sábado, 1 de marzo de 2008

¡Muy bien, gracias!

Del concierto de Silvio Rodríguez anoche en el Estado “Mágico González” tengo que reconocer que esperaba algo menos... y también un poquito más. Me explico: musicalmente estuvo muy bien, el sexagenario icono trovador se oye bastante entero (previa prudente transposición de un tono abajo en la mayoría de canciones), los músicos acompañantes produjeron el requerido soporte y gusto auditivo, y el repertorio estuvo muy balanceado entre lo nuevo, lo tradicional y lo fino (aunque de mi lista personal apenas tocó una, “Óleo de una mujer con sombrero”, fue muy bonita la sorpresa de "El dulce abismo").

Sin embargo, dos despropósitos técnicos y uno de criterio impidieron el pleno éxtasis: primero, la potencia del sonido resultó exigua, de tal modo que hasta los graderíos centrales apenas se escuchaba y se entendía menos (ni pensar en los laterales); segundo, ¿qué les costaba poner un par de pantallas y proyectores de cañón, con una camarita de vídeo aunque fuera de las portátiles y así no hacernos añorar un catalejo?; tercero, aunque la programación previa y el clamor desorganizado de la gente lo hizo regresar cuatro veces al escenario, Silvio podía haber terminado su presentación con otra canción más apoteósica que “En el claro de la luna” (la cual, aunque bellísima, nos deja la melancolía demasiado instalada). Para tal efecto, hubiera bastado aunque fuera una de las que la majada se quedó pidiendo infructuosamente: “El tiempo está a favor de los pequeños” y “Te doy una canción”, sobre todo si consideramos éste como su único concierto por estas tierritas; aunque si no quería ponerse panfletario bien podría haber cerrado con "Por quien merece amor" o "Monólogo".

Pero, con todo y las quejas, siento que en mi fuero y balance personal queda una sensación ligeramente dulce; por lo tanto, rectifico y especulo que, si hubiera ido a las localidades más caras a fin de ver y escuchar mejor... quizá habría valido la pena y el esfuerzo.

* * *

Posdata para satisfacer curiosidades de llenos y vacíos: calculo que el conjunto de sillas en la cancha frente al escenario (boletos de $75 y $50) estaba ocupado en sus dos terceras partes. De los graderíos frontales, la zona baja ($25) estaba un poco más colmada, más del ochenta por ciento; entretanto, parte alta ($15) se llenó totalmente. De la parte popular (graderíos laterales, a $5) diría que estaba llena hasta donde era razonable quedar, es decir, con un ángulo de visión de setenta y cinco grados.