sábado, 1 de agosto de 2009

La pregunta que no cesa

Las reflexiones motivadas por "Wit" (2001), comienzan desde el parlamento primero y continúan por horas, incluso días. ¿Cuál es el punto? Mi humeante amigo Mr. Aguacatote creyó, por los primeros cuadros, que era una película sobre enfermos y estuvo a punto de no continuarla, salvado de tal crimen por mis conminaciones, que al final se revelaron como necesarias para que pudieran emerger de él comentarios favorables, que ya es decir. Entretanto, a Carmen la película le pareció preciosa y portadora de una gran enseñanza sobre la vida, siendo esta una de las poquísimas ocasiones en que hay coincidencia de veredicto entre los sujetos, aunque no de motivos. En cuanto a mí, las virtudes de este filme que puedo identificar conscientemente se centran en el acierto artístico de imbricar planos narrativos entre los recuerdos y el amargo presente, que no obstante es sobrellevado con una fortaleza que pareciera sólo poder provenir de la ironía y el sarcasmo; además, añade una cruel sazón la demolición de la imagen del médico redentor, a base de dos o tres almadanazos escénicos.

Luego de esta dolorosa contemplación, quedé rumiando el tema de la soledad que la protagonista padece en su último trayecto; además, pude reafirmar mis imprecaciones contra quienes todavía predican el origen e intencionalidad divinos de tales padecimientos terminales. Finalmente, aunque el poema de John Donne que hace de estribillo es fuerte y esperanzado ("one short sleepe past, wee wake eternally, and death shall be no more, death, thou shalt die"), proveyendo así un cierre de telón poético y majestuoso, hay una pregunta no cesa de martillear: ¿es acaso esa ilusoria esperanza lo que aquí nos ha de fortalecer?