sábado, 9 de julio de 2016

Cinco cosas que deberíamos aprender en bachillerato

(Y ENTENDER MUY BIEN)

No es esta una reflexión sobre la impresionante cantidad de contenidos que, por estar desconectados de la realidad, resultan irrelevantes y no obstante continúan impartiéndose por ley en los centros escolares. (Es más: el solo hecho de entender la educación formal principalmente como “impartir contenidos” ya es obsoleto, pero ese tampoco es el punto a tratar.)

El tema aquí es destacar ciertos temas que deberían ser prioritarios en la formación de ciudadanos y ciudadanas, que además de competentes fueran conscientes y participativos.

Es cierto que en bachillerato hay una materia llamada Orientación para la Vida, con un par de horas clase a la semana. Viendo el programa de estudios, hay allí ocho ejes: educación en derechos humanos, ambiental, en población, preventiva integral, en igualdad de oportunidades, en salud, al consumidor y en valores. Sin embargo, al momento de aterrizar, parece que estos no se concretizan lo suficiente. Dudo, además, que realmente se toquen como debe ser.

Y entre lo que se da a medias y lo que falta, la experiencia educativa fracasa.

Menciono a continuación cinco temas cuyo dominio básico no debería ser ajeno a un/a bachiller.

- Finanzas personales

Desde la elaboración de un sencillo presupuesto familiar mensual hasta la gestión de préstamos personales, pasando por las cada vez más omnipresentes tarjetas de crédito y débito, la gente llega a ponerse en manos de los financistas, prestamistas y usureros, cargando con el más tremendo analfabetismo económico. Lo peor es que acaban de entender bien el tema hasta cuando topan con el jurídico.

- Derechos ciudadanos

El término “Procuraduría General de la República” no aparece una tan sola vez en el programa de estudios de la materia Orientación para la Vida, en bachillerato. Son contados los ciudadanos que saben qué son y para qué sirven instituciones como la Defensoría del Consumidor y la Procuraduría para la Defensa de los Derechos Humanos. Casi nadie entiende qué es la Sala de lo Constitucional de la Corte Suprema de Justicia. Es prácticamente desconocida la Ley de Convivencia Ciudadana y aún más las ordenanzas municipales que desarrollan sus preceptos. No conozco a alguien que pueda pronunciar sin trabarse el término “Ley especial integral para una vida libre de violencia para las mujeres”. Hay quienes creen que la LEPINA es una enfermedad contagiosa y el Código de Trabajo, una rara antigüedad. Y así vamos.

- Impuestos

¿Cuántos ciudadanos saben cuáles son los impuestos vigentes, cuál es su monto y, especialmente, cuál es su destino? ¿Se forma a la población en una cultura de responsabilidad fiscal? ¿Tiene un bachiller el conocimiento elemental para opinar sobre el IVA y el impuesto sobre la renta? De estas y otras preguntas, ya sabemos las tristes respuestas.

- Redes sociales

¿Qué tal si educáramos a nuestros/as jóvenes para su ciudadanía virtual (que ya ejercen a lo loco desde antes de los trece años)? ¿O si les diéramos criterios para discernir entre las fuentes de información confiables y la pura charlatanería? ¿Tendríamos en el futuro menos estupideces en los comentarios de las noticias web? ¿Seríamos un poco menos irresponsables? ¿O es mucho pedir?

- Prevención de riesgos

No es solamente tener un plan de contingencia en caso de terremoto, inundación o incendio. Se trata de poner las bases de una auténtica cultura de prevención, que se refleje en cosas tan elementales como no instalar en casa una conexión eléctrica de esas que parecen tendederos, sin tener el menor conocimiento de cómo funciona la electricidad. Por supuesto, esto incluiría las leyes de tránsito y las normas de conducción a la defensiva. Y entender, claro, que en un autobús se transportan personas, no bultos ni ganado.

¿Y la educación sexual? Bueno, esa está allí en el programa, no en la realidad.