miércoles, 12 de mayo de 2010

Del "memento mori" al "living funeral"

El recibo mensual del pago anticipado y a plazos de un funeral tiene la saludable función de recordarle a uno su condición fugaz, perecedera, efímera: es aquel esclavo que dicen que iba tras el general romano victorioso diciéndole el incómodo memento mori, "recuerda que eres mortal". Por contra, es intrínseca la desventaja de estar comprando algo que no será disfrutado (al menos conscientemente) por la persona que lo vaya a usar. No sé si para subsanar dicho problema es que ha surgido el moderno concepto del living funeral, ceremonia idéntica en todo a un funeral normal, excepto que el difunto aún no ha fallecido y los "dolientes" pueden patentizarle su aprecio a algo más que un cadáver. Yo, particularmente, me lo pensaría, toda vez que lograse solucionar las dos enormes objeciones que tengo para organizarme tal acto: la primera, que una vez terminada la ronda de saludos y afectos, uno puede sentirse tan deprimido como aquel niño de kinder a quien olvidaron llegar a recoger; y la segunda, que si uno no se muere en el transcurso de los tres o cuatro meses siguientes al tal "funeral en vida", la majada se va a considerar engañada... ¡y capaz que llegan a reclamar!