sábado, 17 de abril de 2010

Culto a la amnesia ajedrecística

Hace varios meses comenté los envíos masivos e indiscriminados que hacen varios miembros del ajedrez nacional, con el título de “Correos repelentes”. Pues bien: han vuelto a la carga.
Padezco de nuevo la inundación de correos ajedrecísticos no solicitados. Las protestas públicas de esta vez son por la decisión tomada por la Junta Directiva de la Federación Salvadoreña de Ajedrez (FSA), en el sentido de que la mitad de los integrantes de las delegaciones nacionales para la Olimpiada 2010 y el Torneo Subzonal 2.3.3 sean jugadores no mayores de 20 años, de acuerdo al criterio general por ellos expresado, según el cual “por cada dólar que se invirtiera en un atleta mayor se invirtiera algo parecido a un dólar en los talentos juveniles” (comunicado de la FSA en su web). Hay otros temas menores en discusión, pero el núcleo del problema es ése.

En este nuevo lío hay varios ángulos, el primero de los cuales es de carácter estructural, lo que podría llamarse “la cultura del protestón”: como casi durante toda nuestra historia patria hemos estado reprimidos e inhibidos a decir en voz alta nuestros puntos de vista, pareciera que cuando finalmente ganamos el derecho a la libre expresión del pensamiento la oleada es tan grande que en ella cabe de todo, como una represa que se rompe y lleva una repunta donde van desde argumentos bien razonados hasta las opiniones sin fundamento y algunas francamente vergonzosas. El resultado es que aquí todo mundo protesta por todo, viendo únicamente sus intereses personales, sin considerar siquiera el porqué de tal o cual decisión ni el punto de vista contrario, olvidando el respeto a las instituciones, que no significa necesariamente sumisión incondicional. Así, el berrinche es la primera reacción y alrededor de él se busca el apoyo de interesados e incautos, como hacen los quemallantas y tirapiedras en otros ámbitos de la vida nacional. De esa actitud hay evidencia en los tales correos, cartas, vociferaciones y retiros escandalosos de los torneos de selección.

Yendo a los hechos, la Directiva de la FSA, elegida por amplia mayoría para un período de cuatro años, tiene plenas facultades para tomar una decisión como la anunciada. Otra cosa es que a algunos y algunas no les guste, por las razones que fueren, y expresen su desacuerdo. Pero no hay derecho a que los y las protestantes hagan una pataleta mediática y se carguen en ella la imagen del ajedrez ante los medios de difusión masiva, ante los posibles patrocinadores (tan frecuentemente invocados) y ante la gente interesada en acudir a la FSA a jugar un partido del deporte que tanto le gusta en un ambiente sano y tranquilo. A veces, alguien debería hacerle caso a lo que desde hace ratos viene diciendo al respecto el octocampeón nacional, MF Boris Pineda.

En cuanto a las intenciones e intereses, la comunidad ajedrecista debe saber y recordar que los promotores de esta acometida son jugadores y jugadoras que creen verse afectados en sus aspiraciones e incluso sus "derechos" a estar en la 38º Olimpiada FIDE en Rusia, lo cual sería válido... ¡si no fuera porque hoy atacan el mismo criterio que los benefició ayer!

Fuera de fantasías y más allá de bocones, los recursos financieros del ajedrez nacional no dependen de patrocinadores ni de mecenas, sino de los dineros del Estado. Creer ingenuamente que hay un puñado de empresarios privados interesados en invertir o aportar al ajedrez es desconocer el estado de la economía del país, la mentalidad de esa clase a la que la izquierda llama "la burguesía" y los años de gestiones infructuosas en este campo. Salvo secreto de sumario, los únicos casos conocidos de patrocinios para viajes han resultado de las gestiones personales de familiares de atletas, siempre juveniles, y el único señor de dinero que se metió a dar y dirigir al ajedrez, acabó decepcionado por los pleitos internos y por la falta de apoyo de otros donantes, por muy amigos suyos que fueran, y ahora no quiere saber nada del mundo de las piezas y los tableros.

