domingo, 20 de febrero de 2011

24 horas "offline"


Aprovechando la coincidencia de varias circunstancias, el pasado sábado por la tarde emprendimos un viaje recreativo al Restaurante “La Cascada” (que en algún sitio aparece como "estancia agroecoturística", teléfono 2417-8986, valga el dato) camino a Jujutla en el departamento de Ahuachapán. Dos son las gracias del lugar: la primera es la cascada en sí, que según el joven guía que nos llevó se llama simplemente “La Cascada”; la segunda son las cabañas donde pasamos la noche, contenidos en uno de esos bonitos alojamientos de ladrillo de barro y madera, donde hay paisajes y aire de montaña en todas direcciones.

Descender hasta –y especialmente subir desde- el fondo de la barranca donde está el atractivo primero requiere de cierta condición física (en mi caso, al menos de su recuerdo). Ya frente a este pequeño salto del veinticinco metros en el cauce fluvial, despierta ese indescriptible elemento primigenio que nos liga a la tierra misma, a su folclore, su nostalgia y su lejanía desde el bullicio citadino. En ese lugar elemental, todo parece tan simple y, si no fuera por los peligros de la noche selvática, dieran ganas de quedarse allí por más del breve tiempo que el itinerario nos permitía.

Del resto del viaje solo diré que Ataco supera muchísimo en atractivo a Apaneca y a Izalco, y que los mayores peligros automovilísticos estuvieron precisamente en tres elementos puestos y creados para reducir riesgos: primero, un túmulo del tamaño de un muro en Salcoatitán; segundo, un zigzag policíaco que a los muy vivos se les ocurrió colocarlo en una curva con pendiente; y tercero, ya de regreso y siempre en Salcoatitán, un túmulo normal pero sin ninguna clase de señalización, que a 80 kilómetros por hora no es ni gracioso ni salvífico.

De regreso en casa, compruebo en mis estados físicos y mentales cuán saludable fue la experiencia de estar offline durante veinticuatro horas, ¡que uno a veces extraña cómo era el mundo de antes de la tecnología!