sábado, 26 de marzo de 2011

¿El "cambio" de siempre? Ojalá que no.

Hace unos días la actual Junta Directiva de la Federación Salvadoreña de Ajedrez anunció su próxima renuncia y convocatoria a elecciones para nuevas autoridades. Comprendo que el ánimo de luchar contra corriente (es decir, los esquemas culturales de la majada) tenga un límite y entiendo que ese sea el principal motivo de su salida. Espero que quienes lleguen al cargo tengan la prudencia y discreción necesarias.

Les recomiendo que escuchen al ocho veces campeón nacional MF Boris Pineda y, sobre todo, que los entrantes moderen sus propios egos y vean más allá de las perennes revanchas. Desde mi saludable retiro, vería bien una candidatura como la de Efraín Segura para presidirla, acompañado de gente honesta, madura y con visión de futuro.

En cuanto a la Drectiva saliente, donde están mis amigos Marvin Guevara, Luis Liévano y Virgilio Hernandez, es de reconocerles que han tenido aciertos pero también errores, especialmente en cuanto a comunicación y relaciones públicas. Con todo, no creo que hayan actuado con mala voluntad, han dado ejemplo de probidad, han tomado ciertas decisiones valientes y lamentablemente han gastado mucha energía en defenderse de una permanente campaña sucia "made in"... ya sabemos dónde.

De las autoridades que resulten electas, espero sinceramente que aprovechen la ventaja de recibir una FSA sin un par de cargas ya liberadas y, sobre todo, que sepan manejar con diplomacia pero también con soberanía de criterio ese mal necesario intrínseco que supone tener "buenas relaciones" con cierto par de personajes regionales de la FIDE. No olviden que los dineros que administran vienen de nuestros impuestos y deben ser para beneficio nacional, siempre sujetos al escrutinio público.

Y como decía el gran Teniente Columbo: "Oh, just one more thing!" Convenzan y hagan que regrese Gustavo Zelaya, a quien la juventud ajedrecista necesita como tutor en la FSA (eso sí, dentro de un esquema de trabajo bien ordenadito y adecuadamente supervisado, que lo cortés no quita lo valiente).