sábado, 25 de abril de 2009

Literalmente extraño

En esa multitudinaria mezcla coral del miércoles y jueves pasado estaba Diana, así que nuestra presencia parental en el público era indispensable. Como tengo asumido que la ejecución y sobre todo la apreciación de la danza no es lo mío, mi atención iba a concentrarse en la orquesta sinfónica nacional y, por supuesto, en los cientos de voces de la pieza principal, "Carmina burana", cuya majestuosidad se limita (con perdón) a la invocación de entrada y salida. La coordinación de más de doscientas personas sobre el escenario en tres órdenes artísticos distintos acabó imponiéndose a un público que no tenía la obligación de conocer el contenido de las rimas y mucho menos de la "narrativa" dancística. Eso sí: de ahí a que Orff pretenda convencerme de que su idea musical es adecuada para unos cantos profanos que celebran la vida y la naturaleza, hay un diámetro planetario de distancia: casi nada audible resulta más escalofriante y descorazonador que el supremo y diabólicamente bello coro de "O Fortuna / velut luna / statu variabilis". Así pues, contra la ortodoxia y a riesgo de que los maestros pongan el grito en el cielo, considerando que los textos están en dialectos medievales, lo que yo realmente extrañé y eché de menos fue... ¡un buen proyector con los subtítulos!