domingo, 8 de julio de 2012

No, perrito: ¡la vida sigue!

Esta película en Imdb.com tiene 8.1 de rating y puede que esa elevada nota provenga de la más absoluta sinceridad popular, pues es una de esas historias que suelen gustarle al común de las gentes, pero estoy en fundamental desacuerdo con el mensaje de “Hachiko: a dog’s story” (2009, titulada en español “Siempre a tu lado”).

La maduración, entre otras cosas, consiste en aceptar los hechos de la vida y de la muerte, no quedarse enclavado de modo permanente y enfermizo en ese tipo de recuerdo que entristece y tiñe de luto permanente la existencia de quienes le sobreviven. Si pasados diez años del fallecimiento natural -no trágico, no cruel- de una persona, sus familiares continúan con el mismo pesar y aspecto sombrío como si hubiera sido ayer mismo, ¿qué hemos aprendido?

El mejor homenaje a un ser querido que partió es honrar su memoria recordándole con dulzura, teniendo la satisfacción de haber convivido de la mejor manera y haber hecho por él o por ella lo mejor posible mientras estuvo con nosotros, continuando con alegría nuestros mejores proyectos y utopías.

Eso del luto permanente, la tristeza elegíaca, la lamentación constante y el perpetuo suspirar no es fidelidad edificante, sino la negación de la propia existencia o un refugio del vacío vital que nos consume. Y eso no puede ser bueno.