martes, 13 de octubre de 2009

Un clásico bien justificado

Como todo el argumento de "Limelight" o "Candilejas" (1952) es sobre artistas y sus respectivas artes (en ascenso, en descenso), el clima necesariamente acaba sublimándose hasta volverse poético y, en el buen sentido, muy poco parecido a la vida real. Pero, aunque llena de muchos lugares comunes típicos del Romanticismo, la obra acaba funcionando porque evoca el arquetipo del héroe que se sacrifica por su amada, aparte de los detalles de genialidad del protagonista, tanto para parecer un buen mal payaso como para ejecutar un magistral número de cine mudo en la culminación de su actuación. También abona a la sensación de agrado la belleza clásica de la bailarina y lo florido del lenguaje en los parlamentos. Al final, uno acaba tomándole cariño a los personajes, más allá de la "obligación" porque se trata de Chaplin y muy a pesar de la conciencia de que el guión... ¡fue confeccionado totalmente a la medida de su autor!