domingo, 7 de junio de 2009

De vibras vibrantes.

En los deportes, además de la técnica individual, siempre se ha hablado de la mentalidad como un factor decisivo para alcanzar la meta, es decir, la mera victoria. No sé si en los jugadores locales y nativos de anoche existía la íntima convicción de que ese partido no se podía escapar, pero cuando vino el gol del empate y todos temíamos lo de siempre, la majada en el estadio despertó de nuevo y recomenzó a animar, exigir y prácticamente inyectar la certeza del triunfo, que finalmente llegó con bastantes merecimientos. Pareciera que ese espíritu colectivo, en efecto, “mueve montañas”. ¿Y no pudiera ser así para componer los viejos males nacionales, en otros ámbitos más cotidianos?