Un día de estos, en un evento donde unos niños llevaban velas encendidas, vi algo revelador de la crianza contemporánea. Algunos papás y mamás, para evitar que una gota de cera caliente les cayera en la mano a sus criaturas, habían incrustado las velas en platos y vasos de durapax… que es un material altamente inflamable y tóxico.
Es decir: para evitar una molestia mínima y pasajera, crearon una situación de riesgo mayor, queriendo eliminar cualquier incomodidad de la infancia, aunque sea a costa del sentido común.
Los que crecimos en otras generaciones recordamos que una gotita de cera accidental era parte de la experiencia y, en ocasiones, hasta un reto de valentía. Nadie terminaba traumatizado ni hospitalizado por eso.
Ahí van a disculpar, pero veces pareciera que están criando niños incapaces de tolerar el más mínimo malestar o lidiar de manera pragmática con estas cosas, mientras los adultos pierden la capacidad de distinguir entre un riesgo real y una simple incomodidad.

