jueves, 8 de abril de 2010

"Normal activity" y la inclusión absoluta.

Que el exiguo cine local ha despegado estruendosamente con “Normal activity” (2010) –producida, escrita, dirigida y protagonizada por Al Phil, novel aunque maduro cineasta de ascendencia cuscatleca- es un hecho incontrovertible. Que los cánones tradicionales de la cinematografía han saltado en añicos ante el tsunami de creatividad imaginativa que el mencionado filme representa, es lo menos cuestionable en décadas.

Cualquier guionista instalado en un país del tercer mundo se habría visto fácilmente seducido por el amarillismo estético, desembocando sus inquietudes literarias en el rudimentario realismo que ha asfixiado los más nobles intentos de universalización. Al Phil, pionero que no se ha resignado a esperar el llamado de los grandes estudios cinematográficos, no sólo ha evitado cuidadosamente cualquier alusión a la situación generalizada de violencia que consume su pequeño país de origen, sino que ha ido un paso más allá: ha evitado cualquier alusión.

Filmada con un presupuesto que lleva hasta el límite el camino señalado por Robert Rodríguez con “El mariachi”, “Normal activity” rompe paradigmas y erige unos nuevos: $3.50 por el paquete de DVD en blanco, una cámara de vídeo prestada (con su respectivo trípode) y una sola habitación, más los costes de la electricidad que aún no han sido calculados pero se presumen ínfimos. Nada de engorrosas y humillantes solicitudes de subsidios estatales, nada de prostituir el argumento a cambio de unas cuantas monedas soltadas con escepticismo por inversores privados.

Las cuatro horas de duración del “final cut” aprobado por el editor (donde se suprimieron veinte minutos muy a su pesar) recogen íntegramente el período de 1:35 a 5:35 de una madrugada indeterminada en la vida de Al Phil, mientras éste duerme profundamente. La simplificación del trabajo de cámara es osada: una sola toma continua, un solo plano en reposo coherente con todos los elementos, una cámara única estacionada frente al protagonista, cuyos mínimos movimientos de sus globos oculares, apenas detectados, los que revelan que el personaje sueña. Ocasionalmente ocurre un mínimo cambio de postura, un suspiro, un atentado instintivo contra un zancudo, el sonido de gases naturales emanados, o lejanísimos ruidos exteriores de la ciudad dormida, hecho en donde reside la conexión con la realidad. Pero, en contra de la primera impresión, nada de lo presentado en esta obra es gratuito: todo tiene un sentido que el director, en un acto de estricto respeto para la inteligencia del público, no ha querido revelar con groseras pistas, cobijado en el argumento de que él no hace películas “para dummies”. Precisamente este es el reto para el espectador activo, creativo y osado, llamado a pasar doscientos cuarenta minutos elaborando hipótesis diversas sobre los temas, parajes y ficciones que están en la mente del durmiente.

Justamente por eso, una de las afortunadas características de "Normal activity" es la imposibilidad de que se arruine la experiencia conceptual de las y los espectadores por medio de adelantos, reseñas o “spoilers” de lo que sucede. El trabajo de adivinar, suponer o imaginar lo que pasa por la mente onírica del protagonista sólo corresponde al espectador o espectadora, y a nadie más. ¿Qué aventura más interesante que aquella que sólo tú puedes concebir? ¿Qué terror más sobrecogedor que aquel que sólo tú puedes generar desde el interior de tu mente? Tales son las premisas para comprender la complejidad del mundo interior del soñador.

Pero como la envidia es la actitud estándar entre el gremio artístico local, ya ha habido quienes, amparados en su supuesta erudición, han lanzado malintencionadas acusaciones de plagio. Concretamente, dicen que Al Phil ha tomado una idea de "Truman show", cuando el personaje duerme y su reposo nocturno es transmitido en tiempo real por televisión, mediante una cámara oculta. Olvidan estos eunucos artísticos que, en primer lugar, esa acción de la película mencionada es sólo un trasfondo para el show de comentarios y análisis que sobre la vida de Truman hacen los productores; y en segundo, que en "Normal activity" hay sutiles aunque bien ocultas intenciones expresivas y elementos provocadores, de tal modo que conducen de modo inevitable no solo a la participación del espectador en la trama misma de la obra, sino a su involucramiento absoluto, experiencia que jamás es igual de sujeto en sujeto, pues como suele decirse, "cada persona es un mundo".

En conclusión, este hipnotizante filme da varias vueltas de tuerca a la experiencia del espectador/lector participante, iniciada con más impacto teórico que literario por Cortázar en "Rayuela", y desarrollada con bastante buen criterio por David Llych en "Mullholand drive". En este caso, bien podríamos decir que "Normal activity" es el non plus ultra de la inclusión, la auténtica transformación del sujeto pasivo en auténtico y único creador virtual de su propia experiencia cinematográfica.