viernes, 15 de junio de 2007

Gran pensada en rojo y verde

Muchas veces el salvadoreño (hombre macho masculino) "se la lleva de vivo" cuando en realidad es bastante bruto, observación que se deriva de una variedad de situaciones diarias, en este caso, la forma primitiva de conducir por las calles de la ciudad capital, lugar en donde el reglamento de tránsito deviene en una broma de mal gusto, pues las "normas" que realmente cuentan para lidiar con esa colección de bárbaros especímenes son sólo las que, por ley de la selva, se aplican cotidianamente sobre el asfalto (aclaro: buseros y microbuseros son apenas un porcentaje).

De los muchos casos para ilustrar el tema, elegimos este que se refiere a la "viveza" de anticipar los ciclos, tiempos y cambios de luz de los semáforos. Bien sabido es que el cambio de verde a amarillo y de éste al rojo no está seguido inmediatamente de un cambio de rojo a verde en el semáforo de la calle perpendicular, sino que transcurren un par de segundos entre una cosa y la otra. Pues bien: el muy "vivo" al volante tiene asumido este hecho y, en consecuencia, se pasa su correspondiente luz roja en los dos, tres y hasta cuatro o cinco segundos posteriores al cambio. Obviamente, la presencia de un solo idiota en el momento (in)adecuado basta para causar una colisión con quien sí es medianamente civilizado.

Pero si, en contraparte, quien está detenido por el rojo no mira su propio semáforo, sino el que corresponde a calle con la cual se intersecta, y va acelerando desde cuando el otro pasa por la luz amarilla, comenzando a caminar ni bien el propio amaga con cambiar a verde... hay ahí un seguro zigzagueo, chirridos de llanta con correspondiente pitada de "la vieja" o, en el mejor y más merecido de los casos, ¡un buen "polongón" de por medio!