domingo, 16 de marzo de 2008

"Loqueísmo"

Hace algún tiempo, un voluminoso amigo me sugirió que escribiera un artículo contra un vicio de construcción que se comete insertando la fórmula “lo que es” en cuanto rincón hablado sea posible. Entonces, decliné por razones que no recuerdo; sin embargo, hoy escribiré un par de párrafos al respecto, aprovechando que tengo algunos minutos libres.

Con el uso de las estructuras “lo que es” o “lo que son”, logramos introducir una oración dentro de otra, procedimiento que se conoce como "subordinación", efecto para el cual también hay muchas otras fórmulas. En el caso específico de "lo que es", tiene sentido hacerlo cuando queremos referirnos a un conjunto de cosas concretas o difusas que no deseamos enumerar, a las cuales aludimos mediante el pronombre neutro “lo”; por ejemplo, si decimos: “uno, a cierta edad, ya distingue lo que es bueno para su salud". En este caso, la oración subordinada o proposición incrustada siempre tiene predicado nominal y su atributo es un adjetivo.

Sin embargo, añadir "lo que es" resulta completamente innecesario cuando el nombre que constituye el atributo de la proposición es concreto y ya está presente, inmediato, visible, adyacente y explícito en la oración original; tal es el caso de las frases como: “aquí le tengo listo lo que es el contrato” o “a su vehículo le cambiamos lo que son los amortiguadores”. Es entonces cuando se comete este vicio de construcción al que podríamos llamar “loqueísmo”, pues la oración da la misma información si dijese "aquí le tengo listo el contrato" o "a su vehículo le cambiamos los amortiguadores".

¿Por qué hablamos tan así de feo?

Una hipótesis explicativa es la creencia popular y extendida de que, al aumentar el número de palabras, demostramos más conocimiento, causamos una mejor impresión en el interlocutor o nos vemos más elegantes. Otra causa probable es el espíritu nacional de vendedor, promotor o “dador de paja”, que habla de modo interminable creyendo así ser más eficaz en sus pretendidas persuasiones.

En cualquier caso, parece que el “loqueísmo” calza bien al espíritu de las masas, porque es una forma fácil de inflar artificialmente... ¡lo que es nuestra expresión!