viernes, 21 de marzo de 2008

Invitaciones

Nelson (muy parecido al de “Los Simpson”) me hizo hace poco una de esas preguntas de ocio y entretenimiento que suelen circular vía internet. Dependiendo de su respuesta, pueden ser interesantes o no, por lo que revelan de la persona interpelada. Se trata de imaginar que uno puede invitar a diez personas a cenar, sin restricciones de tiempo ni espacio. He aquí mi convocatoria.

DOS MÚSICOS

- Paul McCartney, el “Beatle” fino y a la vez conectado con la gente, más allá de las barreras idiomáticas. Luego de la cena, tomaríamos un par de guitarras para entonar piezas memorables. Antes, le preguntaría cómo llama él al acorde que hace en el piano Fender Rhodes al inicio de “With a little luck”. Para mí que es un Si con cuarta, séptima y novena.

- Sergei Rachmaninoff, compositor ruso, que hizo su imponente y visceral Concierto para piano y orquesta Nº 2 después de estar en tratamiento siquiátrico. Me gustaría oírlo hablar de ese proceso de creación desde un punto de vista catártico. También le pondría la escena de “Shine”, cuando el pianista David Helfgott (Geoffrey Rush) tiene un colapso mental mientras ejecuta una de sus obras. Seguro que explotaría en risas.

TRES ESCRITORES

- El verdadero autor de las obras firmadas por William Shakespeare, probablemente el decimoséptimo conde de Oxford, Edward De Vere. Mis puntos de conversación serían, el primero, si “Titus” en su conjunto no le parece excesivamente cruel; y el segundo, si no cree que la versión cinematográfica de “Romeo + Juliet”, por Baz Luhrmann, supera cualquier expectativa suya de puesta en escena barroca.

- Miguel de Cervantes Saavedra, cuya lengua hablamos. Más que comentar lo que escribió, en donde todo quedó dicho, le pediría una ampliación de la anécdota de cuando le fueron a poner un cadáver en la puerta de su casa. También le contaría que a él se le atribuye una frase célebre que nunca escribió: “Cosas veredes, Sancho amigo”.

- Robert Louis Stevenson, autor de “El extraño caso del Dr. Jekyll y Mr. Hyde”. Esperaría una conversación muy interesante sobre la dualidad del ser humano. Si no le da otro derrame, después de la comida lo invitaría a ver “Mary Reilly”.

UN CINEASTA

- Francis Ford Coppola, director de películas tan célebres como la trilogía de “El padrino” pero, sobre todo, del más hermoso filme de terror que me sé, “Drácula”. El tema principal sería la genialidad suya y del guionista James V. Hart, que pudieron transformar una novela buena a secas en una obra de arte superior, añadiéndole las páginas perdidas del diario de Mina.

UN NAVEGANTE

- Cristóbal Colón, quien habiendo llegado a un nuevo mundo, jamás lo supo. Hablar con alguien que se lanza al mar con incierto destino, sólo confiando en sus errados cálculos, debe ser interesante. Ya más en confianza y al calor de algunas copas de vino, le preguntaría si realmente nunca cruzó por su mente alguna idea pecaminosa con respecto a la Chabelita. De fondo, tendría aquella canción picaresca en ritmo cha-cha-chá de “Los hermanos Pinzones / eran unos mari... neros”, etc.

TRES CONNACIONALES

- Monseñor Romero, pastor y profeta. Me gustaría mucho oír su visión sobre la realidad actual y le comentaría mi particular hipótesis sobre el complot de su asesinato. Eso sí: aunque él, por su bondad, las recibiría con amabilidad, yo no le enseñaría ninguna de las canciones que la majada le ha dedicado en estos veintiocho años.

- El General Martínez, conocido como “el brujo de San Matías”, responsable militar y político de la represión de la rebelión indígena de 1932. Como se dicen tantas cosas de él, muchas a nivel de chambre, sería interesante platicar con un tipo tan desquiciado y misterioso.

- Roque Dalton cuando tenía menos de veinticinco años y estaba en el “Círculo literario universitario”. Dicen que era un tipo con un gran sentido del humor, por lo que sería agradable la velada. Eso sí: en cuanto empezara a ponerse bien a reata y algo pesadito, yo vería la forma de terminar esa primera y última visita.

Aclaración final: los invitaría uno por uno, que si están todos juntos eso acaba en una monumental trifulca.