martes, 17 de junio de 2008

Cleanup time

Aprovechando la estancia de mi abnegada y septuagenaria madre en el hospital, por padecimientos característicos de su edad y condición, he aprovechado para hacer lo que no podría en su presencia por falta de permiso: limpieza y orden en sus habitaciones, armarios, roperos, gavetas y depósitos. Parte de nuestra cotidiana historia familiar se encuentra ahí, en lejanos objetos de rincones añejos, algunos de ellos tan memorables como para recordar mi propia infancia o incluso su juventud en blanco y negro. También hay cosas repetitivas que explican el porqué siempre se ha quejado de que en casa de escritores nunca hay un lapicero a la mano: una treintena de ellos estaba ahí, ocultos tras las cosas que se van dejando como por descuido, emergiendo en esta circunstancial labor de rompecabezas. Yo confío en que, como casi siempre que hago esta labor de depuración hogareña y pasado cierto disgusto inicial, ella sabrá entender la necesidad de conservar lo uno y descartar lo otro, pues además de la armonía visual, hay ganancia de espacio... ¡y cierta enfermiza tranquilidad mía de conocer la ubicación exacta de todo!