domingo, 9 de mayo de 2010

Se fue Don Paco

Hará cosa de 24 años que Don Paco Escobar tuvo el gesto generoso de animarme a escribir, merced a la coincidencia profesor-alumno en las aulas de la UCA. El término que utilizó para justificarse fue algo así como "la propensión filo-genética" y de allí el agradecimiento que le brindé años después, cuando ya decía yo que era escritor (oficio que hoy se puede poner en el DUI sin necesidad de presentar título).

Pocos años de coincidencias didácticas espacio-temporales y muchos años siendo referencia estética, autor de un magnífico guión didáctico ("De la sal y la rosa") que debería ser una película, más de una frase célebre sobre el trabajo y la condición de los y las artístas de por aquí (la anécdota de los cangrejos, sobre todo) y presunto protagonista de una célebre "zoca" (cuya ausente acepción de "acción de liarse a golpes" en el diccionario de la RAE prueba la inoperancia de la Academia Salvadoreña de la Lengua): tales son los buenos recuerdos de que doy fe y testimonio. En cuanto a las desaveniencias y críticas -que las hubo, y fuertes- sólo prueban que Don Paco, muy a su gusto, no fue de sustancia etérea, sino simplemente lo mejor que pudo en cuanto ser humano. Por eso, he aquí su epitafio, dicho y escrito por él mismo cuando recibió en 1995 el Premio Nacional de Cultura:

"Si en cuanto escribo y enseño existe algo de bueno, la obra es de Dios; yo acaso sólo soy... un esforzado instrumento."