralmente, en ese periodo lo que se hacía eran parodias con fines de entretenimiento y recaudación de fondos para fines asistencialistas. Incluso tuvimos alguna fiesta de disfraces, amenizada por nosotros mismos.

Para mí, esa fue una etapa donde pude ejercitar los arreglos y dirección musical, socializar, aprender y corregir en algo mi muy mal carácter (¡sí, entonces era peor!), ocupar en actividades inocuas mis fines de semana y discutir por cosas que entonces me parecían importantes.

Desconozco cuándo y por qué dejó de existir “Juventud 75”, pero creo que no llegó a ver los noventas. Tengo la impresión de que los miembros que estuvieron en esa primera etapa (finales de los setentas) guardan los mejores recuerdos del grupo. En todo caso, lo importante es lo que fue y la nostalgia que en muchos aún despierta.