sábado, 3 de septiembre de 2016

El fútbol bien aprendido

Basándose en la experiencia de ineptitud generalizada de la dirigencia deportiva de la Guanaxia Irredenta (particularmente en el fútbol), la presente es una de esas entradas que seguramente nadie tomará en cuenta para llevarla a la práctica; sin embargo, es un aporte aunque sea imaginario.

La desgracia del fútbol nacional es patente y patética, siendo muchos los factores que han configurado un panorama de nula expectativa de éxitos deportivos a corto y mediano plazo.

Luego de la usual eliminación de todo torneo importante (especialmente el Mundial), llueven las mismas cantaletas. Una de ellas es la de “trabajar en las bases”, que no por estribillo deja de ser una exigencia justificada.

Aunque existen varias escuelas de fútbol (FESA la más importante), muy poco se habla de quiénes enseñan a jugar a los chicos. Y en ello está una parte fundamental del problema.

Nunca jugué fútbol, pero tuve por varios años experiencia competitiva y didáctica en otra disciplina: el ajedrez. A finales de los ochentas, leí varios libros y aprendí con dificultad algunos conceptos elementales, pero no fue sino hasta la transición del mileno que tuve conocimiento del método con que entrenadores cubanos venidos al país enseñaban el juego-ciencia.

Y allí estuvo la diferencia: el método.

Tengo la impresión que en las escuelas de fútbol existentes no hay personas capacitadas para enseñar correctamente los fundamentos del fútbol, tanto en su parte técnica como en lo didáctico. La motivación casi siempre es a base de puteadas para que jueguen “con huevos”, pero sin formar hábitos que permitan a los pequeños jugadores dominar el balón y levantar la vista al mismo tiempo, como tampoco dar un pase oportuno al pie del receptor, ni mucho menos colocar un centro medido o patear un córner; es decir, todos esos defectos visibles en la Liga Mayor, pero cuyo dominio básico tienen jugadores de tercera o cuarta división argentina o brasileña, que vienen aquí a ocupar puestos clave en los equipos de la LMF.

El punto no es solo tener escuelas y canteras, sino que se les enseñe con método y disciplina. Mas, por el momento, eso es pura utopía.