domingo, 13 de mayo de 2007

Lujuria odorífera

En la peculiar relación contemporánea entre literatura y cine, al momento de poner en la balanza lo visto y lo leído, bien puede decirse que hay excelentes películas basadas en obras regulares ("Drácula", de Coppola, es sublime, en tanto que a la novela de Bram Stoker le sobran una buena cantidad de páginas), mientras que hay excelentes novelas de las cuales su versión cinematográfica es apenas pasable ("El nombre de la rosa" en cine es, con suerte y pese al Sherlock Holmes medieval que es Sean Connery, una pálida caricatura del monumental libro de Eco).

Raro es hallar, entonces, una película que, siendo fiel al libro en el que se basa, mantenga el buen nivel allí exhibido. Tal es el caso de "El perfume", libro de Patrick Süskind que leí hace algunos años y del cual, más que detalles específicos, recordaba su final apoteósico.

Creo que ambas obras, el libro y el filme, están diseñadas para impresionar al lector/espectador con las características propias del lenguaje artístico de cada género. En este caso, el acierto del director Tom Tykwer está en el adecuado balance entre las partes narradas, los diálogos y, especialmente, los oportunos y ricos pasajes en que imágenes evocan sensaciones olfativas, en cuya lujuriosa obsesión hallamos la base que sostiene la historia.

En cuanto al final, reconozcamos lo difícil que es lograr trasladar el ya mencionado clímax literario a la pantalla grande. Me parece que la película lo sugiere, dejando el resto para el espectador que haya leído previamente antes el texto. Esto, lejos de ser un fracaso, quizá sea la única forma de tratar con un asunto tan delicado.

Por eso, mi recomendación es: para garantizar su pleno disfrute... ¡léala antes de verla!