En los años recientes, cuando el Estado daba un presupuesto grande para fogueos internacionales, quienes más se beneficiaron de él fueron precisamente los entonces ajedrecistas juveniles. En esa época, se podía ir a las Olimpiadas y Subzonales, a torneos panamericanos infanto-juveniles, a los juegos escolares de Cuba, a los continentales masculinos y femeninos, etc. Ahí nomás saquen la cuenta y verán cómo la balanza se inclina abrumadoramente hacia los y las ajedrecistas otrora menores de 20 años.

Ahora que parece ser la época de las vacas flacas y sólo hay dinero para dos o tres eventos, resulta que los niños y niñas de ayer ya crecieron y son jugadores de categoría absoluta, y son precisamente ellos quienes se oponen y zapatean de cólera porque la FSA quiere destinar la mitad de los fondos disponibles para los nuevos valores, porque las máximas representantes activas de la categoría femenina ahora ya no son dos sino tres, y porque algunos de los mejores jugadores que antes eran sub-20 ahora tienen que eliminarse entre ellos.

En las cartas de protesta enviadas a todas las instancias posibles e imposibles, aparecen varias firmas que llaman la atención. Las primeras son de las pioneras del ajedrez femenino de alto rendimiento, quienes desde hace años han recibido importantes recursos federativos en forma de becas y torneos en la mayoría de los continentes, porque entonces no había jugadoras de élite: eran aquellas cipotas las primeras y las únicas. Está claro que en muchísimos casos han retribuido los viajes y estímulos con medallas y orgullos, aunque también es cierto que en dos o tres ocasiones sólo se limitaron a “estar allí”, cosa que nadie les reclamó en atención a los importantes logros obtenidos en otras competiciones. Pero de lo que ninguna de ellas parece haber tomado nota es que ahora las chicas infanto-juveniles ya no son ellas, y por lo tanto, los recursos ya no son sólo para ellas.

Otros firmantes deberían recordar o informarse que en la 32ª Olimpiada de Ajedrez, realizada en Armenia en 1996, la representación nacional recayó en dos atletas mayores, Boris Pineda y Remberto Gutiérrez, y en dos juveniles, Marvin Guevara (hoy presidente de la FSA, que en aquel entonces tenía 16 años) y Héctor Chávez (16 años), que ya empezaban a despuntar como nueva generación. Pero más importante aún en lo que compete al tema aquí tratado es saber y no olvidarse de que para la 33º Olimpiada de Ajedrez, efectuada en Kalmykia en 1998, no sólo la selección femenina era juvenil (porque eran prácticamente las únicas), sino también toda la selección masculina estuvo formada por puros bichitos: Héctor Chávez (18 años), Ricardo Chávez (16 años), Salmir Acevedo (casi de la misma edad) y Carlos Burgos (19 años), quienes ya eran muy buenos, pero todavía no eran la élite del ajedrez nacional ni el 1-2-3-4.

Lo curioso es que uno de los remitentes de los mencionados correos masivos se desgañita criticando a la actual Directiva y recuerda nostálgicamente los tiempos del finado Dr. Pedro Barrera, ex presidente de la FSA, de la Zona 2.3 y ex vicepresidente de la FIDE... ¡cuando fue precisamente el “Doc” el primero en tomar aquellas osadas decisiones a favor de los juveniles! Otro detalle menos gracioso es que por lo menos uno de los miembros de la delegación olímpica del 98, entonces juvenil, aparece hoy - ya de mayor- firmando la protesta en cuestión.

Quien conoce nombres y trayectorias, sabe perfectamente del antagonismo profeso del más reciente ex presidente de la FSA para con la actual gestión. En su bando también hay un joven estudiante y excelente ajedrecista que pareciera guiarse por la norma estándar de llevar la contraria. Esto no descalifica per se sus argumentos, pero al menos debería hacer pensar con mayor cuidado en las intenciones subyacentes, especialmente a quienes, convencidos por ellos, estampan sus firmas en documentos que a veces ni siquiera han leído por completo o no han calculado sus variantes, como el tablero debería haberles enseñado.

Ojalá y lo dicho en los párrafos anteriores sirva para que los actores y actrices de este malo y exasperante drama vaya encontrando un final si no feliz, por lo menos acorde con la madurez que cabría esperar de sus protagonistas.