miércoles, 30 de enero de 2008

Sí... pero no.

Con la debida cautela, fui a ver “Sobreviviendo Guazapa”, anunciada como "cine salvadoreño" a partir de un fuerte respaldo publicitario. Ya había leído un par de críticas y comentado con mis colegas Fidel y Napo, espectadores previos cuya opinión suele ser interesante, pero en este tipo de cosas uno no puede fiarse completamente de los comentarios externos y tiene que verlas por uno mismo. He aquí, entonces, mis apuntes.

Digo "sí", porque:

- Hay una trama sencilla (elemental y un tanto exigua quizá) que mantiene cierto interés por continuar viendo la obra hasta el final.
- Tiene un par de diálogos y situaciones divertidas.
- El sonido y la musicalización son bastante buenos.

Pero digo "no", porque:

- No es cine, sino vídeo de mala calidad técnica: se alcanzan a ver los pixeles en pantalla, el recuadro teórico excede la zona visible (algunos créditos incluso aparecen cortados), la proyección está deformada (estirada a lo ancho) y, a partir de la segunda hora de proyección, la desmejorada nitidez de la imagen vuelve tortuoso el esfuerzo de verla.

- El giro principal de la trama concreta carece de verosimilitud escénica: dos tipos enemigos a muerte que en unos cuantos minutos ya son grandes “cheros” y están armando el viaje juntos para los “yunais”; nada que ver con un proceso de transformación bien elaborado, como en “Enemy mine” (1985).

- Algunas expresiones del lenguaje coloquial se repiten innecesariamente hasta volverse monótonas (incluso en el “trailer” o “extra”; por cierto que éste y el afiche son mejores que la película).

- Hay muchas situaciones absurdas o inexplicables: otro soldado y otro guerrillero que patrullan zonas bélicas ellos solos, como a kilómetros de distancia de sus compañeros de armas, pese a que por ahí cerca andan ellos y a cada momento se los encuentran; tipos que caminan sobre hojas resecas luego de una noche de tormenta; serias heridas de bala que sanan en cuestión de minutos; señoras que abren la puerta de su casa y abrazan a una niña perdida, sin siquiera ver al tipo que está a pocos metros enfrente y la llegó a dejar; etc.

- Lo más grave: se simplifica hasta lo trivial un hecho histórico tan complejo, doloroso y traumatizante como fue la guerra civil.

Al conocer el esfuerzo económico que supuso hacer “Sobreviviendo Guazapa”, no puede uno menos que recordar y comparar lo que el entonces desconocido Robert Rodríguez pudo hacer con la décima parte de dinero en “El mariachi” (1992). Así, resulta evidente que en el inexistente cine salvadoreño no es el dinero el principal impedimento: lo que faltan son ideas y criterios, creatividad y oficio.