viernes, 16 de febrero de 2007

FM Trova... ¿algún día?

La primera radio que se puede hallar en el nuestro dial está en la marca de 88.5 FM y la última en 107.7 megahercios. Como la distancia entre emisoras contiguas está reglamentada en 0.4 MHz y no tenemos ya espacios vacíos, quiere decir que en nuestro espectro radiofónico hay casi cincuenta radios.

Entre ellas encontramos radios de corte religioso, en formato de noticias y deportes, juveniles pop y fresa, clásica e instrumental, rancheras, infantiles, tropicales, etc. Se diría que hay para todos los gustos... mas no es así: ninguna de ellas se distingue por una programación centrada en el género trova, en donde la poesía y la expresividad musical sea el punto distintivo a toda hora.

Dos excepciones parciales hay: primero, la radio de la Universidad Centroamericana "José Simeón Cañas" UCA (91.7), con una programación ecléctica que pretende quedar bien con todos los gustos y, dentro de ello, algunos espacios para ciertos cantautores ligados a este movimiento musical; segundo, la radio oficial del partido político de izquierda, "Mayavisión" (106.9), en donde ella se cuela entre el género de protesta y los extractos de discursos de sus líderes.

Hasta la fecha, nadie le ha apostado a una radioemisora en donde lo común sea escuchar a Serrat, Silvio, Aute, Pablo, los nicas como Mejía Godoy, Víctor Manuel y Ana Belén, Fito, Pedro Guerra, el quinteto "Tiempo"... y trovadores nacionales, que los habemos (si no, veamos la sección correspondiente en Música SV y también en Centroamericanto).

Hace dos décadas, y más por iniciativa personal que institucional, lo hizo Neto Blanco en sus turnos en la ABC 100.1 de mediados de los 80's (fue bonito mientras duró)... y tanto la pedía la gente que hasta el chele Rucks se atrevió a poner a Silvio y "Ojalá" en "La Femenina" (sorpréndase Ud.). Hoy es paradójico que haya muchísima gente que pase día y noche repasando sus mismos discos y casetes de aquellos artistas y, pese a ello, ningún empresario radial los considere como el público necesario para justificar su inversión (que es, al fin, de lo que se trata para sobrevivir).

Cabe preguntarse, no obstante, dos cosas en el hipotético caso que existiera una radio FM Trova:

a) ¿Lograría tener audiencia suficiente, en un país donde campean las etiquetas y los esquemas polarizantes; o, por el contrario, sufriría la misma desgracia que todas las opciones políticas moderadas que han pretendido surgir (o sea, el mérito de existir y su pronta extinción)?

b) Si, en el mejor de los casos, la cantidad de oyentes justificase su entrada en el flujo publicitario de las agencias, evitando así el ahogo económico... ¿no sufriría de todos modos el boicot del capital criollo, como ya ocurrió con medios escritos y audiovisuales que se salieron del carril estándar y acrítico dominante?